julio 31, 2015

Para que bajen los pájaros



Acabo de ver “La Tierra y la Sombra”, la premiada ópera prima de César Acevedo. Y me encantó, aunque también me incomodó. Por varias razones y sinrazones que espero develar en este texto.

La Visión del Cine es Real. En cambio, la de los medios masivos de comunicación es una visión a medias. Mediada por el miedo. En estos tiempos futuros en los que se grita por parlantes ensordecedores el triunfo final del egoísmo, de la mano del capital, el Cine nos habla desde el silencio. Nos ayuda a contemplar la vida en vivo, desde el corazón que la percibe efímera. Esa es la gracia de “La Tierra y La Sombra”. Nos ayuda a ver que todos somos moribundos.

El Cine hace evidente lo que las otras Artes apenas intuyen. La historia de la película, hija de la Literatura al fin y al cabo, es conmovedora. Un hombre mayor vuelve a Casa con la ilusión de remendar su Mundo. Sólo el Tiempo dirá lo que ocurre. En ese camino, los personajes de la Casa inteactúan con el recién llegado, comparten de cierta forma su limitado entusiasmo. Es un abuelo que, a pesar del cansancio, no ha sido derrotado por los años. Aún tiene Tiempo para dar lo mejor a su nieto. Para sembrar la dulzura. En un mundo hostil, amenazado por la burocracia, el capital y la desidia. Mundo en el que incluso la muerte es un simple trámite, una recolección de cadáveres, un intercambio de papeles.

El Cine es un Arte que va mucho más lejos en las profundidades del alma. Más allá que la Literatura, la Pintura y el Teatro, aunque haga uso de estos instrumentos para componer su Obra. Con “La Tierra y La Sombra” Acevedo y equipo logran acercarnos al privilegiado universo de la Música, de la Poesía. Entendiendo la Poesía como aquel trino de pájaros que no logramos ver, pero que sabemos reales.

Debo decir también que hay tres cosas que me incomodan de la película. Una. Su carácter burocrático. El que sea apoyada por muchas instituciones. Varias de ellas cuestionables, incluso. El Cine, como todo Arte, es un acto libertario. El triunfo del Individuo sobre las instituciones. Dos. Me preocupa que se pueda convertir en una fórmula festivalera la escasez de diálogos, la preeminencia de lo contemplativo, el ritmo zen del montaje. Para mi cada película debe encontrar su propia forma de expresión y no debe sujetarse a ninguna otra. Tres. Si bien el Cine es hijo de la Fotografía y esta, a su vez, de la Pintura, es un Lenguaje otro. El Cine es otra forma de ver el mundo. Y no necesariamente debe ser una réplica de la Pintura porque corremos el riesgo de filmar únicamente naturaleza muerta.

Por último, una plegaria. Qué Los Dioses le permitan a Cesar seguir filmando desde el centro de su CoRazón. Y que le hagan cada vez más radical. Más libre. Más conciente. ¡Salud, Poeta!

Por Ensuncho De La Bárcena
@HombreHicotea

julio 25, 2015

Contra el celular

Hace unos veinte años un artículo publicado en la revista italiana L’Espresso causó revuelo. Hablaba contra un aparato recién salido al mercado y que alcanzaba una aceptación inmediata y masiva: el teléfono celular. El autor del presente texto lleva medio año sin usar celular y, haciendo Eco de aquellas palabras, va más lejos.

Iris e Irie (de la serie Iris en la ciudad)

I

“Solo cuatro categorías de personas pueden usar celular sin resultar ridículas: los incapacitados físicos, los cirujanos de órganos, los periodistas y los cónyuges con amante”, así lo escribió el escritor italiano Umberto Eco. En aquel momento yo era un simple estudiante de Comunicación y había leído “El nombre de la Rosa” y un par de ensayos del autor en mi clase de Semiótica. El asunto me produjo mucha risa, porque el teléfono celular se había convertido en un símbolo de estatus, poder, snobismo. Muy por el contrario, las contundentes palabras de Eco, indican lo contrario. “Para el resto, el celular constituye un signo de inferioridad social, pues el auténtico hombre de poder no contesta nunca el teléfono. Por tanto aquel que lo utiliza es un pobre diablo, un yes-man que debe siempre estar pendiente de la llamada del patrón o del banco”.

