enero 29, 2015

Don Rami

Cartagena de Indias, Día del Padre, 2009

Ramiro Antonio Ensuncho Álvarez, nació en Sampués, el 12 de agosto de 1941. Hijo de Tulio Juan Ensuncho Ensuncho y Cándida Álvarez Zappa.

El 12 de octubre de 1962 llegó a San Marcos del Carate a desempeñarse como Director de la Oficina de Correos y Telégrafos (antecesora de Telecom). El 24 de julio de 1966 se casó con Nohorys Sofía Bárcena Isaza. Esa amorosa unión produjo cinco frutos: Leonardo Martín (1968), Ramiro Antonio (1970), Erika del Carmen (1973), Juan Carlos (1975) y Nohorys María (1977). Comenzó siendo Telegrafista y acabó siendo Gerente de Oficina. Entre sus logros profesionales se destacan la construcción del Edificio de Telecom, frente al Parque de la Santísima Trinidad, y la llegada al pueblo de la telefonía domiciliaria. Se pensionó a los 40 años.

De ahí en adelante se desempeñó como agricultor, comerciante y líder (cívico, cultural y deportivo) de La Perla del San Jorge. En 1996, con un grupo de amigos, fundó el Festival Nacional del Porro Cantao Inédito con Banda, del cual fue su primer Presidente. En 2011 el mencionado Festival fue en tributo a Don Rami.

Dueño de una proverbial capacidad para la conversación y de un exquisito sentido del humor, al ser testigo del rápido avance de la tecnología de las comunicaciones (del telégrafo a la Internet) sostuvo: “Un día no muy lejano todos nos comunicaremos por telepatía. Se acordarán de mi”.

En 2009 comenzó un lento deterioro en su salud, del cual descansó rodeado de los suyos y mientras dormía, la madrugada del martes 27 de enero de 2015. Durante sus honras fúnebres, que incluyeron un recital de Guitarra Clásica, El Pueblo Más Feliz del Mundo lo despidió como a un Rey, en medio de los aplausos.

“Amigo de sus amigos”, “Servidor constante”, “Padre ejemplar”, “Hijo cumplido”, “Excelente miembro de Familia”, “Noble Esposo”, “Cuñado inolvidable”, “Tío consentidor”, “Hermano inigualable”, fueron algunas de las manifestaciones de cariño que escuchó al oído, quien esto escribe, en medio de cálidos abrazos.

Ese gran Hombre, Noble, Guía, Luz, Amigo, Cómplice. Ese Hombre Inmortal de quien les he hablado, que está enterrado al pie de un naranjo en el cementerio de San Marcos, era mi Padre.

Y a su memoria, comparto estos poemas:


Variaciones

A quien madruga
los Dioses ofrecen
el canto de los pájaros.

Sea el canto de los pájaros
mi refugio en los días de lluvia
cuando el Cielo se cubre de nostalgia
y las plumas emprenden el poema.

¿Y qué es el vuelo
sino el poema que escriben
las alas en el aire?


Día de Navidad

Mi viejo Padre
sentado en su mecedora
ya no habla.

Todo lo mira
como un ángel.

Ahora
yo puedo decir
lo que él no.

Para eso escribo.


Enero 27, martes

Hay una Luz de Oro
presente
en todas las cosas
en todos los seres.

Es Nuestro Padre
que ha vuelto a Casa
que ha vuelto al Cielo.



Muerto el Hombre, comienza su Leyenda.



