junio 09, 2015

Para laurear al Poeta


Según Wikipedia, la enciclopedia virtual (no real), un poeta laureado es “un poeta nombrado oficialmente por un gobierno y del que se espera que componga poemas para acontecimientos de Estado y gubernamentales”. Tengo que decirles que, por fortuna, no estamos en una ceremonia oficial, menos de gobierno, ni le haríamos tan denigrante encargo a nuestro querido Maestro. Hecha esta aclaración, apelemos a Lo Real.

Según el Diccionario de la Real Academia Española, laureado es quien “ha sido recompensado con honor y gloria”. Proviene del verbo laurear, esto es, “coronar con laurel”, por lo que cobró sentido figurado como “premiar, honrar”. Y eso sí que hemos venido a hacer esta noche al Teatro[1].

Hay suficientes méritos para laurear a Don Ricardo León Torregroza De La Ossa[2]. Citaré sólo algunos. Es un hombre cultivado, de linaje; ha sabido cantar lo suyo a tiempo y con rigor, sus versos retratan no sólo el paisaje en el que se han deleitado sus ojos, sino la época que le ha correspondido vivir y a sus contemporáneos; su paciente – y hasta ahora oculta - labor no ha necesitado de falsos reconocimientos para brillar por sí sola; y, por último, pero no menos importante, porque es un Aristócrata, en el mejor de los sentidos. Citadas las razones de este Homenaje, me detengo a detallarlas.

Hombre cultivado, de linaje

Nació Don Ricardo en San Marcos del Carate, el miércoles 15 de septiembre de 1937. Hijo mayor de la unión entre un gran Poeta y su Musa predilecta: Don Lino de Jesús Torregroza Borja, destacadísimo bardo de comienzos del Siglo XX y Doña Isabel De la Ossa García, abnegada educadora.

Tuvo el afortunado niño una infancia frente a la Ciénaga de su pueblo natal, junto a su querido e inseparable hermano Eduardo Antonio. Cursó sus estudios de primaria en el Gimnasio del San Jorge, dirigido por su ilustre Padre, quien detectó a tiempo su afición por las letras y lo estimuló a la lectura. Comenzó la secundaria en el legendario Colegio Pinillos de Santa Cruz de Mompox, donde afianzó su gusto por la Literatura. Por complicaciones de acceso, se trasladó a Medellín para cursar los restantes 5 años de su bachillerato, en el colegio de la Universidad Pontificia Bolivariana.

Terminada la secundaria realizó estudios de Bachillerato Pedagógico en la Escuela Normal de Sincelejo y se hizo Docente, tal como estaba escrito en su Destino. Ejerció la indeclinable tarea de Maestro en el Instituto San Marcos (hoy Institución Educativa San Marcos) y en el Colegio María Auxiliadora de las Hermanas Franciscanas, donde el autor de estas líneas tuvo el Privilegio de tenerlo como Maestro.

Lector infatigable de Historia, Filosofía, Novela Histórica y, por supuesto, Poesía. Autodidacta obstinado. No es nada raro que el Poeta Torregroza, comenzara como Profesor de Español y Literatura, Historia Universal y Geografía de Colombia. Su destacada formación intelectual así lo permitía. Don Ricardo puede hablarnos, incluso hoy día, con un manejo acertadísimo tanto de la Guerra del Peloponeso, como de la refinada Poesía de Ruben Darío. Su destreza intelectual le ha permitido ser un conversador exquisito a lo largo de toda su vida. Rodeado siempre de jóvenes inquietos y escritores incipientes, el Maestro jamás ha sido mezquino con sus saberes y su Biblioteca siempre ha estado a disposición de quien la solicite. “En mí la Poesía es genética. La heredo del viejo. A mamá le heredé la abnegación como Maestro”, me dijo una noche de mecedora y terraza.

En nuestro medio, hostil a los asuntos del Espíritu, un Docente tiene por costumbre el cultivarse poco. Y, si lo hace, es con intereses de obtener mejor escalafón o de aspirar a cargos de elección popular. Ninguno de los anteriores fue el motivo de Don Ricardo al graduarse como Licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad de Santo Tomás. La suya ha sido, desde la infancia, una vocación intelectual interminable, una necesidad espiritual por remontar el vuelo, más allá del espacio y del tiempo que le correspondió habitar. Con tenacidad y entrega irreductibles fue Tutor en el Consorcio Red de Educación a Distancia- CREAD- de la Universidad Santo Tomás en Sincelejo. Luego de esto, el Poeta culminó sus labores como Docente, con honores en 2003.  Pero jamás abandonó su proverbial interés por los libros. “No hay nada que forma más que la lectura”, dice. Su casa, a orillas de la Ciénaga, sigue siendo visitada por estudiantes y profesionales que van en busca de su orientación, de su complicidad intelectual.