Hace veinte años, en el entorno universitario, tener un celular era un asunto claramente diferenciador. Varias chicas guapas de la Universidad donde estudiaba – justo al lado de un cementerio – me resultaban inalcanzables solo por el hecho de que tenían celular. Un estudiante de provincia, como yo, no estaba a su altura. Mientras ellas lucían sus relucientes y mágicos aparatos que les permitían hablar desde cualquier lugar, yo lucía mis abarcas tres puntá que hablaban siempre desde el mismo lugar. “Se trata de un curioso fenómeno de masas, en el que todo el mundo se empeña en demostrar su inferioridad social, eso es también 'snobismo' puro”, decía Eco.

Reticente a caer tan bajo, para tener mi primer celular tuve que ver pasar casi una década. Mi hermano Ramiro me lo regaló, cuando ya no era tan exclusivo. Para entonces, las chicas guapas de la Universidad – en la que no se sabe si los muertos están de un lado o del otro – ya se habían casado. Y tenían hijos, con celular. Por supuesto.

Ana, Iris y Mel (de la serie Iris en la ciudad)

II

Hace unos meses Umberto Eco arremetió contra las redes sociales, esas hijas del celular. Considera que le dan espacio a legiones de idiotas. “Herramientas como Twitter y Facebook permiten que la opinión de los necios consiga tener la misma relevancia que la de un premio Nobel”, dijo.

Bloguero desde 2005, facebookero desde 2007 y tuitero desde 2009, las palabras de Eco esta vez no me causaron tanta risa. El asunto me tocó las pelotas porque alguien como yo, aristócrata y marginal por decisión propia, encontró en las redes un lugar en el mundo, una herramienta de expresión, una casa propia. Por fuera de las convenciones de los medios, la academia y el establecimiento. Por lo tanto, para mi las redes – al contrario que para Eco - son el último recodo de la libertad en estos tiempos, tan cínicos y esclavistas.

“Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que solo hablaban en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente. Pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”, comentó el Premio Príncipe de Asturias, en declaraciones recogidas por el diario "La Stampa".

Debe ser que el escritor italiano está envejeciendo -como todos sus lectores- y no alcanza a percibir los matices. Si bien es cierto que la mayoría de usuarios de las redes –víctimas de la sociedad de consumo- sólo tuitean, comparten y postean estupideces, también hay casos en los que la profundidad, el pensamiento y la sensibilidad le dan espacio a la genialidad, la expresión y a aquello tan peligroso por lo que eran perseguidos los monjes de la primera novela de Eco: la risa. No es gratuito que, sólo para hablar de nuestra lengua, existan varios portales de internet -con importante presencia y difusión en las redes- que se dedican a producir noticias falsas en clave de ironía, con el claro objeto de poner en cuestión la realidad política, económica y estética de nuestro tiempo. Se trata de: Actualidad Panamericana, El Deforma y El Mundo Today. Sin el desarrollo de las redes sociales probablemente esta genial forma de antiperiodismo no hubiera tenido repercusión.

Cabe destacar, además, que Eco manifestó también que las redes sociales eran un instrumento peligroso porque no permiten conocer quién está hablando. “La televisión ha promovido al tonto del pueblo, con respecto al cual el espectador se siente superior. El drama de internet es que ha promocionado al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad”, sostuvo. ¿Quién es el legítimo portador de la verdad, señor Eco? ¿El científico, el señor feudal o el cura?

Con todo el respeto, profesor, padece usted de una honda preocupación medieval.

