septiembre 28, 2012

Nora Lezano, el ojo del rock latino


I

Es sexy. Aunque ella no pretenda serlo, ni se defina así. Quizá le moleste un poco ser descrita de esta manera. Pero lo es. Sus labios se expresan, incluso cerrados. Su cabello corto le da un aire de diva intelectual. No se maquilla. Viste chaqueta de jean, pantalones sueltos. En definitiva: una rockera. Como cualquiera de sus amigos de Argentina. Es Nora. La fotógrafa de Charly García, Fito Páez, Gustavo Cerati, Andrés Calamaro, Luis Alberto Spinetta, entre muchos otros. La que puede capturar un instante de intimidad de una celebridad, con la naturalidad que le permiten su prudencia y fidelidad.


II

Tiene una página en Facebook con más de 3000 fans desde donde responde comentarios. Tiene una página web (www.noralezano.com) en la que se puede ver una antología de sus trabajos. No usa Twitter, sólo correo electrónico. Vive en Buenos Aires, Avenida Independencia, cerca a la calle Combate de los Pozos. Desde hace 15 años trabaja para el suplemento Radar del prestigioso diario Página 12. Es su propia editora.


III

Su voz es dulce, delicada, aterciopelada. Se abre cuando entra en confianza. Nació en Baires, el 24 de febrero de 1970. Creció en Tapiales, sector de casas bajas, con gente sentada en la calle, cebando mate. Tuvo una infancia sin contacto con cámaras de ningún tipo. Cuando llegó el momento de ingresar a la universidad escogió Biología. Pero cuando tuvo la libreta universitaria en sus manos, vio que era “un pasaporte a morir de hambre, a aburrirme toda la vida”. Y lo rompió. “Hace poco, en plena mudanza, abrí una caja en la que estaban los apuntes de la Facultad… los eché a la basura”.


IV

Su historia con la fotografía comenzó un día de Universidad, cuando una amiga le propuso hacer un curso. Se anotaron. Su amiga tuvo un problema y no pudo inscribirse. Ella sí.  Se compró una Minolta, básica. Era un curso básico. Terminó el curso. Llevaba la cámara a los recitales de rock, volvía a casa, revelaba. Si le gustaba alguna foto, iba al siguiente recital del grupo o músico y le obsequiaba las fotos.


V

Entró a trabajar en una dependencia del gobierno de la ciudad. Era una empleada administrativa, se aburría un poco. Pidió el paso a la parte de prensa, primero como archivista. Cuando sus jefes lo consideraron comenzó a fotografiar a la gente del gobierno. Pero seguía aburrida, quería más.


VI

Un día cualquiera, en su oficina suena el teléfono. De una revista la llaman para hacer unas fotos a Charly García y Mercedes Sosa. Alguien había valorado su trabajo. No puede creerlo. Va al hotel, asustada. Su escudo: la cámara. En el lobby se topa con Charly y Mercedes, dos de sus ídolos. Suelta el llanto. Incontenible. Seca sus lágrimas. Los besa. Se ponen de acuerdo. Obtura. Entre una foto y otra piensa en lo privilegiada que es. Está a punto de reventar de la emoción. Al final de la sesión, Charly le pide su número. Todos se sorprenden. Ella se lo da, algo escéptica.


VII

Otro día cualquiera vuelve a sonar el teléfono. “Te llama Charly García”, le dice su jefe. Ella se pone al teléfono, incrédula. Esperando la voz de un amigo al otro lado de la línea. Pero no. Es Charly. La invita a su casa para que le haga unas fotos. Ella acepta. Le dice a su madre que la acompañe, no es para menos. Van al edificio donde vive uno de los padres del rock nacional, le pide a su madre que la espere abajo. Que si no sale en 15 minutos llame a la policía. Charly la recibe, encantado. Está de buen humor. Le explica un poco lo que quiere hacer. Ella entra en confianza. Se inventa una excusa para bajar al primer piso. Le cuenta a su madre que todo está bien, que puede regresar a casa. Se queda a solas con el chico más feroz de Buenos Aires. Ella obtura y obtura y obtura. En una de esas Charly le pregunta: “¿Tendrías problemas en tomarme fotos desnudo?”. Ella se sonroja. Pero recuerda su escudo y le dice: “Ninguno”. Charly se desnuda. Ella obtura. Se hacen amigos. Ahora tenía suficientes motivos para renunciar a su escritorio de empleada. Lo hace y se dedica al trabajo editorial. Lo primero “serio” que hizo con la fotografía fue la portada de un disco.


