agosto 21, 2011

"Mi pasatiempo más estúpido es chatear por internet": Jorge Franco


Jorge Franco es a la literatura lo que Juanes a la música: Ambos nacieron en Medellín. Ambos recorrieron un camino que no era el suyo. Ambos descubrieron el pop a tiempo. Es más, ambos visten de una manera muy parecida: los mismos jeans, los mismos zapatos y la misma actitud de estar siempre participando en un comercial de chicles. Ambos son unas megaestrellas de lo suyo, ambos tienen una “página Web oficial”, asunto importante para unos, banal para otros. Pero lo cierto es que todos tenemos algo de uno o del otro: todos soñamos, en algún remoto día de nuestra infancia, con ser estrellas del pop. Ellos lo lograron: De Jorge Franco ha dicho Gabriel García Márquez que le gustaría “pasarle la antorcha”, lo mismo que podría decir Diomedes Díaz de Juanes.

Nunca he tenido la fortuna de conversar con el músico, pero si con su coparte literaria. En un café al norte de Bogotá, Jorge me cedió muy gentilmente unos minutos después de hablar con su editor holandés. Mi grabadora, mi persistencia, mi actitud de rotundo admirador, lograron el cometido. He aquí las respuestas del autor de la exitosísima “Rosario Tijeras”, cuya versión cinematográfica fue adornada por una canción de su “parcero”.

¿Cuál es el defecto propio que aprecias más?

La autocrítica.

¿Cuál es el defecto que más aprecias en los otros?

La honestidad.

¿Cuál es tu estado mental más extraño?

La desconcentración.

¿Dónde y cómo te gustaría haber nacido?

Nací como quise haber nacido: de cabezas, en Colombia.

¿Por qué razón o por quién darías la vida?

Por mi hija y por mi esposa… y por amor.

Si pudieras matar a un personaje de ficción ¿a cuál escogerías?

El problema aquí es la memoria. Se me ocurre así, de primeras, a Bernarda Alba.

¿Cuál es tu extravagancia más estúpida?

Soy poco dado a las extravagancias. Pero pienso que puede ser hacerle caso a los fotógrafos en todo lo que ellos quieren que haga cuando me toman fotos.

¿En qué situaciones dices la verdad?

Cuando está el afecto de por medio.

¿Qué persona viva te inspira más ternura?

Mi hija.

¿A qué persona viva desprecias?

Al 99.99 % de los políticos.

¿Qué palabras o frases jamás usas?

“Generalizar” es una palabra que evito con mucha frecuencia.


¿Cuál es tu idea de la infelicidad perfecta?

El desprecio por la vida.

¿Cuál ha sido tu acto más valiente?

Ser escritor.

¿Cuál es tu mayor orgullo?

Ser escritor.

¿Cuál es la virtud más subvalorada en la sociedad?

La honestidad.

¿Qué es lo que más te gusta de tu apariencia?

Una proyección falsa de ingenuidad.

¿Cuáles son los nombres que menos te gustan? Los que nunca le pondrías a un hijo…

No amarraría a un hijo o una hija con nombres de su familia: de sus abuelos o de sus padres.

¿Qué talento desearías arrojar a la basura?

Sólo tengo uno y no quisiera arrojarlo porque me encanta. Pero hay uno que no sé si es un talento, pero es como el ser muy complaciente… eso lo arrojaría a la basura.

¿Qué es lo que más te agrada en la vida?

Leer.

¿Cuándo y dónde has sido más infeliz?

Saliendo de la adolescencia... ahí no importa el lugar, importa más el momento.

Si pudieras, ¿qué mantendrías de tu familia en el tiempo?

El cariño que nos tenemos.

¿Cuál ha sido tu mayor fracaso?

… hombre la verdad no he tenido la palabra fracaso, por suerte. No he llegado a sentirlo, por suerte. He tenido momentos donde no he conseguido lo que he querido, pero no los puedo llamar fracasos.

¿Cuál es tu posesión menos valiosa?

Son tantas… estoy rodeado de tantas cosas… uno se va llenando de cosas… por ejemplo, a veces abro mi clóset y veo que tengo demasiados zapatos… me sobran el 80 % de mis zapatos.

¿Cuál es la manifestación más clara de la riqueza?

Cuando te das cuenta de que no padeces la necesidad. No sé cuál es el límite, pero ahí ya te puedes sentir rico.

