mayo 31, 2011

CULO en vez de COLA

Foto de Édgar Garcés (www.photogarces.com)

No sé por qué, para ciertas personas, la palabra CULO es ofensiva o vulgar si es una palabra castiza, es decir, pura y sin mezcla de voces ni giros extraños. La palabra es usada comúnmente no sólo en casi toda España, sino en la región Caribe de Colombia. A diferencia, en la región andina de nuestro país, se usa la palabra COLA. Veamos qué nos dice al respecto el Diccionario de la Real Academia Española:

La palabra CULO viene del latín “culus”. Es un sustantivo masculino y tiene varios significados: 1. Conjunto de las dos nalgas. 2. En algunos animales, zona carnosa que rodea el ano. 3. ano. 4. Extremidad inferior o posterior de algunas cosas: Culo del pepino, del vaso. 5. En el juego de la taba, parte más plana, opuesta a la carne. 6. Coloquialmente: Escasa porción de líquido que queda en el fondo de un vaso.

En cambio, la palabra COLA proviene del latín vulgar  “coda” y esta del latín “cauda”. Es un sustantivo femenino y tiene muchos más significados que CULO: 1. Extremidad posterior del cuerpo y de la columna vertebral de algunos animales.2. Conjunto de cerdas que tienen ciertos animales en esta parte del cuerpo. 3. Conjunto de plumas fuertes y más o menos largas que tienen las aves en la rabadilla.4. Cola de caballo (clase de peinado). 5. Porción que en algunas ropas talares se prolonga por la parte posterior y se lleva comúnmente arrastrando. 6. Extremidad del paño, que por lo común remata en tres o cuatro orillos, y es la contrapuesta a la punta en que está la muestra. 7. Punta o extremidad posterior de alguna cosa, por oposición a cabeza o principio. 8. Apéndice luminoso que suelen tener los cometas. 9. Apéndice prolongado que se une a algo. 10. Hilera de personas que esperan vez. 11. En Arquitectura: entrega (del sillar). 12. En la Milicia: Parte posterior de una explanada, trinchera o cualquier obra de fortificación. 13. gola (entrada al baluarte). 14. En la Música: Detención en la última sílaba de lo que se canta. 15. Coloquial y Eufemísticamente en Argentina, Colombia y Uruguay: trasero (nalgas). 16. En El Salvador: Persona que anda siguiendo o acompañando a otras personas. 17. En desuso: Entre los antiguos estudiantes, voz de oprobio, en contraposición de la de aclamación o vítor. 18. Hombre que está en último lugar en una competición o juego.

Por otra parte, COLA también viene del latín “colla” y este del gr. “κόλλα”. Sustantivo femenino. 1. Pasta fuerte, translúcida y pegajosa, que se hace generalmente cociendo raeduras y retazos de pieles, y que, disuelta después en agua caliente, sirve para pegar. Y una última acepción de COLA viene del mandinga “k’ola”. Sustantivo femenino: 1. En Botánica: Semilla de un árbol ecuatorial, de la familia de las Esterculiáceas, que por contener teína y teobromina se utiliza en medicina como excitante de las funciones digestivas y nerviosas. 2Sustancia estimulante extraída de esta semilla. 3. Bebida refrescante que contiene esta sustancia.

Lo que nos lleva a concluir que usar la palabra CULO es de gente distinguida y usar la palabra COLA es asunto de "ciertos animales", de eufemistas o de gente a la que le gusta estar "en el último lugar". No lo digo yo, lo dice el Diccionario.

Por Juan Carlos Ensuncho-Bárcena 

mayo 21, 2011

Un director y dos actores



“Karen llora en un bus” es una película que retrata muy bien a la clase media latinoamericana. En eso está su potencia. Como cineasta, Gabriel Rojas Vera no quiere ser nada más que él mismo, no quiere impostar nada, no le interesa “falsear” una realidad. Es una película honesta, hecha por alguien que sabe de lo que está hablando. Y eso lo agradece uno como espectador.



Gabriel Rojas Vera, director de “Karen llora en un bus”

Mi familia está compuesta por mi mamá, tres hermanos y mi papá que murió. Éramos más bien un patriarcado. Tal vez el haber crecido sin mujeres le genera a uno mayor curiosidad el género femenino. Estudié en un colegio religioso, de hombres, por eso me interesa tanto ahondar en ellas. Buscar la realidad de ellas, saber lo que piensan. Es una especie de obsesión por conocerlas.

El llanto verdadero

Ver a una chica llorando durante el mismo día tres veces en tres buses distintos me hizo pensar: “Me están persiguiendo mujeres que lloran”. Al tiempo, una amiga me contó que ella había llorado en un bus y que estaba una persona al lado que le preguntaba y que ella estaba dolida porque había terminado una relación con su novio. Digamos que de ahí proviene la película. De ese día que vi llorar a tres mujeres y del cuento de mi amiga. Me di cuenta de que todas las mujeres han llorado en un bus. Y es entendible porque con los trayectos en Bogotá larguísimos hay tiempo hasta para llorar.

