mayo 07, 2011

Juan Gabriel Vásquez, el estudiante

Portada del archivo académico del autor en la Universidad del Rosario

El primero de enero de ese año, 1973, en medio de la resaca producida por la Noche Vieja, vino al mundo el primogénito de la familia Vásquez Velandia. Alfredo y Fanny, ambos abogados rosaristas, estaban radiantes. El mundo parecía recién inaugurado.

Luis Enrique, un buen amigo de ellos, compañero de la universidad, se acercó a la joven criatura con una botella de cognac y una carta en la que le explicaba al recién nacido la procedencia y virtudes de ese buen cognac, pero le advertía que debía esperar hasta la mayoría de edad para probarlo. Le hizo la entrega del regalo al emocionado padre primerizo.

Con el paso de los años, aquel niño se convirtió en Juan Gabriel Vásquez, el reputado Premio Alfaguara de Novela 2011. Su padre, Alfredo Vásquez Villarreal, en un prestigioso abogado en materia de Propiedad Intelectual. Y el amigo Luis Enrique Nieto Arango, en el Secretario General de la Universidad del Rosario.


Luis Enrique Nieto Arango

“Escribo cuentos desde los ocho años, he sido un buen lector, pero no consideraba siquiera que eso pudiera ser la obsesión que fue después”*. Hizo sus estudios en el Colegio Anglo Colombiano de Bogotá, donde se destacó por se el líder de su curso. Al finalizar la secundaria, no le fue muy difícil tomar la decisión de estudiar Derecho: “El Derecho había estado en mi familia siempre: mis padres, un tío… Parecía un destino natural”.

Ese tío es José María “Chepe” Villarreal, Gobernador de Boyacá en los convulsos tiempos del 9 de abril, quien fue un connotado abogado. “En nuestra época de estudiantes, teníamos muchos enfrentamientos con Chepe Villarreal, porque era en extremo conservador. Él nos enseñaba Introducción al Derecho. Con el tiempo, Alfredo ocupó esa cátedra, pero no alcanzó a ser profesor de Juan Gabriel, porque el día en que este se matriculó, aquel renunció por una razón: no quería que su hijo dijera lo mismo que él decía de su tío Chepe: “Muy godo”.

De esa época, de ese familiar destino de abogado procede el famoso “cuento de los espeleólogos” del cual hace mención al comienzo de su recién premiada novela “El ruido de las cosas al caer”: “A mis alumnos les hablaba de los espeleólogos que se quedan atrapados en una cueva, y al cabo de varios días comienzan a comerse entre sí para sobrevivir: ¿les asiste o no el Derecho? Les hablaba del viejo Shylock, de la libra de carne que le iban a quitar, de la astuta Portia que se las arregló para impedirlo con un tecnicismo de leguleyo: me divertía viéndolos manotear y vociferar y perderse en argumentos ridículos en su intento por encontrar, en la maraña de la anécdota, las ideas de Ley y de Justicia”** El narrador de la novela pareciera ser su tío José María Villarreal, su propio padre, o quizás él mismo. Si hubiera seguido la saga familiar, le habría correspondido la cátedra de “Introducción al Derecho”. Pero se hizo escritor y torció el destino. Su más reciente novela es, quizá, el pago de esa deuda que tenía con la familia. La portada del libro es un homenaje al billar que tenían en casa. “Alfredo y yo jugamos de vez en cuando”, dice Luis Enrique.

Portada de la novela ganadora del Premio Alfaguara 2011 (Cortesía)


Su época de estudiante en la Universidad del Rosario fue el período en el que se incubó, se gestó, el escritor. Ese Claustro histórico, fundado en 1653, ha visto pasar por sus aulas la historia colonial y republicana de Colombia. Está rodeado por placas y tributos, entre los que se destacan a Rafael Pombo, “príncipe de la poesía colombiana”, a Darío Echandía, “catedrático patrono”, y a “el sabio” Francisco José de Caldas. El sistema para elegir al Rector del Alma Máter es muy particular. Cada cuatro años es elegido por los Colegiales de Número - los estudiantes más destacados, quienes reciben beca completa-. Es una democracia muy particular. Juan Gabriel no alcanzó a ser Colegial por sus regulares méritos académicos, pero publicó a escondidas - con otros compañeros - un periódico llamado “El Zancudo”, en el que criticaba el centenario sistema. La cosa no pasó a mayores, a pesar de que las directivas supieron de su autoría.

Lo cuenta Luis Enrique, de manera graciosa: “En algún momento le dije a Alfredo: “Ya sé para qué sirven los conservadores”. Él me preguntó: “¿Para qué?”. “Para tener hijos liberales”, le respondí. Juan Gabriel era muy crítico, eso es de la estirpe rosarista. Aquí hay mucha pluralidad. Así ha sido siempre, incluso en las épocas de la Regeneración”, concluye.

Por otra parte, Germán Villegas González, ahora Director de la Oficina Jurídica de la Universidad, recuerda a su compañero de curso. “Juan Gabriel estudió Derecho un poco a regañadientes, por presión de la familia. No estudiaba mucho, pero le iba bien. Recuerdo que estudiaba Literatura en la Javeriana al tiempo. En aquel entonces leía mucho a Cortázar e iba mucho a la Casa de Poesía Silva. En el grupo había una discusión entre los seguidores de Borges y los de Cortázar, él lideraba el grupo de “Cortazarianos. Hablaba de Cortázar todo el tiempo. Le gustaba su juego con el lector, su estilo. Decía que Borges era muy culto, pero inaccesible. Recuerdo que le iba bien con las mujeres. Tuvo novias muy lindas. Era muy tranquilo, dedicado a la lectura. En ese entonces ya escribía cuentos”.

