marzo 22, 2011

La Reina Sofía en Tiempo Real



Martes

18.50

El director del periódico le da el visto bueno a su propuesta. Una parte de él se asusta, por la exigencia del tema. Otra agradece sonriente, por la oportunidad.

19.01

Entra a un lujoso hotel del centro de la ciudad. Pregunta al conserje por la visitante. No sabe nada. Le recomienda ir al otro hotel lujoso del centro.

19.34

Se encuentra con algunos colegas, a la espera. Saluda. Se ubica. Detalla la distancia a la que se encuentran. “Por disposición de la Presidencia”, dice uno de ellos. Un grupo de damas argentinas preguntan a quién esperan. Ante la respuesta, se emocionan y sacan sus cámaras.



19.36

Llega una caravana de policías, escoltas y carros blindados. Los periodistas preparan sus cámaras. Ella desciende de una camioneta negra. Flashes van, flashes vienen, pero sólo el fotógrafo Óscar Díaz ha obtenido la imagen, gracias a su poderoso teleobjetivo. Los demás decidimos esperarla a la salida.

19.50

De una furgoneta bajan y bajan maletas. El equipaje es numeroso y variado. Dos hombres se encargan de recibirlo, con la ayuda de dos empleados del hotel y un miembro de la seguridad.



20.34

Los periodistas conversan, sentados en una banca frente al hotel. “Es la segunda vez que la veo”, dice Aroldo Torres, camarógrafo de Noticias RCN. “La primera vez fue en el 2004, con el Rey Juan Carlos, en la Escuela Taller de Getsemaní. Esa vez tuvimos acceso, buen ángulo, tiempo suficiente. No tuvimos problemas. Uno se pinta al Rey con la corona, pero acá estaban sin ella. Ambos se dirigieron a nosotros, con amabilidad”. Mientras tanto, el veterano fotógrafo Manuel Pedraza: “Es la tercera vez que veo a la Reina Sofía. La vez pasada fue en el Congreso de la Lengua Española, en 2007, en compañía del Rey, saliendo para el almuerzo en el Museo Naval”.



20.39

La fotógrafa de El Tiempo, Yomaira Grandett, saca la lengua. Repite el gesto que le hizo el escritor Gabriel García Márquez en el marco del Foro Iberoamericano, en noviembre de 2004. A Maruja Parra, fotógrafa de El Universal, no le gusta ser retratada. Cubre su rostro. En 2007 fotografió a los Reyes junto a Bill Clinton y a García Márquez.



20.49

Periodistas y fotógrafos se ubican nuevamente en el sitio indicado por la seguridad. La encargada de prensa de la Casa Real les ha sugerido que saluden a la Reina de “Su Majestad” para que ella les corresponda el saludo.


20.55

Su Majestad sale del hotel. Se ha cambiado de ropa. Ahora luce de negro, lista para la cena que le ofrece la Primera Dama de la Nación, María Clemencia Rodríguez de Santos, en la Casa de Huéspedes Ilustres. Responde al saludo de los periodistas. Posa para ellos. Sube a la camioneta.



20.57

Manuel Pedraza y Yomaira Grandett examinan las fotos tomadas. Intercambian opiniones. Maruja Parra llama a su director a decirle que tiene la foto. Parece que ya la página está lista, con la foto de Óscar Díaz. Maruja siente que perdió el tiempo. Pero no se pone triste, sabe que así es este oficio.






Miércoles

7.30

Llama al jefe de prensa de la Alcaldía Mayor de Cartagena de Indias a preguntarle si hay transporte disponible para llegar a la Institución Educativa Jesús Maestro, Sueños y Oportunidades. Le dice que sí, pero que ya van en camino.

7.45

Espera un taxi frente a las playas de Marbella. Todos pasan ocupados. Una camioneta grande le hace cambio de luces. Bajan el vidrio. Don Argemiro Bermúdez y su hijo –Argemiro Rafael- van a una consulta médica en el Pie de la Popa. “Me sirve”, les dice.

8.07

Toma un taxi en la avenida Pedro de Heredia. Conduce Bernardo Orozco, de San Estanislao de Kostka (Bolívar). Le lleva por la vía más rápida y cómoda. En el camino le cuenta que ha estado tres veces al borde de la muerte, dos por una úlcera implacable y una por un acto violento. Pero ha salido adelante, “con la ayuda de Dios”. Tiene dos hijos, “que son la vida mía”, afirma.