Por Ensuncho De La Bárcena
@CineastaRural

enero 24, 2015

Cepeda-Obregón: El Caribe Cosmopolita


“The road of excess leads to the Palace of wisdom”: El viejo Blake

Aunque por más de veinte años hemos vivido juntos; escandalizado juntos; emborrachado juntos; disparado juntos a las lechuzas y a los faroles de las escuelas de Bellas Artes; toreado juntos; cantado juntos las nanas de las garrapatas que parió la gata; construído cartillas reemplazando en las letras encerradas los cuadros coloreados de bandera colombiana por símbolos que nos permitan juntos entendernos mejor; recibido juntos más de un centenar de brechas que debieron ser cosidas por puntadas de sutura en broncas, accidentes y simples tonterías; aunque por más de veinte años hemos cogido juntos la vida por los cachos, y si ha sido necesario también por el rabo, y la hemos tratado de agotar a patadas y a riesgo de piel sin perder nuestro infinito afán de estar vivos y juntos: a pesar de todo esto yo nunca he escrito sobre Obregón porque es el único hombre a quien confiaría mis hijos para siempre. (Lo que sin constituir abiertamente una declaración de amor, pero si de confianza, indica que nunca hemos enredado nuestras profesiones).

Porque Obregón tampoco me ha pintado nunca un retrato, ni nunca me ha regalado un cuadro, ni me ha ilustrado un libro. Esto de no mezclar utilitariamente nuestros oficios, nos ha permitido, creo yo, establecer un vínculo poco comprensible para la gran mayoría de sapos que brincan a nuestro alrededor (más alrededor de Obregón que del mío) que no necesita de públicas ni privadas ni periódicas reafirmaciones que lo mantengan invariable a través de tantos años y vericuetos.

¿Por qué salgo ahora, después de semejante explicación, y sin razón alguna, con este cuento sobre Obregón, casi traído de los pelos?

¿Me ha pintado un retrato?

¿Me ha regalado un cuadro?

¿Me ha ilustrado un libro?

No.

Pero hemos llegado a un acuerdo: Obregón va a escribir "Los Cuentos de Juana", esa novela que hace diez años estoy pintando.

Para eso precisamente está la introducción: para que no lo entienda nadie. La explicación viene en el diálogo, y para aquellos a quienes la envidia, o la estupidez, o simplemente la ingeniería del concreto armado, no les permite encontrar la razón, voy a decírselo de una vez para ahorrarles tiempo, trabajo y bilis.

- Estamos cansados del arte que se hace hoy y que se ha hecho en toda la historia. Y esto hay que decirlo con letras, creo yo, porque Obregón ha estado siempre diciéndolo a gritos, a tremendos o románticos tramojazos de color, y ahora a rugosos volúmenes de bronce que no saben si volar solos o volver a la plana quietud de los lienzos, las paredes, los cartones, o las maderas.

Y nadie parece haberlo oído.

Vamos a ver si ahora, usando otros símbolos, más elementales y aparentemente más manoseados, van a oír la gran verdad de Obregón que vamos a gritar a coro, coro ensordecedor, coro costeño, coro de hombres y no de mariconcitos con pantaloncitos ajustados a entecas nalguitas bogotanas.

No vamos a hablar de su pintura ni de sus esculturas. No me interesa su oficio: eso está ahí: para verlo cada uno a su manera y cada uno puede sentir o ver o maldecir o escupir o acariciar, si quieren, su obra monumental, monstruosa, sensiblera, asombrosa, de segura y fuerte muñeca siempre, irregular como todo lo que resulta de la actitud, habilidad, curiosidad, pasión, compasión, alegría, prisa o aburrimiento frente a la vida diaria e inexorable. Llámese ese genio Pelé, Picasso, Marini, Oppenhlimer, Brancusi, Van Eyk, Fellini, Vivaldi, Faulkner, Britten, García Ponce, Tolstoi, Obregón, Neruda, Bacon, García Márquez o Pedro Yudez.

Pensar o sentir, repito, lo que le salga de donde quisiera salirle: la obra está ahí: desafiante, respondiendo a color, forma, línea, volumen, metal, altaneramente y por sí sola a lo que quieran decirle.

Eso de decir u opinar sobre la obra de un artista, especialmente de uno tan caótico y cósmico como Obregón, lo dejo a los parásitos prepotentes, a los críticos, que no sé por qué cada vez que paso volando, no que leo porque hay en este mundo millones de cosas más agradables que hacer que leer a los críticos de cine, literatura o base ball, no sé pero siempre recuerdo aquel pedazo de Calderón que me hacían aprender en el colegio de Ciénaga, frente al Templete que hizo que Juana se pegara un tiro al recordar, justamente al salir del casamiento, que ella ya estaba rota, aquella del pobre sabio que se lamentaba porque solo hierbas tenía para comer, pero que de puro pendejo se alegró inmensamente al ver que otro sabio, más pobre que él, o más flojo, recogía las hierbas que el primero botaba ya masticadas.

