enero 21, 2013

Enero 20. Sincelejo. Corraleja


Durante décadas la fiesta brava de las sabanas del caribe tuvo sentido. 

Los grandes ganaderos de la zona cedían sus toros, criollos y juguetones, de manera gratuita. Las mejores bandas de porros alegraban la tarde. Los espectadores se agolpaban para ver al mantero burlar a la muerte,  a los banderilleros lucirse y a los garrocheros derrotar al animal, pero sin matarlo. Por las noches se bailaban fandangos, con velas en la mano, hasta el amanecer. 

Eso cambió el 20 de enero de 1980. La corraleja de Sincelejo se cayó. Murieron miles de aficionados. Fueron prohibidas en esta capital - y en otros pueblos - por más de diez años. Cuando volvieron, lo hicieron de la mano de los mercaderes. Y convirtieron una pintoresca tradición en un negocio vulgar y ruidoso que subsiste gracias a la miseria ajena.

Antes de aquella trágica tarde de lluvia, que asociaran el nombre de alguien a la corraleja era cuestión de honor. Hace mucho rato dejó de serlo. Igual que en la política.

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