¿Dónde desearías morir?

Aquí en Colombia, pero en tierra caliente.

¿Cuál es tu pasatiempo más estúpido?

Chatear por Internet.

¿Cuál es la cualidad que más desprecias en una mujer?

La capacidad de envolver.

¿Cuál es la cualidad que más desprecias en un hombre?

No sé si es cualidad, pero creo que la adulación.

¿Cuál es el héroe de ficción más deplorable?

Es difícil… de los superhéroes, podría generalizar, lo que pasa es que hay unos que les ido cogiendo cariño, como a Superman.

¿Cuáles son tus villanos favoritos de la vida real?

Vuelvo y digo: los políticos.

¿Qué piensas de la coincidencia de que haya un político llamado Jorge Franco?

No deja de tener su lado amargo, pero por suerte he logrado que en Colombia cuando se me menciona el nombre Jorge Franco se apunte más hacia el escritor que hacia el político. Incluso hay otro escritor que se llamaba Jorge Franco, en Medellín, y era muy popular. Escribió una novela que se llama “Hildebrando” sobre un borrachito y en Medellín fue muy popular en los años 60. Mucha gente lo que me pregunta es eso: si yo soy hijo de ese Jorge Franco. Cuando publiqué mi primer libro, este Jorge Franco era mucho más conocido que yo, entonces puse mi segundo apellido siempre: Jorge Franco Ramos… luego me di cuenta de que podía prescindir del segundo apellido.

Reseña biográfica

Jorge Franco Ramos nació en Medellín. Su novela “Rosario Tijeras” lleva numerosas ediciones en Colombia y en Hispanoamérica y mereció destacados elogios y el Premio de Novela Dashiell Hammett Internacional en Gijón, España. Además ha sido traducida a varios idiomas. Su libro de cuentos “Maldito Amor” y su novela “Mala Noche” consiguieron importantes premios en su país. Franco estudió literatura en varios talleres y universidades, entre otros con el novelista Manuel Mejía Vallejo (Premio Nadal, 1963), y cine en The London Internacional Film School. En 2006 publicó la novela “Melodrama”. Su novela “Paraíso Travel” fue adaptada al cine y se estrenó en diciembre de 2007.

agosto 10, 2011

“Mi mayor fracaso es no haber sido músico”: Neuman*



Por Ensuncho De La Bárcena

Según la Web oficial del escritor, Andrés Neuman nació en Buenos Aires en 1977 y es “hispanoargentino”. Tuve la oportunidad de conversar con él, después de uno de los eventos oficiales de “Bogotá 39”, certamen que reunió en la capital del país a los supuestamente mejores escritores menores de 39 años de América Latina.

Neuman se licenció en Filología Hispánica por la Universidad de Granada, donde codirigió la revista ‘Letra Clara’ e impartió clases de literatura hispanoamericana. Actualmente es columnista fijo en diarios como “Sur”, “Ideal” o “El Correo”, colabora habitualmente en numerosos medios españoles y latinoamericanos, y escribe guiones de tiras cómicas para “Ideal”.

Su primera novela, ‘Bariloche’ (Anagrama, 1999), fue Finalista del Premio Herralde y elegida entre las diez mejores del año por El Cultural del diario El Mundo. Su siguiente novela, ‘La vida en las ventanas’ (Espasa, 2002), fue distinguida como Finalista del Premio Primavera. Con ‘Una vez Argentina’ (Anagrama, 2003) volvió a ser Finalista del Premio Herralde de Novela.

Ha publicado los libros de cuentos ‘El que espera’ (Anagrama, 2000), ‘El último minuto’ (Espasa, 2001, de próxima reedición en Páginas de Espuma) y ‘Alumbramiento’ (Páginas de Espuma, 2006). Ha desarrollado además una intensa labor de estudio y divulgación del relato breve: sus libros de cuentos incluyen apéndices teóricos sobre el género, y es el coordinador del proyecto Pequeñas Resistencias, una tetralogía sobre el cuento actual escrito en castellano en todo el mundo que está siendo publicada por la editorial Páginas de Espuma. Neuman fue autor de la edición del primer tomo, ‘Pequeñas resistencias. Antología del nuevo cuento español’ (Páginas de Espuma, 2002), y se encargó de la parte argentina del tercer tomo, ‘Pequeñas Resistencias 3. Antología del nuevo cuento sudamericano’ (Páginas de Espuma, 2004). Cabe destacar también su prólogo a los ‘Cuentos de amor de locura y de muerte’ de Horacio Quiroga (Menoscuarto Ediciones, 2004).



