octubre 09, 2013

La Ruta Mojana, otra cara del caribe


Con un ritual en el majestuoso árbol de San Marcos, al amanecer de este jueves, un nutrido grupo de comunidades solidarias de siete municipios de la Mojana, unido a Monseñor Nel Beltrán Santamaría, el gerente de Colombia Humanitaria, una delegación de Gramalote (Norte de Santander), los alcaldes de la ecoregión y un grupo de funcionarios de la Fundación Diocesana para la Mojana, estará dando inicio a la Ruta Mojana, otra cara del caribe.

“La Ruta Mojana fue planeada como un encuentro entre las comunidades que hemos venido formando en economía solidaria, la institucionalidad mojanera y los directivos de Colombia Humanitaria”, dijo María Amparo Rincón, coordinadora general de la Fundación Diocesana para la Mojana. Pero no todo es economía. El talento para las artes, en todas sus manifestaciones, es una de las características de la gente de La Mojana. “La mujer y el hombre de la región no sólo saben labrar la tierra y resistir a las más implacables tribulaciones de la naturaleza, sino que se levanta y canta. Y además escribe, baila, pinta, compone y filma. Es su manera de decir gracias por la Belleza que lo rodea”, dijo Monseñor Nel Beltrán Santamaría, obispo de Sincelejo.

La Ruta Mojana comprende dos días, jueves 10 y viernes 11 de octubre, en el que se compartirá algo más que un sueño de región. Habrá diálogos con las comunidades solidarias del antiguo “País de las Aguas” (conocido por nuestros ancestros como el reino Panzenú): San Marcos, Caimito, San Benito, Majagual, Guaranda, Sucre y Achí (Bolívar); hace más de mil años los Zenúes construyeron una intricada red de canales con una extensión superior a las 750 mil hectáreas. Con ella controlaban la natural subida de las aguas y no sufrían las inundaciones que hoy vivimos.


La ubicación geográfica de La Mojana, zona de afluentes de los tres principales ríos del país, es privilegiada. Con una extensa red de pantanos, caños y ciénagas la convierten en una ecoregión de particularidades ambientales y culturales complejas que exige formas de pensar y actuar diferentes a las respuestas que estado y sociedad civil ofrecen en otras partes de Colombia. Es la tierra del Hombre Hicotea, ser anfibio. Esta condición humana genera una identidad y riqueza cultural que requiere ser visibilizada y mucho más valorada entre los mismos habitantes de la región, del caribe Colombiano y del país entero.

Las inundaciones anuales, los veranos intensos y el aislamiento geográfico, plantean a su vez un aislamiento natural entre los Mojaneros. Hay escasa organización de la sociedad civil, difícil acceso a la formación, organización y participación, también fragilidad de la institucionalidad púbica para responder a las demandas de sus municipios. Las diferentes formas de violencias que son comunes a la geografía colombiana, cobran en esta región otros significados y exigen respuestas mucho más oportunas del estado. “Nuestro reto es superar la invisibilidad de las víctimas, el desconocimiento del despojo de tierras, las nuevas formas de violencia asociadas a cultivos ilícitos, el reclutamiento y la minería ilegal, los problemas de contaminación y degradación ambiental. En síntesis, el abandono del estado”, dijo la coordinadora general de la FDM.

“Este es el escenario que inspiró la creación de la Fundación Diocesana para la Mojana por parte de la Iglesia Diocesana de Sincelejo. Desde hace varios años venimos construyendo unas simbologías que nos unen: el abrazo Mojanero, la noche Mojanera y ahora la Ruta Mojana, que con toda seguridad será un éxito”, concluyó el Obispo de Sincelejo.

La Ruta Mojana incluye visitas a San Marcos, Achí, Majagual y Sucre, Sucre.