julio 31, 2015

Para que bajen los pájaros



Acabo de ver “La Tierra y la Sombra”, la premiada ópera prima de César Acevedo. Y me encantó, aunque también me incomodó. Por varias razones y sinrazones que espero develar en este texto.

La Visión del Cine es Real. En cambio, la de los medios masivos de comunicación es una visión a medias. Mediada por el miedo. En estos tiempos futuros en los que se grita por parlantes ensordecedores el triunfo final del egoísmo, de la mano del capital, el Cine nos habla desde el silencio. Nos ayuda a contemplar la vida en vivo, desde el corazón que la percibe efímera. Esa es la gracia de “La Tierra y La Sombra”. Nos ayuda a ver que todos somos moribundos.

El Cine hace evidente lo que las otras Artes apenas intuyen. La historia de la película, hija de la Literatura al fin y al cabo, es conmovedora. Un hombre mayor vuelve a Casa con la ilusión de remendar su Mundo. Sólo el Tiempo dirá lo que ocurre. En ese camino, los personajes de la Casa inteactúan con el recién llegado, comparten de cierta forma su limitado entusiasmo. Es un abuelo que, a pesar del cansancio, no ha sido derrotado por los años. Aún tiene Tiempo para dar lo mejor a su nieto. Para sembrar la dulzura. En un mundo hostil, amenazado por la burocracia, el capital y la desidia. Mundo en el que incluso la muerte es un simple trámite, una recolección de cadáveres, un intercambio de papeles.

El Cine es un Arte que va mucho más lejos en las profundidades del alma. Más allá que la Literatura, la Pintura y el Teatro, aunque haga uso de estos instrumentos para componer su Obra. Con “La Tierra y La Sombra” Acevedo y equipo logran acercarnos al privilegiado universo de la Música, de la Poesía. Entendiendo la Poesía como aquel trino de pájaros que no logramos ver, pero que sabemos reales.

Debo decir también que hay tres cosas que me incomodan de la película. Una. Su carácter burocrático. El que sea apoyada por muchas instituciones. Varias de ellas cuestionables, incluso. El Cine, como todo Arte, es un acto libertario. El triunfo del Individuo sobre las instituciones. Dos. Me preocupa que se pueda convertir en una fórmula festivalera la escasez de diálogos, la preeminencia de lo contemplativo, el ritmo zen del montaje. Para mi cada película debe encontrar su propia forma de expresión y no debe sujetarse a ninguna otra. Tres. Si bien el Cine es hijo de la Fotografía y esta, a su vez, de la Pintura, es un Lenguaje otro. El Cine es otra forma de ver el mundo. Y no necesariamente debe ser una réplica de la Pintura porque corremos el riesgo de filmar únicamente naturaleza muerta.

Por último, una plegaria. Qué Los Dioses le permitan a Cesar seguir filmando desde el centro de su CoRazón. Y que le hagan cada vez más radical. Más libre. Más conciente. ¡Salud, Poeta!

Por Ensuncho De La Bárcena
@HombreHicotea

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