enero 29, 2013

“Mi única niñera fue mi jardín”: Herta Müller



El Teatro Adolfo Mejía fue escenario del conversatorio entre la Nobel de Literatura 2009 y Philip Boehm en el marco del Hay Festival de Cartagena de Indias

Nació en un pueblo remoto de Rumania, en 1953. Hija única de padres trabajadores, le tocaba entenderse con las plantas y los animales para poder divertirse. Una mañana cualquiera tuvo una revelación: las vacas no la necesitaban.

“Yo no les interesaba a las vacas. Les iba bien sin mí. Entonces ¿qué hacía yo allí? Me di cuenta de que estaba hecha de otra cosa. Hablaba con las plantas. A todas las probé para que las plantas me aceptaran como una de ellas. Además era la responsable de que las vacas no se comieran el pasto del Estado”, dice medio siglo después, ante cientos de personas que la escuchan, del otro lado del océano, a través de una traductora.

La pequeña Herta creaba mundos imaginarios en los que las plantas se casaban, tenían hijos, e iban al trabajo todos los días. “Todas mis fantasías tenían que ver con mi inseguridad ante el mundo. Me sentía como una hormiga. Cuando veía una montaña o el mar experimentaba una sensación de vértigo. Entonces, descubrí que no era eterna”. Quizá esa conciencia le sembró las ganas de convertirse en escritora.

Le encantaban los nombres tradicionales de las plantas. Abrían un mundo nuevo para ella. “Los nombres científicos no me dicen nada. Prefiero hablar de ‘diente de león’, ‘boca de sapo’ que pronunciar un nombre en latín. Cuando era niña incluso pensaba que las plantas participaban en política”, afirma mientras observa la planta verde en mitad del escenario.

Llegó a la ciudad a los 15 años y le sorprendió que la gente hablara tanto. “Sobre todo que hablaran de sí mismos. Hasta ese momento el silencio había sido mi mejor manera de comunicarme”, apunta. “Cuando uno vive bajo una dictadura, uno cree que todo tiene que ver con uno. Por ejemplo, pensaba que el sol era un traidor tremendo porque Nicolae Ceaușescu tenía casas en la playa y el sol todos los días se rendía ante el mar, frente a esas casas”. Otra de las preguntas que se hacía en su época de adolescencia era ¿por qué la tierra cercana a los campos de concentración había sido tan indiferente a lo que ocurría en ellos?

La joven Herta estudió filología germánica y rumana en la Universidad del Oeste de Timisoara entre 1973 y 1976. Formó parte de una tertulia de escritores idealistas rumano-alemanes. Luego trabajó como traductora entre 1977 y 1979 en una fábrica de maquinaria, pero fue despedida por no cooperar con la policía secreta del régimen comunista rumano; subsistió empleada en una guardería e impartiendo lecciones de alemán, siendo acosada e interrogada más de cincuenta veces. En su casa había micrófonos escondidos, algo que no se hubiera imaginado jamás. “Nunca supe que me perseguían. Pensé que tenía vida privada. Era muy ingenua. En mi país no había con qué comer, pero el gobierno compraba micrófonos para espiar a la gente. Cuando estaba en medio de una audiencia pensaba ¿Qué tanto puedo decir? ¿Qué tanto debo callar? Eso me enseñó que uno nunca puede saber qué es lo que está pensando el otro”, afirmó la autora de En tierras bajas, La piel del zorro, La bestia del corazón, Todo lo que tengo lo llevo conmigo y Hambre y seda, entre otros.

En 1987, Müller se fue a Alemania con su marido, el novelista Richard Wagner. Aprendió a hablar alemán, idioma que adoptó desde entonces y fijó su residencia en Berlín. “El idioma rumano escribe conmigo. A veces imagino una cosa en rumano y otra en alemán. Para mí es lo más normal. Yo escribo con el idioma rumano, no en el idioma rumano”.

Con respecto a su país de origen cree que actualmente está impregnado de antisemitismo. “Es increíble el nacionalismo que se vive hoy en Rumania. Y lo peor es que la religión ha jugado un papel fatal. Si uno toma la religión en serio, tiene dificultades serias. Cuando era niña y tenía miedo de que alguien me hiciera daño me preguntaba ¿Dónde está Dios? Y como no aparecía pensé: Que se quede donde está. Si él podía hacer lo que quería, yo también. Y se resolvió el problema”

Por Ensuncho de la Bárcena
Foto: Diario La República 

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