Iris y El Abrazo (de la serie Iris en la ciudad)

III

Hace unas semanas me reconcilié con Eco. Gracias a una hilarante columna titulada El teléfono celular y la reina malvada. Yo, que muy pocas veces al año leo la prensa, encontré este texto ideal para comenzar una conversación en el bar, después de un vaso de vino. “Recientemente, estaba caminando por la acerca cuando vi a una mujer que se acercaba a mí. Su rostro estaba pegado a su teléfono celular y no veía por dónde iba. Si yo no me hacía a un lado, chocaríamos. Como soy en secreto una persona malvada, me detuve repentinamente y me di la vuelta. La dama chocó con mi espalda, dejando caer su teléfono. Rápidamente se dio cuenta de que había topado con alguien que no podía haberla visto y que ella debería haber sido quien se apartara. Balbuceó una excusa, mientras yo amablemente le decía que no se preocupara porque estas cosas pasan todo el tiempo en estos días. Espero que el teléfono de la mujer se rompiera cuando lo dejó caer y aconsejo a quienes se encuentren en situaciones similares que se comporten como yo lo hice”: Eco.

Todos los días la gran masa se queja del robo de celulares, de la caída de los celulares, del impertinente uso de los celulares en el entorno privado. Pero nadie hace nada. Ríos de tinta han corrido desde la masificación del whatsapp: que desnaturaliza la conversación, que genera ausencias en el diálogo, que irrespeta al interlocutor. Yo mismo perdí la amistad de un maestro, carpintero además, por el uso del maldito aparato y su famosa aplicación.

Fue en San Marcos. Estaba haciéndole visita, con un amigo, también discípulo suyo. Fuimos al patio de su casa, a hablar de libros y a burlarnos de los políticos, como siempre. Pero en una pausa de la conversación, tanto Julio como yo, recurrimos a nuestros teléfonos para ver qué estaba ocurriendo en el whatsapp y en las redes. De inmediato Don Carlos enfureció. “¡Qué falta de respeto es esta, por Dios!. Si vienen a visitar al menos disimulen su falta de interés. ¿Se imaginan si yo fuera el paciente y ustedes los médicos? ¿Cómo me sentiría en este momento?” Naturalmente nos desarmó y nos vimos moralmente obligados a enfundar nuestros celulares. Pero, a pesar de nuestras disculpas, Don Carlos siguió ofendido. “Cómo se nota que la universidad no pasó por ustedes. Me han decepcionado. ¡Son un simple par de perratas!”, fue lo último que dijo al tirarnos la puerta en las narices.

Y tenía toda la razón. Julio y yo fuimos a comer, en un sitio cercano. Le sacamos un rato de risa al asunto, pero nos sentíamos culpables. Don Carlos tenía toda la razón. Y estábamos muy arrepentidos. Sin embargo, esas disculpas no podían manifestarse rápido, porque la ofensa había sido mayúscula. Se nos antojaron muchas maneras de pedirle perdón al Maestro, pero ninguna nos pareció tan oportuna ni tan digna del gran humor de Don Carlos. Pero como Los Dioses son tan grandes y misericordiosos, a principios de este año se me dañó mi celular. Lo mandé a reparar tres veces en tres ciudades distintas. Pero el daño era irreparable. Yo mismo intenté resolverlo, pero lo empeoré. Y, como tenía tanto dinero para comprarme uno nuevo, desistí de la idea de usar celular por un tiempo.

“Apenas sostenemos ya conversaciones cara a cara; ni reflexionamos sobre los temas apremiantes de la vida y la muerte, o siquiera vemos hacia el campo cuando pasa frente a nuestra ventanilla. En vez de ello, hablamos obsesivamente en nuestros teléfonos celulares, rara vez sobre algo particularmente urgente, mientras malgastamos la vida en un diálogo con alguien a quien ni siquiera podemos ver”, nos dice Eco en su reciente columna.

