diciembre 11, 2013

Sobre la primavera bogotana


Por estos días Bogotá vive una circunstancia política particular. El Procurador General de la República, Alejandro Ordóñez, haciendo uso de sus ilimitadas facultades constitucionales, ha destituido al alcalde de la capital de la res pública, Gustavo Petro. Y se desató el avispero.

Las calles del centro de la ciudad están en constante actividad. En los cafetines, bares y tertuliaderos no se habla de otra cosa: que el Procurador se ha excedido, que el presidente debería intervenir, que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos tiene la solución, que comienza la primavera bogotana, que Ordoñez no calculó lo favorecido que resultó Petro con su decisión… cada cual tiene su lectura sobre los hechos y sus probables consecuencias. La clase política se ha pronunciado sobre la decisión: la mayoría en contra, la minoría a favor. Muchos analistas lo ven como un atentado a la democracia.

No es la primera vez que el Procurador Ordóñez destituye a un funcionario elegido por voto popular, pero nadie antes lo puso en cuestión. ¿Será que la democracia en Bogotá es más importante que en el resto de Colombia? ¿Será que esta decisión es la gota que rebosó la copa en la sistemática persecución a los detractores del expresidente Álvaro Uribe? Claro que, siendo imparciales, hay que hacer algo de memoria histórica. ¿Nadie en las toldas progresistas se acuerda de que el propio Gustavo Petro ayudó a elegir a Alejandro Ordóñez, ahora su verdugo? ¿O que el M-19 fue el principal autor de la Constitución de 1991 que le dio semejantes poderes al Procurador?

Se preguntarán ustedes, ¿por qué yo, ciudadano del caribe, me meto a opinar en estos asuntos? La respuesta es sencilla: mi cédula de ciudadanía está inscrita en Bogotá. Habito esta ciudad, con algunas intermitencias, desde 2005. Voto acá desde 2006, cuando con algunos amigos hicimos campaña por Carlos Gaviria, esperanzados en la unión de la izquierda para combatir la reelección de aquel. Luego me inscribí oficialmente en el Polo, voté por Samuel Moreno, trabajé en el periódico del partido algunos meses y terminé renunciando por asuntos estrictamente personales. Me alejé del Polo por lo desastrosa que terminó siendo la administración de los Moreno y la escasa capacidad de reacción que tuvieron los líderes de ese partido para sancionarlos. El Polo me decepcionó porque terminó convertido en un partido político más, con sus intereses clientelistas y burocráticos.

Desilusionado de las toldas amarillas, en las elecciones presidenciales de 2010, me dejé llevar por “La Ola Verde” y voté por Antanas Mockus, único capaz de hacerle contrapeso a Juan Manuel Santos -candidato de Uribe- en la contienda. Hice campaña, participé en la construcción de algunos de sus mensajes audiovisuales, me puse la camiseta. Y terminé, de nuevo, decepcionado por la incapacidad de Mockus de enfrentarse a Santos hasta las últimas consecuencias. Los que apoyamos “La Ola Verde” nunca olvidaremos esa nefasta noche en la que Antanas se equivocó, a mi juicio, de manera intencional para perder las elecciones. Le tuvo miedo al triunfo. Porque el triunfo le representaba demasiados sacrificios al líder de “La Vida Es Sagrada”, incluso le ponía en riesgo inminente como presidente de un país extremadamente militarista.

A pesar de que no voté con Santos, de manera sorprendente el destino me tenía reservada una experiencia laboral cercana a su gobierno. Hace un par de años indirectamente fui funcionario de la “Prosperidad para todos” como productor de contenidos de Radio Nacional de Colombia (ahora Señal Radio Colombia). Conduje durante cuatro meses un programa de cuatro horas al día, al que contribuí notablemente, sobre todo en el área de periodismo cultural que siempre ha sido mi fuerte. La experiencia duró algunos meses, hasta que me di cuenta de los manejos autoritarios, irrespetuosos con la libertad de opinión y poco transparentes que se daban en esa emisora; sobre todo el escaso nivel de interlocución que se daba con algunos compañeros en torno a temas tan fundamentales para la radio pública como la Cultura y el Arte. A fin de cuentas, tuve la sensación de que esperaban que fuera un simple locutor y lamentablemente para ellos ese no es mi perfil.

Volviendo al tema, terminada mi confianza en la ola verde (que no llegó a ninguna playa) y con la llegada de las elecciones de alcaldes y gobernadores me dejé seducir por la estrategia electoral de Gustavo Petro. Terminé votando por él, gracias a su propuesta social, incluyente y por su contundencia en el combate a lo que él llama “las mafias de la política”. Sin embargo, he de decir también en estas líneas, que me he sentí discriminado por algunos de sus más cercanos asesores. Interesado como estaba en contribuir en la construcción de la “Bogotá Humana”, una y otra vez sus funcionarios me cerraron las puertas en las narices. No sé si por hombre, o por no pertenecer a la Comunidad LGBTI, o por hedonista, o por libertario, o por costeño. El asunto es que fue imposible establecer un diálogo con alguno de los miembros de su equipo cercano para hacerle alguna propuesta en el orden de las comunicaciones. Además, según se conoce públicamente, Petro terminó ensoberbecido y manejando los asuntos de Bogotá de manera casi dictatorial. La prueba está en que varios de sus  más cercanos colaboradores terminaron renunciándole, citando las mismas razones. Esos y otros asuntos personales hicieron que me ausentara de Bogotá, volviendo a mi tierra natal, en octubre del año pasado. No les niego que con una extraña sensación de derrota, de fracaso, de desolación.  

Luego de un año largo en San Marcos del Carate, en contacto con realidades políticas igual o más oscuras que las de la capital, mi confianza en la democracia como forma de gobierno es mínima. Tiende a cero. Ahora he decidido concentrarme en mis actividades privadas y no volver a ejercer mi derecho al voto. Alejarme de todo escenario de “Poder”, confiando más en los “poderes” que cada cual tiene para hacer su vida más feliz. No quiero seguir “botando corriente” en lo que no genera sino desilusión.

Escribo esto para decir que, a pesar de todo, el asunto de la “primavera bogotana” no deja de generarme, desde un punto de vista completamente neutral, algo de esperanza. ¿En qué? No lo sé. A lo mejor en el bello misterio de las flores. Amanecerá y veremos.

Texto y Foto por 
Ensuncho de la Bárcena
@CineastaRural

No hay comentarios.: