febrero 14, 2011

Heráldicas para el Maestro



David era una fiesta

La frase es del poeta samario José Luis Diazgranados, quien brindó con el Maestro en más de una ocasión. La pronunció el día de su sepelio, en Bogotá. Lejos de su natal Lorica Saudita, pero muy cerca del corazón de su familia. Luego relató un episodio divertido del Maestro y terminó su alocución diciendo: “Pero sigues siendo el Rey”.

Aquel árbol del patio

Era 1951. Tenía cinco años entonces. Sofía, su tía abuela, noventa. Ella lo hizo sentar en un taburetico, bajo un frondoso árbol, para contarle la historia de Lorica. Desde ese momento supo que sería escritor, pero fue a los 8 años cuando se atrevió a anunciarlo a la familia. Su padre, hombre de negocios, se molestó: “Eso no sirve para nada”. Y, con esa convicción, entró al mundo de las letras.

Los cigarrillos

Sucedió una mañana, mientras escribía los primeros cuentos en su máquina. Su padre, al verse necesitado le dijo: “Oye Davi, tú que no estás haciendo nada, ¿por qué no me vas a comprar unos cigarrillos?”. En ese momento comprendió que debía marcharse de casa, hacerse su propio camino.

Paloma

Carmen y él estaban en un Teatro de Madrid. Esa noche presenciaban “La Verbena de La Paloma”, zarzuela considerada como la obra cumbre del género chico. “La Verbena de La Paloma” es un auténtico retrato costumbrista del Madrid de finales del siglo XIX y cuenta con música de Tomás Bretón y libreto de Ricardo de la Vega. Esa misma noche, de regreso al hotel, concibieron una hija a la que llamó Paloma, en memoria de La Verbena y de Madrid.

Barranquilla

Todo estaba listo para la visita de Juan Pablo II. El carro que lo llevaría hasta la Catedral Metropolitana era conducido por un hombre estupendo, parecido a “El Pachanga”. Al momento de abrirle la puerta al Papa, el chofer lo saludó: “¿Ajá, Tu Santidad?”

La Corraleja

Esa noche entró al ruedo encima de un caballo blanco. Llevaba en su cabeza un sombrero Zenú, marcado con su nombre. Sonaba María Varilla, el himno de Córdoba. Le dio vuelta al ruedo, saludando, sombrero en mano, a miles de personas que se agolparon para verle. Él sonreía, agradecido, como quien sabe que todo lo que Es como escritor se lo debe a ellas. Al bajarse, se subió a una tarima y se sentó en una mecedora, a conversar. Pero, en medio de la conferencia, le cortaron el fluido eléctrico. Tal como le pasó a “El Flecha”, uno de sus personajes más queridos.

El cuarto de música

El día en que murió el Maestro, un silencio enorme se apoderó de su apartamento, al norte de Bogotá. Bernardita, su asistente de cocina, miraba a lo lejos, sentada a la mesa. Paloma daba declaraciones a un periodista, vía telefónica. A su lado, una frase que, de niño, su padre leía en el cuarto de música de su tío Eugenio: "Siéntate tranquilo allí donde se canta, pues la mala gente nunca tiene canciones".

3 comentarios:

Antony Sampayo dijo...

Un buen post, Ensuncho, en honor a un grande de la literatura que se marchó antes de tiempo.
“Oye Davi, tú que no estás haciendo nada, ¿por qué no me vas a comprar unos cigarrillos?”, me causó gracia este párrafo, mira lo lejos que llegó David Sanchez Juliao.

Abrazos grandes.

Bordes añadidos dijo...

"Recuerdo que tengo que escribir hasta tarde y se me han acabado los cigarrillos...."
¡¡¡Ya, en el tuqui, tuqui!!!
¡Te tengo visté Juan Ensuncho, te tengo visté!

Juan Carlos Ensuncho Bárcena dijo...

Gracias, Antony. Gracias, Anabell. Abrazos para ambos, JC