Les confieso que durante estos seis meses sin celular siento que he vivido con mayor intensidad el único tiempo disponible: el presente. Porque si algo detestan las compañías celulares, a pesar de que vociferen lo contrario, es el tiempo real. El celular, bien sea por una llamada, por un texto o por una imagen, te hace evadir el tiempo presente. Te somete a la tenebrosa dictadura del futuro o a la infame burocracia del pasado. A pesar de que, vía celular, se puede compartir una foto que alguien acabó de tomar al otro lado del mundo, esa foto no es el presente. Sino el pasado, acabando de pasar. Pero nos da la peligrosa idea de que es el presente, asunto inasble que solo es real si uno suelta de una buena vez el celular y contempla el atardecer que tiene en frente. O se detiene, mejor aún, en el sol reflejado en los ojos de quien le está hablando.

Sólo espero que ahora, tras seis meses de reflexión, belleza, humor, tristeza, placer, angustia y libertad; seis meses en los que no he tenido trabajo; seis meses en los que he sido el soberano de mi tiempo; seis meses en los que he tomado miles de fotos con mi cámara real; seis meses en los que que podido –incluso- filmar mi primer largometraje; por fin mi querido maestro, Don Carlos Benítez De La Ossa, me considere digno de recibir en su casa.

Por Ensuncho De La Bárcena
@HombreHicotea

julio 15, 2015

Espantapájaros

La Dama del Lago

No sé. Me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.

Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.

Soy perfectamente capaz de soportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible
- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar.

Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!

Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
 ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!

Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...

¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!

Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.

Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.

¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!

¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!

Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?

Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.



Oliverio Girondo (17 de agosto de 1891 - 24 de enero de 1967)




julio 08, 2015

“La Divina Comedia de Dalí”, un viaje surrealista

 
La Divina Comedia de Dalí. 22’. Color. Digital. 2014


"La Divina Comedia" es una epopeya alegórica escrita en toscano por Dante Alighieri entre 1304 y 1321. Es una de las obras maestras de la literatura mundial y se compone de tres partes: Infierno, Purgatorio y Paraíso. Ha sido ilustrada, entre otros, por Botticelli, Miguel Ángel y Gustave Doré, antes del colosal trabajo de Salvador Dalí. Partiendo de los versículos del texto, Dalí dejó aflorar libremente su universo personal, plasmando sus obsesiones y motivos recurrentes, uniendo el impulso surrealista a la aplicación de técnicas y estilos del Renacimiento y el Barroco. 

Las ilustraciones de Dalí tuvieron su origen en un encargo del gobierno italiano motivado por la celebración del 700 aniversario de nacimiento de Dante Alighieri, en 1965. Dalí eligió los temas para las cien ilustraciones del encargo, 33 para cada uno de los tres cantos del poema, el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso, y una más para la introducción. Sin embargo, debido a la gran polémica desatada en Italia, porque el artista escogido no era italiano, el proyecto fue cancelado. Seguro de que encontraría clientes para su trabajo, Dalí continuó con su tarea. Trabajó durante cinco años en las acuarelas y supervisando las planchas de xilografía, que fueron realizadas por los artesanos Jacquet y Taricco: 3.500 tacos xilográficos, uno por cada color y 35 por cada ilustración, todos tallados a mano.  Les Heures Claires realizó en Francia una edición especial de las cien xilografías, en seis carpetas, que contienen la serie completa realizada por Dalí, la cual estuvo expuesta en 2014 en la Sala de Exposiciones Débora Arango, del Centro Cultural Gabriel García Márquez de Bogotá.

Son pocas las colecciones existentes de la serie completa de obras creadas por Dalí para este proyecto, la que se exhibió en el Centro Cultural Gabriel García Márquez, cuenta con sus carpetas originales y con las pruebas de color de seis de las xilografías, lo que permite ofrecer una presentación completa de la edición original, realizada por Les Heures Claires. Es una exposición que ya ha recorrido varios países. A finales de mayo de 2014, el escritor y cineasta Ensuncho De La Bárcena filmó la visita no programada de una actriz a la exposición. Este viaje surrealista muestra ese recorrido personal por la obra de Salvador Dalí dedicada a Dante Alighieri, cuyo aniversario 750 se cumple este año, 2015.