Casó el 25 de noviembre de 1962 con Doña Miriam Estela Otero Monterroza, con quien tuvo cuatro hijos: Miriam Isabel (abogada), Ricardo Aurelio (arquitecto), Ana Cecilia (Bacterióloga) y Marco Antonio (médico). En la actualidad tiene 7 nietos y 3 nietas, que confirman que, el suyo, es un reino Isabelino: las tres tienen Isabel como segundo nombre.

“Soy Maestro por esencia. Siempre sentí la necesidad de enseñar. Mal del que no me he corregido”, dice él. Pero, con todo el respeto que merece, sé que miente. Después de haber leído detenidamente, casi todos sus 300 poemas, me atrevo a afirmar que usted, Querido Maestro, es un Poeta por Esencia y Excelencia. Y que se refugió en la Docencia para no perder el contacto con el misterioso, fascinante y generoso Universo de la Palabra.


Ha sabido cantar lo suyo a tiempo y con rigor

“Al contacto del Amor todo el mundo se vuelve Poeta”, dice un mural del colectivo Acción Poética en la carretera que va de Cereté a Montería. Y fue cierto, también, para el joven Ricardo, quien comenzó a escribir en el despertar amoroso de la adolescencia. Y no paró nunca más.

La magnífica cosecha de versos que lega al español – Real y Única Patria del Poeta – ha sido sembrada en diferentes huertas. La del Amor, primigenio surco, al que él llama vendimia, no refiriéndose tanto a la recolección y cosecha de la uva, ni al tiempo en que se hace, sino al provecho o fruto abundante que se saca de algo. Y, hay que decirlo sin ningún temor: el Poeta ha bebido del Amor, majestuosa fuente. En su Obra el Amor va entrañablemente unido al Paisaje. Prueba de ello, su Soneto XIV:

Al caer la tarde, el playón se obstina
en ser medio de citas crepusculares;
ser aquelarre del viento que musita,
y sortilegio en los idilios recurrentes.

Terruño ancestral, contraste inmerso
entre el desespero y la esperanza.
deslinde entre la pena y el silencio,
entre la nada y sueños que salpican.

Pertinaz fue como aroma que besa.
Hálito de viento, el sorbo de tu risa,
tu cuerpo venero de aguas frescas.

Cuando eras muchacha, en el retozo,
el paisaje que enmarcaba tu retrato,
el agua de río que pasa y no regresa.

Suyas son, también una profunda reflexión sobre el recuerdo, lo que no cesa de ocurrir. Que, según el escritor Eduardo Galeano, viene del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón. En la Poesía amorosa de Torregroza De La Ossa encontramos tres momentos en particular: el hallazgo de la Musa, la consumación del Amor y, luego, la ensoñación de la nostalgia.

Claro que en ese camino el Poeta no siempre es solemne o melancólico. Muestra de lo que digo el poema Razones para cambiar tu nombre, tributario del mejor de los Quevedo, incluso del implacable caricaturista Luis Carlos López:

Disiento de tu nombre, dulce Tornera,
mi parecer cercano al desacuerdo,
así como protesto del rótulo prestado,
de pájaros tan bellos igual que tú,
que debieron llamarse de otra manera.

Y si insisto, Krimilda, es por la infamia,
el desacierto del nombre que te dieron
sin tener en cuenta el parecido,
al montón de cosas que te adornan.

Nadie tuvo en la pila del bautismo,
la intuición, el común sentido, la manía
de darte por nombre las cosas tuyas.

De llamarte por hermosa, Rosalinda…
Decirte por morena, Rosa Marina,
o por tierna y dulce, Rosa Isabel.

Y, aunque encuadra bien, Rosa Del Mar…
Por estar lejana María de la Añoranza,
o por tus ojos que fluyen, Rosa del Río.

