diciembre 26, 2014

Desventuras de un escritor de libros



Escribir libros es un oficio suicida. Ninguno exige tanto tiempo, tanto trabajo, tanta consagración, en relación con sus beneficios inmediatos. No creo que sean muchos los lectores que al terminar la lectura de un libro, se pregunten cuantas horas de angustias y de calamidades domésticas le han costado al autor esas doscientas páginas, y cuanto ha recibido por su trabajo. Para terminar pronto, conviene decir a quien no lo sepa, que el escritor se gana solamente el diez por ciento de lo que el comprador paga por el libro en la librería. De modo que el lector que compró un libro de veinte pesos, sólo contribuyó con dos pesos a la subsistencia del escritor. El resto se lo llevaron los editores, que corrieron el riesgo de imprimirlo, y luego los distribuidores y los libreros. Esto parecerá todavía más injusto, cuando se piense que los mejores escritores son los que suelen escribir menos y fumar más, y es por tanto normal que necesiten por lo menos dos años y veintinueve mil doscientos cigarrillos para escribir un libro de doscientas páginas. Lo que quiere decir, en buena aritmética, que nada más en lo que se fuman se gastan una suma superior a lo que van a recibir por el libro. Por algo, me decía un amigo escritor, todos los editores, distribuidores y libreros son ricos, y todos los escritores somos pobres.

El problema es más crítico en los países subdesarrollados, donde el comercio de libros es menos intenso, pero no es exclusivo de ellos. En los Estados Unidos, que es el paraíso de los escritores de éxito, por cada autor que se vuelve rico de la noche a la mañana con la lotería de las ediciones de bolsillo, hay centenares de escritores aceptables condenados a cadena perpetua bajo la gota helada del diez por ciento. El último caso espectacular de enriquecimiento con causa en los Estados Unidos es el del novelista Truman Capote con su libro A sangre fría, que en las primeras semanas le produjo medio millón de dólares en regalías, y una cantidad similar por los derechos para el cine. En cambio Albert Camus, que seguirá en las librerías cuando ya nadie se acuerde del estupendo Truman Capote, vivía de escribir argumentos cinematográficos con seudónimo, para poder seguir escribiendo sus libros.

El premio Nobel que recibió pocos años antes de morir, apenas fue un desahogo momentáneo para sus calamidades domésticas, porque ese galardón que tanta fama y tantos compromisos acarrea consigo solamente significa un alivio de unos 40.000 dólares, más o menos lo que en estos tiempos cuesta una casa con un jardín para los niños. Mejor aunque involuntario fue el negocio que hizo Jean Paul Sartre al rechazarlo, pues con su actitud ganó un justo y merecido prestigio de independencia, que aumentó la demanda de sus libros.

Muchos escritores añoran al antiguo mecenas, rico y generoso señor que mantenía a los artistas para que trabajaran a gusto. Aunque con otra cara, los mecenas existen. Hay grandes consorcios financieros que a veces por pagar menos impuestos, otras veces por disipar la imagen de tiburones que se han formado de ellos la opinión pública, y no muchas veces por tranquilizar sus conciencias, destinan sumas considerables a patrocinar el trabajo de los artistas. Pero los escritores somos gentes a quien nos gusta hacer lo que nos da la gana, y sospechamos, acaso sin fundamento, que el patrocinador compromete la independencia de pensamiento y expresión y origina compromisos indeseables. En mi caso, prefiero escribir sin subsidios de ninguna índole, no sólo porque padezco de un estupendo delirio de persecución, sino porque cuando empiezo a escribir ignoro por completo con quien estaré de acuerdo al terminar. Seria injusto que a la postre estuviera en desacuerdo con la ideología del patrocinador –cosa muy probable en virtud del conflictivo espíritu de contradicción de los escritores–, así como sería completamente inmoral que por casualidad estuviera de acuerdo.

El sistema de patrocinio, típico de la vocación paternalista del capitalismo, parece ser una réplica a la oferta socialista de considerar al escritor como un trabajador a sueldo del Estado. En principio, la solución socialista es correcta, porque libera el escritor de la explotación de los intermediarios. Pero en la práctica, hasta ahora y quién sabe por cuanto tiempo, el sistema ha dado origen a riesgos más graves que las injusticias que ha pretendido corregir. El reciente caso de dos pésimos escritores soviéticos que han sido condenados a trabajos forzados en Siberia, no por escribir mal sino por estar en desacuerdo con el patrocinador, demuestra hasta qué punto puede ser peligroso el oficio de escribir bajo un régimen sin la suficiente madurez para admitir la verdad eterna de que los escritores somos unos facinerosos a quienes los corset doctrinarios, y hasta las disposiciones legales, nos aprietan más que los zapatos. Personalmente, creo que el escritor, como tal, no tiene otra obligación revolucionaria que la de escribir bien. Su inconformismo, bajo cualquier régimen, es una condición esencial que no tiene remedio, porque el escritor conformista muy probablemente es un bandido, y con seguridad es un mal escritor.

Después de esta triste revisión de infortunios, resulta elemental preguntarse, por qué escribimos los escritores. La respuesta, por fuerza, es tanto más melodramática cuanto más sincera. Se es escritor, simplemente como se es judío o se es negro. El éxito es alentador, el favor de los lectores es estimulante, pero estas son ganancias suplementarias, porque un buen escritor seguirá escribiendo de todas maneras, aún con los zapatos rotos, y aunque sus libros no se vendan. Es una especie de deformación congénita, que explica muy bien la barbaridad social de que tantos hombres y mujeres se hayan suicidado de hambre, por hacer algo que al fin y al cabo, y hablando completamente en serio, no sirve para nada.

México, julio de 1966

Por Gabriel García Márquez

(Este texto fue escrito durante el período en que trabajaba en Cien años de soledad) 

diciembre 24, 2014

noviembre 27, 2014

La tumba de García Márquez está en La Habana


Estábamos en la Necrópolis de Colón intentando encontrar la tumba de la querida poeta Dulce María Loynaz para rendirle tributo. Pero se resistió a ser encontrada. 

“A los poetas no los encuentras en las tumbas porque están en sus versos”, me susurró el viento. Un poco antes de salir decidimos visitar la de Compay Segundo y nos topamos, casi al final del cementerio, una misteriosa tumba con un nombre muy particular. Obturé, preso del asombro. 

