mayo 23, 2015

Huele a Porro



La música de bandas de viento del caribe colombiano (conocida genéricamente como Porro) existe, seguirá existiendo, en nuestras celebraciones por la misma razón que siguen existiendo orquestas de cámara, sinfónicas y filarmónicas en otras latitudes. Y eso es independiente a si es escuchada o no por encumbrados bogotanos, lejanos caleños, nostálgicos paisas, pretenciosos valduparenses o barranquilleros en tiempos de carnaval.

El Porro existe y existirá, independiente de si suena o no en la radio. No hay que ser tan ingenuos como para olvidar que las emisoras comerciales exigen, de manera directa o simbólica, que las casas disqueras les paguen por convertir en éxito las canciones de sus “artistas”. Incluso hay otros géneros, muy difundidos, que cuentan con apadrinamientos de carácter ilícito y, lo peor de todo, legitimado.

El Porro existe y existirá, aun si sus discos no se consiguen en los grandes centros urbanos. Las tiendas de discos no creen que esta “música corroncha” les pueda representar mayor ganancia. Así que, sin ningún complejo de inferioridad, las bandas siguen siendo las distribuidoras de sus discos. Y lo hacen en las corralejas y fiestas tradicionales a las que son invitadas.

Lo que pedimos los amantes del Porro (no necesitamos defenderlo, porque se defiende solo) es que se respete nuestra bella expresión musical, que no tiene nada que envidiarle a ninguna otra. ¿De qué manera? Recordando que nuestros grandes compositores están en el cuarto del olvido, en el trasfondo del patio, pudriéndose vivos. Y eso sin tocar el tema del tratamiento de quinta al que son sometidos nuestros músicos en algunos festivales que cometen el horror de hospedarlos en colegios, donde duermen en colchonetas, hamacas, esteras, a veces a suelo limpio, donde son expuestos al mosquito, al cansancio extremo y al irrespeto constante de los organizadores o patrones. ¿A los músicos venidos de otros lugares se les trata de la misma forma? ¡Claro que no! Entonces estamos ante un grave desprecio por lo nuestro. Infamia se llama.



Solo hay que ver el estado en el que mal vive el gran maestro sanmarquero Alfonso Piña (hermano mayor de Juan, Carlos, Jorge y Elvira) para ilustrar de qué estamos hablando. Compositor insigne de casi mil temas, entre los que se destacan “Yo soy un Porro”, “Con las velas encendidas”, “El gavilán garrapatero”, por solo citar tres. El mismo que formó a los músicos de la “19 de marzo de Laguneta” y tantas otras bandas en todo el caribe; aquel que desbarataba su prodigioso clarinete en las fiestas, clubes y plazas; el niño genio a quien el gran Lucho Bermúdez consideraba el mejor clarinetista de Colombia.

Es un auténtico Rey del Porro. Pero Rey en el olvido. Solo. En su cuarto extraído de las ruinas de lo que era la cantina de su antigua caseta El Platanal. Confundido entre gallinas y un perro flaco, sin hojas donde escribir, mendigando una ayudita a todo el que pasa a saludarlo. ¿Hay derecho a que este gran maestro esté en estas condiciones, mientras otras “figuras de la música costeña”, que no saben ni leer ni escribir partituras, ganan 40  y algunos hasta 100 millones por concierto? ¿Qué es lo que hay que rescatar? ¿Qué es lo que hay que reivindicar?

Por último, para no aburrirlos con tanta perorata, hay que decir que Su Majestad, El Porro, es en esencia una música rural. Una maravilla sonora que engalana el paisaje sabanero, sinuano y sanjorgense. Pero es tan digno de evolución como lo fue el jazz, desde la Big Band hasta formatos minimalistas. ¿Quién se atreve a dar el próximo paso?

"El Porro es un Jazz que se baila. Mejor dicho, el Jazz es el Porro de los gringos", me dijo una vez el gran Justo Almario.

El poeta Josse Sarabia, el maestro Justo Almario y el autor del blog, en Mompox.

Por Ensuncho De La Bárcena

@CineastaRural

mayo 22, 2015

Como luz, tu sombra



“Vengo desde tus brazos,
no sé hacia dónde voy”
Pablo Neruda

Al verte pienso que no hubo despedida
y al percibirte, Tornera, cerca de mi alma,
sentí en tu mirada, cautiva toda el ansia,
toda la certeza de un tiempo que volvía.

Sentí tu fuego y su frecuencia intactas;
sentí de nuevo que el amor tenía cabida;
que motivados renacerían encuentros;
que trochando camino regresabas.