Como poeta, ha publicado los poemarios ‘Métodos de la noche’ (Hiperión, 1998, Premio Antonio Carvajal), ‘El jugador de billar’ (Pre-Textos, 2000), ‘El tobogán’ (Hiperión, 2002, Premio Hiperión) y ‘La canción del antílope’ (Pre-Textos, 2003). Ha sido incluido en antologías de nueva poesía publicadas en México, Italia, Portugal o Bulgaria, además de numerosas antologías españolas como ‘La generación del 99’ de José Luis García Martín; ‘La Lógica de Orfeo’ de Luis Antonio de Villena; ‘Yo es otro. Autorretratos de la nueva poesía’ de Josep Maria Rodríguez; o ‘Veinticinco poetas españoles jóvenes’ de la editorial Hiperión, entre otras.

Es también autor de un libro de aforismos y ensayos literarios: ‘El equilibrista’ (Acantilado, 2005), y de dos colecciones de haikus: ‘Alfileres de luz’ (Universidad de Granada, 1999, Premio García Lorca, en colaboración con Ramón Repiso) y ‘Gotas negras’ (Plurabelle, 2003). Ha traducido el ‘Viaje de invierno’ de Wilhelm Müller (Acantilado, 2003), y ha preparado la edición de una antología de Carlos Marzal: ‘Poesía a contratiempo’ (Maillot Amarillo, 2002).

De Neuman se han dicho muchas cosas importantes y prometedoras. Por ejemplo, el propio Roberto Bolaño escribió: “Tocado por la gracia. Ningún buen lector dejará de percibir en sus páginas algo que sólo es dable encontrar en la alta literatura, aquella que escriben los poetas verdaderos. La literatura del siglo XXI pertenecerá a Neuman y a unos pocos de sus hermanos de sangre”. Por otro lado, Miguel García-Posada de ABC ha dicho: “Brillante y desenvuelto. Un escritor muy inteligente y dueño de un idioma preciso, centelleante. Neuman llega a la literatura con impulso propio, con energía personal y poderosa”. Por último, Lorenzo Oliván del Heraldo de Aragón: “Andrés Neuman es un escritor torrencial al que nada relacionado con la escritura le es ajeno: ni la novela, ni el relato, ni la reflexión ensayística, ni la traducción, ni la poesía. Y en todos esos campos, pese a su pasmosa juventud, ha cosechado ya notables frutos. Neuman ha demostrado que tiene pulso en todos los frentes, y que hay en él madera de escritor completo”.

Por mi parte, tengo que confesar que no he leído a Neuman, pero después de conocer estas opiniones me surgen ganas de hacerlo. Lo recuerdo como un tipo de verbo y abrazo fácil, nervioso, fumador inquieto. A mi juicio, el joven escritor argentino es un hombre sonriente y con buen sentido del humor a quien le encanta, como a un rock star, estar rodeado de jovencitas que le preguntan cosas simples. Aproveché un espacio entre un autógrafo y otro para hacerle mi cuestionario. He aquí las respuestas:



¿Cuál es el defecto propio que aprecias más?

Dios mío estoy viejo para esto. Y cansado. (¿Quién tiene mi fuego? – En la mano. ¿Ves cómo estoy de viejo y cansado?) Te lo voy a decir: la insistencia. Por lo menos da buenos frutos, a pesar de todo.

¿Cuál es el defecto que más aprecias en los otros?

El miedo.

¿Cuál es tu estado mental más extraño?

El desvelo.

¿Dónde y cómo te gustaría haber nacido?

En Londres, a la edad exacta para comprar los discos de los Beatles, en la adolescencia.

¿Por qué razón o por quién darías la vida?

Espero que la realidad no obligue a nadie a seguir dando la Vida por alguien. Es un supuesto que prefiero suprimir. No daría la Vida ni por mí mismo.

Si pudieras matar a un personaje de ficción ¿a cuál escogerías?

Ja. Al de “El Perfume”, para que no sufra tanto. Le pegaría un tiro en la nuca, higiénico, respetuoso y me marcharía. Se llama Grenouille, creo.