Era Viernes Santo.

NOTA: La imagen hace parte de mi exposición SE VENDE UN ESCAPARATE que se puede visitar (y comprar) hasta el 15 de diciembre, en Ciudad Móvil, Cartagena.

noviembre 14, 2014

Èxito total en el II Festival del Cuento Juvenil


Con la participación de 150 niños y jóvenes de la zona costanera de Córdoba culminó ayer en el Auditorio Municipal de Puerto Escondido la segunda versión del Festival del Cuento Juvenil dedicada al escritor José Luis Garcés González.


Un ambiente de fiesta en torno a la palabra fue el que se vivió el jueves pasado en la costera localidad cordobesa. Desde tempranas horas comenzaron a llegar las nuevas promesas de la Literatura con la ilusión de compartir sus cuentos con colegas y lectores. Hubo lecturas en vivo, cine, música y teatro. Todo organizado por la Corporación Taller Prodesal con la colaboración de profesores y autoridades de las instituciones educativas.


“Ha sido una experiencia mágica en la que los niños y jóvenes fueron protagonistas”, dijo Henry Gracia, facilitador de procesos juveniles de Prodesal, entidad que reunió a escritores procedentes de Arboletes, Los Córdobas, Canalete y Puerto Escondido. “El balance es muy satisfactorio. En el primer festival, que hicimos el año pasado, tuvimos 40 escritores. Hemos casi cuadruplicado en solo un año el número de participantes”, manifestó con alegría Ángela Rodríguez, coordinadora general del Festival. 


El II Festival del Cuento Juvenil rindió homenaje al escritor José Luis Garcés González (Montería, 1950) quien tuvo contacto directo con los escritores en una actividad previa realizada el mes pasado. El fundador y director del Grupo Literario El Túnel se mostró complacido, honrado, feliz de compartir con los jóvenes escritores y les confío importantes claves para el oficio literario.


En esta oportunidad el Festival volvió a contar con el escritor Ensuncho De La Bárcena como mentor, quien dijo estar emocionado. “Es un real Honor para mi estar en contacto con estas nuevas voces de las letras colombianas. Me sorprendió gratamente el número de participantes y la calidad de los textos. Entre ellos hay varias firmas con personalidad y carácter propios, incluso estilo. Enhorabuena”, afirmó De La Bárcena.


El Festival también contó con la participación de René Fernández, facilitador de campo, y Sonia Jaimes, facilitadora en la escritura de cuentos. “La tarea ahora es hacer una selección de los mejores cuentos para publicarlos en forma de un libro que recoja el espíritu de esta nueva generación de escritores. Sin duda estamos ante un nuevo movimiento literario. El Movimiento Costanero. Nos veremos en 2015”, remató Rodrígiez.


El II Festival del Cuento se hizo posible gracias al apoyo de InterAmerican Foundation, Terre Des Hommes Suiza, Fundación Surtigas y las Alcaldías de Arboletes, Los Córdobas, Canalete y Puerto Escondido.

octubre 28, 2014

SE VENDE UN ESCAPARATE - Fotografías de La Habana, Cuba


“Europa es un barco que se hunde. En América apenas están construyendo el barco. Cuba es el mascarón de proa”, dice el cantautor, poeta, cineasta y artista plástico español Luis Eduardo Aute. Con esa misma convicción me he propuesto organizar la presente exposición, con el objetivo de servir de puente entre la Isla y el Continente.

Las fotografías surgieron del primer viaje que hice, en Semana Santa de 2012, a La Habana. Experiencia tan deslumbrante e inspiradora que decidí compartirla a través de este Arte, al que siempre había admirado y que hasta ahora decido hacerlo propio.



Bienvenid@s,



Ensuncho De La Bárcena
@CineastaRural




Cartagena de Indias, Getsemaní,
Calle del Espíritu Santo 29-140, Ciudad Móvil.
Octubre 31 – Noviembre 30, 2014. Entrada Libre.
Contacto: +573207640302. ensuncho@hotmail.com
TODAS LAS FOTOS ESTÁN A LA VENTA

octubre 25, 2014

Colombia, mala patria

Nana, Vallejo y yo. Agosto de 2009.

A México llegué el 25 de febrero de 1971, vale decir hace 36 años largos, más de la mitad de mi vida, a los que hay que sumarles un año que viví antes en Nueva York. ¿Y por qué no estaba en Colombia durante todo ese tiempo? Porque Colombia me cerró las puertas para que me ganara la vida de una forma decente que no fuera en el gobierno ni en la política a los que desprecio y me puso a dormir en la calle tapándome con periódicos y junto a los desarrapados de la Carrera Séptima y a los perros abandonados, que desde entonces considero mis hermanos.

Me fui a Nueva York a tratar de hacer cine, que es lo que había estudiado, y de allá me vine a México y en pocos años conseguí que Conacite 2, una de las tres compañías cinematográficas del Estado mexicano, me financiara mi primera película, Crónica roja, de tema colombiano. Entonces regresé a Bogotá a tratar de filmarla con el dinero mexicano. ¡Imposible! Ahí estaba el Incomex para impedirme importar el negativo y los equipos; la Dirección de Tránsito para no darme los permisos que necesitaba para filmar en las calles; el Ministerio de Relaciones Exteriores para no darme las visas de los técnicos que tenía que traer de México; la policía para no darme su protección durante el rodaje y el permiso de que mis actores usaran uniformes como los suyos y pistolas de utilería pues había policías en mi historia... Y así, un largo etcétera de cuando menos veinte dependencias burocráticas con que tuve que tratar y que lo más que me dieron fue un tinto después de ponerme a hacer antesalas durante horas.

