abril 09, 2011

Sergio, el palabrero ciego



Este hombre rotundo, esta presencia imponente que inspira respeto, ha venido desde una tierra lejana llamada Puerto Virgen, en la Alta Guajira.  

Algo tiene en común con el poeta Homero, capaz de cantar las vicisitudes y triunfos del antiguo pueblo griego. Y con el poeta Jorge Luis Borges, capaz de imaginar mundos paralelos que se interconectan en torno a una piedra preciosa. Quedó ciego desde muy joven, a causa de un accidente, pero "nada le impide ver con claridad, desde el fondo de su corazón, el temblor del alma", según el poeta Gustavo Tatis Guerra.

Viste sombrero café, gafas oscuras, manta azul. Sus manos sobre un bastón de mando. Acaricia las cuentas de varios collares que ha traído desde su territorio, para no sentirse desprotegido. Su bigote, bien afeitado, le confiere un aire de autoridad que irradia por todo el recinto. Está sentado en el centro de la mesa, en un céntrico salón de conferencias, situado en pleno centro de la centralista Capital.


Ha venido por invitación de la Decanatura Cultural y de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Externado de Colombia, donde se imparten cursos libres de wayunaiki. El conversatorio se titula “El significado de ser palabrero Wayúu”, a propósito del reconocimiento otorgado a los palabreros de esta comunidad, como auténticos representantes del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, “por su gestión como agentes en el ejercicio dinámico de la legislación propia”. El espacio académico hace parte de la “Cátedra de Pueblos Indígenas” que celebra por estos días siete años de interacciones multiculturales.

Sergio Cohen Epiayú pertenece a una gran nación de más de medio millón de habitantes que extiende su territorio por Colombia y Venezuela. Él, como todo Wayúu, puede ir de un lado al otro de la frontera gracias a su cédula binacional. Pero no es un Wayúu común y corriente, porque hace parte de la Junta Mayor Autónoma de Palabreros, institución notable y de gran importancia para su comunidad. Pero ¿qué es un palabrero? Es el tercero que interviene para resolver un conflicto. “Es una persona sensata, coherente, entendida, capaz de transformar las palabras de alguien ofendido para que otra persona reciba el mejor mensaje”, explica Sergio.

El suyo es un oficio milenario, surgido desde el principio de los tiempos en el mundo Wayúu. Desde que hubo el primer conflicto entre dos personas, se necesitó de un tercero que mediara. “Prestando su cuerpo, su voz, su palabra, puede transformar esa palabra de conflicto en algo mejor que ayude a resolverlo”. Y para hacerlo el palabrero está dispuesto a abandonar a su familia, su territorio, su lugar, como un sacrificio para resolver los conflictos por toda la Guajira. “Para que no nos sigamos matando en una disputa sinsentido”, enfatiza.

Además de ser una autoridad moral, el palabrero es un “pensador de lo pacífico”. Junto a la “oútsu” - mujer sabia - que es la autoridad espiritual, son las dos grandes autoridades del pueblo Wayúu. Este pueblo que habita el extremo septentrional de Suramérica, está integrado por numerosos grupos familiares llamados “clanes” que giran en torno a la figura materna. El padre es simplemente un accidente como la caída de la lluvia (“Juyá”) en la seca región en la que viven.

Sergio ha dirimido muchos conflictos entre clanes por diversos motivos. Puede contar con mucho orgullo todos sus recorridos, todos los problemas que ha ayudado a resolver. “Como seres humanos, entramos en disputas, en problemas. Pero siempre tiene que haber alguien que llame la atención, porque hablar con rabia no ayuda. El palabrero, esencialmente, es alguien desprovisto de rabia”.



A su lado está Orangel Cambar Epiayú, oriundo de Maicao, muy cerca de la frontera con Venezuela. También lleva sombrero de cuero, pero a diferencia de Sergio, luce una mochila terciada en su pecho con el lema republicano de “Libertad y Orden”. Se protege del frío con una chaqueta negra y una camisa azul. Como palabrero sabe que el ideal de todos los seres humanos es morir de viejos, vivir en paz. Por lo tanto, sabe del peligro que significa ser bravo, altanero, conflictivo. “Esa es la verdadera razón por la que exhortamos a la gente a evitar el sufrimiento de las mujeres. Porque son las mujeres las que más sufren con los conflictos: las abuelas, las tías, las mamás, las hermanas. Dialogando se resuelven los problemas. Nosotros sabemos del costo de la guerra, por eso usamos la palabra para solucionar los conflictos”.

El palabrero nace. Desde niño tiene el don del habla para resolver los conflictos. Y, a medida que va creciendo, va asistiendo a diferentes tipos de arreglo y va aprendiendo, va enriqueciendo la palabra. Se va llenando de Sabiduría. Por su trabajo recibe un pago. Pero no pide ni exige porcentajes por sus servicios. La familia que recibe la compensación decide a conciencia el pago que debe hacer al palabrero.



El tercero en la mesa es Andrónico Urbay Ipuana. Luce sombrero Wayúu, chaqueta deportiva color uva y camisa blanca. Andrónico se encarga de aclarar el tema de la dote que paga el hombre al momento de casarse con una mujer Wayúu. “Ninguna de nuestras mujeres tiene un precio. Jamás lo ha tenido. Ninguna vida humana lo tiene. Con el pago de la dote, el hombre lo que hace es darle un valor a la integridad de la casa de la mujer que va a recibir en matrimonio, con el objeto de que sea bien recibido en esa familia. La dote es un pago que simboliza el valor que el hombre le da a la Vida de la Mujer, el valor que le da a sus sentimientos, a su integridad. Si no hay un pago, es un irrespeto porque no le da el valor que ella tiene. Los tíos maternos del hombre son los que recogen la dote entre los de su clan. Eso es lo que sella el compromiso entre las dos familias”. Y advierte a los hombres no Wayúu presentes que ellos también tienen que pagar la dote. Lo que genera una respetuosa carcajada en el salón de conferencias.

Dados sus comprobados méritos, consulté a los miembros de la Junta Mayor Autónoma de Palabreros sobre la posibilidad de mediar en el conflicto armado colombiano, en caso de que fueran llamados a hacerlo.

“La Junta Mayor de Palabreros estaría dispuesta a hacer parte de una comisión de negociación, pero habría que hacer claridad. Debe haber un acuerdo de corazón, de respeto. No un acuerdo que termine en una farsa. La Junta Mayor estaría presta, pero nosotros aportaríamos unos puntos muy serios. Porque no haríamos parte de un acuerdo que se irrespete”, responde Andrónico.

“¡Cómo nos gustaría intervenir! No sólo en el conflicto colombiano, sino en todo el mundo. Que los gobiernos entendieran que no son los dueños de la Vida. El problema es que los gobernantes se enferman de poder. Y no miden las consecuencias. Ojalá que los gobiernos nos escucharan, que aprendieran de nosotros cómo solucionar los conflictos”, concluye Sergio.

Sin duda alguna esta Junta comprende el desgaste de una guerra, por eso se encargan de evitarla. Su satisfacción consiste en el agradecimiento de muchas familias que, luego del conflicto, firman la paz. Y brindan con chirrinchi. “Ese es mi trabajo”, afirma Sergio.

La Palabra. Eso es lo que lo une a Homero. Y a Borges.

Por Juan Carlos Ensuncho-Bárcena