Y me volví soñador tan de repente,
que recurrí, como otras veces, al soborno;
a la cómplice dispensa del paisaje,
donde siempre morabas de exprofeso.

Donde tenaz habita el mismo conjuro,
el mismo entorno de la tarde inmensa
de abigarrados arreboles dispersos;
el aquelarre sonámbulo del viento,
la pirotecnia galáctica del río.


 Ricardo Torregroza De La Ossa

mayo 17, 2015

Dósis de Roger, a propósito de la muerte de El Cañón del Caribe

Roger Araújo Ensuncho, QEPD, en plena actividad radial

I

Cuando era niño, mi viejo nos decía con orgullo que la voz que salía por la radio era la de su primo Roger Araújo Ensuncho. Nosotros, algo incrédulos, nos alegrábamos con él. Su nombre siempre fue un referente familiar, cercano, afectivo.


Roger Araújo Ensuncho, QEPD, uno de los grandes de la radio deportiva colombiana

II

Cuando tomé la decisión de estudiar periodismo e instalarme en Barranquilla, Don Rami me insinuó que lo tenía que conocer. Incluso él mismo fue quien me lo presentó en uno de sus viajes a La Puerta de Oro. Recuerdo que me sorprendieron su impactante voz y su carcajada limpia. Roger se ofreció para ayudarme a entrar en la radio deportiva, pero como sé tanto de fútbol como de cirugías a corazón abierto, le agradecí, honrado por su interés.


Jack Navarro, Paul Brito, Roger Araújo (QEPD) y yo. Marzo de 2010.

III

En marzo de 2007, Alex Flórez, un cineasta neoyorkino sobrino suyo, trajo a Cartagena de Indias un magnífico cortometraje titulado "Dósis de Roger" con el que ganó varios galardones ese año alrededor del mundo. La ocasión sirvió para estrechar amistad, familiaridad y mamadera de gallo con El Mundialista, gran maestro de la radio, dueño de una exquisita conversación y un humor magnífico. Fueron días memorables.


Doses of Roger, John Gutiérrez, 2006

IV

En marzo de 2010 presenté "La voz desconocida" en el auditorio de La Aduana en Barranquilla, gracias a los buenos oficios del poeta Miguel Iriarte. Allí estaba Roger, con sonrisa cómplice de satisfacción por el logro de este hijo de su primo. Así me lo hizo saber, mientras fumábamos un cigarrillo a la salida del evento. Le mandó saludos a mi viejo, ya para entonces afectado con una lenta enfermedad que lo llevó a la tumba en enero de este año. Con gusto le di sus saludos a Don Rami, quien se emocionó al escuchar, de nuevo, su nombre.


Lanzamiento de "La Voz Desconocida", Auditorio Mario Santodomingo, marzo de 2010.

V

Hace unos meses hablé por teléfono con él, en compañía del poeta Pedro Blas y del periodista Eduardo García, compañeros suyos de fiestas y aventuras periodísticas de carnaval y deporte. Entre los temas que tratamos fue de un viaje suyo a Cartagena de Indias, con el fin de concretar la creación de una Sociedad de Mamagallistas del Caribe que no tuviera más estatutos que los de la marimonda, ni más moral que el calor de la vaina. Me viene otra vez su carcajada, limpia. 

Jack Navarro, Paul Brito, Roger Araújo Ensuncho (QEPD) y yo.

Por Ensuncho De La Bárcena
San Marcos del Carate
Mayo 12 de 2015

mayo 15, 2015

El diagnóstico y la terapéutica

El beso, de la serie "Se vende un escaparate" (La Habana, 2012)


El amor es una enfermedad de las más jodidas y contagiosas. A los enfermos, cualquiera nos reconoce. Hondas ojeras delatan que jamás dormimos, despabilados noche tras noche por los abrazos, o por la ausencia de los abrazos, y padecemos fiebres devastadoras y sentimos una irresistible necesidad de decir estupideces.

El amor se puede provocar, dejando caer un puñadito de polvo de quereme, como al descuido, en el café o en la sopa o el trago. Se puede provocar, pero no se puede impedir. No lo impide el agua bendita, ni lo impide el polvo de hostia; tampoco el diente de ajo sirve para nada. El amor es sordo al Verbo divino y al conjuro de las brujas. No hay decreto de gobierno que pueda con él, ni pócima capaz de evitarlo, aunque las vivanderas pregonen, en los mercados, infalibles brebajes con garantía y todo.



Eduardo Galeano - El libro de los abrazos