enero 08, 2013

Enero 7. San Marcos. Atardecer rural


Siempre he pensado que la hora más bella del día es el crepúsculo. Mi hora predilecta porque el sol empieza a mirarnos de frente. A encender los colores de manera única, a mostrarnos la silueta de las cosas. Por eso creo que la mejor hora de llegar a cualquier lugar, por primera vez, es las 5 de la tarde. Porque corre uno el riesgo de enamorarse a primera vista.

La extraordinaria Naturaleza que rodea San Marcos nos regala cada ocaso una imagen del Paraíso. Bien sea de un árbol, de un rostro encendido, de una nube o de un ave. Las gallinas cacarean buscando su rama, el gallo canta como despidiendo el día, el toro brama melancólico. El pulso cambia. Todo parece entrar en un ritmo distinto. Comienza a sonar la música de las sombras. La danza de las estrellas se aproxima.

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