¿Cuál es tu extravagancia más estúpida?

Todas mis extravagancias son estúpidas… estirar el cuello permanentemente en lugares públicos. Así (inclina su cabeza hacia la izquierda).

¿En qué situaciones dices la verdad?

Cuando nadie me mira.

¿Qué persona viva te inspira más ternura?

Mis padres.

¿A qué persona viva desprecias?

¿Tengo que decir sólo una? Ay Dios mío. Es que elegir entre genocidas, dictadores… es que esta pregunta le salva la Vida a todos los demás, me niego a responder.

¿Qué palabras o frases jamás usas?

Una que contenga la palabra “inexorable”, “agrás” o “libérrimo.

¿Cuál es tu idea de la infelicidad perfecta?

Estar vivo.

¿Cuál ha sido tu acto más valiente?

No huir. A veces.

¿Cuál es tu mayor orgullo?

Mi voluntad.

¿Cuál es la virtud más subvalorada por la sociedad?

La compasión.

¿Qué es lo que más te gusta de tu apariencia?

¿De mi apariencia física? Es que no me veo. No sé, es una pregunta para los demás. Bueno, creo que mi sonrisa, supongo. Que me río, ponlo así, que me río.



¿Cuáles son los nombres que menos te gustan?

Los de santos.

¿Qué talento desearías arrojar a la basura?

Talentos, ninguno, desearía tener algunos que no tengo. Nunca sobran, por Dios.

¿Qué es lo que más te gusta de la vida?

La salud.

¿Cuándo y dónde has sido más infeliz?

En un hospital.

Si pudieras, ¿qué mantendrías de tu familia en el tiempo?

La música. La mitad de mi familia son músicos.

¿Cuál ha sido tu mayor fracaso?

La música.

¿Cuál es tu posesión menos valiosa?

Una bicicleta estática que le regalé a una amiga, porque nunca uso. Se la regalé la semana pasada, antes de venir a Bogotá. Ya no es mi posesión.

¿Cuál es la manifestación más clara de la riqueza?

¿Qué riqueza? No lo sé, no he vivido ese caso.

¿Dónde quisieras vivir?

En un lugar donde nunca haya una guerra ni una dictadura militar. Ni para mi, ni para mis hijos, ni para mis nietos. Con eso me conformo.

¿Cuál es tu pasatiempo más estúpido?

¿Tiene qué ser estúpido? Mirar páginas de Internet sobre los Beatles. No porno, porque eso no es estúpido. Releer lo que ya sé de los Beatles en Internet.

¿Cuál es la cualidad que más desprecias en una mujer?

¿La cualidad? Tengo que hacer preguntas. Porque ¿tiene que ser de una mujer? Porque yo te puedo dar una respuesta aplicable a un hombre, también. Porque podría ser que sea estúpida… pero que sea un atributo femenino supuestamente específico… el remilgo, creo que es un elemento de la educación sentimental femenino que por cierto se está perdiendo, por suerte, pero que es muy malo. Para ellas y para ellos.

¿Cuál es la cualidad que más desprecias en un hombre?

La prepotencia.

¿Cuál es el héroe de ficción más deplorable?

Brave Herat, que no era de ficción, pero bueno. Y como no es de ficción… creo que Superman. Es un error cultural. Superman habría que suprimirlo.

¿Cuáles son tus villanos favoritos de la vida real?

Los ladrones de frutas, los detectives – que son unos sinvergüenzas – y falta un tercero, casi lo tengo… (Ríe)… y los editores.

¿Qué es Buenos Aires?

Un signo de interrogación.

¿Y Argentina?

Un lugar al que nunca he sabido si pertenezco.

*Andrés Neuman ganó el Premio Alfaguara de Novela en 2009.

Más información: http://www.andresneuman.com/

agosto 05, 2011

Un café con Germán Espinosa*





Quiero hablarles esta tarde de algo que nunca hice. Si, ya sé que todos acá recordamos este magnífico verso del maestro Joaquín Sabina: “No hay nostalgia peor/ que añorar lo que nunca jamás sucedió”. Esto me pasa en estos días. Vengo hablarles de algo que jamás hice: tomarme un café con Germán Espinosa.

