enero 23, 2011

Un asunto silvestre


Por Juan Carlos Ensuncho Bárcena

Mucha tinta ha corrido desde la noche del 25 de diciembre pasado, cuando un reconocido cantante vallenato tocó en público las partes pudendas a un niño.  Y no precisamente al niño del pesebre, aunque si fue en un ambiente silvestre.

Y se armó el polvorín. El asunto en cuestión mereció que muchas mujeres pusieran el grito en el cielo. Sobre todo ilustres columnistas del interior del país. Y condenaron a la hoguera a un pobre muchacho de pueblo que lo único que estaba haciendo era una broma, de mal gusto, a un pelao del barrio. Admirador suyo, además.

Pero no sólo las mujeres, guiadas por su instinto maternal, lamentaron el hecho. También una serie de hombres criticaron al cantante, por “machista”, “inculto” y una larga lista de adjetivos descalificativos. Incluso un columnista muy chistoso, hijo de un ilustre defensor del vallenato, propuso al cantante guajiro como candidato al congreso, citando a los honorables costeños que hacen parte del órgano legislativo.

Detrás de todo esto he leído, primero que todo, la pésima reputación que tenemos los hombres del caribe en la prensa nacional. Se nos trata de corruptos, de machistas, de violentos. Como si la corrupción, el machismo y la violencia fueran exclusivamente nuestras. Y no se trata acá de defender a capa y espada una condición cultural, política o geográfica. Si no de llamar a una reflexión equilibrada.

Habría que decirle al país, en primer lugar, que no a todos los costeños nos gusta el vallenato. Que no todos hacemos bromas tan pesadas a los niños. Que no todos somos proclives al chanchullo. Que no todos creemos en una superioridad implícita del hombre con respecto a la mujer. Ni mucho menos que todos resolvemos a bala nuestros conflictos. Y pedirle a la prensa nacional que deje de hacerlo tanto eco a caricaturas un tanto obsoletas sobre el ser caribe. Que ese tipo de clichés no le hacen ningún bien a la construcción de un ser nacional.

No voy acá a ofender a nadie, porque estaría justamente actuando de la misma manera que ciertos columnistas. Ni voy a recordarle al país la procedencia del único Premio Nobel colombiano. Pero sería bueno que también los canales de televisión echaran mano de libretistas más ingeniosos, más observadores y más originales cuando de dibujar al hombre y mujer caribe se trata. Basta ya de pésimas imitaciones del maravilloso universo de Gabriel García Márquez. Basta de lamentables secuelas de las divertidas plumas de David Sánchez Juliao y José Luis Garcés. 


Lean un poco más, señores libretistas. Y se darán cuenta que durante las últimas dos décadas el caribe colombiano ha sido muy bien descrito por estupendos narradores que se atreven a crear atmósferas diferentes a Macondo: Ramón Illán Bacca, Roberto Burgos Cantor, Efraim Medina Reyes, Adolfo Ariza Navarro, John Jairo Junieles, John Better, Carlos Polo, por citar unos nombres.

Y así no tendremos que recordar que “Silvestre” es simplemente un adjetivo masculino que significa, según la Real Academia de la Lengua Española: “Criado naturalmente y sin cultivo en selvas o campos”. Y también “Inculto, agreste y rústico.” Pero su uso no es exclusivo de ninguna región del mundo.

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