marzo 13, 2011

Tatis, el pintor

El miércoles 23 de marzo, se inaugura en la galería del Hotel Cartagena Hilton la exposición pictórica “Ofrenda” del reconocido poeta y periodista Gustavo Tatis Guerra, radicado en Cartagena de Indias. Invitación.

I

Gustavo se dio cuenta de que tenía que preparar una exposición, el día en que su hijo le dijo:

-       Papi, me asustas, hasta la tapa del inodoro la tienes pintada

Gabriel, el menor de tres hermanos, fue bautizado en honor de Gabriel García Márquez, con quien el poeta tiene amistad desde hace muchos años. El cariño que le tiene el Nobel se hizo evidente cuando dijo que Tatis había inventado un nuevo género: el periodismo lírico.

II

Cuando el joven poeta se enteró de que iba a ser padre por primera vez, tomó valentía y decidió escribirle una carta al maestro Alejandro Obregón, solicitándole una pequeña obra para recibir “con algo suyo en las paredes” a la criatura que venía.

Obregón nunca le contestó. Ni le dio una obra suya. A cambio, le dio el nombre para su segundo hijo y le mostró el camino de la pintura. Ahora el poeta conserva - como en un altar - una fotografía con el maestro, en su casa.



III

El hijo mayor se llama Leonardo, en honor al gran maestro Da Vinci. Gustavo habla emocionado de él, quien ahora está estudiando música en Berklee College. La misma escuela a la que asistió su amigo Justo Almario, en Boston.

Leonardo toca casi todos los instrumentos, habla poco, sonríe mucho, aún con la boca cerrada.

IV

La mamá del poeta está dichosa, aunque al principio sólo veía “manchas” en sus cuadros. Con esa mezcla de buen humor y sabiduría que irradia toda madre sobre su hijo, le dice:

-       Espero que con la pintura sí te vaya bien, porque la literatura no te ha servido para nada.


V

Acaba de dar a luz cinco gatitos. Gabriel levanta uno en sus manos, Gustavo le pide que lo devuelva con su madre, porque se asusta. La gata se llama “Mancha”. Su trabajo lo absorbe las 24 horas. Nunca deja de ser poeta.

VI

Se levanta a las cuatro de la mañana, a pintar. Hasta la hora del desayuno. Se sienta a escribir. Está próximo a publicar un libro de cuentos. Va a las oficinas del diario El Universal, donde es el editor cultural. Allí está hasta por la noche. Vuelve a su casa, situada en el barrio La Española, sector de Torices. En la entrada hay una platanera que él mismo se encargó de sembrar. Es la forma de seguir teniendo cerca a su natal Sahagún.



VII

Su segundo hijo nació con lo que Álvaro Restrepo llama “La enfermedad del ángel”. Fue víctima de ella durante los años de infancia. Hasta que su papá le dedicó un libro. Y se hizo el milagro. Desde chico, Alejandro siempre ha estado rodeado de animales. Él mismo fue quien llevó a casa a “Mancha” después de encontrarla en la calle. Ahora estudia Biología en Santa Marta. Jamás ha perdido el contacto con el reino animal. Aunque su gran pasión sea el mar.

VIII

Su compañera, comparte no sólo su vida con él sino su taller. Siempre rodeada de piedras preciosas, hilos, conchas de nácar. Su arte son los collares, los accesorios, la elegancia. Con su amplia sonrisa siempre acogedora, Mary es tan buena anfitriona que mientras su marido atiende la visita, ella se encarga de llenar la casa de música. De todos los colores.

























IX

Gabriel toca en la guitarra una de Led Zeppelin. Es fanático de la fotografía y el cine. Artes que también le han maravillado al poeta desde los tiempos en los que no tenía bigote y se comía tres bocachicos de una sentada en el mercado público de Getsemaní.

X

Hace poco Gustavo descubrió que tenía un ancestro que se había dedicado a la pintura. Muestra orgulloso el álbum Ensayos de dibujo de José Gabriel Tatis Ahumada, publicado en junio de 1853. En el libro su pariente retrata a los miembros del Congreso de la República y a los del cuerpo diplomático que tenían acceso al mismo. Anuncia sus servicios como retratista. Eran tiempos de cambio.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Parece que Gustavo Tatis Guerra pintara a escondidas de Dios. En sus pinturas, uno siente el latido de figuras encarnándose, vemos germinar un universo repentino. El mar no es el mismo mar, los árboles son otra cosa, las camisas en los alambres alcanzan su cielo profundo. Lo que vemos está vivo como nuestros pensamientos: un ciego puede paladear el bullicio de estos peces, olfatear las crines que lleva el viento. Se advierten palpitaciones, gracias a extraños sentidos. La aguja de nuestra brújula se mueve, opera esa magia que guía las aves en sus largas migraciones. La poesía que antes representaba en palabras, este fogueado escritor y periodista, resucita, tiene un nuevo pulso en esos colores estremecidos. Nuestra sed llega a estas orillas, limpia el polvo de sus alas, se arrodilla, y vislumbra el temblor de las estrellas allá arriba.
J. J. Junieles
Escritor y periodista

Anónimo dijo...

Juan, me abrumaste con este texto que acabas de hacer con esa mirada que abarca lo minúsculo para llegar a lo mayúsculo.
Metiste hasta los cinco gatos y los tres bocachicos de mis veinte años.
No me queda sino darte unas gracias inmensas en nombre de mi tribu y mi gatera encantada.
Hasta pronto,
Gustavo.

Juan Carlos Ensuncho-Bárcena dijo...

Gracias a ti, querido hermano, por tu inmensa generosidad de siempre. Espero que sea útil el texto.

Un gran abrazo,

JC