Entonces resolví filmarla en México reconstruyendo a Colombia. En Jalapa, la capital del Estado de Veracruz, por ejemplo, encontré calles que se parecían a las de los barrios de Belén y de la Candelaria de Bogotá y allí filmé algunas secuencias. Con actores y técnicos mexicanos, con dinero mexicano e infinidad de tropiezos logré hacer en México mi película colombiana a la que Colombia se oponía, soñando que la iban a ver mis paisanos en los teatros colombianos. ¿Saben entonces qué pasó? Que mi mezquina patria la prohibió aduciendo que era una apología al delito. Una apología al delito que se basaba en hechos reales que en su momento la opinión pública conoció y que salió en todos los periódicos, la del final de los dos hermanos Barragán, unos muchachitos a los que la policía masacró en un barrio del sur de Bogotá. A cuantas instancias burocráticas apelé, empezando por la Junta de Censura y acabando en el Consejo de Estado, la prohibieron. Nadie en Colombia, ni una sola persona, levantó su voz para protestar por el atropello, que no era sólo a mí sino al sueño de todos los cineastas colombianos, quienes por lo demás, sea dicho de paso, también guardaron silencio.

Como yo soy muy terco volví a repetir el intento con mi segunda película colombiana, En la tormenta, sobre el enfrentamiento criminal entre conservadores y liberales en el campo cuando la época llamada de la Violencia con mayúscula, y con igual resultado: no me la dejaron filmar, la tuve que hacer en México y me la prohibieron, aduciendo que el momento era muy delicado para permitir una película así. Como yo sólo quería hacer cine colombiano y no mexicano, ni italiano, ni japonés, ni marciano, desistí del intento. En alguno de mis libros, aunque ya no me acuerdo en cuál, conté todo esto pero con más detalle: los camiones de escalera y los pueblitos colombianos que tuve que construir, los platanares y cafetales que tuve que sembrar en las afueras de la ciudad de México, los ríos quietos como el Papaloapan que tuve que mover para que arrastraran los cadáveres de los asesinados con la ira del río Cauca, la utilería que tuve que mandar a hacer o traer de Colombia a México, como las placas de los carros y las botellas de cerveza... Nunca acabaría de contarte cosas. Te lo resumo en una sola frase: Colombia, la mala patria que me cupo en suerte, acabó con mis sueños de cineasta.

Entonces me puse a escribir y durante diez años investigué, día tras día tras día, en un país o en otro o en otro, en bibliotecas y hemerotecas de muchos lados, sobre la vida de Barba Jacob, mi paisano, el poeta de Antioquia, que durante tantos años vivió en México y que aquí murió, y acabada mi investigación de diez años en uno más la escribí y me puse a buscar quién la editara. Se acercaba el año 1983, el del centenario del nacimiento de Barba Jacob, y el Congreso colombiano se interesaba en ello. No creían lo que yo les contaba del poeta ni los años que llevaba siguiéndole sus huellas. Me pidieron que les mandara pruebas y les mandé entonces fotos e infinidad de documentos. Nada de eso me devolvieron, con todo se quedaron y el libro lo pensaban publicar en mimeógrafo. Les contesté que eso no sólo no era digno de Barba Jacob, un gran poeta, sino de ellos mismos, unos aprovechadores públicos que se designaban como el Honorable Congreso de la República. Que se respetaran. Entonces publiqué mi biografía Barba Jacob el mensajero en México con dinero de amigos mexicanos.

Cuantas veces me ha podido atropellar Colombia me ha atropellado. Hace un año me quería meter preso por un artículo que escribí en la revista SoHo señalando las contradicciones y las ridiculeces de los Evangelios. Eso dizque era un agravio a la religión y me demandaron. ¡Agravios a la religión en el país de la impunidad! En que los asesinos y genocidas andan libres por las calles, como es el caso de los paramilitares, con la bendición de su cómplice el sinvergüenza de Álvaro Uribe que han reelegido en la presidencia. Desde niño sabía que Colombia era un país asesino, el más asesino de la tierra, encabezando año tras año, imbatible, las estadísticas de la infamia. Después, por experiencia propia, fui entendiendo que además de asesino era atropellador y mezquino. Y cuando reeligieron a Uribe descubrí que era un país imbécil. Entonces solicité mi nacionalización en México, que me dieron la semana pasada. Así que quede claro: esa mala patria de Colombia ya no es la mía y no quiero volver a saber de ella. Lo que me reste de vida lo quiero vivir en México y aquí me pienso morir. 

Fernando Vallejo, 
México, mayo 6 de 2007

octubre 17, 2014

En la 148 hay un bar donde Sammy toca el contrabajo


Era porque siempre había estado solo. Porque la soledad le había atado las manos a la larga línea de madera de los bares. Y aun en medio de la gente, en el centro de ese tumulto quieto, lleno de otras soledades quizá más profundas que la de él, siempre estaba solo. Se abría paso en el silencio pesado, contenido, casi negro, trabajosamente, pues su soledad era demasiado pequeña y se perdía entre esas soledades tan antiguas y gastadas contra las paredes de las cantinas. Y él no lo sabía. Él estaba solo. Solo con su soledad que todavía era demasiado pequeña para llenarle el cuerpo alto y delgado.

Las veía, a lo largo del bar. Y podía nombrarlas con nombres de mujeres y de hombres. Pero eran solamente soledades. Sammy, Sam Carlton con su gran soledad yendo más allá del tamaño de su pequeño cuerpo, honda, llena de blues y de recuerdos que comenzaban en algún pueblo de Georgia, negra y cada día más y más simple y desesperante. Sammy creía que podía dejar su soledad atada a cualquier bar e irse a Inglaterra. ¿Quién le habría dicho a Sam Carlton que Inglaterra era como Suramérica? ¿Quién cantaría los blues detrás del contrabajo, más alto que él, y frente a la bola plateada del micrófono en L-Bar? Sammy no había hablado con nadie de esto: él lo adivinó, el muchacho alto y delgado, el de la pequeña soledad.

Y Penny Shannon, con su vientre llano donde había fracasado su hijo mulato, diciendo las palabras, nada más las palabras, de los spirituals. Y, sin saberlo, él comenzó a hacer más grande su soledad y la de Penny Shannon.

Y Ritta, alta, dura, fumando unos cigarrillos extraños, que nadie había comprado antes, que ni siquiera comprarían porque nunca le habían preguntado de qué clase eran. Ella simplemente tiraba el paquete plateado, con pequeñas letras azules que nadie sabía qué decían porque no se habían detenido a leerlas, a ponerlas juntas y decir en alta voz el sonido de ellas, no de cada una separadamente sino de todas, unas detrás de otras. Ritta ni siquiera jugaba con el paquete, como hacen todos los fumadores; simplemente, iba sacando uno a uno los cigarrillos, iguales a cualesquiera otros, saliendo iguales de un paquete que era diferente. Sacándolos uno a uno y fumándolos lentamente, demasiado lentamente quizás, y llenando los pequeños ceniceros de colillas iguales, incoloras.