Y no lo hice porque le faltaran ganas a este aprendiz de escritor o por la negativa del maestro. No es eso. Lo que pasó es que preferí verlo de lejos. Verlo andar con sus lentos pasos por el barrio. Verlo por la ventana de un café en la calle 19. Me gustaba simplemente contemplarlo mientras fumaba o sorbía su café.

Como aquella tarde gris – para variar – en que Nana y yo lo vimos caminar desde nuestro apartamento en un piso 10, apoyándose en su compañero bastón, atravesando el eje ambiental hasta guarecerse bajos los aleros de un edificio vecino debido a una impertinente lluvia. Allí estuvo, absorto en las gotas, contemplando el paso del tiempo –quizá- sin notar que desde arriba le detallábamos los gestos. La lluvia cesó y el maestro continúo su camino, probablemente hacia este café “Buscando América” tan cercano a sus afectos.

¿Y qué era lo que transmitía Espinosa al verlo? Intentaré describirlo. Sus ademanes elegantes, de hombre recio pero tierno, lo hacían ver de un sentido del humor envidiable y de una erudición escasa entre nuestros escritores del Caribe. Sólo podría citar acá a la de Héctor Rojas Herazo, ese otro gran exiliado de la nación Caribe en el altiplano.

Quienes lo conocieron de cerca –varios de ustedes- pueden afirmar mejor que yo el vasto conocimiento que el maestro Germán tenía de Occidente. De sus increíbles hallazgos en el Arte Europeo, en la Música, en el Cine y, por supuesto en la Literatura, su pasión motora. Yo no tuve la fortuna, pero me basta con citar ese verso hermoso de Julio Cortázar al referirse al Che: “Yo tuve un hermano/ no nos vimos nunca pero no importaba”…

Aunque, a decir verdad, estuve en una conferencia suya en el claustro de la Merced de su entrañable Cartagena de Indias cuando era estudiante de periodismo. Allí estuvo el maestro, vestido de guayabera, con su elegante esposa Josefina Torres y su infaltable bastón, hablándonos de sus autores predilectos quizá – ya no recuerdo- pero conservo intacta la imagen del hombre elegante que camina del brazo de su amada y es capaz de atender a estudiantes ignaros que solicitan sus palabras. Ahí va Espinosa bajando las escaleras de mármol del Claustro, rodeado de jóvenes, de sus sobrinas y de Josefina, ahora atravesando el patio colonial, con su andar de sabio, su barba de sabio, sus gafas de sabio. Ahí va con el viento peinándole el cabello, de la mano con su Amada.

Bueno, la nostalgia se ha apoderado del texto, nostalgia sí, precisamente la “pena de verse ausente de la patria o de los deudos o amigos” como nos dice el diccionario. Y a pesar de que no soy su pariente, de que nunca fui su amigo, su partida me causa nostalgia. Como si se hubiera marchado un ser entrañable, como si de repente ya no pudiera oír su voz dándome consejos. Como si hubiera cesado con él una de las mentes prodigiosas de la Literatura en habla hispana. Alguien sólo comparable a Borges.

Habría que crear el Premio Germán Espinosa a lo más destacado de la Literatura Americana, así como crear el Premio Jorge Luis Borges a lo más destacado de la Literatura Mundial para desbancar de una buena vez y para siempre el Premio Alfred Nobel, ese sospechoso reconocimiento ligado a la invención de la dinamita. Exhorto desde aquí a los encargados de dar premios para que acojan la idea.





¿Quién era Germán Espinosa?

Para quienes lo desconocen, Espinosa nació el 30 de abril de 1938 en la Clínica de Manga en Cartagena de Indias, a lo largo de su prolífica vida de escritor –que acaba de terminar- publicó unos cuarenta libros de poesía, novela, cuento, ensayo y biografía.

Aunque inició temprano su carrera literaria –a los 16 años- con un tomo de poemas de corte clásico (“Letanías del crepúsculo”,1954), a partir de  1961 empezó a darse a conocer con relatos cortos de tendencia principalmente fantástica, sazonados casi siempre con finos rasgos psicológicos, recogidos cuatro años más tarde en el volumen titulado “La noche de la Trapa”,1965. En éste, eludiendo en forma notoria todo costumbrismo o pintoresquismo, se preocupó por situar sus narraciones en ámbitos universales, sin por ello soslayar los temas nacionales. Dentro de ese marco escribió en 1966 su primera novela, “La lluvia en el rastrojo”, publicada sólo años después, en la cual satiriza ciertas costumbres de la clase alta bogotana y cuyo desenlace fantástico no la priva de crudos matices realistas.

