febrero 23, 2011

"El arte no es para competir"



Está que no cabe de la dicha. Y no es para menos. Su Ópera Prima es la película inaugural del 51 Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias. Es Carlos César Arbeláez, el ganador del PREMIO KUTXA para NUEVOS DIRECTORES del prestigioso Festival de San Sebastián. El jurado lo premió porque “consigue mostrar la fragilidad de la integridad humana en medio de un conflicto armado”.

A la fecha “Los colores de la montaña” ha recorrido una docena de festivales de Italia, Eslovaquia, Suecia, Brasil, Argentina, Cuba, India y Turquía. Y se prepara para participar en el Cinema Novo Festival (Bélgica), el Festival de Fribrugo (Suiza), el Festival de ZLÍN (República Checa), el Miami International Film Festival (Estados Unidos) y el Chicago Latino Film Festival (Estados Unidos). Méritos tiene para inaugurar el FICCI.

Arbeláez, además de guionista de varios largometrajes y de un cortometraje, ha escrito y dirigido los cortometrajes La Edad del Hielo (1999) y La serenata (2007), el documental El cine en casa (1999) y numerosos documentales para televisión. “Los colores de la montaña”, su primer largometraje de ficción, obtuvo el Premio Cine en Construcción en el Festival de Toulouse (Francia) el año pasado, así como el Premio del Público y Mención Especial del Jurado en el Festival Internacional Ronda (España).

¿Qué tan difícil fue el manejo del tema de “Los Colores de la Montaña”?

He sido muy respetuoso porque con el tema de los niños en la guerra es muy fácil caer en la manipulación del sentimiento. Me cuidé mucho de eso, no sólo desde la historia sino desde el tratamiento visual. La película es un registro sensible del mundo de los niños, pero también respetuoso con el espectador.

Su película puede interesar por igual a un espectador básico y también a uno formado ¿cómo lo logró?

Esa es una de las cosas que me tienen muy contento como director. Porque siempre las películas uno las define como más para festivales o más para el público. Pero que una película funcione en los dos ámbitos es muy difícil. Desde que presentamos la película en San Sebastián, pensé “esta película también va a funcionar con el público”.

En la película también se maneja de manera respetuosa el tema de la Fe…

Una de las cosas más bonitas que dijo el jurado de San Sebastián es que “Los Colores de la Montaña” es una película engañosamente sencilla. Porque lo que está pasando en la película es mucho menos de lo que está pasando fuera de cuadro. Porque mientras hay unos niños que quieren recuperar un balón, por debajo están pasando cosas que muestran mucho la fragilidad del ser humano. Uno está pendiente de los niños que recuperan el balón, pero al tiempo pasan muchas cosas que se cuentan de una manera muy cotidiana.

Por eso en algún texto habla del cine iraní…

Claro. Eso me ha permitido, por ejemplo, poner toda la violencia fuera del cuadro. Entonces el espectador sale con muchas preguntas: ¿Qué pasó con Julián? ¿Qué pasó con la mamá de Julián? ¿Por qué desaparecieron? Y meter todos esos disparos, el sonido de los helicópteros y dejarlos fuera de cuadro, me parece un acierto para la película y que la ha llenado, la ha cargado sicológicamente. Me parece que es una de las cosas que aporta la película al cine colombiano.

¿Dónde ubica “Los Colores…” en el contexto del cine colombiano?

Pienso que con esta película logramos abrir una ventanita pequeña de sensibilización al espectador sobre el tema del desplazamiento, si es que la película podría cumplir una función social. A pesar de que yo no quise hacer una película sociológica o antropológica… política puede ser pero es una discusión muy larga. Yo me he centrado en la cotidianidad de estas familias y de estos niños. Y al crear ese contraste, esa fragilidad de los niños con el mundo absurdo de la guerra, se mantiene conectado y conmovido al espectador.

¿Está basada en alguna historia real?

Para nada. Por ejemplo la escena de las balas, que es una de las que más suscita preguntas, no la investigué ni nadie me la contó, es toda ficción. Gracias a esta naturalidad de estos niños, parece que ellos me la hubieran contado a mi y yo la hubiera rodado, pero no. Fue absolutamente ficción.

¿Tuvo una infancia rural o conectada con el campo?

Yo soy de Puerto Berrío que no tiene montañas, sino que es un pueblo al lado de un río. Pero lo que pasó también fue que me demoré tanto rodando esta película y fui tantos años a Jardín que terminé, creo, medio campesino. Eso me sirvió muchísimo para pulir cosas realistas del guión, para llenar la película de detalles bonitos, reales.