La Divina Comedia de Dalí es mi manera de rendir tributo al genio de Figueras, de quien he aprendido mucho, a tal punto que considero que la única diferencia entre Salvador Dalí y yo es que yo no soy Salvador Dalí.”, ha dicho De La Bárcena - nacido en el caribe galáctico - quien acaba de rodar su ópera prima, “Empera y La Nevera”. Con La Divina Comedia de Dalí, De La Bárcena espera participar en festivales y muestras de Cine, sin abandonar su particular visión. “Hago Cine para compartir, jamás para competir. El Cine es Arte, no industria; un fruto prodigioso, jamás un veneno”. 

“Al encontrarme con el cortometraje surrealista La Divina Comedia de Dalí, me tropiezo con la exquisitez demoníaca de unos sátiros como Joaquín Sabina, Bryce Echenique, Ángel González y el mismo Salvador Dalí, pateándole el corazón al Estado y a todo orden establecido”, ha dicho el poeta Pedro Blas Julio.


Ficha Técnica

Beatriz: Andrea Serrano
Música: Diomedes Díaz, Etelvina Maldonado, El Sayayín, Banda Juvenil de Chochó, Georg Friedrich Händel.
Edición: Álvaro Murcia, Ricky María Henao, Ubuntu Producciones
Dirección: Ensuncho De La Bárcena

Filmografía

- Empera y La Nevera – Largometraje. Dirección. (En postproducción). 2015
- #Raúl70. La Poemícula – Cortometraje dirigido por Raúl Gómez Jattin. Cámara. Color. 3.52 min. Cereté-Montería, Abril 2014-Mayo 2015.
- La Divina Comedia de Dalí – Viaje surrealista. Director. Color. 22 min. Bogotá-Montería, Julio 2014.
- Buscando a Reygadas – Cortometraje real. Director. Color. 17 min. México-Colombia, Junio 2014.
- La Paz es la Meta – Institucional. Director. Color. 7 min. El Dorado, Meta, Enero 2014.
- Los Montes de María son de Paz – Institucional. Director. Color. 7 min. San Juan Nepomuceno, Bolívar. Enero 2014.
- El otro es el reflejo – Documental. Guionista y Director. Color. Mini DV. 32 min. Cartagena, Agosto-Octubre 2004.
- Acúaru: Las salinas de Manaure – Documental. Guionista y Realizador. Color. Betacam. 48 min. Manaure, Guajira. Agosto 2003.
- Mompox: La Ciudad del Oro – Documental. Guionista y Realizador. Color. Betacam. 48 min. Mompox, Bolívar. Julio 2003.
- Sombrero Vueltiao: Herencia Zenú – Documental. Guionista y Realizador. Color. Betacam. 48 min. San Andrés, Córdoba. Junio 2003.
- Mojana: Espíritu del Agua – Documental. Guionista y Director. Color. Betacam. 24 min. San Marcos, Noviembre - Diciembre 2002.
- Zoom – Ficción. Guionista y Director. Color, 16mm, 6 min. Cartagena. Marzo 1999.
- Virgen del Carmen: entre lo sagrado y lo profano - Documental. Guionista y Director. Color. VHS. 48 min. San Marcos, julio-agosto 1996.



julio 01, 2015

Concluyó el rodaje de “Empera y La Nevera (o Los Secretos del Ñame)”


A bordo de un planchón, cruzando el río Sinú, se rodó la última escena de la ópera prima del escritor y cineasta Ensuncho De La Bárcena (San Marcos, 1975).  Es un viaje poético del Porro al Bullerengue en el que se rinde tributo a dos escritores: Raúl Gómez Jattin y David Sánchez Juliao. El rodaje de 5 días tuvo lugar entre Montería y Puerto Escondido, pasando por Cereté, San Pelayo, Lorica, Coveñas, San Bernardo del Viento, Paso Nuevo, Moñitos y Vereda del Tigre; pueblos del Sinú llenos de Arte, Literatura y Música.