8.32

“La Reina tiene esto alborotao”, dice una señora del barrio, frente a la Peluquería REY. Han llegado al inmenso barrio Nelson Mandela, después de pasar por el Mercado de Bazurto, María Auxiliadora, Escallón Villa, Plaza de Toros, Bomba del Amparo, El Socorro, Ternera, San Fernando, 11 de noviembre y La Sierrita. El primer cerco de seguridad les impide seguir. Se baja del taxi.



8.47

Camina tres polvorientas cuadras, pendiente arriba. El calor es sofocante. Una mujer delgada lleva a su padre anciano del brazo. Al frente del colegio, los vecinos y gente de otros sectores, se han reunido para conocer a la Reina de España. Un grupo de niños y niñas, entre las que están Eva Cassiani y Aderlis Correa, esperan emocionadas. Eva tiene 10 y cursa cuarto. Aderlis tiene 6 y cursa primero. No dicen nada cuando se les pregunta ¿qué quieres ser cuando seas grande? Sólo sonríen.



9.10

Llega la caravana. Policías en moto, en camionetas, dos carros negros blindados y una buseta con la comitiva oficial. La escolta real es numerosa y se despliega con eficiencia y elegancia. Se abren las puertas de los carros blindados y ella desciende. Saluda a los presentes. Los periodistas le gritan, bajo una palmera: “Su Majestad, Su Majestad, Su Majestad”. Ella sonríe.



9.25

Ha llegado acompañada, además de su corte personal, de la Primera Dama, quien una vez bajó del carro blindado se acercó a saludar a Eva y Aderlis. Llevan quince minutos al interior del colegio. Afuera sólo se escuchan los tambores y los aplausos. Sólo ha tenido acceso la prensa oficial de Presidencia de la República y la Agencia Española EFE. Mientras tanto, los periodistas toman agua, bromean, se refugian del sol. “La estamos recibiendo con mucho Amor y Paz, porque el objetivo es que se haga el alcantarillado. El proyecto está desde el año pasado y lo necesitamos urgentemente”, aclara la líder Nora Salcedo, detrás de la valla que ha dispuesto el operativo de seguridad. Se refiere a la donación de 8 mil millones de pesos que el Gobierno Español hará para construir el alcantarillado del barrio, que cuesta 16 mil millones. La otra mitad la aportará la Alcaldía Mayor de Cartagena de Indias.



9.38

Ana Villa y María Gómez están sentadas en unas sillas de plástico, conversando. En la terraza de su casa exhiben algunas mochilas colgadas de una cuerda. Tejidas por ellas mismas. A esto se dedican desde hace dos años, para sostener a sus familias. Están emocionadas con la visita de la Reina Sofía. “Lástima no tener una cámara para grabarla”, dice Ana.



9.43

María Torres está sentada a la mesa. Le ayuda a su pequeña hija Imalay Martínez a hacer un cartel para una exposición sobre el medio ambiente. “Los muchachos se emocionan con esta visita y eso les da voluntad para salir adelante”, dice convencida. Al lado suyo, atendiendo una chaza y leyendo la prensa, su esposo Nelson Martínez: “Bueno que la Reina conozca los problemas del sector. Así se siente comprometida moralmente a ayudarnos”.



9.57

“Lo que necesitamos en Nelson Mandela es que nos ayuden, es lo que nosotros queremos, el alcantarillado, pavimentar las calles. ¿Usted sabe lo que uno sufre aquí en el invierno? Eso es barro aquí a la rodilla cuando llueve. Queremos que nos ayuden. Y que sea un hecho”, dice una señora ante una cámara de televisión.



10.01

Sale la comitiva. La gente comienza a gritar. “Su Majestad”, “Un obsequio para la Reina”, “La queremos mucho”. Ella viene acompañada de la Primera Dama. Ambas saludan con la mano al aire. La Reina escucha que le quieren dar un regalo. Se aproxima. Los vecinos se aglomeran. Una mujer le entrega una pequeña mochila, con los colores de la bandera de Colombia. Ella agradece. Sonríe. Y se despide. “¡Ay mi paraguas!” se queja una señora. La caravana se aleja.



10.47

Manuel Pedraza conduce su automóvil. A su lado, la colega Yomaira Grandett. En el asiento de atrás, Wilfred Arias, coordinador fotográfico de El Heraldo. Yomaira recibe un mensaje en su teléfono: “La Reina se cayó dentro del colegio”. “Esa es la noticia”, piensa. Detalla las fotos. Se da cuenta que hay diferencias en las de antes de entrar al colegio y en las posteriores. En las últimas, las rodillas están sucias. “¿Será algo para contar?”, se pregunta.