Foto con dedicatoria

Soy casado y tengo una hija hermosísima que está pronta a cumplir sus tres añitos. Y le dedico la película. Lo de la foto de los dos que aparece en la pantalla, no fue planeado. Yo necesitaba una foto del papá y de Karen cuando era niña. Me mostraron una foto de Ángela con el papá y una señora que no es la mamá, el director de arte me dijo que no había conseguido más. Justo en el momento hago click y me acuerdo de una foto que tengo en Internet y la imprimimos. Y pensé que era muy lindo que saliera mi hija dentro de la película porque ella estaba en México, o sea que no podía salir ni de extra. Pero ahí no acabó todo. Cuando Ángela vio la foto de mi hija dijo: “Se la mostré a mi mamá y pensó que era yo. Es igualita a mí cuando era bebé. ¡Qué casualidad!

Un director en bus... ca de sí mismo

Sigo moviéndome en Transmilenio. Gracias a no tener carro existe la película. Porque si hubiera tenido carro jamás hubiera visto a una mujer llorar en un bus. Mucha gente cree que un director de cine está nadando en dinero, con todas las noticias que recibe: que la película fue a Berlín y otros festivales. Tuve que apretar el cinturón, escribir el guión y dedicarle mucho tiempo. Y trabajar, aparte, en lo que fuera para poder comer y seguir escribiendo y terminarlo. Ha sido una lucha de muchos sacrificios. Ha habido momentos en los que me han dado ganas de tirarlo a la borda, porque la gente ve la película terminada, ve el proceso posterior y cree que todo fue fácil.

El proceso

Desde 2005 empecé a escribir el guión, en 2010 se rodó y hasta ahora se está exhibiendo. No es un proyecto que nació de la noche a la mañana, no estuvo exento de dificultades. Pero creo que entre más duro, más agradecido es uno cuando la ve terminada y bien recibida por el público, por los festivales y ojalá en las salas comerciales sea recibida tan bien. Eso es lo que uno agradece. Ojalá haya una retribución económica porque tenemos que comer.

El cine como terapia

Cuando comencé a escribir “Karen” no me planteé qué película podría dar taquilla en Colombia. No fue con esa intención que me senté. Las preguntas fueron: ¿qué es lo que yo tengo necesidad de expresar? Y ¿qué es lo que quiero explorar? Me di cuenta de que quiero explorar a la mujer, quiero explorar un cine cotidiano, un cine de sucesos pequeños, de personajes comunes y corrientes que pueden ser el vecino, la vecina o uno mismo. Y digamos que escribí lo que se me dio la gana. No sabía a dónde iba a llegar. Recuerdo que me dije: “si en el intento me muero de hambre, bien merecido porque me equivoqué”. Y sino, pues, agradecido por haber dado la lucha. En este momento estoy muy agradecido por haber tomado esta decisión tan fuerte y tan valiente. Estoy dándome palmaditas en la espalda a mi mismo. Y, la película si tiene obviamente la necesidad de expresar lo que uno necesita. La película es eso. Expulsar algunos demonios.

Yo soy Karen

Karen vive dentro de mí. Hay cosas mías que están en ella, indudablemente. Miedos. Incluso, a pesar de ser una película sobre una mujer, pienso que los hombres pueden identificarse también, porque uno a veces está atado a muchas cosas: a una relación, al dinero, a un trabajo y necesita romper con algo con valentía para poder encontrarse a uno mismo. Eso les puede pasar tanto a un hombre como a una mujer. Hay cosas mías en Karen, así como cosas de mujeres que me han contado episodios de sus vidas. Mujeres: no me cuenten sus anécdotas porque en la próxima película pueden salir.

Un sueño hecho realidad

Las expectativas están superadas. Mi sueño era verla en una sala de cine algún día en mi vida. Ver una película mía en pantalla gigante. Con el Festival de Berlín ya se cumplieron todas mis expectativas, lo que viene en adelante todo es ganancia. En cuanto a lo que viene, lo que sea bueno, bienvenido. Me imagino que no todas las críticas serán favorables, pero serán bienvenidas. Espero que ojalá la vean la mayoría de personas posibles. Que le llegue a una gran parte de público, a pesar que no contamos con los grandes medios. Que el “voz a voz” nos ayude. Y que la prensa alternativa nos ayude. Y que los afiches y los plegables aporten a las ganas de verla. Uno agradece que vayan a verlo. Esa es mi principal expectativa.

Lo que viene…

“Cristina” fue mi tesis de grado. Realizada en el 2005, formato mini DV, con presupuesto de estudiante: costó un millón de pesos, con equipos de la Universidad Nacional. Fue realizada por estudiantes. En ese momento no me había graduado, por lo que tuve muchos errores. Pero la historia, en esencia, es muy interesante. Hace poco un compañero de la Universidad me dijo: “¿Oiga y por qué no la desentierra y la vuelve a hacer? Con más experiencia, con el recorrido que tiene”. Y yo dije: “¿Por qué no?”. En este momento estoy planteándome la posibilidad de retomar a “Cristina” que es una adolescente. Y, por otro lado, estoy trabajando en un proyecto de largometraje que se llama “La silla azul”. Estoy en la primera versión del guión.




