febrero 15, 2011

El arte de conmover


Los cineastas nos tienen acostumbrados a la manipulación. El mundo del cine está lleno de fórmulas para hacer reír, llorar o causar tensión.

De eso viven los gurús de los guiones. Luego llega el proceso de llevar a las imágenes lo que está en el papel y, también, a menudo somos engañados por los decorados, las actuaciones y las palabras. En un tercer lugar, en el proceso de montaje, se le añade un poco más al engaño con la música, los tiempos entre una escena y otra y el orden en el que se nos presenta la historia. En suma, una película es un pacto tácito entre el cineasta y el espectador: te voy a contar una mentira, pero tienes que creerla.

Pocas veces el espectador logra tener conciencia de que, a pesar de que lo que le están contando es una ficción, esa ficción está conectada con el mundo real. Ahí reside el acierto de “Los Colores de la Montaña”*. Como diría el jurado del Festival de San Sebastián, que premió a su director: esta película es “engañosamente sencilla”. Eso para un público foráneo o de Festival, pero para el espectador colombiano significa otra cosa: mirar de frente un fenómeno que a pesar de estar sobre expuesto en los medios de comunicación, pocas veces toca nuestra propia sensibilidad.

El fenómeno, llamado guerra, conflicto o violencia, es expuesto esta vez de manera equilibrada, poética, simple, como vista por un niño. Y a ese recurso apela su director para hacernos conmover: nos cuenta la historia reciente de nuestro país, pero a través de los ojos de un niño. Un niño que es capaz de visualizar su entorno y llevarlo a la representación artística por medio de una caja de colores.

Hemos visto esta historia en “Las tortugas también vuelan”, en “Ciudad de Dios”, incluso en “Retratos en un mar de mentiras”, pero esta vez la vuelta de tuerca que logran Carlos César Arbeláez y su equipo es tratar a sus personajes con dignidad, con respeto, con decoro. Ser capaz de ver la Belleza de unas tierras, a pesar de los charcos de sangre que a veces la pueblan. Como fue el mismo director capaz de decidirse por el cine, a pesar de haber nacido en un entorno cargado de conflicto como el de su tierra natal, Puerto Berrío (Antioquia).

“Los Colores de la Montaña” es una película catártica, necesaria, bella. Pero cercana al espectador. No es prepotente ni pretenciosa. Y ya es mucho decir en el amplio y diverso panorama del nuevo cine colombiano. Muy recomendable.

Por Juan Carlos Ensuncho Bárcena


* Película inaugural del 51 Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias, febrero 24. Estreno en salas de Cine Colombia: viernes 11 de marzo

4 comentarios:

Antony Sampayo dijo...

Buen análisis, Juan Carlos.Y lo haces basado en los tantos años que Colombia ha padecido en guerra, y los cientos de niños con historias similares al protagonista de Los Colores de la montaña; sin embargo no deja de ser interesante. Gracias, amigo, por tan buena recomendación.

Saludos cordiales.

Juan Carlos Ensuncho Bárcena dijo...

Querido Antony: Cordial saludo. Muchas gracias por tu comentario.

fenixis dijo...

Hola amigo , nuestro cine siempre ha querido como que parecerse a Hollywood en su afán de vender,y son escasas las muestras de material valioso como esta producción y el análisis coherente que haces al respecto ,saludos .

fenixis dijo...

hola yo soy fenixis,santiago naranjo ,lo que pasa es que esta vaina de la tecnología todavía me abruma ...jajajaja,un abrazo .