La publicación en 1970 de la segunda de sus novelas, “Los cortejos del diablo”, lanzada simultáneamente en Montevideo y en Caracas, atrajo hacia Espinosa la atención de Hispanoamérica, ante todo por los elogios que recibió de la crítica argentina y del escritor peruano Mario Vargas Llosa y, más tarde, de comentaristas italianos al ser vertida a esa lengua. Se ocupa esta obra de los tiempos en que Cartagena de Indias fue sede del Tribunal de la Inquisición y de la cacería de brujos desatada por el Inquisidor General Juan de Mañozga, que en la ficción aspira a ser el Torquemada de las Indias. El trasfondo histórico se encuentra en ella inmensamente contaminado de ficción y, a ratos, de fantasía arrebatada, razón por la cual cierta crítica —rectificada luego con creces— intentó clasificar al autor dentro del llamado realismo mágico, del cual él a conciencia deseaba apartarse. La ocurrencia de la acción en el siglo XVII determina a Espinosa a emplear un lenguaje de resonancias barrocas, salpimentado de arcaísmos, con giros que por momentos evocan la prosa o el verso satírico de Francisco de Quevedo.

Entre ésta y la que habría de ser su novela cumbre, “La Tejedora de Coronas” (1982), Espinosa dio a luz una tercera: “El magnicidio”, publicada en1979, en la cual criticó con dureza las tendencias, por él consideradas dogmáticas y fanáticas, del comunismo del decenio de 1970. Asimismo, un nuevo libro de relatos breves (Los doce infiernos, 1976), que preserva la inclinación fantástica y psicológica, y algunos de poesía, ahora vertida hacia una lírica introspectiva y moderna, aunque siempre musical.

En un comienzo, “La Tejedora de Coronas” fue recibida con cierta frialdad, debida acaso a la sintaxis heterodoxa que proponía. Fue ante todo su versión francesa, saludada con entusiasmo por críticos famosos como Alain Bosquet y Bernard Pivot, la que acabó por canonizarla e hizo a la vez que el gobierno de París elevara al novelista a la condición de Caballero de la Orden de las Artes y de las Letras de Francia.

“La Tejedora de Coronas” trata de un recorrido casi centenario, que va del instante en que Cartagena de Indias es sitiada por la flota del rey Luis XIV de Francia en 1697 hasta muy avanzada la segunda mitad del siglo XVIII, durante el cual la protagonista y narradora, una criolla culta y sensual de nombre Genoveva Alcocer, experimenta tanto en América como en Europa el turbión incontenible de las ideas iluministas y enciclopedistas que habrían de desembocar en la Revolución Francesa y en la Independencia hispanoamericana. De la mano con los grandes impulsores de la Ilustración, Genoveva —que es como los ojos de América— vive una vida de aventura, sobresalto y sensualismo, nutrida por ideales libertarios, científicos y filosóficos. Escrita en un lenguaje de gran exaltación poética, “La Tejedora de Coronas” alcanza dimensiones épicas en la narración del sitio de Cartagena por los franceses y matices de bello erotismo en la de los amores de la protagonista con el joven astrónomo Federico Goltar. En una prosa esplendente, Espinosa nos recrea un período histórico crucial para el porvenir del continente americano.

La labor novelística de Germán Espinosa se ha prolongado en obras polémicas, siempre de corte estilístico irreprochable, como “El signo del pez” (1987), inspirada en la vida de Paulo de Tarso, en la cual encarece las raíces no sólo hebreas, sino también estoicas, neoplatónicas y gnósticas del cristianismo, o “Los ojos del basilisco” (1992), que muestra los graves conflictos sociales de Colombia en el siglo XIX. En “Sinfonía desde el Nuevo Mundo” (1990) recrea los años de la Independencia y en “La tragedia de Belinda Elsner” (1991) –próxima a ser llevada al cine por Libia Stella Gómez- incursiona en el género detectivesco, que lo fascinó desde joven.