María Angélika Sánchez, “Patricia”

Yo soy artista plástica, pero hice teatro toda la vida. Siempre tuve la inquietud y en algún momento pensé en estudiar escénicas, pero realmente pensé en estudiar una carrera que me sustentara porque esto es muy inestable. Entonces decidí darme la oportunidad sin alejarme mucho, porque igual en las artes plásticas está implícito el aspecto creativo también. Seguí haciendo teatro, estudié plásticas, empecé a estudiar música y no terminé. Porque necesitaba trabajar, trabajé como un año largo en plásticas pero me di cuenta que no podía hacer eso toda la vida. Me eché al agua y renuncié a mi trabajo. Estaba trabajando como diagramadora de prensa y trabajé en una agencia como diseñadora, era un trabajo relajado y rico, pero me estaba matando la rutina. Con mi liquidación comencé a estudiar con el maestro Alfonso Ortiz, quien me enseñó tanto actoral como personalmente. Me aterrizó.

Cómo llegué a la película

Por una solicitud de Facebook. Presenté el casting y Gabriel me dijo, “ya”. Sentí como que no me pusieron mucha atención. Salí como desinflada, pero me llamaron para un segundo casting, pero no me dieron la razón en casa. A la semana llamé y me dijeron que estaban haciendo el último casting. Cuando llegué, se sorprendieron porque ya habían escogido a “Patricia”; pero me hicieron el casting, me puso a hacer la escena y Gabriel se dio cuenta que era yo la actriz. Me pusieron a hacer una escena tras otra. Y bueno, lo que es de uno es de uno. Ya la habían escogido, pero le dijeron a la otra niña que no. Luego me llamaron y fue una emoción muy grande. Y, aparte de la felicidad, es una responsabilidad muy grande porque no puedo fallarles, tenía que estar a la altura.

Cómo llegué a Patricia

Todos tenemos a una Patricia adentro. Porque uno a veces piensa cosas y no las dice porque “va a sonar feo”. Y esa franqueza de Patricia, a pesar de que por momentos es muy tosca con sus pensamientos, con lo que ella hace; se nota que es una mujer que no ha estudiado, que ha estado en un ambiente un poco fuerte, tiene la libertad de decir lo que piensa. Yo pensaba en eso. Además yo soy muy franca, igual. Y es una traba porque por mi franqueza hay veces que la gente me dice: “No digas las cosas así”. Entonces era mi oportunidad con Patricia de ser eso, de vestirse como uno quiere. Patricia se pone lo que quiere, como quiere, dice lo que piensa. Y, en medio de esos “errores” está aprendiendo y está buscando ser feliz.

Un asunto capilar

Yo soy súper crespa. Y sé que eso ayudó mucho a Patricia. Ese estilo de cabello, esa frescura, le dio un toque al personaje. De hecho en todas las cosas que he hecho me dicen “La Mencha”, me dicen “Gaviota”, ese es como el sobrenombre que he tenido. Pero a veces, para mostrar que tengo otro perfil, me lo aliso, porque hay gente que no me reconoce. Yo soy de cabello castaño claro, pero me hago unas iluminaciones para verme más rubia. Y siempre que me lo retocan, me cepillan. Me gusta el contraste, porque sólo el cabello rizado me hace ver como Patricia. Lisa me veo más neutra.

Mis sueños

Tengo sueños de casarme y tener hijos, pero hasta ahora soy soltera. Estoy esperando a que se estabilice mi carrera y ahí si pensar en eso. Actuar es mi sueño hecho realidad. He tenido la oportunidad de darme cuenta de que es algo en lo que puedo crecer, que tengo de dónde sacar muchísimas más cosas, que no fue un capricho. No dije “me gusta la actuación” y ya. Me siento muy cómoda haciéndolo, me gustan los resultados que he tenido, es mi profesión completa. Sigo haciendo cositas con la música, con el diseño, pero la actuación es parte esencial de mi vida.

El afiche

Me gusta. Me gusta el rojo. Me parece súper impactante. Es un color muy pasional y muy femenino, entonces creo que tiene implícitas muchas cosas de la película, que es muy femenina. En “Karen llora en un bus” las que sostienen el peso en la historia son las mujeres. Me gusta el diseño. Claro que me gustaría que estuviera mi nombre más grande. ¡No, mentiras! Jajaja.

Amigas

No conozco a nadie así. Sí sería amiga de Patricia, por la franqueza, pero chocaría mucho con ella por el manejo de sus relaciones. En eso sí que soy muy diferente. Yo he sido desde muy pequeña muy seria con eso. Siempre he tenido novio muy fijo. Me cuadré desde los 13 y duré 6 años. Luego duré 5. Después 6 más. Siempre he sido muy seria. Nunca he sido de “salir” con nadie. Jamás acepto una invitación porque se siente uno comprometido. Y tengo ese pensamiento: que los hombres te ofrecen algo para ver hasta dónde llegan. Con eso soy súper cansona, entonces pelearía mucho con Patricia. Nunca he sido de “sonríele para ver qué te da”. Ese pensamiento no.

De Karen también sería amiga, pero a mi estilo. Y, como Patricia, puyaría a Karen para darle vida, porque ella es muy sumisa y muy calmada. Entonces también la llevaría a rumbear, le cambiaría el ‘look’, le compraría ropa. Sería como de ese estilo con Karen, que es una muy linda persona. Sería amiga de ambas, a pesar de que son muy diferentes, porque se vuelven muy amigas. Y me gusta cómo se ve eso en la película.