Ha compuesto Don Ricardo una Obra Poética en cuatro movimientos, a la manera de una gran Sinfonía. El primero de ellos se titula Poemario de los susurros, en el cual el Amor es inspiración. El segundo movimiento, llamado Al reencuentro de lo nuestro está dedicado a lo más telúrico, tradicional y vernáculo. Con una mirada crítica de su entorno, a menudo cargada de Esperanza. De este movimiento, les comparto Al Río de mis ancestros:

Río San Jorge, ¡cuán sinuoso serpenteas,
como raíz de mis recuerdos, soñado río!.
Deforestado luces y maltrecho fluyes,
Sin Mangles, Guaraperos y Chucharos;
sin la fronda del Campano y Ceibas;
sin Martín Pescador, vigía de la corriente,
ni el Gramalote perenne en tus riberas.

Languideces, entre el despojo y el abandono;
y, como atendiendo algún mágico conjuro,
se han esfumado, el Bagre, el Bocachico;
los Garzones, Garzas morenas y blancas.
Ni se zambullen de pesca Patos Cuervos,
ni blanquean los matorrales, las garcitas.

¡Río San Jorge, río de mis ancestros!;
en el verano corres apacible y lento,
en el invierno, desapegado y turbio.

¡Olvidado río, qué solitario pasas…!
Desde Seheve mi tristeza es ancha
y hasta Perico me dura la melancolía.
Río arriba, como un clamor te siento,
aguas abajo como un dolor te asumo.

También, de los Cantos telúricos que hacen parte de Al reencuentro de lo nuestro, tengo el Honor de compartirles A las mariposas, gavieras del viento.

Las mariposas son
gavieras del viento;
son erráticos veleros,
del legado de Dios.

Vuelan zigzagueantes,
tatuando iridiscencias,
y el aire que enajena,
su brillo incomparable.

Ruego no se extingan
y siempre permanezcan;
que ciertamente sean
muestras siemprevivas,
trasluz del horizonte.

Que nunca mitiguen
los vientos procelosos,
la sórdida intemperie;
el frío o la lluvia,
su ingrávida alegría,
sus huellas de cielo,
su clara transparencia.

Saben de silencio sus alas;
de soledad, su estancia
de brevedad, su vida.

Son albricia terrena,
del amor sangrante;
del constante espera
en el clamor ausente.

Cuando mueren cesa
su undívago vagar;
sus alas vítreas,
ya sin primavera.

¡Cuán pequeñas, tenues
y bellas son las mariposas…!
¡Cómo ungen recuerdos!
¡Cómo recrean las tardes!
¡Cómo embelesa su vuelo!
¡Cómo oscila en el viento,
su alígero albedrío!.


El tercer movimiento de la gran Sinfonía de Ricardo Torregroza De la Ossa es Viaje a la Memoria. En el que el Poeta nos lleva a otros tiempos, de parroquia, creencias, campanas, amores libres, maniqueísmos, jerga y folclor. Pero también edifica retratos en tres dimensiones, es decir, esculturas en verso de personajes entrañables como su tío Uriel De La Ossa, su gran amigo Alfonso Ricardo De La Ossa, el fascinante cuentero Antonio Paternina y otros contertulios, incluso hay un perfil poético del genio de Aracataca: Gabriel García Márquez en el Parnaso. Les compartiré el dedicado al amigo Alfonso, muerto tempranamente, escrito el día de su partida.

Elegía fraterna

Alfonso amigo y compañero, te sentías
cazador trashumante en los rastrojos;
monte adentro con el sol de los venados,
o en los playones, reventando el alba.

Hoy contumaz te diluyen los paisajes,
en la viva geografía de los recuerdos;
ya no optarás por regresar del viaje,
ni tornarás de nuevo, hasta el colegio.

Hogaño, seguramente Alfonso amigo,
vigías con el cañón de tu escopeta,
los ángeles pesquisan claros cielos,
para asignarte un lugar del infinito…

Aquel día soplaba impredecible,
el viento fatal de la desgracia;
y yaciste sepultado entre los robles,
huérfano de lumbre y de mortaja.

Sobre ti, y cual pira funeraria,
el hórrido crujir de huesos rotos
crispó tus manos cuando sentías,
en el trágico galope de la sangre,
la fuga irreversible de la vida.