Y es que el artista es ya un parásito y solo se da en las sociedades afluentes -a mayor afluencia mejor arte.

¿Ahora a qué denominación de los platelmintos pertenecerán los críticos: parásitos que viven de parásitos?

(–Es una interesante especulación: ¿a los gusanos que se comen los cadáveres qué otros gusanos se los comen a ellos? ¿O es que se mueren de hartura?)

Punto.

Y al diálogo:


– ¿Has leído Cien Años de Soledad?

– Yo sí, pero Álvaro Cepeda no. Y eso me consta.

- ¿Y te gustó?

– A mí no pero a Álvaro Cepeda sí.

– ¿Por qué te gusto?

– Porque como no sé mucho de eso. O mejor porque como nunca tengo mucho tiempo entre el va y el viene…

– ¿Del arte?

– No: de los viajes entre Barranquilla y Cartagena en jeeps que casi nunca pasan de Luruaco.

– ¿Y por qué afirmas tan vehementemente que a Álvaro Cepeda sí le gustó?

– Porque es cómplice.

– ¿Para qué sirve en este caso la complicidad? No creo que García Márquez necesite más cómplices que Faulkner y el idioma castellano, o a la visconversa.

– La complicidad, en este caso particular, significa otra cosa que la gente no sabe, ni siquiera sospecha: significa ternura, respeto, discreción a gritos, amor a rajatabla y todo lo demás que solamente está al alcance de los que viven a flor de piel.

– Entonces no es acusación, porque no te parece que todavía no es hora de comenzar a darnos trompadas. El diálogo está todavía a 16 decibeles.

– ¿Qué es eso? Delfines debajo del agua de la Fuente de La Cibeles?

- No. Son las unidades para medir la intensidad de los sonidos. Algo así como los espectrómetros, que miden la intensidad de los colores.

- Eso es hablar de pintura: y yo de eso no hablo.

– Si te parece.

– Sí me parece: la pintura -Obregón se agacha, se humilla, se rasca la cabeza, se sopla un trago, y continua, mejor, principia: tiene un valor silente que produce un rubor de verdes oscuros, ya que los pintores, que todavía quedamos, y creemos, somos muy pocos.....

- Eso lo sé.

- No interrumpas y déjame seguir porque eso precisamente es lo que hace que los reportajes de los periodistas colombianos no se los lean ni los presos: las preguntas son siempre más largas y aburridas que las respuestas. Pero en este caso el que habla soy yo y no tú.

Obregón continúa: andamos cargando, como el hombre del bacalao a cuestas de la emulsión de Scott, la futilidad de la pintura.

- ¿Entonces tú no crees en la pintura?

– Si–No. Y déjame seguir escribiendo, porque el resto lo hacemos mal.

- ¿Qué hacemos mal: pintar o escribir?

- Gabo me contó un día que él quería ser arquitecto, cayó en lo que no tocaba, a pesar de hacerlo muy bien. Un día me encontré contigo y me dijiste que el cuento de los soldaditos era para pintarlo (Casa Grande) (El paréntesis es de Obregón). Lo que indica que no hay que reírse demasiado en los puntos de angustia en los cuales uno es útil, sea o no lo de uno.

- ¿Qué es utilidad? ¿Conveniencia? ¿Éxito? ¿Ternura? ¿Cuidandería? ¿O la gran mamadera de gallo?

– Álvaro, cambiemos de puesto porque yo creo que tu oficio es pintar y el mío escribir.

– Lo que prueba que todo lo que hemos dicho toda la vida es verdad.

– Aceptado: pregunta.


– ¿Por qué dices que la pintura no sirve?

– Porque contra lo establecido, la gente en vez de tener sensaciones pictóricas todo lo quiere en blanco y negro. No saben qué hacer con los colores.

