octubre 18, 2015

Contra la democracia

Hace unos treinta años se comenzó a gestar en Colombia la elección popular de alcaldes y gobernadores. Los optimistas calculaban que con esa medida el poder iba a ser distribuido, por fin, de manera sensata, equilibrada y justa. Con una elección en la mira, el autor comparte algunas reflexiones sobre este sistema de gobierno para nada satisfactorio.


I

En un lugar de Macondo, de cuyo nombre no quiero acordarme, el fin de semana anterior a las elecciones fue elegido por los aspiradores a la alcaldía para hacer, del cierre de sus campañas, un festival vallenato. Pretendían de esa manera, los negociantes del voto, que sus potenciales electores decidieran brindarles apoyo en los próximos comicios. “Pan y circo”, dicen los entendidos que era la peor manera en que los romanos mantenían contento a su pueblo. Dos mil años después la fórmula sigue vigente.

II

El vallenato, ya lo sabemos, fue la estrategia política de un funesto candidato bogotano para llegar a la presidencia. Fue el primer gobernador de un recién creado departamento y con ello consiguió que el electorado de Macondo lo apoyara. Se prestaron para ello unos periodistas bogotanos (uno apellido Santos, otro apellido Samper), un escritor bananero que obtendría el premio Nobel de Literatura, otro escritor más brillante (pero empleado del principal grupo económico del país) y una cacica electorera de Valledupar. El vallenato se posicionó, gracias a aquella contundente estrategia, como la música de la res pública. No es raro que sea, desde entonces, la música del narcotráfico, la violencia y el realismo mágico.

III

El pueblo tiene 90 mil habitantes. La campaña de uno de los tres aspiradores a la alcaldía invertirá 9 mil millones de pesos para conseguir quedarse con el manejo de la finca durante cuatro años. Si el aspirador resulta elegido, necesitará 20 períodos para recuperar esa inversión con su salario mensual. Pero no se llega al poder para regalar el sueldo. La campaña habrá invertido 100 mil pesos por habitante. Esa es la cotización del voto, que los compradores tienen estipulada. El próximo domingo, 25 de octubre, algunos de los hombres de confianza de cada bandidato estarán -tula en mano- convenciendo a cada elector con dos billetes de 50 mil. Una vez electo, su trabajo consistirá en robar mucho en el menor tiempo posible. Todo el mundo lo sabe. Todo el mundo lo acepta. Nadie irá a la cárcel. En Macondo no ha pasado nada, ni está pasando, ni pasará nunca.

IV

Hace unas décadas un contrabandista de cigarrillos y narcotraficante llegó a ser senador de la república. La estrategia del entonces candidato era contratar a los grupos vallenatos de la época para que lo acompañaran en cada encuentro con sus electores. “Bueno, gente, yo no vine a hablar. ¡Qué suene el acordeón!”, era todo su discurso. Fue elegido con una alta votación. Y su nombre resuena, estruendosamente, en más de una canción vallenata.

V

En estos tiempos, es bien conocida la danza de los millones en torno a la candidatura de la esposa de uno de los principales gamonales electorales de Macondo. Cuentan algunas fuentes consultadas que el dinero se maneja en sacos de billetes de 50 mil. Y que cada día en su casa, el señor feudal del voto, puede despachar fácilmente 3 mil o 4 mil millones de pesos por todo el departamento. Como en las mejores épocas de la mafia. Y nadie irá preso porque ese dinero terminará comprando a la rama judicial y, también, a la prensa capitalina.


VI

El “gobierno de las mayorías” le llaman a la democracia. La abstención histórica en esta republiqueta, gobernada por hampones desde sus inicios, alcanza casi el 70% de la población apta para votar. Dicho de otro modo, una minoría (solo el 30% de los colombianos), decide por el resto. ¿Por qué jamás ha sido tenida en cuenta la inconformidad del que no vota? ¿Será porque no cree en este corrupto sistema de gobierno? ¿Acaso les asusta a los señores burgueses ese explícito cuestionamiento?

VII

La Aristocracia fue considerada, en sus orígenes, como el gobierno de los mejores. Ser Noble era estar sintonizado con su destino, formarse para ello. El Noble se encargaba de administrar el poder, por lo tanto debía ser conciente de las necesidades del Pueblo. El asunto era de Honor y Dignidad. Era un real Privilegio poder servir. Hace unos siglos surgió en Europa la clase burguesa que acabó masacrando a la Nobleza en un vergonzoso acto de violencia extrema que muchos aún consideran heroico. Ocurrió el 14 de julio de 1789, en París. La burguesía ocupó las sillas de la Nobleza y se inventó la democracia moderna como forma de sustento. Los señores burgueses crearon el voto como mecanismo de acceder al poder, en reemplazo de la guillotina.

VIII

En 1988 se dio en la res pública del narco la primera elección popular de alcaldes y gobernadores. Los billetes comenzaron a tener un valor de cambio con respecto al voto. La fórmula no ha cambiado. Es el dinero (o la promesa de un empleo) el que termina eligiendo a los gobernantes. “Sociedad de Mercado” le llaman algunos autodefensores.

IX

Cuentan que hace casi dos mil años, por aquel tiempo del “pan y circo”, un representante del poder imperial romano puso a elegir al pueblo entre dos opciones: El Rey o el delincuente. El pueblo eligió, sin dudarlo, al delincuente. Al Rey lo mandó a crucificción. Desde entonces la democracia ha sido una estrategia para lavarse las manos. Mejor dicho: una barrabasada.

X

Aquel señor de las tinieblas que llegó al poder, gracias al vallenato y a la mafia, está próximo a ser honrado (por fin) con una imagen suya en el billete de 20 mil. Y no es de extrañarse. En este paisito de quinta, alias Macondo, por lo general se le rinde tributo a los delincuentes. Una nueva acepción de democracia, a la colombiana, podría ser “el gobierno de los demonios”. En todo caso, nadie estará en desacuerdo en que es, sencillamente, el gobierno de los peores.

Por eso yo no voto.


Por Ensuncho De La Bárcena
Valle del Sinú, octubre de 2015
@HombreHicotea

1 comentario:

Hoxeda dijo...

Para recordar, que la burguesía era los antiguos artesanos y comerciantes ( en nuestra época podría ser los famosos turcos) que consiguieron riqueza a través del comercio, palabras mas, palabras menos, pueblo razo que jamas había tenido poder ( dirían los viejos " burro con plata").