La voz de Sammy venía del back-room, a través de la puerta cerrada. Pero Ritta estaba sentada entre la voz y él, la soledad de Ritta entre la voz de Sammy y la soledad pequeña del muchacho. Y Ritta no dejaba que la voz fuera oída por nadie más que por ella. La perseguía desesperada y aun los más pequeños sonidos los retenía y no dejaba que nadie los oyera. Pero él sabía que Sammy estaba cantando y podía ver las palabras, verlas, no oírlas, pues Ritta se quedaba con todo el sonido. Pero él veía las palabras. Largas, casi informes, pero largas, lentamente largas. Lentas, casi tan lentas como Ritta. Palabras largas y lentas que Sam Carlton había aprendido en Georgia. Algunas de ellas negras. Otras blancas. Pero siempre largas y lentas. Y él veía estas palabras venir desde la soledad de Sammy y no podía comprender por qué eran siempre iguales, las mismas palabras, iguales, invariables, como si Sammy no supiera otra canción. Tal vez no sonaran iguales, pero esto no lo podía decir él, pues Ritta era la dueña de la música. Tal vez para Ritta eran diferentes palabras cada noche. Esto no podía saberlo nunca. Tampoco le interesaba saberlo. Él se quedaba allí, al lado de Ritta, viendo las palabras iguales que Sammy decía frente al micrófono en el back-room, y sientiendo que Ritta trataba de llenar su soledad con la música que Sammy ponía sobre las palabras de las canciones. Pero era tan ancha y tan sola, que ni aun la música podía llenarla. Esto lo había imaginado el muchacho alto y delgado, el de la soledad pequeña. Pero no podría decirlo por seguro. Apenas lo había imaginado. Y luego olvidado otra vez. Como ya había comenzado a olvidar todo.

Por Álvaro Cepeda Samudio  
(30 de marzo de 1926 – 12 de octubre de 1972)

Nota: Favor escuchar esto, al leerlo.


agosto 26, 2014

Rayuela, Capítulo 68


Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.


En Voz de Cortázar







Julio Cortázar



(26 de agosto de 1914 – 12 de febrero de 1984)

agosto 25, 2014

Cada poema


Cada poema un pájaro que huye
del sitio señalado por la plaga.

Cada poema un traje de la muerte
por las calles y plazas inundadas
en la cera letal de los vencidos.

Cada poema un paso hacia la muerte,
una falsa moneda de rescate,
un tiro al blanco en medio de la noche
horadando los puentes sobre el río,
cuyas dormidas aguas viajan
de la vieja ciudad hacia los campos
donde el día prepara sus hogueras.

Cada poema un tacto yerto
del que yace en la losa de las clínicas,
un ávido anzuelo que recorre
el limo blando de las sepulturas.

Cada poema un lento naufragio del deseo,
un crujir de los mástiles y jarcias
que sostienen el peso de la vida.

Cada poema un estruendo de lienzos que derrumban
sobre el rugir helado de las aguas
el albo aparejo del velamen.

Cada poema invadiendo y desgarrando
la amarga telaraña del hastío.

Cada poema nace de un ciego centinela
que grita al hondo hueco de la noche
el santo y seña de su desventura.

Agua de sueño, fuente de ceniza,
piedra porosa de los mataderos,
madera en sombra de las siemprevivas,
metal que dobla por los condenados,
aceite funeral de doble filo,
cotidiano sudario del poeta,
cada poema esparce sobre el mundo
el agrio cereal de la agonía.



Álvaro Mutis

(25 de agosto de 1923 – 22 de septiembre de 2013)

agosto 11, 2014

Cerati por Spinetta



Dios Guardián Cristalino de guitarras
que ahora
más tristes
penden y esperan
de tus manos la palabra

Precipitándome a lo insondable
tus caricias me despiertan a la vez
en un mundo diferente al de recién...

Tu luz es muy fuerte
es iridiscente y altamente psicodélica

Te encuentro cuando el sol abre una hendija
que genera notas sobre la pared sombreada

Y suena tu música en la pantalla
sos el ángel inquieto que sobrevuela
la ciudad de la furia

Comprendemos todo
tu voz nos advierte la verdad

Tu voz más linda que nunca



Luis Alberto Spinetta

(1950-2012)

julio 18, 2014

No es una postal


Los días
Los años
Los amigos

Todos se van

Poco a poco
Todos nos vamos
Quedando solos

Por eso escribimos
Para eso filmamos
Por eso musicamos
Para eso pintamos
Por eso danzamos

Ganarle al tiempo
Es nuestra visión



Para Wendy Guerra y Ernán López-Nussa,
en La Habana

julio 08, 2014

¿Qué somos?


¿Qué somos cuatro hombres y tres mujeres
bajo una luna que no se ve?
Somos un rayo perdido entre las nubes
Quizá no somos nada o somos todo.

Somos el lucero que nunca salió pero allí estuvo
Quizá somos un rayo que parpadea queriendo escapar del cielo
Somos la brisa que nos acaricia
Quizás un mosquito irreverente.

Somos la luna que ocultaron sin querer
Luna atrevida
Déjame encenderte
Déjame curarte.

¿Qué somos cuatro hombres y tres mujeres
bajo una luna que no se ve?
¿Qué somos? Eso preguntan todos
Somos la lluvia invisible que no se ve pero moja.

Somos la noche solitaria
Que cura
Que enciende.


Somos El Patio.

junio 24, 2014

Hacer música es escribir en el tiempo


I

Les contaré a groso modo.  Llegué a eso de las cinco al auditorio. Ya saben, para aprestarme al escenario, adecuarme al espacio, escoger el lugar en donde pondría mi silla, hacerme a una idea de la acústica del lugar y todas esas cosas de rigor.