11.35

Al llegar al Claustro de Santo Domingo en el centro histórico de Cartagena de Indias, nota algo diferente. Esta vez, además de los amables vigilantes que reciben al visitante, un grupo de policías custodia la entrada. La patrullera Lisa de la Espriella ordena una inspección de los objetos personales del cronista. Pasa la prueba. Le dejan situarse en la entrada, al lado de Maruja Parra. “Publicaron mi foto”, dice victoriosa.



11.38

Doris Isabel García llega al Claustro con la intención de entrar a las oficinas de la Embajada de España para hacer unos trámites. La patrullera le informa que no es posible por la visita de Su Majestad. Dora Isabel, de ciudadanía española por su padre, decide quedarse para saludar a la Reina.

11.41

De la pared cuelga un pendón. “Negros tenían que sé”, es el título de la exposición que va del 17 de marzo al 8 de abril. Su Majestad ha visto la muestra fotográfica y una demostración de Hip Hop por algunos jóvenes afrodescendientes.



11.43

Una religiosa con aura de Madre Superiora pasa por el frente del Claustro. Saluda. Bendice. Sigue su camino.



11.46

Doña Sofía, Reina de España, sale del Claustro. Le toma una fotografía. “Su Majestad”, la saluda Dora Isabel. Ella le extiende la mano. Luego le extiende la mano al cronista. “Un placer, Su Majestad”, besa su mano. Ella sonríe.



12.28

Un grupo de policías forma en el andén. Recibe instrucciones del encargado de la seguridad. Este les pide que se ubiquen a lo largo de toda la cuadra y en sitios estratégicos.



12.49

Una distinguida señora del barrio de San Diego, pasa inadvertida por el frente del hotel. Lleva sombrilla azul, camisa blanca, rosario al pecho.



12.52

Algunas pensionadas de la Universidad de Cartagena, en la puerta de entrada de la Caja de Previsión Social, bromean sobre la visita de la Reina Sofía. Advierten la presencia de “un francotirador” en la parte de arriba del edificio de enfrente. Una de ellas señala un ave de rapiña. Otra sonríe.



13.08

Un taxi arriba al hotel con un trío de músicos.



13.11

Un grupo de mujeres, vestidas para la ocasión, llega a bordo de la buseta de la comitiva oficial.

13.33

La caravana llega al Hotel-Casa Tcherassi donde la Reina Sofía degustará un menú especialmente preparado para ella, antes de irse al aeropuerto, rumbo a Quito. La agenda Real es agitada.



marzo 13, 2011

Tatis, el pintor

El miércoles 23 de marzo, se inaugura en la galería del Hotel Cartagena Hilton la exposición pictórica “Ofrenda” del reconocido poeta y periodista Gustavo Tatis Guerra, radicado en Cartagena de Indias. Invitación.

I

Gustavo se dio cuenta de que tenía que preparar una exposición, el día en que su hijo le dijo:

-       Papi, me asustas, hasta la tapa del inodoro la tienes pintada

Gabriel, el menor de tres hermanos, fue bautizado en honor de Gabriel García Márquez, con quien el poeta tiene amistad desde hace muchos años. El cariño que le tiene el Nobel se hizo evidente cuando dijo que Tatis había inventado un nuevo género: el periodismo lírico.

II

Cuando el joven poeta se enteró de que iba a ser padre por primera vez, tomó valentía y decidió escribirle una carta al maestro Alejandro Obregón, solicitándole una pequeña obra para recibir “con algo suyo en las paredes” a la criatura que venía.

Obregón nunca le contestó. Ni le dio una obra suya. A cambio, le dio el nombre para su segundo hijo y le mostró el camino de la pintura. Ahora el poeta conserva - como en un altar - una fotografía con el maestro, en su casa.



III

El hijo mayor se llama Leonardo, en honor al gran maestro Da Vinci. Gustavo habla emocionado de él, quien ahora está estudiando música en Berklee College. La misma escuela a la que asistió su amigo Justo Almario, en Boston.

Leonardo toca casi todos los instrumentos, habla poco, sonríe mucho, aún con la boca cerrada.