¿Qué significa para usted inaugurar el FICCI?

Ha sido una noticia casi que alucinante. Inaugurar un Festival que quiero tanto… Tengo por ahí 20 versiones, desde que era estudiante de Comunicación Social. Es el Festival más antiguo de Latinoamérica y va a ser muy bello para todos nosotros, especialmente para los niños que van a viajar por primera vez en avión y van a conocer el mar. Es mi forma de agradecerles por la frescura y la poesía.

¿El FICCI lo ha formado como cineasta?

Ya ves que sí. He estado muy cerca de este Festival, gracias a él he conocido a muchos directores y he visto grandes películas. Las personas más importantes que he conocido del mundo del cine las conocí allí. En este último año he tenido la suerte de ir a muchos festivales, pero antes el FICCI era el festival referente para mí, donde podía ver directores, críticos, actores. La curaduría ha mejorado mucho. La Competencia Iberoamericana va a estar muy dura, cosa que me alegra.

Algunos críticos consideran que uno de los premios más importantes del cine colombiano lo recibieron ustedes en San Sebastián. ¿Qué piensa?

Creo que las películas no son competencia. El Arte no es para competir, pero sí, este premio es uno de los más importantes que ha recibido una película colombiana en un Festival Clase A. Cuando lo recibí el Premio en San Sebastián, fue una cosa alucinante… Le cambió el rumbo a la película, porque nos ha permitido venderla a muchos países, me han invitado a más de 20 festivales y espero que me abra las puertas para producir mi próximo largometraje.

¿Ya está en proceso?

Sí, se llama “Eso que llaman amor” y espero que se le abran muchas puertas porque ya lo miran a uno con una percepción distinta. Por ejemplo, el cantante Juanes la vio y quedó absolutamente conmovido. Él la quiere hacer visible en el mundo. Vamos a ver si el público colombiano se conecta con ella.





Natalia Cuéllar, actriz
“En las armas no está la educación”

Se siente honrada y muy contenta. Es su primer largometraje. Y está segura que a la gente le va a encantar “porque tiene un punto de vista infantil que a veces hace que los adultos reaccionemos ante tanta violencia”. Estuvo durante tres semanas de rodaje, con los niños y los otros protagonistas en “El Jardín” (Antioquia) y dice que “fue una experiencia sencilla, pero muy bonita”. Es Natalia Cuéllar, actriz bogotana que estudió en la Casa del Teatro y en la Universidad Pedagógica Nacional. Su personaje es el de la profesora que llega al colegio “La Pradera” a enseñarles a los chicos. “Carmen” es una joven que llega al pueblo porque es su única opción de trabajo.

¿Cómo fue su aproximación al mundo de Carmen?

Lo primero fue una investigación con un libro que se llama “Mujeres en la guerra”, luego empecé como a crear en mi la tensión que veía en los relatos de ellas, porque Carmen es una niña grande que siempre está bajo un nerviosismo, una mirada que la observa y que al final casi que la atrapa. Carlos César me hizo ver videos de profesoras que habían estado amenazadas en la vida real. Tuve la oportunidad de ir a Jardín para trabajar con él y con los niños todas las escenas, durante cinco o seis días, como seis meses antes del rodaje.

¿Cómo fue ese proceso creativo con el director?

Me mostró cómo crear una relación con los niños, cómo leer el guión. “Concéntrate en la verdad, en lo que tu personaje dice, en lo que tu personaje vive”, me decía. Luego traía a Carmen a mi vida cotidiana para ver cómo caminaba, cómo se movía. Cuando fuimos a rodar, simplemente me olvidé de todo eso. Dejé el miedo a un lado, el ego al otro y me dediqué a escuchar a los actores porque el 98% de la película es con actores no actores y yo tenía mucho susto. Siento que aprendí mucho, de la mano de Carlos César, que es un director muy tranquilo, que te dice cosas muy puntuales para que desarrolles el sentimiento. Carmen está hecha con veracidad y mucho amor.

Luego de verla en pantalla grande, ¿qué le deja Carmen? ¿Cómo la siente?

Carmen me deja mucho dolor. Sé que hay muchos colombianos y colombianas que han querido hacer cosas por mejorar nuestra tierra y que les han amarrado las manos; entonces se siente tristeza, se siente depresión, se siente impotencia. Creo que sí se reflejan esas cosas en Carmen. Me deja ganas de luchar a través mi carrera, a través de mis talentos, a través de mis virtudes como humana, para ayudar con lo que pueda a gente cercana o gente lejana. Un grano de arena forma el mar. Me deja cosas positivas para seguir aprendiendo como actriz, como humana. Los colombianos debemos empezar a trabajar y ser conscientes de que tenemos un carácter fuerte y explosivo, entonces desde el individuo empezar a transformar eso y sacar nuestra Luz. Las cosas bonitas que hay en el corazón.

