octubre 21, 2012

Prohibido besarse los domingos



Parecen salidas del catálogo de extravagancias de un escritor inglés de finales del XIX, pero no. La fuente se puede consultar: página 6 de la revista CROMOS del 13 de febrero de 1943, cuando aún la revista era algo distinto a material de peluquería. La crónica fue escrita por Dick Hyman y traducida especialmente para el semanario.

Se titula “La cosa tiene gracia, pero la ley es así” y es un conjunto de leyes que nos hablan del espíritu conservador y, en algunas ocasiones, retardatario de la sociedad estadounidense. De paso, nos recuerdan el carácter temporal de las normas.

Comienza con una perla digna de poeta surrealista: “Prohibido abrir o cerrar una sombrilla en presencia de un caballo”. Al parecer era considerado descortés o peligroso asustar al noble animal. La siguiente restricción no la hubiera aceptado fácilmente un expresidente colombiano ni sus seguidores: “Prohibido escuchar conversaciones ajenas, aunque sea en un idioma que usted no entienda”.

Al parecer en esa época los cazadores no respetaban lugares sagrados porque estaba “Prohibido cazar conejos y liebres en el cementerio”. Y los apuros domésticos se debían resolver de día: “Prohibido vender joyas de familia después de la puesta de sol”.

En Norman (Oklahoma) no hubieran podido sobrevivir los amantes dominicales que se dan demostraciones públicas de cariño en parques o plazas, porque estaba “Prohibido besarse los domingos”.

En Carolina del Norte no hubiera sido posible la proliferación de malos cantantes de la actualidad. Si esta norma continuara vigente nos hubiésemos salvado del tropipop y del reggaetón: “Prohibido cantar fuera de tono”.

Michigan no era un estado apto para feministas porque si una esposa trataba de abandonar el hogar, “su esposo tenía derecho a quitarle la ropa”. No sabemos si se refería a la que llevaba puesta o a la que tenía en el armario.

En Sterling (Colorado) la ternura conyugal no era bien recibida, pues “Los jóvenes esposos deberán abstenerse de besar a sus esposas mientras duermen, porque pueden ser demandados ante los tribunales”.

A cambio de semejante prohibición, más de un esposo estaría de acuerdo con la norma que era vigente en aquel momento en Maryland: “La mujer incurre en delito si revisa los bolsillos de los trajes de su esposo mientras este duerme”. “Esta ley probablemente nunca sea revocada”, nos dice el cronista.

También nos cuenta Hyman que en Massachussetts se dictó una ley “verdaderamente tonta algunos años atrás que nunca fue transgredida. Prohibía que un hombre se casara con su suegra”. Y prosigue: “También es ilegal allí que las mujeres salgan a la calle con el rostro pintado”. No nos aclara si se trata de maquillaje o disfraz. En Boston, capital del estado, “es un verdadero crimen silbar a un actor y es ilegal conceder premios de bridge”.

Mientras tanto en Yuma (Arizona) a los niños que robaban frutas o verduras se les obligaba a tomar aceite de ricina y en McPherson (Kansas) estaba prohibido jugar a las bolitas. Según una ley antigua de Virginia, no era buena idea ser niño por esa época. “A los chicos recalcitrantes y que faltan tres domingos a misa, se les condena a muerte”. En Salem, famoso por sus brujas, “está prohibido vender dulces a los chicos en la puerta de la Iglesia, sea de mañana o de tarde”.

En Los Ángeles (California) existía para la época una ley que bien merece una película: “Prohibido dormir en el lecho del río”. Nos dice Hyman que “nunca ha sido violada porque hacen falta sábanas flotantes e impermeables”. A propósito de ríos, en Louisville la gente era castigada si trataba de matar peces con arco y flechas o si se ponían detrás de una mula “sin antes haberle dirigido la palabra al animal, cosa que debe hacerse en tono de voz conciliador”.

Pero no se piense que todo en aquellos tiempos era conservador en la unión de Estados. En 1934, en Kentucky se aprobó un proyecto de colonia nudista, en el que se estipulaba que todos sus miembros “debían ser revisados regularmente por una comisión compuesta por legisladores”.

“En Florida se prohíbe romper más de tres platos diarios”, norma ideal para la economía doméstica. “En Joliet será encarcelada toda mujer que se pruebe más de seis trajes en una misma tienda”, muchos dependientes de almacén votarían de nuevo esta norma. “En Spencer (Iowa) está prohibido decir piropos callejeros”, muchas mujeres de hoy estarían de acuerdo. “En Jhayer está prohibido ofrecer más de un baile mensual en su hogar”, ¿cómo harían mis paisanos caribes para sobrevivir allí?

“En Oqden está prohibido hacer picnic en el cementerio”, ¿a quién se le ocurriría semejante despropósito? “En Willacoochec (Georgia) existe una ordenanza que prohíbe que hombres y mujeres se citen para después de las 12 de la noche”, ¡pobres amantes clandestinos de la época! “En Evansville (Indiana) no se puede vender queso hamburgués los domingos”. A lo mejor el fabricante de otros quesos impuso esta norma, tal como lo siguen haciendo en la actualidad “los hombres de negocio” para favorecer sus productos.

“En Peplar (Missouri) está prohibido afeitarse en las horas del día”, ¿cómo carajo se enteraban en qué momento se afeitaba uno? “En Nebraska se prohíbe estornudar en público”, en la actualidad mucha gente estaría de acuerdo. La que muy poca aceptaría es la siguiente: “En Carolina del Norte las camas gemelas de los matrimonios deben colocarse entre 60 o 90 centímetros”. Al parecer, durante la aplicación de la ley hubo muy pocos embarazos. “En Alabama el esposo puede castigar a su cónyuge con un bastón ‘no más grueso que el pulgar’, pero la ley no dice nada respecto a la longitud del mismo”, atroz medida que seguro no duró mucho tiempo para ser extirpada.

El cronista va un poco más lejos de las fronteras norteamericanas y cita un par de normas vigentes en otros países: “En Egipto está prohibido adelantar los relojes sin permiso especial”. Mientras que “En Italia está prohibido casi todo, excepto morir”. Recordemos que Europa tenía al mundo en ascuas con la Segunda Guerra Mundial y los países más repudiados en América eran Alemania e Italia.

Pero no sólo la crónica de Dick Hyman es lo hilarante en aquella edición de CROMOS. Lo es también la publicidad.  Cito solo un ejemplo: “Para aliviar el malestar de un catarro use gotas nasales PENETRO, el bálsamo poderoso”.

Por Juan Carlos Ensuncho-Bárcena

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