David, mi compañero de dúo y quien me acompañaría en la segunda pate del recital, ya estaba en el lugar. Bajamos a los camerinos y David descorchó una botella de Michel Torino del 2011. Brindamos “por Una Gran Noche” y “por La Música”. Empezamos a tocar un poco para calentar las articulaciones, mientras el vino chorreaba y nos calentaba la sangre.

Decidimos estar tranquilos y disfrutar de todo lo que pasara: el público, La Música que tanto amamos, los imprevistos y desaciertos en la ejecución. A eso de las 6:30, media hora antes de salir, ya habíamos bebido lo suficiente para estar tranquilos; pero en lo que ha mí respecta, demasiado para mantenernos en control. Empecé a sentir esos efectos, y noté que mis ideas se revolvían y se confundían dentro de mí. Me había excedido, se me estaba olvidando La Música, las digitaciones y los matices. Decidí no tomar un sorbo más. Estuve tranquilo. Dieron las siete, ¡la hora había llegado! Esperé cinco minutos más. ¿Estará lloviendo?, me preguntaba. ¿Quiénes habrán venido?... David, me dio un abrazo y me dijo: “¡con toda, compadre!”.

II

Salí al escenario como flotando en nubes de vapor de vino. No reparé rostros, solo vi una masa uniforme de humanidad en las sillas. Como ver un rastrojo y no poder separar nada entre el barullo de hojas y ramas retorcidas. Ahí estarían amigos, compañeros guitarristas, extraños, familia, mi maestro, etc. Eso no lo supe hasta el final. Lo que pasó después no puedo precisarlo. Entré como en un limbo, una abstracción, un lugar distinto al escenario físico en donde me encontraba. Empecé con Bach (gran compromiso), luego Ponce, y una pieza mía (“El escarabajo de oro”) con la que cerraría la primera parte. Me levantaba entre piezas, los aplausos me golpeaban en la cara y dolían, pero yo quería que dolieran más. Ese maldito ego, siempre presente.

Yo sonreía, correspondiendo maquinalmente. Dentro de mí, las tripas se revolvían, y ráfagas de algo parecido al sentimiento que provocan las cosas bellas cuando se marchan por siempre, ascendían desde dentro y huían. Ese instante estaba pasando, era ese momento y eran todos los detalles que constituían ese poderoso y fugaz presente. Las cosas estaban pasando rápido, sin detalles, sin descubrimiento, solo se fugaban, y decían adiós para siempre. Lo que estaba pasando sería, de todas formas, eterno.

Luego del intermedio vino la segunda parte, más dinámica, con más sangre, más latina, más nuestra. David me arrojaba tempos rápidos, a velocidad relámpago. Yo intentaba mantenerme en control y alejar el vértigo. Aun así, no sentía, estaba presente, pero lejano, dentro de mí mismo. Con la última pieza, enérgica por cierto, el público se levantó y aplaudió con euforia. Sólo en ese momento sentí caer en aquel escenario de forma física y mental. Empecé a reconocer rostros, e intenté abrazar a aquellas personas con una sonrisa. Me oculté tras bambalinas y seguían aplaudiendo. Típico, quieren un bis. Salí y toqué el bis, un tanto despreocupado ya. Resuelto.

III

Lo que siguió fue otro caluroso aplauso y las personas subiendo a abrazarme y felicitarme. Yo sonreía y agradecía, y sonreía, y sonreía. Fotos, abrazos, más fotos, más sonrisas. Se me cansaron las mejillas de tanto reír, y si he sido serio y gruñón algunas veces, con todas esas sonrisas me he reivindicado con el mundo por los próximos diez años. Hoy, después de la conmoción de esa noche vertiginosa, veo todo con claridad. Los detalles emergen desde mi memoria. Lo recuerdo todo, hasta lo mínimo. Me recuerdo apasionado, esmerado, tratando de sacar las cosas adelante. Me recuerdo impreciso, indeciso, sensible, preocupado.

Me recuerdo, yo, humano.

junio 08, 2014

Un cineasta rural

Coveñas. Foto: Cata Vergara

Por Melissa Martínez Paternina

Ensuncho de la Bárcena es un periodista, cineasta y escritor oriundo de San Marcos, Sucre. Un inquieto de la palabra. Desde los 14 años mostró su interés por las artes visuales y escritas al ser corresponsal de un noticiero de televisión para niños. A los 21 años realizó en su pueblo natal el documental Virgen del Carmen: lo sagrado y lo profano.

Tres años después realiza en el Corralito de Piedra su primer cortometraje, Zoom. Se graduó como comunicador social en 2001. Filmó el documental Mojana: espíritu del agua. Dirigió tres documentales para Telecaribe: Sombrero vueltiao: herencia zenú, Mompox: la Ciudad del Oro y Acuaru: las salinas de Manaure.

En septiembre de 2004 publicó su primer libro, El poeta en el hotel. En el 2008 codirigió el Festival Internacional de Cine de Mompox y al año siguiente fue su director. Ese mismo año y el siguiente fue jurado del Festival Internacional de Cine y Video de Panamá.

En 2010 publicó su segundo libro, La voz desconocida y desde 1995, ha publicado artículos, reportajes y crónicas en periódicos y revistas nacionales e internacionales, entre estos EL MERIDIANO de Córdoba y EL MERIDIANO de Sucre.

Cartagena de Indias: Foto: Eby Jiménez

Realizaste tu primer documental a los 21 años y sin haberte graduado, ¿cómo es eso de filmar empíricamente?

El Cine es un acto libertario. Desde pequeño vi películas en el Teatro Olimpia de San Marcos y soñaba con hacerlas. Cuando cumplí 20 me di cuenta de que podía. Y comencé.

¿Cómo eliges los temas de tus películas?

No elijo nada. Al contrario, creo que las historias me eligen. Todo comienza con una imagen que me obsesiona, me da vueltas en la cabeza y se mete en mis sueños. Cuando pasa el tiempo y la imagen no me abandona, me siento a escribir el guion.

¿De dónde nace esa motivación de retratar la vida rural?

Del privilegio de haber nacido y vivido mi infancia en San Marcos del Carate, a orillas del Río San Jorge. Soy un cineasta rural porque allí tuve por primera vez noción del amor, conocí la amistad y aprendí a nadar.