“La balada del pajarillo” (2000), juzgada por algunos críticos tan afortunada como “La Tejedora de Coronas”, es un relato de suspenso psicológico que ahonda en las fantasías paranoicas de un personaje devastado por el alcohol y la droga heroica. En sus novelas más recientes, “Rubén Darío y la sacerdotisa de Amón” (2003), “Cuando besan las sombras” (2004) y “Aitana” (2007) –inspirada en su Amada, muerta-, Espinosa ha acusado una tendencia hacia temas esotéricos que señala en él, al parecer, una preocupación por la necesidad de que el ser humano regrese al espiritualismo, aunque libre de ataduras religiosas.

Por otro lado, sus sucesivas colecciones de relatos cortos, “Noticias de un convento frente al mar” (1988), que incluye, con ese título, una pequeña joya de la narración erótica, “El naipe negro” (1998) y “Romanza para murciélagos” (1999), insisten en lo fantástico y lo psicológico, pero asimismo en señalar con mirada crítica ciertos aspectos de la vida latinoamericana, especialmente del mundo político y literario.

En forma paralela a su narrativa, Germán Espinosa dio a luz libros de ensayos literarios y filosóficos como “Luis C. López” (1989), “Guillermo Valencia” (1989), “La liebre en la luna” (1900), “La elipse de la codorniz” (2000) y “El sueño ético en Atenas y otras prosas” (2003), en los cuales encara con admirable erudición temas del pasado o del presente. Su obra “La aventura del lenguaje” (1992) constituye un itinerario asombroso por los secretos históricos y estructurales del lenguaje humano, en tanto “La vida misteriosa de los sueños” (2005) lo es por los océanos de esa segunda vida conformada por las experiencias oníricas. A su vez, el maestro Espinosa fue biógrafo de algunos personajes colombianos y universales, como “Torquemada, el fraile diabólico”,  2005.

En cuanto al verso, sostuvo el tono lírico, introspectivo, en obras como “Libro de conjuros” (1991) o “Quien se aleja soy yo” (2001). En 2003, publicó un tomo de memorias titulado “La verdad sea dicha”, donde denuncia aspectos de la historia de su país y hace memoria de amistades literarias y artísticas.




En su vida personal, Espinosa fue también brillante cronista, periodista, catedrático y diplomático. Quedan en su bibliografía constancias del primero de esos desempeños: “Crónicas de un caballero andante” (1999) y “Los oficios y los años” (2002), este último una colección de artículos de fondo. Numerosos comentaristas han elogiado su capacidad de desplegar ante el lector una vasta erudición sin caer jamás en el exceso o en la pedantería.

Espinosa murió el pasado miércoles 17 de octubre, víctima de un paro respiratorio; había sido internado de urgencias en una clínica al norte de Bogotá debido a una neumonía que lo aquejaba desde hacía varias semanas. Paradójicamente, desde hace meses padecía de un cáncer en la lengua -órgano del cual hizo afortunado- que prácticamente le impedía hablar.

En un artículo para la revista SOHO, antes de la muerte de su esposa, que lleva por título "Que no me falte Josefina", escribió estas frases que anticiparon la congoja que vivió en los últimos dos años de vida:

“Varias veces nos hemos preguntado, en la vigilia, que hará el sobreviviente el día en que uno de nosotros fallezca. Tal interrogante es una llaga en pleno espíritu. Dudo mucho que el impacto de tal ocurrencia pueda llegar a ser mitigado por el tiempo”.

En su última entrevista, mostrándose resignado, incluso más que sus propios médicos, decía Espinosa con un cigarrillo puesto en la boca: “Tengo un cáncer en la lengua y los médicos tratan de mejorarme. Creo que lo que tengo es la somatización de esto que me ha pasado”. Justo la semana anterior a su muerte la Editorial Alfaguara publicó sus “Cuentos Completos”.

En la poesía, de corte modernista y deliberadamente anacrónica, la muerte siempre fue un tema recurrente. En su “Proemial” de 1970 escribió así la partida de un personaje que acaso era él mismo:

"Serás nocturno cuando el día te arrulle / Diurno cuando la noche te señale / Crecerán en tus ojos madrepóricos arrecifes y el viento irá contigo / Y el viento irá contigo".

Ahora sí, permítanme tomar este café, en honor del Maestro Espinosa. Paz en su tumba.

Muchas Gracias.

* Texto leído el sábado 20 de Octubre de 2007 en el Café “Buscando América” de Bogotá.