Fue cruento y triste el sacrificio;
sólo que no esparcieron tus cenizas,
para llevarle un poquito de tu ser
a los playones… Las hondonadas;
a las pequeñas hierbas, los bejucos;
a los árboles y las humildes charcas,
y devolverte inmolado en holocausto,
a la naturaleza agreste tus esencias.

Si desde el cielo pudieras ver ahora,
¡Viajero comarcano…! ¡Trashumante…!
¡Cómo florecen por ti los Cañahuates!,
cómo zumbona la cocherana sopla.

Y de nuevo pensé cuando morías,
que sería, Alfonso, en Primavera;
cuando de súbito las flores ríen…
Cuando el entorno aroma silvestre
Cuando dicen adiós las hojas secas.

San Marcos, 25 de abril de 1977

El cuarto movimiento, titulado Legado bajo palabra, es una maravillosa recreación existencial del viaje por la vida. Cantos a su bella Madre, a una hija perdida muy tempranamente, a sus nietos que escancian su último sorbo de alegría, siempre escritos en un tono confidencial, casi expediente fervoroso de su paso por el Mundo. De Legado bajo palabra, he elegido dos grandes poemas para compartir. El primero, Semblanza:

Humano me arrimo a la vera del perdón,
de las heridas que al parecer no sanan.
Quise una existencia más circunstancial,
concomitante de principios que sumaran;
compromisario de valores el cotidiano afán,
señalando rutas donde cupieran todos.

Quise ser algo más que simple vida
y en el vacío, en manera alguna caer,
como soplo de viento sin memoria.
Y entonces opté por trascender;
recorrer la senda haciendo el bien
permitiendo al tiempo, echar raíces.

No ser la ola que la resaca extingue;
mejor la arena que tendida se resiste,
y atestigua la evidencia del mar:
cuando rumora, su incontable azul,
cuando pregona su sed de orilla,
la desmesura de tantos inefables.

No quiero ser guijarro que nadie nombra,
o el referente anonimato de hojas secas.
Me propuse permanecer; he aquí el dilema,
de seguir alumbrando entre las sombras.


Y, para finalizar, El viaje definitivo.

“Remonta los ríos.
Desciende por los ríos,
No te detengas”.
Álvaro Mutis

Y yo me iré, mas no sé cuándo;
en todo caso, terriblemente solo,
liaré mis utensilios y a la deriva,
peregrinos buscarán su fondeadero,
mis efluvios, mi diario de motivos.

Y al descender los ríos del tiempo,
como larario de improntas mi pasado,
será karma de olvido, mi partida.

Ya navego el final de la corriente,
que palpita en mi interior y fluye
desde la orilla de mí, cerca de todo.


Su paciente labor no ha necesitado de falsos reconocimientos

A pesar de haber sido cultivada en un medio contradictorio en el que la Poesía brota en cada atardecer, pero en el que no existen contertulios, la Obra de Torregroza De La Ossa no ha necesitado de elogios gratuitos. Se ha madurado, en cambio, como el mejor de los vinos, gracias a la soledad y al paso del tiempo. Sus versos están allí, listos a ser bebidos y celebrados por todo el que tenga sed de gran Espíritu. A lo mejor porque sus contertulios han sido Pablo Neruda, Álvaro Mutis, Mario Benedetti, Rubén Darío, César Vallejo, García Lorca, Jorge Luis Borges. Y sus contemporáneos: Li-Po, Omar Khayyam, Píndaro, Garcilaso y Homero.

Don Ricardo, el Aristócrata

La vida del Poeta ha sido dedicada a Lo Mejor que tenemos, como especie: El Arte. El oficio de hilar versos lo ha convertido en un connotado Orfebre. Y bien sabe, como Don Miguel de Cervantes, que El Arte está por encima de la política. ¿O quién recuerda el nombre del Rey que le negó trabajo al autor de El Quijote?

Celebremos a Don Ricardo. Leámosle. Cantémosle. Coronémosle. ¡La Gloria sea para Él!

Por Ensuncho De La Bárcena
@CineastaRural




[1] Palabras leídas en el Homenaje al Poeta en el Teatro Municipal de Sincelejo, el pasado 4 de junio, en el marco del evento “La Mojaneridad en La Sabana”.
[2] Nacido en San Marcos del Carate en 1937. Hasta ahora ha sido conocido como Maestro, pero su Obra Poética saldrá publicada en diciembre de este año.

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