Casi un beso

Hay que dejarle al espectador una luz de que Patricia es tan arriesgada que quiere probar todo y que puede estar confundiendo los sentimientos. Patricia es de la teoría “probemos de todo” y en un momento siente esa cercanía con Karen y está tan falta de cariño y siente ese amor real con Karen que hay un momento en el que quiere como acercarse… pero la pared de Karen hace que Patricia se de cuenta de que está equivocada, de que son sólo amigas. Pero en la cabeza de Patricia todo puede pasar, ella no tiene pelos en la lengua. Entonces se dejó eso abierto. No sabía que había sido evidente, pensé que no se notaba. Patricia siente que el amor se lo está brindando Karen y sea amor de hombre o de mujer es amor finalmente.


Juan Manuel Díaz, “Eduardo”

Cómo llegué a Karen

Vi la convocatoria para el casting por Facebook. Así como Karen nace por la falta de automóvil en la vida del director, gracias a la falta de manager, acudía a todas las convocatorias que había en Internet. Y este proyecto me pareció interesante y fui. Estaba en una pinta rarísima, con barba, presenté el casting y no pasó nada. Al mes y medio me llamaron a un segundo casting. Yo estaba sin barba. Llegué al casting y me dice Gabriel:

-       ¿Y tú barba?
-       No, hermano, me la acabo de quitar. Me disfracé para el casting, para ponerme “guapito”.
-       No, no me sirve. Porque tú estás opcionado para los dos papeles: para el amigo-mocito de Patricia (que hiciste la vez pasada) o para el que vas a hacer hoy, el de Eduardo.

Tuve un casting muy chévere con la directora de casting, ella fue mi sparring en ese momento. Pero nada, dijeron que me llamaban. Eso fue el 12 de diciembre, lo recuerdo porque yo viajaba ese día a Bucaramanga y cancelé el vuelo para ir al casting. Luego me operé de la rodilla en Bucaramanga, yo estaba en cama y Alejandro Prieto (el productor) me llamó a final de año a decirme:

-       Quedaste.
-       Hombre, gracias, pero no.
-       ¿Cómo así?
-       Estoy en muletas, no lo puedo hacer
-       Arrancamos el 14 de enero
-       Yo debo guardar convalecencia de 8 semanas con muletas.
-       Fresco, te esperamos. Tu primer llamado es el 28 de enero.
-       Pues por dos o cuatro días el cuerpo no va a entender.
-       Exacto, contamos contigo.

Colgamos y yo estaba en la cama, con antibióticos y todo. Y le dije a mi esposa: “Tráete dos whiskys ¡esto hay que celebrarlo!”. Y lloré de la felicidad. De verdad, me puse muy feliz. Porque, por cosas de la vida, tuve que venirme a Bogotá a buscar mi futuro como actor. Ella tenía su trabajo en Bucaramanga y se tuvo que quedar. Vivíamos separados. Y siempre que me salían las cosas no tenía con quién compartirlas. Entonces fue un momento muy emotivo. Porque es muy jodido estar mal y estar solo. Pero creo que es mucho más jodido estar feliz y no tener con quién compartir los triunfos. Así que fue algo muy emotivo. Lloré. Me mandaron el guión, me puse a leer, me puse a estudiar.

El resultado

Normalmente nunca me gusta lo que hago. Y esto me gustó. Y me gustó bastante. Siempre le he tenido mucho, mucho cariño a la película. Desde la sinopsis, aún sin conocer el guión. Y me involucré tanto con el proyecto que sigo pensando que “Karen” me da y me dará muchas satisfacciones. El balance es muy positivo. Es muy emocionante.

Cojera real

Mi primer llamado fue para rodar las escenas de la obra de teatro. Llegué con mi par de muletas y Ángela me decía: “Quítate esas muletas que te hacen ver como un inválido, usa tu bastón”. Yo me llevé el bastón de madera como opción, como propuesta. Pero yo me resistía, quería luchar hasta el último minuto. Gabriel me decía:
-       Usa el bastón, hombre
-       No Gabo, es tu película, yo ensayo la caminada, tranquilo
-       Es tu salud, además chévere que el personaje sea cojito

Y bueno, el personaje fue cojito. Y nunca se supo por qué.

Aprender a caminar…

Pasaron cosas muy bonitas en la película. Iba muy asustado el día del ensayo. Gabriel me dijo, antes de hacerme casting, “no te cortes el pelo y no te afeites hasta que te avisemos”. Yo parecía un náufrago, duré así mes y medio, porque a mi me sale mucho pelo. Llegué al primer ensayo con una barba larguísima que se me juntaba con los vellos de mi pecho. Y yo pensaba que la actriz iba a ser una “vieja jarta” o una “diva” que iba a decir “¿me va a tocar darme besos con este barbuchas?” Y escenas de cama, ¡qué horror”. Yo tenía como esa predisposición. Y ya las visto: una mujer maravillosa, hubo muy buen rollo desde el principio. Empezamos a trabajar y, bueno, ya el resultado lo viste. Y esperemos a ver qué pasa. Yo le tengo muchísima Fe. Espero que la gente le de una oportunidad al nuevo cine colombiano. La gente tiene la costumbre de que si hay dos películas colombianas en cartelera, sólo ve una. Ojalá la gente le de la oportunidad a “Karen” de entrar en sus corazones. Es una película muy humana, con una temática diferente, íntima, sencilla, pero que a la vez es muy complejo todo lo que está viviendo Karen. Yo hablo maravillas de la película porque sigo enamorado del proyecto, aún viéndolo terminado.