– Pero eso no la invalida como cosa utilitaria.

– Dentro del arte, hay una pujanza que trata de convencer a la gente que uno tiene la más grande y más terrible duda: eso es humildad.

- ¿Eso quiere decir que la gente compra el arte para compartir la duda, es decir, como comprar bulas papales y compartir la angustia de la religión?

- Exacto: la pintura es una mística visual. Cuando a la gente le sale el hígado por los ojos compra cuadros porque es la única manera de verse las entrañas y eso es el mejor espectáculo del mundo: aunque es falso.

- Pero estamos hablando precisamente de lo que yo no quiero: de pintura. Es como meterme en los terrenos del toro y yo no soy tan pendejo como para dejar que me cojan fuera de base.

- Yo tampoco, y si quieres literatura ahí voy: en San Antonio de la Florida fui a buscar el cráneo de Goya. Y resulta que las putas de la Capilla de San Antonio de la Florida eran la Reina María Luisa y el gran cabrón del monasterio era Godoy. Y para que quede manifiesto que el arte sirve para hacer una feria, puedo afirmar que Goya inventó las fiestas de San Isidro para hacer de su pequeño invento una gran fiesta respetable.

- Pero esto no es literatura sino historia, es un cuento de Juana.

- ¿Y qué es la literatura sino la gran historia del mundo bien contada?

- Mano, ¿te gusta escribir?

- A mí sí, pero no me da la gana.

- ¿Y a ti te gusta pintar?

- A mí no, pero me da la gana.

Ahora sí vamos por donde es.

¿Y de la vida?

Primun Vivere y endespués philosofare

- Pero eso no es Griego: es Cienaguero: el que se murió se jodió.



NOTA: Este diálogo apareció, a manera de prólogo, en la primera edición de "Los Cuentos de Juana" (1972), libro pintado por Álvaro Cepeda Samudio y escrito por Alejandro Obregón. Y no pierde vigencia, en los tiempos del Hay Festival y del Carnaval de las Artes, eventos infortunadamente muy alejados de la estética Caribe Cosmopolita del par de genios de la Literatura y el Arte del continente americano.

enero 20, 2015

Sucre se descuaderna


El departamento de Sucre es un cadáver insepulto que nació corrupto, parido por terratenientes y politiqueros de la época. Medio siglo ha sido suficiente, deberíamos clausurarlo. #NoMásSucre.

En realidad mi opinión no es exclusiva de este vergonzoso departamento en el cual nací. Pienso igual sobre Bolívar, Atlántico, Cundinamarca, Boyacá, Valle y todos los demás. No más departamentos en Colombia. Deberíamos planearnos mejor porque esos focos de corrupción, orquestados desde la corrupta Bogotá, hacen daño a la Nación.

En el caso puntual de Sincelejo, capital de la infamia, la gente de la ciudad merece otra suerte, otro destino, otra clase dirigente. Esta realidad corrupta, violenta y vulgar, que deshoja una a una las esperanzas, la han creado durante décadas los Guerra, los García y ahora la quiere continuar un tal Acuña. Es increíble que CUATRO miembros de una misma familia se repartan el poder en Sucre: tres congresistas y un gobernador. O el Departamento de Sucre no vota más por los Guerra en las próximas elecciones o hay que renombrarlo: Departamento de Guerra. #NoMásGuerra #NoMásGarcía #NoMásAcuña

Aunque repito que soy más de la tesis de que habría que acabar con Sucre, anexando la parte norte a Bolívar y la parte sur a Córdoba. Y luego anexar Córdoba a Antioquia, Antioquia a Risaralda, Risaralda a Caldas, Caldas a Tolima, Tolima a Cundinamarca y, por último, acabar con Cundinamarca. Por el otro lado anexar Bolívar, junto a Atlántico, Cesar y Guajira, al Magdalena, luego Magdalena a Santander, Santander a Boyacá, Boyacá a Cundinamarca y repetir el ejercicio con todos los departamentos de uno de los países más corruptos del mundo.

