febrero 03, 2013

Vargas Llosa tiene lista su próxima novela



El Premio Nobel de Literatura 2010 reveló que hace poco acaba de terminar una nueva novela que se titula “El héroe discreto” y está ubicada en la realidad peruana de hoy.

En medio de un auditorio abarrotado y con media hora de retraso por actos protocolarios que causaron la rechifla de los asistentes, dio inició la conversación entre el novelista y ensayista peruano Mario Vargas Llosa (1936) y el ensayista colombiano Carlos Granés (1975).  Los protagonistas hablaron durante una hora esencialmente sobre dos de los libros del ahora Marqués de Vargas Llosa: “La ciudad y los perros” y “La civilización del espectáculo”.

Los inicios

“Cuando escribí mi primera novela la vocación literaria no tenía reconocimiento social. Al contrario, te empujaba a los márgenes de la sociedad. Con esa idea comencé a escribir”, dijo Vargas Llosa elegantemente vestido. Incluso recordó que “La ciudad y los perros” fue rechazada por varios editores en su país hasta que el hispanista francés Claude Couffon (1926) le sugirió enviarla a España al joven editor Carlos Barral, quien decidió publicarla.

Realidad o ficción

Cuando su padre le descubrió la vocación literaria, se alarmó porque pensaba que era un pasaporte al fracaso. “Él asociaba el oficio con la bohemia y las malas noches, por lo cual pensó que la mejor cura era el colegio militar. Así llegué al Leoncio Prado. Fue una experiencia desagradable porque había crecido a ciegas de la sociedad”, dijo el autor. En ese entonces Perú era un país fragmentado, incomunicado y el colegio era una reproducción de la sociedad en la que estudiaban los incorregibles, los que aspiraban a la carrera militar y los becados. “Cada muchacho llevaba al colegio su propio mundo. Ese colegio me permitió tener un conocimiento mucho más objetivo del país y de la realidad. Y, contrariamente a lo que quiso mi padre, allí leí y escribí mucho”. Hasta logró convertirse en un escritor profesional. “Escribía cartas de amor con las que ganaba dinero para comprar cigarrillos”.


San Marcos

Los problemas de la sociedad los había descubierto gracias a sus lecturas, antes de entrar al Leoncio Prado. Los personajes que más lo seducían eran los rebeldes. Esa fue la razón por la cual decidió entrar a la Universidad de San Marcos – pública – y no a la Universidad Católica – privada -. “Soñaba con ser comunista así que elegí la universidad de los cholos. San Marcos era un foco de resistencia de la dictadura. Incluso milité de manera clandestina en el partido comunista, durante un año”. Uno de los libros que más lo marcó en esa época fue “La noche quedó atrás” (Out of the night) novela autobiográfica de Jan Valtin, agente agente doble en la Alemania nazi. “Esa novela me hizo romper con el oscurantismo comunista, por su falta total de espíritu crítico. Luego vino Jean Paul Sartre y me salvó del sectarismo. ‘Las palabras son actos. Cada palabra puede producir cambios en la realidad’. Recuerdo con mucho cariño esa frase suya.”

Europa

Al terminar la universidad, en 1958, ganó una beca para estudiar en España. Allí comenzó a escribir “La ciudad y los perros”. “Esa novela me enseñó a escribir. Me enseñó cuál era mi mejor manera de contar una historia”. Por ese entonces leía a Faulkner, de quien aprendió la importancia de la forma En 1959 llegó a París, ciudad en ebullición, donde leyó “Madame Bovary” de Gustave Flaubert y quedó deslumbrado. “Leí toda su ficción y luego su correspondencia. Nada puede estimular tanto a un joven escritor que la correspondencia de Flaubert. Esa es mi único sugerencia para alguien que quiera dedicarse a esto.”

Su primera novela fue finalista del reputado Premio Formentor, pero no ganó. Sin embargo Roger Caillois, jurado del premio, la propuso a la prestigiosa Editions Gallimard cuyo editor, al momento en que lo conoció le dijo una frase que aún recuerda: “Su novela es más profunda de lo que usted cree”. Desde entonces Vargas Llosa supo que hay preguntas que una novela suscita, pero que no puede responder.

Todo eso fue antes del ‘boom’, antes de los premios, antes de la fama. Cuando era un joven aprendiz que soñaba con ser grande en el mundo de las letras.


Fotos: El Heraldo y archivo particular

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