julio 19, 2011

Última visita de Facundo Cabral a Bogotá


I

Mayo 20 de 2009. El profesor Gustavo Moncayo ingresa emocionado al ascensor del Hotel. Tiene cara de niño, a pesar de las cadenas con las que ha decidido andar por el mundo desde hace varios años. Su hijo Pablo Emilio aún está secuestrado, pero él está dichoso porque va a reencontrarse con uno de sus ídolos: el poeta y cantautor argentino Facundo Cabral.

II

Es mediodía apenas y ya el profe ya ha visitado tres embajadas (Venezuela, Brasil y Francia) en busca de la solidaridad de otros gobiernos con su causa por el acuerdo humanitario, que permita la liberación de los secuestrados a cargo de la guerrilla de las Farc, mediante una negociación puntual con el gobierno de Álvaro Uribe. La situación es difícil. Tensa. No se sabe mucho sobre Pablo Emilio, pero él ha querido convertir su lucha en la lucha por la libertad de todos. Lo acompañan su hija Yury Tatiana, su abogado y un amigo de confianza que hace las veces de fotógrafo. Todos van en el ascensor.

III

Al llegar al piso 17 el profe sale de primero, es recibido por el encargado del “Centro Ejecutivo”, quien lo saluda cortésmente y le solicita sentarse en un elegante sofá de cuero. El hombre saluda al resto de la comitiva, de la que también hacemos parte Adriana y yo. Ya acomodados,  llega a la pequeña sala el manager del maestro Facundo, quien saluda de mano a todos y dice: “Ya le aviso a Facundo”.

IV

El profesor Moncayo lleva puesta una chaqueta de explorador de color café, pantalones beige y zapatos tenis. Lo acompaña, además de las cadenas, un bastón de mando tipo indígena con algunas cintas. Yury Tatiana viste de beige, con una mochila de las kankuamas. Bromea con el abogado Julio Romero, vestido de paño negro y corbata roja, mientras hablan de un té de coca que le han traído al maestro Cabral. En la mesa de la sala hay un florero con rosas rosadas.

-          “Hoy ha sido un día muy fructífero”, dice el profe
-          “Llevamos apenas mediodía y ya tres embajadas”, dice Adriana
-          “Cuatro embajadas”, corrige el amigo fotógrafo, “con ésta”.
-          “¿Cuál ha sido la más receptiva de todas?”, pregunto.
-          “Venezuela”, responde el profe
-          “Pero eso no lo montes en YouTube”, dice sonriendo Yury Tatiana.
-          … “porque la temática con ellos da un poquito más de amplitud, en el sentido de que ya se venía trabajando un proyecto. Y hablar en sí del proyecto con el Embajador es muy diferente a hablar con un secretario o secretaria.”, aclara el profe.

Se sienten unos pasos. Todos volteamos a mirar a la puerta. Llega el encargado de la sala, seguido por el manager y por el Maestro.

V

Viste de jean, camiseta azul turquí, chaqueta de cuero café y sus reconocidas gafas redondas, color rojo oscuro. Su barba y pelo visten de blanco.

-          “¿Qué tal, viejo?”, saluda él.
-          “Buenas tardes, Maestro”, respondo.
-          “¿Dónde están?”, pregunta él, con problemas de ceguera.
-          “Hola, ¿cómo está?”, saluda Yury
-          “¿Qué tal?”, dice estrechando la mano del profe que sonríe encantado y no sabe qué decirle. “¿Tú estabas en el hotel?”, pregunta.
-          “No, no estábamos”, articula el profe. “Estábamos en las embajadas”
-          “¿Dónde se encontraron en Argentina”, ayuda el manager
-          “En el hotel, sí”, dicen el profe y su hija
-          “Tú vivías en el hotel donde yo vivo”, afirma Facundo
-          “Sí, ahí fuimos a visitarlo”, dice Yury. Él estrecha su mano.
-          “Si, me acuerdo. ¿Qué pasó? ¿No apareció el muchacho?”, pregunta
-          “No, todavía no”, responde el profe y lo invita a sentarse.

Él se apoya en su bastón color miel, da unos pasos y se sienta. El profe le pregunta si se conoce con el resto de la comitiva que lo acompaña. Saluda al abogado, luego dice “A ella sí” y saluda a Adriana. Me presento, estrecho su mano, luego el amigo fotógrafo. Se ayuda con el bastón, acomoda su chaqueta y se sienta.