Pero bueno, dirán los bienpensantes que Colombia firmó el 10 de diciembre de 2003 la Convención de Naciones Unidas contra la corrupción y que el 27 de octubre de 2006 fue ratificada. Es cierto, pero ¿de qué sirve esa firmita si el país se desangra día a día en el 30 y el 40 y el 70% que sus dirigentes se roban? Los corruptos son genocidas porque matan niños de hambre, viejos y mujeres en embarazo en los hospitales, etc. Deberíamos juzgar la corrupción como un delito de lesa humanidad como propone el maestro Álvaro Restrepo.

No vayan a malpensar ahora que estoy haciendo campaña. No me interesa la política, excepto para revelar su horrendo rostro. Bien tengo claro lo que el escritor brasilero Millôr Fernandes: “Acabar con la corrupción es el deseo de quien no ha llegado al poder”. Y esta es una realidad brutal en el caso colombiano, en el que un exministro confesó a una escritora -sin el mínimo asomo de vergüenza- que la política consistía en “robar mucho en el menor tiempo posible”.

Mientras los corruptos sigan en plena campaña, visiblemente cínicos y admirados, el asunto será cada día peor. Al menos pongámoslos en su sitio y señalémoslos en plena calle como lo que son. Que les quede el escarmiento de la presión social. Retirémosles el saludo. Cambiemos de acera. Ignoremos sus hipócritas manos tendidas. Condenemos su risa.  

No olvidemos queridos lectores, que los políticos (concejales, diputados, congresistas, alcaldes, gobernadores, ministros, presidentes) están hechos para obedecernos, no para mandarnos.

Por Ensuncho de la Bárcena
@HombreHicotea

enero 11, 2015

¡Mi blog cumple 10 años!



El 11 de enero de 2005 le seguí el consejo a mi amigo Reinaldo Niebles y abrí esta ventana. “Turismo Cultural en Cartagena y el Caribe” fue mi primera entrada. En aquel entonces no existía el Festival Internacional de Música, ni el Hay Festival, ni la Ruta García Márquez, y el Festival Internacional de Cine era dirigido por Don Víctor Nieto (aún no era FICCI). “La tarea en Cartagena de Indias, Patrimonio Cultural de la Humanidad, no puede ser ajena a los retos globales, sobre todo teniendo en cuenta que el verdadero potencial que tiene la ciudad en materia de Turismo Cultural sobrepasaría las expectativas del sector, si hubiera una política pública integrada con la empresa privada que fuera capaz de enfrentar el reto con la altura y carácter que se merece”. En ese tono escribía por aquellos años.

Confieso que lo que me alentó a abrir mi blog fue haberle escuchado decir a Daniel Samper Pizano que no lo aconsejaba porque no servía para nada. “Un periodista sin editor no tiene credibilidad”, fue lo que dijo. Viniendo de él, tan cercano a esas incestuosas relaciones entre el poder y la prensa capitalina, me pareció un extraordinario pretexto para publicar lo que me diera la gana en forma de blog. Sin más editor que mi propia conciencia.

Primero se llamó “El Poeta en el Hotel”, como mi primer libro. Luego pasó a llamarse “Náufragos Urbanos” y “El Paseante”, hasta convertirse varios años después en “La Voz Desconocida”. Así se llamaba cuando decidí hacer una selección de textos y publicar mi segundo libro. El resultado salió en abril de 2010 y, como era de esperarse, no se vendió demasiado. De hecho aún me quedan ejemplares, por si hay interesad@s.

Ha corrido mucha agua debajo del puente. Unos meses después de aquella primera entrada, que salió publicada en el diario El Universal, me mudé con el libro de poemas bajo el brazo a Bogotá. Allí estuve casado, me divorcié y me devolví al Caribe, soltero y sin hijos, a comienzos de octubre de 2012. Por aquellos días mi blog cambió de nombre a “Cineasta Rural”, igual que mis cuentas en Twitter, Instagram y mi página en Facebook. Y decidí bautizarlo así después de que Jaime Abello, director de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, me dijera que era imposible que hubiera uno, porque el cine era un fenómeno eminentemente urbano. “¡Qué barbaridad!”, pensé. Viniendo de él, tan cercano a esas lamentables relaciones entre el cine, la prensa y el poder, me pareció una extraordinaria forma de nombrar mi blog. Y así lo hice.

