mayo 26, 2012

El que no vuela no sube


Me la regaló David Sánchez Juliao. El Maestro solía contar las historias más hilarantes o disparatadas con un humor fino, propio de su carácter de hombre de mundo.  Sucedió así.

Eduardo Galeano, escritor y periodista uruguayo, estaba fascinado con un nuevo casete enviado por su amigo de Lorica. En especial una canción lo mantenía absorto, contemplando el paisaje montevideano a través de su ventana: La casa en el aire.

Siendo incapaz de contener el júbilo, decidió escribirle una carta a David. En ella le confesaba que jamás había escuchado un verso semejante en la lengua española: “El que no vuela no sube”. “¡Increíble! Ni la más depurada poesía del siglo de Oro pudo lograr semejante prodigio”. Así lo manifestó Galeano, conmovido. Y le pedía conocer al autor en su próximo viaje a Bogotá.

Sánchez Juliao guardó con celo la solicitud. Y esperó el momento indicado.



Varios meses después, Eduardo aterrizó en Bogotá. Y, como solía hacerlo, se hospedó en casa de David. A la mañana siguiente, este le pidió que lo acompañara a saludar a un vecino. Tomaron el ascensor, timbraron y abrió la puerta un hombre con bata de terciopelo rojo y vaso de whisky en la mano. Los vecinos se dieron un abrazo. “Un amigo escritor, del Uruguay”, dijo David al presentar a Eduardo. “Encantado”, dijo el vecino, sin mencionar su nombre.  Y los hizo seguir a la sala.

-          “¿Un whisky?”, preguntó el anfitrión.

-          “Muchas gracias, es muy temprano para mi”, contestó Galeano.

-          “Aún no hemos desayunado. Gracias.”, habló Sánchez Juliao.

Sentado, en silencio, Galeano detalló en el terciopelo de la bata, que combinaba muy bien con el venado disecado que adornaba la sala. La visita no duró mucho. David y Eduardo se despidieron, tomaron el ascensor y salieron a desayunar a la calle 19. 




      -          “¿Eduar, cómo te pareció mi amigo”, preguntó Sánchez Juliao.

-          “Davi, nunca había visto tan pésimo gusto en alguien. Es inaudito lo que acabo de ver. ¿No tienes algo peor para visitar?”, respondió irónico Galeano.

-          “Hombe, caramba, lo que es la vida. Y yo que creía que el tipo que escribió el mejor verso de la lengua española te iba a caer bien. ¡Qué vaina!”, confesó David.

-          “¡No seas hijo de puta! ¿Ese era Escalona? ¡Eres un miserable!”, increpó juguetón Eduardo. “Yo invito al desayuno y vamos de inmediato a emborracharnos con ese monstruo”.

Sánchez Juliao, entre risas, aceptó la invitación.

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