¿Diriges, produces o escribes?

Soy un escritor que filma. O un director que escribe. El vaso está mitad lleno y mitad vacío. Algunas veces he sido productor porque me ha tocado buscar cómplices para mis sueños y para mis viajes. Es decir, para mis películas.

¿Cómo escribiste la crónica sobre tus encuentros con Gabriel García Márquez?

La primera vez que hablé con García Márquez fue cuando tenía 23 años, en Cartagena. Era 1998. Le hablé de su hermana Carmen Rosa, a quien tuve el honor de conocer en San Marcos. Él se sorprendió de que supiera de ella y me preguntó por su salud. Ese fue el primer contacto. Al año siguiente volvimos a hablar, en una visita suya a las instalaciones de El Colegio del Cuerpo. Entonces le pedí que me firmar un ejemplar de “El amor en los tiempos del cólera”, para la dueña del libro. Luego nos vimos en 2004, durante el coctel de lanzamiento de la biografía del magnate venezolano Gustavo Cisneros. En esa ocasión le di un ejemplar firmado de mi primer libro, “El poeta en el hotel”. Ahí no conversamos, porque estaba muy acompañado. La última vez que lo vi fue en 2010, durante la inauguración de los 50 años del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias, pero no lo pude saludar. Creo que los flashes de esa noche le terminaron por acelerar el alzheimer que cargaba encima desde 2006. Les invito a leer esa crónica que publicó la revista El Malpensante en mayo de 2011. Es un trabajo que surgió de la conversación con el editor de la publicación literaria, quien me hizo desentrañar esa pequeña memoria que ahora hace parte de mi primera novela, aún inédita.

Así como a Gabo lo inspiró La Marquesita de La Sierpe y muchas historias de La Mojana, ¿qué efecto ha tenido en ti el país de las aguas?

Yo soy un hombre de las aguas. Dulce, como la del antiguo Panzenú, y salado como la del Caribe. Parafraseando la canción, “la mía es agua de río, mezclada con mar”. En cuanto a lo que dices, como soy monárquico respeto mucho a La Marquesita y, al tiempo, me atrae poderosamente lo anarquista de La Sierpe: sus misterios y carcajadas. En suma, lo real maravilloso que es el pan de cada día en El Caribe.

Mompox. Foto: Angélica Bueno.

¿Qué nos puedes decir de El Poeta en el Hotel a casi 10 años de haberlo publicado?

Creo que fue Borges quien dijo que un libro comenzaba a existir a los 5 años de haberse publicado. Yo pienso que los libros no son de quien los escribe sino de quien los lee. Espero que El poeta esté viviendo en mejores condiciones que cuando lo conocí. En estos primeros diez años algunos lectores me han contado algunas historias alucinantes que han vivido gracias a El poeta. Ese es el mejor premio para un escritor.

Tu blog “Cineasta Rural” tiene casi 120 mil visitas en ocho años. Tienes lectores en Colombia, Estados Unidos, México, España, Argentina, Chile, Perú, Venezuela, Alemania y Francia. ¿Para qué te ha servido tenerlo?

Para varias cosas: poner a circular mis textos de manera libre, sin censura, llegar a lugares a los que nunca he ido, interactuar con lectores a las que no conozco y publicar mi segundo libro, La Voz Desconocida, del blog al papel.

A propósito, ¿qué ha pasado con La Voz Desconocida?

Con el tiempo se ha hecho poco a poco conocida. Al menos en San Marcos del Carate. Le guardo un profundo cariño a ese libro, por la carga emocional que tienen esos años vividos en Bogotá y por la historia de amor que lo originó. Es el hijo que nunca tuvimos ella y yo.

¿Cómo fue la experiencia de dirigir el Festival de Cine Independiente de Mompox?

El Cine es fruto de la complicidad. Nadie hace películas solo. Dirigir ese festival es una de las experiencias más excitantes que he vivido. Es como dirigir una película de películas donde los directores son actores y el público es protagonista. Aparte la locación es única. Mompox es uno de los lugares más bellos que conozco. Llegué a Mompox gracias a un documental que filmé en 2003, dedicado a la filigrana. En 2008 hicimos el primer Festival. Gracias al Cine y al Amor conozco casi toda Colombia, además he podido viajar a Panamá, Cuba y México. Pero siempre vuelvo a Mompox. Quiero filmar allí, de nuevo.

El año pasado dictaste unos talleres de cine en Sincelejo, ¿cómo fue esa experiencia?

Extraordinaria. Agradezco a Don Álvaro Alvear, Duque de San Francisco de Las Palmas, por haberme hecho tan augusta invitación. La disfruté mucho y creo que los participantes también. A mí me sirvió para entender cuál es mi lugar en el Cine.

¿Qué proyectos estás liderando actualmente?

Acabo de finalizar “Buscando a Reygadas”, corto documental que filmé en México con el que rindo tributo a ese país y a uno de sus cineastas más brillantes: Carlos Reygadas, ganador del premio a Mejor Director en el Festival de Cannes 2012. La idea es ponerlo a rodar por algunos festivales y muestras. Al mismo tiempo, estoy en la preproducción de mi ópera prima, “Empera y La Nevera”, una comedia romántica de carretera que filmaré, Dios mediante, el próximo semestre entre Montería, Coveñas y Corozal.

¿Qué se viene para Ensuncho De La Bárcena?

De ahora en adelante quiero dedicarme exclusivamente a hacer viajes, es decir, películas. Espero que me acompañe la ventura.

"Buscando a Reygadas". Afiche

Publicada originalmente por El Meridiano Cultural

mayo 09, 2014

Dos de los mejores directores del Festival de Cannes estarán este fin de mes en Bogotá

Post Tenebras Lux, Carlos Reygadas

A fines de este mes se realizará un evento único en la historia del cine colombiano: el Simposio Internacional de Cine de Autor, SICA, que reunirá a cuatro brillantes directores de la nueva camada del cine mundial: Carlos Reygadas, Amat Escalante, Lisandro Alonso y Pedro Aguilera. Cada uno de los cuales tiene sólida presencia en los mejores festivales del mundo, incluyendo al más prestigioso Festival de Cannes, en el cual Reygadas y Escalante han sido merecedores del premio a Mejor Director en 2012 y 2013 respectivamente.