El amor

Mi esposa está viviendo acá. Como con “Karen”, las cosas han ido encajando. Afortunadamente ya estamos juntos. Ella me apoya en todo. No tiene problemas con mis desplazamientos, con mis viajes, con mis escenas. Ella sabe cuando tengo escenas con contacto físico, le muestro el guión y me ayuda a estudiar.

Lo que viene

Acabo de regresar de Barranquilla, donde estaba haciendo un personaje en la serie del Joe Arroyo. Interpreto a un costeño, me costó un poco de trabajo el acento al principio, pero le agradezco enormemente al Maestro David Sánchez Juliao porque “El Flecha” fue muy referente. Siempre que me dicen “costeño” pongo “El Flecha” porque me encanta. Además, murió en esos días y fue muy fuerte para mí. Cosas raras que pasan en la vida.

Chuzo Desgranado

Me encantó  Barranquilla. Fui en una época estupenda que hace calorcito de día y por la noche es fresquito, hace brisa. Ver todavía casas con antejardín, palmeras, césped. Espero que eso no se pierda. Me gustó su gente, su comida… el jugo de corozo, la sopa de guandul, el jugo de níspero, el chuzo desgranado… ¡qué locura! La primera vez me sirvieron una cosa inmensa y me la bajé toda. Y al día siguiente repetí. en Bogotá me volví asiduo de “Narcobollo” porque tengo que ir a buscar mi carne desmechada, mi arepa e’ huevo, mi bolita de tamarindo y mi jugo de corozo. Necesito mi menú costeño una vez a la semana. Tengo la suerte que me mudé al lado, ya las señoras me conocen… ¡qué rica la costa! 

mayo 14, 2011

¿Quién no ha llorado en un bus?


Después de ser bien recibida en algunos de los festivales de cine más importantes, como el de Berlín (Alemania), hace su arribo a las salas de Colombia el debut cinematográfico de Gabriel Rojas Vera: “Karen llora en un bus” que ya puede verse en Bogotá y pronto iniciará su recorrido por todo el país.

La película nos cuenta un momento crucial en la vida de una mujer de clase media, envuelta en la rutina de un matrimonio sin motivaciones, que decide tomar las riendas de su destino. Su factura es limpia, realista, sin artificios. Su atmósfera es honesta, cruda, pero poética.

“Karen llora en un bus” pertenece a la familia cinematográfica de “Historias mínimas”, de Carlos Sorín (Argentina), “Todo sobre mi Madre” de Pedro Almodóvar (España) y de “Los Puentes del condado de Madison”, de Clint Eastwood (Estados Unidos).

Sorprende de manera grata la honestidad, la tranquilidad y la sencillez de un cineasta como Gabriel Rojas Vera que es capaz de retratar una historia de clase, una historia femenina, para hablarnos del espíritu humano que es capaz de sobreponerse a cualquier adversidad, simplemente con la fe y la decisión de hacerlo. En esto reside la potencia y la gracia de esta película.

Intimista. Realista. Cuestionadora

En un panorama cinematográfico carente de propuestas respetuosas y serias en torno al universo femenino, en el que algunos directores optan por contar historias de mujeres referidas a mundos escatológicos, “Karen llora en un bus” llega para refrescar el horizonte. Hay que felicitarle a Gabriel Rojas Vera su delicada, cuidadosa y eficaz mirada sobre uno de los más importantes retos de la mujer de hoy. La película, sin duda, será un éxito entre las mujeres profesionales, independientes, que se atreven a hacer sus propias vidas. A hacer realidad sus propios sueños, sin importar la cuota de sacrificio. “Karen” es uno de esos personajes entrañables que acompañarán al espectador por décadas. Y cuando esto ocurre en una cinematografía naciente como la nuestra, simplemente hay que celebrarlo.

Para resaltar la gran actuación de Ángela Carrizosa, colombiana residente en San Francisco (California), que tiene la fuerza interpretativa, la sutileza, el rigor de una actriz como Meryl Streep. No es gratuito que “Karen” pueda ser vista como la revancha de “Francesca” en la citada película de Clint Eastwood. Incluso podría decir acá que un norte importante en la carrera de Gabriel Rojas Vera podría ser la cinematografía del guionista, actor y director estadounidense, una de las voces más respetadas del cine independiente norteamericano de las últimas décadas.

En el ámbito de los estrenos recientes del cine nacional, mi apuesta es por “Karen llora en un bus”. Porque dentro de todos hay una Karen llorando por salir.

mayo 09, 2011

Nuevas Voces del Caribe



Esto no es un musical. Mucho menos un concierto. Pero tiene melodía, armonía y ritmo. La invitación es a bailar con las palabras de algunos escritores del Caribe: Uriel Cassiani Pérez, Rodolfo Lara Mendoza, Ciro Luis Otero Pedrozo, Gerardo Ferro Rojas y  Nena Cantillo. Convocados por el autor de este blog.


Mucho se ha hablado y escrito sobre esta región indefinible, inabarcable e inasible del país. Sobre todo después de que cierto escritor provinciano, de Aracataca para más señas, se convirtiera en uno de los más importantes de la Literatura Universal. Pero el Caribe no se agotó. Incontables son los escritores que presenciaron el Premio Nobel de Gabriel García Márquez siendo niños. Y lo leyeron en plena adolescencia, como quien escucha los cuentos del abuelo, sentados en una mecedora.