IV

La mamá del poeta está dichosa, aunque al principio sólo veía “manchas” en sus cuadros. Con esa mezcla de buen humor y sabiduría que irradia toda madre sobre su hijo, le dice:

-       Espero que con la pintura sí te vaya bien, porque la literatura no te ha servido para nada.


V

Acaba de dar a luz cinco gatitos. Gabriel levanta uno en sus manos, Gustavo le pide que lo devuelva con su madre, porque se asusta. La gata se llama “Mancha”. Su trabajo lo absorbe las 24 horas. Nunca deja de ser poeta.

VI

Se levanta a las cuatro de la mañana, a pintar. Hasta la hora del desayuno. Se sienta a escribir. Está próximo a publicar un libro de cuentos. Va a las oficinas del diario El Universal, donde es el editor cultural. Allí está hasta por la noche. Vuelve a su casa, situada en el barrio La Española, sector de Torices. En la entrada hay una platanera que él mismo se encargó de sembrar. Es la forma de seguir teniendo cerca a su natal Sahagún.



VII

Su segundo hijo nació con lo que Álvaro Restrepo llama “La enfermedad del ángel”. Fue víctima de ella durante los años de infancia. Hasta que su papá le dedicó un libro. Y se hizo el milagro. Desde chico, Alejandro siempre ha estado rodeado de animales. Él mismo fue quien llevó a casa a “Mancha” después de encontrarla en la calle. Ahora estudia Biología en Santa Marta. Jamás ha perdido el contacto con el reino animal. Aunque su gran pasión sea el mar.

VIII

Su compañera, comparte no sólo su vida con él sino su taller. Siempre rodeada de piedras preciosas, hilos, conchas de nácar. Su arte son los collares, los accesorios, la elegancia. Con su amplia sonrisa siempre acogedora, Mary es tan buena anfitriona que mientras su marido atiende la visita, ella se encarga de llenar la casa de música. De todos los colores.

























IX

Gabriel toca en la guitarra una de Led Zeppelin. Es fanático de la fotografía y el cine. Artes que también le han maravillado al poeta desde los tiempos en los que no tenía bigote y se comía tres bocachicos de una sentada en el mercado público de Getsemaní.

X

Hace poco Gustavo descubrió que tenía un ancestro que se había dedicado a la pintura. Muestra orgulloso el álbum Ensayos de dibujo de José Gabriel Tatis Ahumada, publicado en junio de 1853. En el libro su pariente retrata a los miembros del Congreso de la República y a los del cuerpo diplomático que tenían acceso al mismo. Anuncia sus servicios como retratista. Eran tiempos de cambio.

marzo 08, 2011

Gertrudis


Aún no entiendo muy bien por qué se celebra este día. O por qué lo celebran los ricos que salen en la televisión, porque yo que sepa a ninguna de mis compañeras de trabajo del mercado, vecinas de colmena, nos regalan flores.

Ni ná que se le parezca. Los maríos de nosotras no le paran bolas a esa vaina. Bastante ocupaos que están con el dominó. ¿Día de la mujé? ¿Con qué se come eso? Preguntan. Y uno les dice que con arró, como la yuca. Por cierto que me salió rucha la condená. Volviendo a lo que usté me pregunta, no sé por qué cogen este día pa celebrá a la mujé. Ahora me pregunto yo: ¿y el resto de días no somos mujeres? ¿Será que somos cosas, animales o sirvientas?

Bueno a lo mejó a usté no le gusta que yo le diga estas cosas, pero ajá, tengo que decírselas porque nadien más se atreve. Y sobre todo yo que se las puedo decí a usté, que es tan importante y me ha hecho pensá con su pregunta.

Yo me levanto a las 3 de la madrugá, barro el piso de la casa, riego las matas y pongo hacé café ahí en la cocina esa que usté ve al comienzo del patio. A esa hora ni siquiera los gallos están despiertos, imagínese. Cuando ya he colao el café, pareciera que los vergajos quisieran tomá, porque ahí mismito se despiertan a cantá. El marío mío se levanta, envuelto en la toalla, se baña y cuando sale le tengo listo su pocillo. Prende el radio y se poné a oí noticia. Y yo no sé pa qué, porque ni siquiera las entiende. Pero bueno, la cosa es hacé soná algo. A mi me gusta más poné unos boleros que suenan muy bonitos a esa hora.

