enero 06, 2013

Enero 5. Montería. Caminando por calles familiares


Conozco esta ciudad. Esta ciudad me conoce. He recorrido sus calles. He apreciado sus luces y su sombra. He caminado sus atardeceres a orillas del Sinú. He saboreado sus delicias. He escuchado su música de antaño. He apreciado su silencio. 

Conozco esta ciudad. Esta ciudad me conoce. Fue la primera que visité, siendo niño. Casi nazco aquí. Aquí jugué, aquí reí, aquí me enamoré. Recuerdo sus tardes en la milagrosa casa de mi tía Alsacia, la tienda esquinera de mi tío Gilberto, quien que siempre me regalaba una kola para el calor. Recuerdo a mis primas Dickson Bárcena, todas bellas y amorosas conmigo. Recuerdo la casa de mi tío Alfredo, la expansiva generosidad de mi tía María Eugenia, a mis primos Isaza Gulfo y la enorme casa de su abuela materna, donde se multiplicaban los primos. Recuerdo la casa de mi tía Chave, la laboriosa genialidad de mi tío Che, a mis primos Vergara Bárcena, siempre amables, maravillosos, cómplices de mi ardiente adolescencia.

Todos estos recuerdos los mantengo intactos. Incluso algunos amargos. Como el de esa tarde en la que se me cayó la copa de un helado, aún sin comérmelo. Y yo, indefenso, irrumpí en llanto. Era muy pequeño, pero lo recuerdo.

Tantas cosas bellas me ha prodigado esta ciudad tan familiar que quiero rendirle tributo con algunos versos, recién salidos del horno, en esta cafetería de la Avenida Primera:

Muchas tardes 
anduve este lugar
solitario
entre iguanas amigas
junto al fresco lecho del río

Admirando
centenarias ramas
de centenarios árboles

Apreciando
rostros mestizos
rastros del oro y del cobre
antes de la noche

Antes
Mucho antes
de que estuviera
de moda

Bueno comprobar
que el poeta siembra
por donde pasa
que la tierra siempre
es fértil
a sus pasos desnudos

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