VIII

Después de Charly vino Calamaro. Se juntaron, se hicieron amigos y comenzó a hacerle fotos. Algunas emblemáticas para la carrera del músico. Una noche, Andrés la invita a un recital en un recinto rockero de los noventa. Están en el camerino. Y llega un flaco, sexy, de larga cabellera. Los presenta, con nombre y apellido: “Fito Páez, ella es Nora Lezano. Nora Lezano, él es Fito Páez”. Y surge otra amistad. Fito le pide que le haga unas fotitos. Se hacen muy amigos, todavía se ven de vez en cuando. Recuerda haber visto con él “No country for old men” de los hermanos Cohen. Mantienen el contacto, vía e-mail.


IX

De una lista va tachando, uno a uno, los nombres icónicos del rock argentino. La llaman los chicos de “Ilya Kuryaki and the Valderramas” para que les haga unas fotos. Se hacen amigos, andan juntos. Una noche de esas, al volver a su casa, encuentra un mensaje en el contestador: “Hola Nora. Soy Luis Alberto. Le pedí a Dante tu número. Quisiera hacer unas fotos contigo”. Para el flaco Spinetta hizo, entre muchas otras, la famosa foto de su disco “Silver Sorgo” en la que aparece fumándose un pucho, con atuendo árabe. Dos días después de la muerte del flaco, en febrero pasado, publicó en Facebook una foto de él, con una nota: “No habrá silencio, porque siempre habrá una voz”.


X

“Es un regalo de la fotografía el haber conocido a tanta gente hermosa. Siempre he sido independiente. Me mueve la intuición. Eso me parece lo más valedero. Sin ninguna pretensión, sin querer ser la Gran Fotógrafa. Me gustaría exponer en galerías, pero en Argentina el retrato no es considerado arte contemporáneo. No importa tu trabajo, importa si estás de moda. Me gustaría, también, publicar un libro de fotos, grande, con papel increíble, como los de Richard Avedon. Pero aún no se ha podido, tal como quiero”.


XI

Es domingo. Está almorzando en casa de sus padres, como de costumbre. Suena su celular, ella contesta. “Hola. Soy Gustavo Cerati. Mucha gente me habló de vos, quiero conocerte”. Ella no se lo cree. Piensa que es una broma de otro amigo. Pero al explicarle que necesita unas fotos para le prensa de su álbum “Bocanada” y al sentirle aquella voz inconfundible, comienza a llorar. Sus padres se preocupan. Su única hija los tranquiliza con un gesto. Ellos siguen almorzando, ella ve todo como en una película. Él le pide que se vean en su oficina, esa misma semana. Por la mente de ella pasan algunas imágenes. Se recuerda a sí misma, adolescente, de pie, esperando a que Cerati – por aquel entonces líder de Soda Stereo -  entrara a su casa, sólo para verle un instante. Ahora está hablando con él por teléfono, haciendo una cita. Acepta. Cuelga y llora de nuevo.


XII

Se ven en un estudio que ella alquila. Obtura cientos de veces. Revela. Le lleva las fotos a la oficina. Cerati pasa y repasa las imágenes, en silencio. Ella está nerviosa. Él termina de verlas, le dice: “Es la primera vez que me reconozco en fotos” y le besa las manos. Nunca nadie le había dicho eso. Queda contratada para seguirle haciendo fotos. Durante muchos años. Incluso hasta “Fuerza Natural”, fotos que tomó en la casa de campo de Cerati, en Uruguay. Quedaron en que ella dirigiría dos videos de su disco, pero pasó lo que pasó. Ahora que Cerati está en coma, ella suele visitarlo en el hospital, le habla, le escribe poemas y le hace dibujos en su libreta marca “Rivadavia”.


XIII

“Buenos Aires es la ciudad de la furia, sin duda. Nunca duerme. Por eso es agotadora, también. De vez en cuando necesito escapar, al campo, para recargarme”, afirma con acento porteño. Pero ella, Nora Lezano, no es sólo una fotógrafa, también escribe. “Hace poco pensé que debía editar mis escritos y se los pasé a Fito. Él los leyó y me dijo: “Esto no puede quedarse en un cajón, Nora. Hay que publicarlo. Me ofrezco para el prólogo”. En eso estamos. Viendo a ver quién se anima a publicarlo”, dice sonriendo. En cuanto a sus gustos musicales, no todo es rock. “Me encanta el bolero, especialmente Javier Solís, desde chiquita”. Su más reciente descubrimiento literario es Álvaro Mutis, está fascinada con las aventuras del gaviero. “Me encantaría fotografiarlo”. Sospecho que al escritor también le encantaría que Nora le hiciera unas fotitos.

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