Germán Villegas González


“Me gustaron mucho las primeras clases, básicamente porque su contenido era muy humanista: Introducción al Derecho, Ideas Políticas, e incluso Derecho Civil, todos tenían un sabor filosófico que me gustaba. Después todo empezó a parecerme una carga, no tanto por culpa de las clases (que también), sino porque había escrito un libro de cuentos y me había dado cuenta de que eso era lo único que me interesaba hacer en la vida”*

En la foto que reposa en el Archivo Histórico de la Universidad, Juan Gabriel tiene puesto un buzo negro, las manos una frente a la otra, reloj de manilla negra. Ingresó en el segundo período de 1990. Su nota más baja del primer año fue Derecho Romano: 3.1 y la más alta, Ética: 4.6. Promedio del Primer Año: 3.59. En el segundo año (1991-1992) la nota más baja fue: Teoría General del Proceso: 3.1 y la más alta, Derecho Penal Especial: 4.2. No cursó Derecho Civil (Bienes). Promedio del Segundo Año: 3.63. En Tercer año (1992-1993) la nota más baja fue Derecho Civil (Bienes): 3.1 y la más alta, Derecho Laboral Colectivo: 4.2. Promedio del Tercer Año: 3.58. En el  Cuarto Año (1993-1994) la nota más baja fue Derecho Comercial (Sociedades): 3.2 y la más alta, Criminología: 4.9. Promedio del Cuarto Año: 3.89. Fue su mejor año y Criminología su nota más alta de toda la carrera. El Promedio Acumulado de los cuatro años: 3.67. Lo que nos indica que fue un estudiante promedio. Sin embargo, su tesis fue destacada.

El Acta de Grado está fechada el 13 de junio de 1996. Hora 12.30pm. El Diploma es el número 1603, registrado bajo el número 845. La Tesis “La venganza como prototipo legal alrededor de la Ilíada” fue dirigida por el doctor Francisco José Herrera y calificada por la doctora Camila de Gamboa y el doctor Mauricio Plazas Vega, quienes consideraron la distinción de MERITORIA. El señor Decano, Marco Gerardo Monroy Cabra pronunció unas palabras de felicitación al graduando por la forma tan brillante como culminó sus estudios. A las 12.45 se dio por terminada la sesión. Firmada el 18 de junio de 1996. Anotada en el Libro de Actas Número 10 de la Facultad de Jurisprudencia. El Rector era Mario Suárez Melo y el Vice-rector Hans-Peter Knudsen, actual rector desde noviembre de 2002.

Por su parte, la Colegial de número, Juanita del Castillo Cabrales, lo recuerda así: “Éramos muy buenos amigos. Siempre tuvo muy clara su vocación literaria. Siempre fue muy buen estudiante, muy responsable, aunque siempre tuvo clarísimo que iba a ser escritor. Sabía que abogado no iba a ser. Muchas veces estudiamos juntos. Nos entendíamos bastante bien. Tenía una casa muy chévere en Chía en la que había un billar. Era delicioso ir allá. Juan Gabriel Vásquez, María Fernanda Castellanos y yo, fuimos muy buenos amigos los tres. Hasta Tercer Año. Él nos contaba las historias de sus cuentos. Recuerdo que nos compartía su fascinación por Moby Dick, mientras nosotras le enseñábamos Derecho Romano. Nunca más nos vimos. O quizá sí, en Barcelona, no recuerdo bien. Pero lo recuerdo como si lo hubiera visto ayer, igual de buen mozo, igual de cariñoso, igual de caballero. Una excelente persona, buen ser humano, buen amigo. Sólo he leído dos ensayos de él. Me los mandó antes de publicarlos. Me emocioné mucho con la noticia del Premio Alfaguara, me encanta que lo haya obtenido. Conozco desde niña a Mariana Montoya, su esposa, porque casualmente las dos estudiamos en el Colegio Las Benedictinas. Ellos se conocieron en la Javeriana”

Juan Gabriel Vásquez, foto de Nina Subin (Cortesía de Alfaguara)


“Hace dos meses se me ocurrió desempolvar la tesis de Juan Gabriel. Me comuniqué con él para pedirle autorización. El me dijo que había que hablar con su agente, que por él no había problema. Hablamos con la agente y ella autorizó, pero si era un tiraje mínimo de 2000 ejemplares. Nosotros le pedimos que nos dejara publicar 500. Ella accedió, pero ahora con lo del Premio Alfaguara, vamos a publicar los 2000. Lo lanzaremos durante la Feria Internacional del Libro de Bogotá.” Lo cuenta Luis Enrique, autor de la carta que recibió Juan Gabriel el día de su nacimiento. Su padre hizo caso omiso a aquella misiva y se tomó la botella tan pronto sus obligaciones se lo permitieron.  Juan Gabriel, 38 años después todavía no lo perdona. Y le sigue reclamando la botella de cognac.


* Todas las citas de Juan Gabriel Vásquez son tomadas del libro “La profesión va por dentro” de Pedro Javier López, editado por la Universidad del Rosario.
** Tomado del fragmento inicial de “El ruido de las cosas al caer”. Editorial Alfaguara. 2011.

1 comentario:

Antony Sampayo dijo...

Un gran premio, que orgullo que lo ganara un compatriota.

Abrazo a ambos.