Estos escritores se hicieron hombres y mujeres en el Siglo XXI, son hijos del televisor y la Internet. Se sienten en igualdad de condiciones con un argentino, una chilena, un español o una mexicana. Suyo es el continente, pero sus versos y relatos pueden nombrar las vidas locales, ahora interconectadas. El país que les tocó en suerte les produce mucha risa. Sobre todo porque sigue inmerso en el indolente y maloliente vicio del centralismo. Disfrutan de la capital, pero les causa hilaridad, porque saben que “El Universo es una esfera cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna”.



Uriel Cassiani Pérez nació en el Palenque de Antonio Cervantes, el primero de septiembre de uno de los gloriosos años setenta. En esa población recientemente declarada Obra Maestra de la Humanidad transcurrió parte de su infancia. Hacia 1977 viaja con sus padres a Cartagena de Negras, donde llegan perseguidos por sus propias sacerdotisas. Es co-fundador del taller literario Mundo Alterno. Hizo parte del Taller de Poesía del Caribe Luis Carlos López desde el año 2000 hasta 2003. A finales de ese año se unió al Taller de Poesía Siembra. Ha realizado talleres de crónicas en la Universidad de Cartagena. En 2002 compartió sus textos en la Casa Colombo Alemana. En 2005 fue invitado al Festival Internacional de Poesía de Cartagena. En 2009 fue invitado a la cumbre de países africanos y suramericanos, en Caracas. Ha publicado: “Ceremonia para criaturas de agua dulce” y “Alguna vez fuimos árboles o pájaros o sombra”. Tiene varios libros inéditos.



Rodolfo Lara Mendoza nació en Cartagena de Indias en 1973. Estudiante de filosofía de la Universidad de Cartagena. Su trabajo poético ha recibido diversas distinciones, entre las que destacan el Premio Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena en 2002 y el Premio Nacional de Poesía “Gustavo Ibarra Merlano” en 2005. Participó en el Festival Internacional de Poesía de Cartagena en 2004 y del Festival de Poesía Alternativa de La Guajira en 2006 y 2007. Textos suyos han sido publicados en las antologías “Al pie del agua”  y “El corazón habitado: últimos cuentos de amor en Colombia”, entre otras. Tiene publicados los poemarios “Esquina de días contados” y “Y pensar que aún nos falta esperar el invierno”.





Ciro Luis Otero Pedrozo nació en Valledupar en 1976. Estudió Artes Escénicas en la Escuela de Bellas Artes de Cartagena. Quiso ser cantante de ópera y director de orquesta, pero le tocó conformarse con ser escritor y narrador oral. Vive de las cuatro vacas flacas que su abuela materna le heredó en vida y de los recortes presupuestales que su hermana menor hace con las remesas mensuales de la universidad en la que trabaja. Sueña con poder casarse con una burguesita de tierra fría para que lo mantenga, porque su literatura no le ha generado muchos ingresos. Lleva quince frustrados años escribiendo una novela dividida en cuatro jornadas, de las cuales no ha terminado de corregir la primera. Es miembro fundador de diversos colectivos culturales de los que nunca ha sido partícipe. Ganador de una decena de concursos literarios de dudosa reputación, aspira a ganarse algún día el Premio Alfaguara de Novela para salir de la llevadera.  



Gerardo Ferro Rojas nació en Cartagena de Mestizas en 1979. Es escritor y periodista. Ha publicado los libros de cuentos “Días de lluvia”, “Cadáveres exquisitos” (Premio del Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena) y “Antropofobia” (Premio de la Universidad Industrial de Santander). Relatos suyos han aparecido en publicaciones literarias como El Malpensante, Número, la Revista Universidad de Antioquia, Odradeck, en suplementos literarios de diarios como El Universal de Cartagena y El Heraldo de Barranquilla; así como en varias antologías de cuento.



Nena Cantillo nació en Cartagena de Mulatas, el 24 de julio de 1981. Se define como perezosa, impuntual y dispersa. Sufre de insomnio, un leve problema renal (además de un severo problema terrenal), detesta comer dulces, no sabe nadar, tampoco catar vinos... (Pero le gustan los de Ribera del Duero). No suele llorar mucho pero hay cosas que... ¡Putas! ¡La rompen! Su versión del cielo es bailar sin zapatos. Es más de playeras y mochila; los tacones a puerta cerrada ¡hijo mío! Odia tomar el autobús y más si va repleto. La han vetado en un par de festivales de poesía por ser impúdica y no mojigata. No cree en el amor etéreo. Lo de usar o no ropa interior  tiene sus reglas que otro día contará… Se portó mal con su última tarjeta de crédito. Es morosa, huérfana de padre y tiene fijación por Sabina. Tiene cuatro carreras inconclusas: “¿De eso se vale ostentar?”, se pregunta. Desconfía de la gente rubia y de los que saludan como si fueran tele tubies. Su cabello es virgen, lo peina cada dos o tres días. Tiene un hijo que físicamente es más fuerte que ella. Nunca terminará de leer Cien años de soledad. A veces el desencanto le puede, se burla un poco y apela a la escritura. Acaba de publicar “Aquella noche con Winnie the pooh”.

Miércoles 11 de mayo de 2011. 7.30pm. Casa de Citas (Carrera 3 13-35). Bogotá. 

mayo 07, 2011

Juan Gabriel Vásquez, el estudiante

Portada del archivo académico del autor en la Universidad del Rosario

El primero de enero de ese año, 1973, en medio de la resaca producida por la Noche Vieja, vino al mundo el primogénito de la familia Vásquez Velandia. Alfredo y Fanny, ambos abogados rosaristas, estaban radiantes. El mundo parecía recién inaugurado.