Pongo a hacé el arró y la yuca del día, pa que él se lleve su almuerzo. Y pal desayuno unos huevitos. Lavo los chismes y me meto al baño. Estoy lista pa irme pal mercao como a las 4. Ahí llego a vendé mis comías, usté sabe pa una defenderse también. A las 5 empiezo a hacé los desayunos y a las 10 los almuerzos. Ajá usté sabe que los pobres si acaso nos pegamos solamente dos golpes. El que se pega los tres, es rico.

Aquí en el mercado la situa está dura. Y más ahora que dicen que nos van a quitá de aquí. Y más vale que nos vayamos por las buenas, si no queremos que nos pase como a los del mercao viejo del centro que lo hicieron estallá pa sacá a la gente de ahí. Le pido a Diosito tó los días que esa no sea nuestra suerte.

Recojo los chécheres por ahí a las cuatro. A esa hora salgo a cogé el bú. Voy llegando a la casa como a las 5. Les llevo el almuerzo a los pelaos que a esa hora ya han llegao del colegio. Comen y se ponen a vé televisión. Ni hablan con una ni ná. A las 7 llega el marío. Cansao de tanto trabajá. Le tengo su cualquier cosita es cariño por ahí, se la caliento y se la come. Después nos ponemos a vé las noticias con los pelaos en la televisión, pero tampoco las entendemos. Después las novelas que nos hacen reí un rato antes de acostarnos otra vé. Y así, un día tras otro. Así es la vida de una negra, gorda y pobre como yo.

¿Y usté pa qué es que me está dibujando, don Fernando?

marzo 04, 2011

Arriaga y Trueba, esenciales

Guillermo Arriaga y Fernando Trueba estuvieron en el 51 FICCI que concluyó el pasado jueves. El mexicano presentó su cortometraje, “El Pozo”, y dictó una Master Class. La más reciente película del español, “Chico y Rita”, clausuró el certamen. 

Guillermo Arriaga, escritor y director mexicano

“La obligación del escritor es ver el conjunto”: Arriaga

Vivimos momentos que se desvanecen en el tiempo. La escritura los atrapa.

Todos tenemos momentos secretos que nadie más conoce. La labor de un escritor es narrar los momentos secretos de un personaje.

Los escritores sabemos que sólo tenemos un galón de tinta. Hay dos formas de obtener la tinta: sacarla de otras obras o sacarla de nuestra propia vida, por eso tenemos el miedo de aburguesarnos.

Un escritor es alguien que va con un par de cubetas, se mete al bosque y regresa con algo que nadie ha visto.

La obligación del escritor es ver el conjunto.

Un creador no puede juzgar a sus personajes. Detesto el moralismo, detesto al aristócrata porque no tiene un nombre propio, sino uno heredado de sus padres. Mi primera novela hablaba de un aristócrata, al que trataba muy mal. Hasta que un maestro me dijo: quiérelo más.

Me gusta contar los momentos externos e internos del personaje.

¿Cuál es el momento necesario en la vida de un personaje? El momento probable muestra la personalidad, el momento necesario muestra el carácter. Los ‘puntos de giro’ empujan a los personajes a momentos necesarios.

García Márquez me enseñó que hay que arrancar en el momento en el que están sucediendo las cosas.

Me obsesionan los momentos previos a una muerte. “Amores perros” es eso: el momento del accidente, el antes y el después.

No me gusta la improvisación con los actores, que improvisen sobre el texto, porque hay formas de escritura donde cada palabra tiene un sentido.

El diálogo sirve para tres cosas: Hace avanzar la historia, revela la personalidad o el carácter del personaje y le da color a la historia

Tengo mi propia regla: una página por escena, máximo dos líneas por diálogo.

Cuando esté sólido el guión, pregúntale cosas: ¿si el personaje es una mujer en vez de ser un hombre?

Una sola palabra puede cambiarle el sentido a la historia.

La realidad de las películas es diferente a la realidad de la vida. Estamos representando la vida, no copiándola.

Me gusta cuando en una escena hay contradicciones entre el diálogo y la acción.

Hay que confiar en los actores, muchas veces me han demostrado que es mejor un gesto que una palabra o una línea.

La diferencia entre el cine y la literatura es el punto de vista. En el cine la cámara es siempre una tercera persona, en la literatura no. La primera persona es muy útil a la novela.

Si quieres evidenciar más la contradicción diálogo-acción la novela es ideal.

Todo lo que escribo viene de la cacería.