-          “¿Y cómo le ha ido en el viaje?”, pregunta el profe.
-          “Bien, ya es el último viaje”, responde él. “Ya me retiro. Estoy muy afectado de salud. Los médicos no son muy optimistas.”
-          “Esto es buenísimo”, dice el Profe tomando la bolsa con el té de coca.
-          “No, pero ya no tomo nada”, lo interrumpe el Maestro. “Te agradezco, sabés por qué. Porque se siente con mucha claridad cuando se termina esto. Y yo estoy muy preparado para eso. Ya no tomo nada”, afirma con certeza.
-          “Es un producto colombiano”, insiste el Profe
-          “Te agradezco, pero no”, dice él.



VI

-          Té de coca
-          ¿Qué?
-          Té de coca se llama
-          ¿Para qué es?
-          Esto tiene muchos usos, por ejemplo para el soroche o mal de altura.
-          ¿Sabes que ahora me afecta en la vejez? Siempre que vengo tengo mucho mareo y sensación de que voy a empezar a tener fiebre
-          Eso es soroche
-          ¿Y con esto se va?
-         
-          ¿Esto es indígena?
-         
-          Una vez me trajo una señora algo que tomaba y me sacó eso. Tengo una sensación de fiebre acá en Bogotá, en Quito, en La Paz -que es altísimo-, en la Ciudad de México y en Toluca… yo pensaba que era otra cosa, gracias.
-          Y estas son galletas de coca.
-          ¿Galletas de coca?
-          Sí. Es un producto netamente indígena.
-          ¿Y esto cómo lo tomás?
-          En infusión, como el té.
-          ¿Es una bolsita?
-          Sí.
-          Gracias, yo pensaba que era un remedio.
-          Estos son obsequios para usted.
-          Gracias, eh. Muy amable.

VII

-          “Muchos recuerdos de mi esposa, de María Estela”, dice el profe.
-          “¿No es ella?”, dice él señalando a Adriana.
-          “No”, dice el profe. Todos reímos por la confusión. “Mi esposa vive en Sandoná. ¿Recuerda que usted le dio una serenata por celular?”
-          “Sí”, responde.
-          “Usted le cantó esa vez ‘No soy de aquí, ni soy de allá’”, recuerda el profe
-          “Ah sí”, recuerda él.
-          “Que muchos recuerdos…”
-          “Sí. ¿Cuánto lleva lo de tu hijo?”, pregunta preocupado.
-          “Ya once años y cinco meses, los cumple mañana”, responde el profe mientras se saca un celular del bolsillo de la chaqueta.
-          “¡Qué bárbaro!”, dice angustiado. “Es de las cosas que te dejan sin ningún tipo de comentario. Es tan terrible apropiarse…”, afirma con su mano izquierda sobre el mango del bastón.
-          “Mañana es una fecha muy significativa, porque nosotros cumplimos 31 años de casados”, dice el profe esperando que su esposa le conteste al celular. “Estelita, te voy a pasar a un amigo mío”, afirma.
-          “Cuando nosotros recordamos”, dice el Maestro al celular, “es cuando realmente estamos con el otro. Porque por ejemplo, mi hija y mi mujer murieron en el 78 y siguen estando. Están más presente conmigo que la gente que tengo alrededor en los aviones…eh”
-          “María Estela”, dice el profe
-          “No sé por qué le digo esto, señora, pero creo que es así. Porque claro lo mío fue más… bueno, fue una muerte natural, un accidente. Yo sé que lo suyo es más incomprensible, pero…”, hace una pausa, escuchando a la esposa del profe. “Y más para usted, para la madre. Nosotros nunca vamos a sentir tanto como siente una madre… Sí. Yo cuando me encuentro con la madre de mi mujer, ella habla de la hija como si estuviera presente y del 78 acá pasaron… 31 años. Y para mi es igual, yo le sigo escribiendo canciones. Yo le sigo escribiendo canciones. El amor es eterno, nosotros dejamos de ver, no de sentir. Yo no lo veo a Jesús, lo siento permanentemente en cualquier acto. Yo no lo veo a Dios y lo siento en todas las cosas que están alrededor…”. El profe sonríe, complacido, mientras echa azúcar en el café que ha traído una empleada del hotel. “Los ojos son sólo para ver, el sentimiento es Vida”, continúa el Maestro. “Los ojos están de paso, porque son un hecho físico. Y el sentimiento es eterno, porque no tiene forma física…”, hace una pausa. “Bueno, le mando un abrazo, señora… Gracias”, le pasa el celular al profe. Voltea a preguntar: “¿Y usté a qué se dedica?”
-          “Yo soy abogado y soy músico”, dice el señor Julio Romero. “Hago música colombiana, folclórica”
-          “Somos músicos, después hablamos”, dice él como si nadie lo supiera.
-          “A mi si me pusieron a estudiar Derecho, no me dejaron ser sólo músico”, reprocha el abogado
-          “Hacer Música es una manera de orar”, dice el Maestro. “La Música me lleva fácilmente a Dios, me pone en otro estado, me hace mejor persona.”
-          “Por eso Juan XXII dijo que por todo el mundo hay que rezar, pero por los músicos había que orar”, entona el abogado.
-          “¿Quién dijo eso”, pregunta él
-          “Juan XXIII”, precisa el abogado.
-          “Tagore decía que cuando el hombre trabaja, Dios lo respeta, pero cuando el hombre canta, Dios lo ama. En la India dicen que una canción vale por dos oraciones… Sí, yo canto esta noche en el Teatro y es una vibración que se siente en todo el esqueleto y en toda la gente.”