Luis Enrique, un buen amigo de ellos, compañero de la universidad, se acercó a la joven criatura con una botella de cognac y una carta en la que le explicaba al recién nacido la procedencia y virtudes de ese buen cognac, pero le advertía que debía esperar hasta la mayoría de edad para probarlo. Le hizo la entrega del regalo al emocionado padre primerizo.

Con el paso de los años, aquel niño se convirtió en Juan Gabriel Vásquez, el reputado Premio Alfaguara de Novela 2011. Su padre, Alfredo Vásquez Villarreal, en un prestigioso abogado en materia de Propiedad Intelectual. Y el amigo Luis Enrique Nieto Arango, en el Secretario General de la Universidad del Rosario.


Luis Enrique Nieto Arango

“Escribo cuentos desde los ocho años, he sido un buen lector, pero no consideraba siquiera que eso pudiera ser la obsesión que fue después”*. Hizo sus estudios en el Colegio Anglo Colombiano de Bogotá, donde se destacó por se el líder de su curso. Al finalizar la secundaria, no le fue muy difícil tomar la decisión de estudiar Derecho: “El Derecho había estado en mi familia siempre: mis padres, un tío… Parecía un destino natural”.

Ese tío es José María “Chepe” Villarreal, Gobernador de Boyacá en los convulsos tiempos del 9 de abril, quien fue un connotado abogado. “En nuestra época de estudiantes, teníamos muchos enfrentamientos con Chepe Villarreal, porque era en extremo conservador. Él nos enseñaba Introducción al Derecho. Con el tiempo, Alfredo ocupó esa cátedra, pero no alcanzó a ser profesor de Juan Gabriel, porque el día en que este se matriculó, aquel renunció por una razón: no quería que su hijo dijera lo mismo que él decía de su tío Chepe: “Muy godo”.

De esa época, de ese familiar destino de abogado procede el famoso “cuento de los espeleólogos” del cual hace mención al comienzo de su recién premiada novela “El ruido de las cosas al caer”: “A mis alumnos les hablaba de los espeleólogos que se quedan atrapados en una cueva, y al cabo de varios días comienzan a comerse entre sí para sobrevivir: ¿les asiste o no el Derecho? Les hablaba del viejo Shylock, de la libra de carne que le iban a quitar, de la astuta Portia que se las arregló para impedirlo con un tecnicismo de leguleyo: me divertía viéndolos manotear y vociferar y perderse en argumentos ridículos en su intento por encontrar, en la maraña de la anécdota, las ideas de Ley y de Justicia”** El narrador de la novela pareciera ser su tío José María Villarreal, su propio padre, o quizás él mismo. Si hubiera seguido la saga familiar, le habría correspondido la cátedra de “Introducción al Derecho”. Pero se hizo escritor y torció el destino. Su más reciente novela es, quizá, el pago de esa deuda que tenía con la familia. La portada del libro es un homenaje al billar que tenían en casa. “Alfredo y yo jugamos de vez en cuando”, dice Luis Enrique.

Portada de la novela ganadora del Premio Alfaguara 2011 (Cortesía)


Su época de estudiante en la Universidad del Rosario fue el período en el que se incubó, se gestó, el escritor. Ese Claustro histórico, fundado en 1653, ha visto pasar por sus aulas la historia colonial y republicana de Colombia. Está rodeado por placas y tributos, entre los que se destacan a Rafael Pombo, “príncipe de la poesía colombiana”, a Darío Echandía, “catedrático patrono”, y a “el sabio” Francisco José de Caldas. El sistema para elegir al Rector del Alma Máter es muy particular. Cada cuatro años es elegido por los Colegiales de Número - los estudiantes más destacados, quienes reciben beca completa-. Es una democracia muy particular. Juan Gabriel no alcanzó a ser Colegial por sus regulares méritos académicos, pero publicó a escondidas - con otros compañeros - un periódico llamado “El Zancudo”, en el que criticaba el centenario sistema. La cosa no pasó a mayores, a pesar de que las directivas supieron de su autoría.

Lo cuenta Luis Enrique, de manera graciosa: “En algún momento le dije a Alfredo: “Ya sé para qué sirven los conservadores”. Él me preguntó: “¿Para qué?”. “Para tener hijos liberales”, le respondí. Juan Gabriel era muy crítico, eso es de la estirpe rosarista. Aquí hay mucha pluralidad. Así ha sido siempre, incluso en las épocas de la Regeneración”, concluye.

Por otra parte, Germán Villegas González, ahora Director de la Oficina Jurídica de la Universidad, recuerda a su compañero de curso. “Juan Gabriel estudió Derecho un poco a regañadientes, por presión de la familia. No estudiaba mucho, pero le iba bien. Recuerdo que estudiaba Literatura en la Javeriana al tiempo. En aquel entonces leía mucho a Cortázar e iba mucho a la Casa de Poesía Silva. En el grupo había una discusión entre los seguidores de Borges y los de Cortázar, él lideraba el grupo de “Cortazarianos. Hablaba de Cortázar todo el tiempo. Le gustaba su juego con el lector, su estilo. Decía que Borges era muy culto, pero inaccesible. Recuerdo que le iba bien con las mujeres. Tuvo novias muy lindas. Era muy tranquilo, dedicado a la lectura. En ese entonces ya escribía cuentos”.