Heli, de Amat Escalante

El SICA está dirigido a escritores, guionistas, directores, productores; profesionales del cine y de los medios audiovisuales; estudiantes de cine, comunicación y carreras afines; artistas de diversas disciplinas, y en general personas interesadas en potenciar su capacidad creativa.

Mientras las obras de este prestigioso grupo de invitados se visibilizan y fortalecen en los más importantes festivales y escenarios del mundo, el SICA cree necesario estudiar y conocer discursos, examinar propuestas y planteamientos desde el sentir de los cineastas más representativos del momento.

Fantasma, de Lisandro Alonso

“Nuestro interés es dar apertura y explorar las posibilidades de talentos inpeditos en Colombia. Estamos convencidos en que seremos una herramienta para generar propuestas sólidas y vanguardistas de expresión cinematográfica”, dice su director Augusto Sandino.

El SICA se llevará a cabo del 26 al 30 de mayo en el Aula Máxima de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de la ciudad de Bogotá, en horario de 2:30 pm a 7:00 pm, con proyecciones complementarias todos los días de 7:30 pm a 9:30 pm.

La Influencia, de Pedro Aguilera

El SIMPOSIO INTERNACIONAL CINE DE AUTOR es un evento académico y cultural organizado por Schweizen Media Group S.A.S en asocio con la Fundación CULDEMOS y el apoyo de otras entidades. El cierre de inscripciones es el lunes 26 de mayo. Mayores informes: http://simposio.schweizen.co/

Heli. de Amat Escalante

PROGRAMA

LUNES 26

El arte cinematográfico. El Argumento y El Guión. La expresión como tesis.

En esta sesión se presentarán los maestros invitados y luego expondrán sus planteamientos y tesis sobre cómo abordan una temática, una idea, posteriormente su investigación y desarrollo. Expondrán sus intenciones como creadores y la maduración emocional y mental de las obras. Hablarán sobre la escritura de sus guiones, metodologías de trabajo y el sentido del cine de cara a la obra. Motivaciones: la identificación de herramientas que constituyen una idea o una fábula para realizar sus películas.

La identidad: El cine nacional. El cine Latinoamericano. La independencia en la creación. Contextos socio-culturales, políticos, religiosos y económicos.

En esta sesión los invitados hablarán de sus contextos, sus países, como cineastas su relación con la sociedad y la política. Igualmente sobre el sistema en el que viven y procuraremos entrar en un debate de si se puede o no, hablar de un cine nacional y un cine Latinoamericano. Como principio de la expresión artística, se tratará el tema de la independencia creativa y cómo los contextos específicos de cada nación pueden atentar contra esa libertad.

PROYECCIÓN: LOS BASTARDOS de Amat Escalante.

Los muertos, de Lisandro Alonso

MARTES 27

La puesta en escena. El discurso. Las temáticas y el estilo.

Discusión sobre el trabajo de la puesta en escena: El encuadre como un todo. La significancia, el simbolismo y la intención artística. Los invitados hablarán de la experiencia de sus películas, el planteamiento de un estilo particular para cada filme y de si se puede hablar de un estilo en el cuerpo de su obra cinematográfica. Se pondrán en la mesa las temáticas que cada uno considera importantes, qué los mueve y de sus influencias. Se trata aquí de crear un paralelismo diverso que enriquezca el mítico tema del discurso (filosófico o humano) desde su quehacer.

PROYECCIÓN: LOS MUERTOS de Lisandro Alonso

Batalla en el Cielo, de Carlos Reygadas

MIÉRCOLES 28

La producción, los procesos, la financiación. Factores que determinan la Obra.

Se hablará del ser productores de sus propias obras, de impulsar a nuevos talentos desde la plataforma de sus empresas productoras. Se profundizará sobre los festivales de cine en perspectiva, y se debatirá el negocio del cine de autor, la relación con los agentes de ventas y la distribución de sus obras. Igualmente, expondrán sus puntos de vista frente a las leyes del cine, el proceso de financiamiento en sus países y las coproducciones como alternativa en la financiación de las películas.

PROYECCIÓN: BATALLA EN EL CIELO de Carlos Reygadas

Naufragio, de Pedro Aguilera

JUEVES 29

La preparación y el casting. Finalidades. Trabajo con los actores, modelos o intérpretes.

En esta sesión se tratarán temas relacionados con el desarrollo y alistamiento de cara al proyecto. El casting como etapa fundamental, en busca de una particularidad y el trabajo como directores con modelos, intérpretes o actores. También hablarán sobre la relación con actores naturales y/o actores profesionales, ensayos si los creen necesarios, y la iconografía dentro del reparto.

Trabajo en equipo: producción, arte, fotografía, sonido, montaje, música, promoción y distribución.

Un recorrido por los caminos del cine. Su presencia como directores/autores en ámbitos como el decorado, la imagen, el sonido, la música, el montaje, la producción... Su relación con el equipo, la escogencia de sus co-equiperos en un rodaje, qué los hace seguir trabajando con los mismos o por qué cambiar dependiendo del proyecto.

PROYECCIÓN: NAUFRAGIO de Pedro Aguilera

Liverpool, de Lisandro Alonso

VIERNES 30

El Autor en el cine.

Exposición de las ponencias. Los cuatro invitados internacionales debatirán sobre ser autores, gozar de independencia, libertad, sobre sus exigencias, sobre sus caprichos, sobre su relación con el mundo. Conoceremos al autor, al individuo, y así hablarán de la vida, del amor, de la familia, del miedo, de la pasión, de la perversión, de cómo se va traduciendo todo eso en imágenes en movimiento. Cómo ven la evolución de su obra, de si está dentro de una coherencia lógica o de si es más intuitiva.

Entrega de Diplomas y Clausura del Simposio Internacional Cine de Autor

PROYECCIÓN: LIVERPOOL de Lisandro Alonso

Fiesta de Cierre

Luz Silenciosa, de Carlos Reygadas

SÁBADO 31

Open Master Class.