El asunto es que en todos estos años nunca he necesitado del permiso de ningún empleado de Ardila Lulle (RCN), Santodomingo (Caracol, El Espectador), Santos / Sarmiento Angulo (El Tiempo) ni mucho menos de los de López Caballero (Semana, SoHo, Arcadia) para pensar, escribir, publicar y hacer lo que me venga en gana. Sin editor, jefe, ni patrón.

El resultado: 216 entradas, 680,000 vistas de mi perfil, 130.000 visitas al blog desde mayo de 2010, 161 seguidores y lectores en Colombia, Estados Unidos, México, España, Argentina, Chile, Alemania, Perú, Venezuela y Francia. Después de todo no son tan malas las cuentas.

Por Ensuncho de la Bárcena
@CineastaRural

enero 10, 2015

Cartagena, la más

Foto: De La Bárcena

Por estos días la ciudad es la más deseada, la más visitada, la más fotografiada. Sin embargo, como la amo entrañablemente, debo decirles lo que pienso y siento al respecto.

Este fin de semana concluye la temporada de fin de año que, seguro, reporta muy buenos balances a los establecimientos de comercio involucrados en el sector turismo. Cosa que me alegra en profundidad. Pero no todo es comercio, hay más. Esta semana concluye el primero de los tres eventos culturales de trascendencia que se desarrollan entre nosotros: el Festival Internacional de Música, cuya programación artística es de calidad, incuestionable.

Pero hay que sugerir, con el respeto que me merece doña Julia Salvi, un par de asuntos susceptibles de mejorar. En primer lugar, los eventos “gratuitos” en la Plaza de San Pedro son cercados por odiosas vallas que excluyen y contribuyen a zanjar las diferencias sociales, además de que son casi que “reservados” para un patrocinador y en ellos parece ser más importante la transmisión de televisión que el público presente.

Otro de los asuntos que suscitan incomodidad entre los cartageneros es que el staff del Festival es foráneo en su mayoría. Ni siquiera tiene oficina en Cartagena. El evento pareciera seguir esa perversa lógica que piensa equívocamente que el caribe es perezoso, mediocre y vulgar. Es tiempo de recapacitar al respecto, querida señora Salvi. En el Caribe, particularmente en Cartagena, hay gente muy valiosa, con alto criterio estético y profesional que puede hacer parte de su prestigioso Festival en cualquier nivel. Ya es hora de pensar en Cartagena como algo más que un simple escenario.

Pero el asunto no es exclusivo del Festival de Música. Lamenta uno, como escritor y cineasta, que los otros dos eventos trascendentales: Hay Festival y Festival de Cine, sigan tratando a la ciudad como un simple escenario. Que solo la vean como un lugar donde lucrarse, que se piense más en ella como destino comercial y no como un destino artístico. La prueba: el Hay Festival tampoco tiene oficina visible en Cartagena y, con el respeto que me merece doña Cristina Fuentes, su programación parece responder al oscuro interés del mundo editorial mezclado con el aún más oscuro mundo político capitalino. Por su parte, el Festival de Cine cada vez más es una pieza de un monopolio económico que este nuevo año trae importada a una improvisada directora desde los Andes, habiendo gente digna en la ciudad y en el caribe que podría asumir esa responsabilidad con altura, hidalguía y profesionalismo. Gente que podría retornarle, además, esa mística que el Festival ha perdido con los años y que fue su sello de origen.

Estas cosas que ocurren en Cartagena, para no cansarlos, son las que lo hacen pensar a uno en que la ciudad es más tratada (y mal tratada) como una prostituta que como la Gran Dama que es. Y entonces recuerda uno la Canción para la Magdalena, del gran Joaquín Sabina: “la más señora de todas las putas, la más puta de todas las señoras…”

Por Ensuncho de la Bárcena
@CineastaRural