“Estoy maravillado, agradecido, conmovido. Han sido días de esplendor y de intensas revelaciones. Jornadas agotadoras, pero satisfactorias. Estoy seguro de que hemos hecho un buen trabajo, pero hay que continuar. Ahora viene una etapa encantadora en la que la película cobrará muchos sentidos: el montaje”, dijo Ensuncho.


Por su parte, el productor Luis Alfredo Pinilla Henao (Montería, 1980) dice que esta, su segunda producción, es un viaje de vuelta de nuestra cultura al mundo. “Un viaje en busca de Empera, una mujer que puede ser todas las mujeres. Una road movie circular que une al Sinú con el Caribe, sus playas, fiestas y costumbres. Es una película para los dos hemisferios. Un diálogo del Porro con Diego Velásquez, del mototaxi a Mozart, del Margrave de Brandenburgo bailando Bullerengue. Una búsqueda de nuestra identidad a través de la risa, lo Real, lo surreal y lo espiritual”.


A propósito, el actor de gran trayectoria Jorge Herrera (Cali, 1948), aceptó el reto de participar en una película sin guión ni presupuesto. “Esta película parte de unas ganas de hacer cine por encima de asuntos técnicos o formales. A esta manera le hemos llamado, un poco en broma, un poco en serio: CineCero: cero guión, cero historia, cero planeación, cero cámaras, cero sonido. Cero, cero, cero”.


Ensuncho De La Bárcena dice, por su parte, que Jorge Herrera dio el 120%. “Hubo un momento en el me asusté porque que sentí que estaba dirigiendo a alguien muy grande, del nivel de Al Pacino, y creí que no lo iba a lograr. Pero pude hacerlo gracias a la humildad y rigor de Jorge, a su entrega, a su pasión. A ratos él parecía el más joven del rodaje y me impresionó mucho. Cuando fuimos a despedirlo al aeropuerto, le vimos satisfecho pero con la sonrisa cómplice de alguien que sabe que apenas estamos comenzando. Que este es solo el principio”.

“Empera y La Nevera (o Los Secretos del Ñame)” incluye imágenes que su director comenzó a rodar en 2004, cuando hizo un recorrido con David Sánchez Juliao por tierras del Sinú. “Hubo sorpresas milagrosas todo el tiempo. Es como si hubiera mucha gente desde otros planos haciendo fuerza para que todo saliera bien. Estoy muy agradecido con quienes aportaron su Belleza y sentido de Trascendencia a lo largo del recorrido. Siento una inmensa responsabilidad, porque hemos sido muy afortunados”, dice Ensuncho.


Pinilla, quien también actuó e hizo parte de la fotografía, se emociona al contar que es una película sin una sola res en la zona más ganadera de Colombia. “Con esta película queremos mostrar que el Cine y el Arte son una fuente de riqueza incalculable. “Empera” muestra lo difícil que es hacer Cine por fuera de la burocracia y de la industria, pero lo posible que resulta cuando se tienen una visión, un par de amigos y una cámara”.


Herrera, muy recordado por su papel de papá de Betty La Fea, se enfrentó durante el rodaje a la muerte de Hermes, aquel personaje que le ha dado fama y reconocimiento. “Este viaje, esta película, me permitió reencontrarme conmigo mismo, con mis propios orígenes. Y lo que más me gustó de la experiencia fue la manera como sorteamos las dificultades de todo rodaje. Respondimos unidos y a coro. Uno no siempre cuenta con esta suerte.” 


La película entra ahora en su proceso de montaje. Se calcula que estará lista para finales de año, cuando comenzará otro viaje. “Intentaremos llevarla a los principales festivales del mundo”, dice Pinilla. “Ya se verá”, dice Herrera. “EMPERO que se abran las puertas”, concluye Ensuncho.


Así lo registró El Heraldo (Barranquilla)

Así lo registró El Meridiano (Montería)