¿Cree que su trabajo es útil? No sólo para usted, ¿sino para quien la ve?

Yo creo que todo lo que tú veas en “Los Colores de la Montaña” te va a causar una reflexión. Si lo vemos por el lado de Carmen, la educación en nuestro país necesita una inyección de apoyo, de dinero, de propaganda, para que nos enamoremos de ella otra vez. Tenemos derecho a la Educación, tenemos derecho a la Cultura. Creo que no se le puede negar la posibilidad a ningún niño, porque creo que la violencia no enseña. Que en las armas no está la educación. Y Carmen refleja eso. En Colombia hay muchos niños y niñas talentosos para la Ciencia, para el Arte, para la Tecnología… y hay que dejarlos fluir.





Juan Pablo Tamayo, productor
“Uno más uno no siempre es dos”

“Los Colores de la Montaña” tuvo un presupuesto bajo para el promedio de lo que es el costo de una película en Colombia: Mil Millones de Pesos. Incluyendo las etapas de Desarrollo, Pre-producción, Rodaje y Post-Producción, sin hablar de la  Promoción. El responsable de conseguir ese dinero fue Juan Pablo Tamayo, productor de la película. Y no tuvo una estrategia calculada para lograrlo. Esta también es su Ópera Prima como productor responsable económica y jurídicamente (antes había trabajado como asistente, jefe de producción o productor de campo), entonces lo que hizo fue “tocar puertas”.

“Analicé muchísimo todos los fondos de producción cinematográfica que hay en el mundo. Me puse a estudiarlos todos e íbamos mandando a todos un poco a “la topa tolondra”, he de serte muy sincero. Y realmente no funcionó por ahí, aunque obtuvimos el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico de Colombia y el Programa Ibermedia. Posteriormente, se fueron uniendo Cine Colombia, Jaguar Films de Panamá, RCN CINE e INNOVA, CONGO FILMS. Así fue como se armó la financiación. Fue un proceso que duró más o menos seis años. No es lo ideal que ese proceso dure tantos años, pero como era la primera había que “presentar el examen” y había que ganarlo. Y creo que se ganó.

¿Le fue útil la Fe para conseguir todo ese dinero?

Sí, hermano. Yo creo que la Fe, sea la Fe religiosa, la Fe moral, la Fe del Corazón, la Fe mental, sirve muchísimo sobre todo porque hacer una película es un esfuerzo económico, físico, sicológico, mental muy grande y tiene uno que tener muy claro, muy claro, el camino donde quiere llegar. Y luchar por ese camino porque se va a encontrar un millón de tropezones todos los días, pero también un millón de aprendizajes. Y si no tenés Fe es muy fácil abandonar el proyecto.

¿Cuál fue el momento más crítico de esta producción?

El rodaje. Siempre he dicho que hacer una película es resolver una ecuación indeterminada, con mil variables. En el cine no siempre uno más uno es dos. Puede ser cuatro o puede ser menos cinco. Puedes tener el mejor fotógrafo, el mejor director, los mejores actores, el mejor equipo técnico, todo el dinero… y la película puede ser un fracaso. O puede que hagas una película muy sencilla, muy intimista, muy elemental, que la haces con pocos recursos y sales con una Mega Obra. Lo más difícil de hacer una película es someterse a tanta relatividad junta.

Superada la etapa comercial de la película, ¿ha pensado que pueda llegar a otros escenarios, donde pueda ser útil?

Este negocio es de altísimo riesgo en el que o te va muy bien o te va muy mal. Pero uno como cineasta tiene que tener un compromiso social, también. Todos tenemos que contribuir desde nuestros oficios a poner el granito de arena para que la sociedad se desarrolle y crezca. Por eso creo que una vez se cumplan los compromisos con los inversionistas, la película tiene que tener también una proyección social. De hecho vamos a hacer una donación de un porcentaje de la taquilla a una fundación que estamos definiendo. Creo que eso hace parte de la responsabilidad social de la película.

Por Juan Carlos Ensuncho-Bárcena

1 comentario:

William Zapata M. dijo...

Uy, juepucha, es que estamos de altruismo fundacional y todo! bien por este productor, se lo merece.