junio 19, 2013

Aves de paso



 I

A las peligrosas rubias de bote 
que en el relicario de sus escotes 
perfumaron mi juventud. 

Al milagro de los besos robados 
que en el diccionario de mis pecados 
guardaron su pétalo azul. 

A la impúdica niñera madura 
que en el mapamundi de su cintura 
al niño que fui espabiló. 

A la flor de lis de las peluqueras 
que me trajo el tren de la primavera 
y el tren del invierno me arrebató. 

CORO

A las flores de un día 
que no duraban, 
que no dolían, 
que te besaban, 
que se perdían. 

Damas de noche 
que en el asiento de atrás de un coche 
no preguntaban 
si las querías. 

Aves de paso, 
como pañuelos cura-fracasos. 

II

A la misteriosa viuda de luto 
que sudó conmigo un minuto 
tres pisos en ascensor. 

A la intrépida "cholula" argentina 
que en el corazón con tinta china 
me tatuó "peor para el sol". 

A las casquivanas novias de nadie 
que coleccionaban canas al aire 
burlón de la "nit de Sant Joan". 

A la reina de los bares del puerto 
que una noche después de un concierto 
me abrió su almacén de besos con sal. 

CORO

A las flores de un día 
que no duraban, 
que no dolían, 
que te besaban, 
que se perdían. 

Damas de noche 
que en el asiento de atrás de un coche 
no preguntaban 
si las querías. 

Aves de paso, 
como pañuelos cura-fracasos. 

III

A Justine, a Marylin, a Jimena, 
a la Mata-Hari, a la Magdalena, 
a Fátima y a Salomé. 

A los ojos verdes como aceitunas 
que robaban la luz de la luna de miel 
de un cuarto de hotel, dulce hotel. 

CORO

A las flores de un día 
que no duraban, 
que no dolían, 
que te besaban, 
que se perdían. 

Damas de noche 
que en el asiento de atrás de un coche 
no preguntaban 
si las querías. 

Aves de paso, 
como pañuelos cura-fracasos.

Por Joaquín Sabina

(Úbeda, 12 de febrero de 1949)

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