Germán Villegas González


“Me gustaron mucho las primeras clases, básicamente porque su contenido era muy humanista: Introducción al Derecho, Ideas Políticas, e incluso Derecho Civil, todos tenían un sabor filosófico que me gustaba. Después todo empezó a parecerme una carga, no tanto por culpa de las clases (que también), sino porque había escrito un libro de cuentos y me había dado cuenta de que eso era lo único que me interesaba hacer en la vida”*

En la foto que reposa en el Archivo Histórico de la Universidad, Juan Gabriel tiene puesto un buzo negro, las manos una frente a la otra, reloj de manilla negra. Ingresó en el segundo período de 1990. Su nota más baja del primer año fue Derecho Romano: 3.1 y la más alta, Ética: 4.6. Promedio del Primer Año: 3.59. En el segundo año (1991-1992) la nota más baja fue: Teoría General del Proceso: 3.1 y la más alta, Derecho Penal Especial: 4.2. No cursó Derecho Civil (Bienes). Promedio del Segundo Año: 3.63. En Tercer año (1992-1993) la nota más baja fue Derecho Civil (Bienes): 3.1 y la más alta, Derecho Laboral Colectivo: 4.2. Promedio del Tercer Año: 3.58. En el  Cuarto Año (1993-1994) la nota más baja fue Derecho Comercial (Sociedades): 3.2 y la más alta, Criminología: 4.9. Promedio del Cuarto Año: 3.89. Fue su mejor año y Criminología su nota más alta de toda la carrera. El Promedio Acumulado de los cuatro años: 3.67. Lo que nos indica que fue un estudiante promedio. Sin embargo, su tesis fue destacada.

El Acta de Grado está fechada el 13 de junio de 1996. Hora 12.30pm. El Diploma es el número 1603, registrado bajo el número 845. La Tesis “La venganza como prototipo legal alrededor de la Ilíada” fue dirigida por el doctor Francisco José Herrera y calificada por la doctora Camila de Gamboa y el doctor Mauricio Plazas Vega, quienes consideraron la distinción de MERITORIA. El señor Decano, Marco Gerardo Monroy Cabra pronunció unas palabras de felicitación al graduando por la forma tan brillante como culminó sus estudios. A las 12.45 se dio por terminada la sesión. Firmada el 18 de junio de 1996. Anotada en el Libro de Actas Número 10 de la Facultad de Jurisprudencia. El Rector era Mario Suárez Melo y el Vice-rector Hans-Peter Knudsen, actual rector desde noviembre de 2002.

Por su parte, la Colegial de número, Juanita del Castillo Cabrales, lo recuerda así: “Éramos muy buenos amigos. Siempre tuvo muy clara su vocación literaria. Siempre fue muy buen estudiante, muy responsable, aunque siempre tuvo clarísimo que iba a ser escritor. Sabía que abogado no iba a ser. Muchas veces estudiamos juntos. Nos entendíamos bastante bien. Tenía una casa muy chévere en Chía en la que había un billar. Era delicioso ir allá. Juan Gabriel Vásquez, María Fernanda Castellanos y yo, fuimos muy buenos amigos los tres. Hasta Tercer Año. Él nos contaba las historias de sus cuentos. Recuerdo que nos compartía su fascinación por Moby Dick, mientras nosotras le enseñábamos Derecho Romano. Nunca más nos vimos. O quizá sí, en Barcelona, no recuerdo bien. Pero lo recuerdo como si lo hubiera visto ayer, igual de buen mozo, igual de cariñoso, igual de caballero. Una excelente persona, buen ser humano, buen amigo. Sólo he leído dos ensayos de él. Me los mandó antes de publicarlos. Me emocioné mucho con la noticia del Premio Alfaguara, me encanta que lo haya obtenido. Conozco desde niña a Mariana Montoya, su esposa, porque casualmente las dos estudiamos en el Colegio Las Benedictinas. Ellos se conocieron en la Javeriana”

Juan Gabriel Vásquez, foto de Nina Subin (Cortesía de Alfaguara)


“Hace dos meses se me ocurrió desempolvar la tesis de Juan Gabriel. Me comuniqué con él para pedirle autorización. El me dijo que había que hablar con su agente, que por él no había problema. Hablamos con la agente y ella autorizó, pero si era un tiraje mínimo de 2000 ejemplares. Nosotros le pedimos que nos dejara publicar 500. Ella accedió, pero ahora con lo del Premio Alfaguara, vamos a publicar los 2000. Lo lanzaremos durante la Feria Internacional del Libro de Bogotá.” Lo cuenta Luis Enrique, autor de la carta que recibió Juan Gabriel el día de su nacimiento. Su padre hizo caso omiso a aquella misiva y se tomó la botella tan pronto sus obligaciones se lo permitieron.  Juan Gabriel, 38 años después todavía no lo perdona. Y le sigue reclamando la botella de cognac.


* Todas las citas de Juan Gabriel Vásquez son tomadas del libro “La profesión va por dentro” de Pedro Javier López, editado por la Universidad del Rosario.
** Tomado del fragmento inicial de “El ruido de las cosas al caer”. Editorial Alfaguara. 2011.