Para dirigir actores lo mejor que puedes hacer es desconcertarlo, para que encuentre capas dentro de sí mismo. La gran angustia es que el momento a veces no se repite en el set.

Nunca hago investigación, nunca escribo una línea argumental, nunca conozco el pasado de los personajes. Siempre le digo a los actores: “Piensa, piensa, no actúes”.

Yo nunca bebo, tampoco lloro. Por eso me sorprendí cuando, al escribir la escena de “Babel” en la que el niño marroquí que se entrega a las autoridades, las lágrimas rodaron por mi cara. No sabía lo que era eso.

En el acto creativo no hay voluntad ni hay progreso. Por eso hay frustración.

Los misterios de la escritura son misteriosos incluso para el que escribe. Lo que hace un escritor es mostrar su mundo interior.

Tres claves para cuando una escena no funciona: Piensa de manera Hegeliana: (Tesis, Antítesis, Síntesis), quita la palabra que grita por ser dicha o usa el cristal de Shakespeare: cuando quieras hacer que las cosas crezcan pónle cercanía.

Detesto la palabra “guión”, prefiero “una historia de cine”.

Fernando Trueba, escritor y director español

“Si quieres destruir a alguien, halágalo”: Trueba

Lo único que soy es un amante de la música. Cuando hice “Calle 54” el guión era la propia música. Mi narración pudo no haber estado, pero era necesaria una respiración entre una pieza y otra. En “El milagro de Candeal” descubrí que la música está en la calle.

En el documental el guión se escribe en el montaje. Está bien el trabajo preparatorio de campo, pero cuando te sientas a editar es cuando haces la escritura.

Con cada película busco transmitir sensualidad, risa, vida. No me gusta el sicoanálisis. Pero por muy cerrado que estés, con los años acabas sabiendo de ti.

Rafael Azcona me dijo una vez: “A ti te gustan las películas de artistas”. Para mi fue una revelación.

Sólo tengo una máxima: “Escribe de lo que conoces. Habla de lo que conoces”. Por eso me sorprende cuando un autor está “buscando un tema”.

Me gusta la vida de los artistas porque son un poco más idiotas, un poco más locos, un poco más vanidosos. Se dan unas hostias tremendas, se pegan con las señales de tránsito y porque son una muestra constante de debilidad. Además porque van un poco más adelante.

Lo peor que te puede pasar es que alguien te diga genio. Si quieres destruir a alguien halágalo, halágalo, halágalo.

El trabajo de Javier Mariscal me atrae mucho. Y el contacto con él me incitó a filmar “Chico y Rita”. En la película cada palabra que se escribió fue para un dibujo de Mariscal. El dibujo animado te lleva a la precisión. A la simplificación.

¿Por qué no le dejamos al documental esa posibilidad de reordenar la realidad?

Me gusta mucho una cita de Pessoa: “El hombre ha inventado la ficción para hacer la realidad real”.

Me dan risa los que pretenden acabar con la estructura de los tres actos. No hay chiste que no los tenga.

Normalmente la música se busca al final, pero acá, mientras escribía iba encontrando las músicas. La música y la imagen es lo mismo: es la misma cosa.

Cuando era más joven era un afrancesado, porque estaba prohibido casi todo en España. Me enamoré de una chica francesa – que es el método apropiado -. En la segunda parte de mi vida me siento más cerca de Latinoamérica. La lengua es un lazo común fuertísimo. Me siento muy a gusto en estos países. Incluso en Brasil, porque hablo un portuñol correctísimo, casi académico.

No soy nacionalista. No creo en fronteras ni en pasaportes. Cuando se habla de arte nunca hay que hablar de nacionalidad.

Estoy en contra de todo lo que sea corto. Me gusta leer libros y periódicos. A mi todo lo que sea corto me aburre.

“Chico y Rita” está hecha para la sala de cine. Se pueden ver “Las Meninas de Velásquez” en un sello de correos, pero recomiendo verla en el Museo del Prado.

Las películas hay que verlas en su templo. Cuando veo cine en casa trato de reproducir la experiencia de la sala de cine: no estoy para nadie, ni contesto el teléfono. Tal como hacía Billy Wilder con los deportes el fin de semana.

Me encanta hablar de mis proyectos. Me encanta la gente que nos visita en el rodaje.

El cine es un arte temporal, como la música. Por eso es que viajan bien juntos. Lo curioso es que de joven odiaba los musicales, me indignaban.

El cine es un género literario.

Por Juan Carlos Ensuncho Bárcena