Luego de la proyección exclusiva en Colombia del filme nominado a la Palma de Oro Post tenebras lux, el cual le valió a su autor (Carlos Reygadas) el galardón a Mejor Director del Festival de Cannes 2012; quien impartirá una clase magistral sobre el cuerpo de su obra cinematográfica, sus experiencias, sus motivaciones para haber tomado ciertas decisiones, y responderá las preguntas de los asistentes. LUGAR: Teatro México Auditorio Jorge Enrique Molina Universidad Central (Calle 22 N 5-85)

Japón, de Carlos Reygadas

PERFILES

CARLOS REYGADAS

México D.F, 1971. Es abogado por la Escuela Libre de Derecho de México de la que se gradúa en 1995. Al terminar hace una maestría en derecho de conflicto armado y uso de la fuerza en el King´s College de Londres. Trabajó después para la Dirección de Relaciones Exteriores de la Comisión Europea en Bruselas y fue miembro del Servicio Diplomático Mexicano en 1997. 

Entre 1998 Y 1999 autoproduce y filma cuatro cortometrajes en Bélgica aprendiendo a hacer cine en forma autodidacta al ser rechazado de la escuela de cine de Bruselas, el INSAS. En el año 2000 filma su primer largometraje, Japón, que recibe una mención especial de la Cámara de Oro en el Festival de Cannes en 2002 entre muchos otros premios nacionales e internacionales. En 2005 presenta Batalla en el cielo en competencia en el Festival de Cannes. En 2007 su película Stellet licht (Luz silenciosa) compite una vez más en el Festival de Cannes donde gana el premio del Jurado. En 2009 realiza la instalación Serenghetti y el cortometraje Este es mi reino para la película Revolución de varios autores mexicanos. En el año 2012 con su más reciente película, Post tenebras lux, vuelve a presentarse en el Festival de Cannes y el trabajo es recompensado con el premio al Mejor Director. 

Todas sus obras de largometraje han obtenido numerosos premios nacionales e internacionales y han sido distribuidas comercialmente en al menos tres decenas de países.

Sangre, de Amat Escalante
AMAT ESCALANTE

Nació en 1979. Cineasta autodidacta de la ciudad de Guanajuato (México), comenzó a dedicarse al cine a la edad de 15 años. Tras haber realizado dos laureados cortometrajes, escribió y dirigió su ópera prima, Sangre, película rodada en su ciudad y estrenada en la Selección Oficial Una Cierta Mirada del Festival de Cannes 2005, donde recibió el premio FIPRESCI de la Crítica Internacional y fue galardonado en Chicago, Tesalónica y Tokio. Los Bastardos, su segundo largometraje también se estrenó en la Selección Oficial Un Certain Regard de Cannes 2008 y recibió premios en los festivales de Morelia, Sitges, Mar de Plata Bratislava y Lima. En 2010 fue invitado por la productora CANANA e IMCINE a realizar uno de los diez cortometrajes que componen la película Revolución. Heli es su tercer largometraje, tras ser ganador del premio NHK de Sundance, se estrenó internacionalmente en la Competencia Oficial del pasado Festival de Cannes 2013 donde obtuvo el premio a Mejor Director.

Libertad, de Lisandro Alonso
LISANDRO ALONSO

Nació en Buenos Aires en junio de 1975. Estudió en la Fundación Universidad del Cine (FUC). Trabajó como productor de cine y ayudante de dirección, antes de pasar a la dirección. Con "Jauja", en competencia en la sección ‘Una cierta mirada’ en el próximo Festival de Cannes, sus cinco películas pasaron por distintas secciones en Cannes, arrancando con "La libertad" (2001, en la misma sección en la que irá su nueva película) y continuando con "Los muertos" (2004), "Fantasma" (2006) y Liverpool" (2008).

La Influencia, de Pedro Aguilera
PEDRO AGUILERA

Nace en San Sebastián, Guipúzcoa, en 1977. Tras licenciarse en Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid trabajó como dibujante de story-boards para varias agencias de publicidad. Entra al ámbito cinematográfico participando en varias películas españolas, como “Aciegas” de Daniel Calparsoro o “Intacto” de Juan Carlos Fresnadillo. Cursó el taller de “Realización de documentales” en la Escuela de San Antonio de los Baños, Cuba. Más tarde escribió, produjo y dirigió numerosos cortometrajes, entre ellos “El trato” y “Narciso y Goldmundo”. Ha trabajado en México como ayudante de dirección de Carlos Reygadas en la película “Batalla en el cielo” y de Amat Escalante en “Sangre”, ambas presentadas en la sección Oficial del Festival de Cannes 2005.

La Influencia fue su primer largometraje como Guionista, Director y Productor, en co-producción con Mantarraya y Carlos Reygadas (México), Jose María Lara (España), y BAC films (Francia)La Influencia se estrenó en la Quincena de realizadores–Director´s Fortnight del Festival de Cannes 2007 y ganó el premio “L´Âge d´or” en el festival Cinedecouvertes de Bruselas 2007. Estuvo también presente en otros festivales como: San Sebastian, Montreal, Seoul, Londres BFI, Thessaloniki, Göteborg, Buenos Aires BAFICI, Punta del Este, Tübingen-­Stuttgart, CPH-­PIX Copenhague, etc. Naufragio es su segundo largometraje como Guionista y Director, producida por Jose Maria Lara (España), en coproducción con el ICAA, la Televisión Vasca EITB y el canal Zdf/Arte (Alemania/Francia). Naufragio ha estado presente en los festivales de San Sebastián, Morelia o Hamburgo y ha recibido la “Mención especial del jurado” en el Festival Internacional de Cine de Sevilla 2010, y en el Festival de Cine Online de Filmin.es. Naufragio ha sido escogida una de las cinco mejores películas del 2011 por EL CULTURAL, del periódico El Mundo.

 Sangre, de Amat Escalante

La organización Schweizen Media Group es la entidad que produce y organiza el Simposio Internacional Cine de Autor. Es una empresa independiente que apuesta por el cine arte y el descubrimiento de nuevos directores desde varios frentes: el desarrollo de proyectos, la producción, la promoción, y la distribución alternativa de películas en Colombia. Schweizen y sus asociados decide realizar este evento académico y cultural para posicionar a Bogotá en el calendario cinematográfico mundial y, además, para estudiar y conocer los nuevos discursos visuales que están mandando la parada en el continente.