abril 12, 2012

Carta abierta a los presidentes de la Cumbre de Las Américas





Señores de la Cumbre:


Cordial saludo.


A pesar de que no me han invitado a participar en su exclusiva reunión, por estar ustedes en Cartagena de Indias - ciudad de la que me siento arte y parte - he querido dirigirles estas palabras. A ustedes y a todo el pueblo de América, que es uno solo. 


En primer lugar lamento enormemente que no esté el Presidente de la República de Cuba, Raúl Castro, entre ustedes, porque acentúa el carácter de aislamiento en el que Estados Unidos quiere mantener a una nación soberana, pujante y bella. Siento que el aporte del Presidente de Cuba hubiera sido muy importante en la Cumbre, pero a lo mejor a eso es a lo que le temen al no invitarlo. A pesar de que algunos pocos de ustedes piensen lo contrario, el pueblo de Cuba es un pueblo ejemplar que ha sabido construir formas alternativas de vida y desarrollo, a pesar del infame bloqueo que padece desde hace medio siglo. Pero la inteligencia, la sensibilidad y la recursividad de cada cubano han hecho que la mayor de las Antillas haya salido a flote, sin perder un ápice de su dignidad. Cuba merece todo el respeto del pueblo americano, porque es autónoma. Y solo los cubanos son quienes deben decidir su destino. Libre determinación de los pueblos, ¿les suena eso, cierto?


Viajando un poco más al sur, quiero manifestar mi apoyo total al pueblo argentino en su justo reclamo de la soberanía sobre las Islas Malvinas. Inglaterra debería retirar sus tropas y su bandera de las islas porque no hacerlo es mantener un esquema colonialista que no funciona en los tiempos que vivimos. Ya pasó la época del imperio británico. Deberían entrar en justa razón y devolver el dominio de las Malvinas a quienes les pertenece cultural y geográficamente. Que no se repita la Historia Universal de la Infamia, por favor.


Finalmente quisiera pedirles que se quiten la máscara de la hipocresía con el tema de los narcóticos. En América existen plantas sagradas con efectos sicotrópicos desde el comienzo de los tiempos. Nuestros pueblos indígenas aún las usan para sus rituales de Sanación y Sabiduría. Y para nadie es un secreto, ni siquiera para ustedes, que buena parte de las economías del continente se nutren del mercado ilícito de las drogas que crece y crece cada año, estimulado por la prohibición. Acepten de una vez por todas que la mal llamada “guerra contra las drogas” es un fracaso. Y acepten que el único camino es la despenalización de su producción, mercadeo y consumo. Sólo si las drogas se vuelven legales dejarán de existir los carteles que tanta sangre han derramado y tantas vidas segado en todo el continente. Sólo si se legaliza, como se legalizó en su momento el consumo de alcohol, se puede controlar su uso indiscriminado y se les puede dar tratamiento médico a los adictos. Además, ¿a cuánta gente que consume drogas conocen ustedes? ¿Cierto que a más de uno? Es el momento de cambiar el chip con respecto al tema.


Estas tres simples cosas era lo que quería decirles, señores de la Cumbre. 


Cordialmente,


Juan Carlos Ensuncho-Bárcena
Escritor y periodista colombiano