VIII

-          Mañana se cumplen once años y cinco meses del secuestro de Pablo Emilio y 31 años del matrimonio con mi esposa.
-          Es decir que fue el mismo día.
-          No, por fecha, fue también un 21. El 21 es un número muy significativo para nosotros. El 21 de diciembre de 1997 secuestraron a Pablo Emilio y el 21 de mayo de 1978, la pareja conformada por Gustavo Moncayo Rincón y María Estela Cabrera celebró las nupcias. Nos casamos un día sábado.
-          Pero no tienen ningún dato de dónde está.
-          No. Se sabe que las Farc liberan a Pablo Emilio unilateralmente.
-          ¿Cómo?
-          Lo van a liberar unilateralmente.
-          ¿Cómo unilateralmente?
-          Pues la guerrilla dice que va a liberar a Pablo Emilio, pero si estamos presentes la senadora Piedad Córdoba y yo. Y el gobierno dice que sólo autoriza que estén presentes la Cruz Roja Internacional y la Iglesia.
-          Es increíble además que imponen condiciones. Eso es increíble.
-          “Por una parte se imponen condiciones y por otra parte hay una negligencia total”, interviene el abogado.
-          Es muy difícil la liberación por cuanto el gobierno da la orden de rescate militar. Entonces todo el Ejército está avanzando, están bombardeando. Van por tierra, van por agua y van por aire. Entonces, al sacar a Pablo Emilio no lo pueden entregar en cualquier población. Y la guerrilla, para curarse en salud, dice que lo van a entregar a una comisión integrada por la senadora Piedad Córdoba y por mi, eso es lo que están pidiendo ellos. El gobierno dice que no acepta que vayan ellos, que vaya únicamente Cruz Roja Internacional y la Iglesia.
-          ¿Su hijo es militar?
-          Sí, él es militar. En ese problema estamos en el momento. Interpusimos una acción de tutela por la violación del Derecho a la Vida y la Igualdad.
-          Si, pero si quisieran soltarlo, ya lo habrían hecho. Están dando muchas vueltas, es la verdad. No tendrían por qué poner tantas condiciones.
-          Pero es muy difícil.
-          Bueno, les deseo lo mejor. Que lo liberen pronto a su hijo. Encantado de verlos. Los espero esta noche en el concierto.
-          Muchas gracias, Maestro.
-          Gracias a ustedes.

IX

Esa noche, entre el auditorio repleto, estaban el padre y una de las hermanas de Pablo Emilio. Deseando que él estuviera presente escuchando al Maestro Facundo Cabral. Él, como acostumbraba, con sus inseparables cadenas. Ella, emocionada de escuchar al cantautor. Ambos celebraron sus canciones, sus divertidos y sabios comentarios entre un tema y otro. Fue el último recital que el maestro argentino ofreció en Bogotá. Al final del concierto, fueron nuevamente a saludarle y agradecerle por su conversación del mediodía.

X

Exactamente diez meses y diez días después, fue liberado Pablo Emilio en medio del júbilo nacional. Pero esa historia, ya se conoce.

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