enero 04, 2011

Cuando las aguas bajan



Por Juan Carlos Ensuncho Bárcena

En el pueblo de San Marcos del Carate, al llegar al Puerto Real, se encuentra uno de frente con una escultura. Modelada en yeso por el artista José Jorge Villegas Mier, El Hombre Hicotea sintetiza la esencia del hombre de estos lados, a medio camino entre la tierra y el agua.

Es el caso de este hombre y esta mujer que, sentados en la puerta de su casa, cuentan lo ocurrido.


“Increíble, pero hace dos meses podíamos pescar con atarraya en el mismo frente de la casa”, dice él. “El agua se tomó la casa, se metió en la sala, en el comedor, bajo las camas. Nos tocó salir”, dice ella. Pero no es nada nuevo para ellos. Todos los años, dicen, se repite la misma historia. Para ellos no existe eso de “emergencia invernal”. Porque esta situación ya se convirtió en una tradición.

Berta Piña, la matrona de una gran familia de músicos, opina lo contrario: “Esto nunca había pasado. Esto fue el diluvio. El fin del mundo”. Cuenta Berta que sus familiares tuvieron que comprar 500 bloques para construir barreras en las puertas que dan al patio y varios puentes en el mismo. “Esta agua no era de río, sino de otros lados. Venía de lejos, del país de los gitanos”, dice enfática a punto de cumplir 98 años.



Cierto o no, los habitantes del pueblo padecen hace mucho tiempo del mismo problema. Un torrente que viene del Magdalena iguala las aguas del Cauca y del San Jorge. Y la ciénaga de San Marcos, hecha para contenerlas, no puede y se desborda. Entonces el paisaje de la calle del comercio se convierte, de un día para otro, en una calle de Venecia. Y los canoeros adoptan la elegancia de los gondoleros, para llevar a la gente a hacer sus compras.

Pero llega el día en que las tiendas se ven obligadas a trasladarse a otros locales. Y las ventas bajan. Les toca esperar con estoicismo. Y resisten. Quizá es el verbo que más identifica a los habitantes de San Marcos del Carate: resistir. Ya lo había dicho el sociólogo Orlando Fals Borda en su libro Resistencia en el San Jorge.

“Y los alcaldes no hacen nada. Ni el que está ahora ni los que han estado antes. Pareciera que nos hacen cada año el mismo regalo”, dice un vecino de Berta, acongojado. Su mujer, sentada al lado, espera paciente a algún cliente para su peluquería.



Pero el agua ha comenzado a bajar. Ya se ve una garza en el paso de Chipilín, inmortalizado por Alejandro Rodríguez en la voz de Juancho Piña. Ya se ve el barro. Dentro de poco, la calle será transitable, de nuevo.

Y entonces los habitantes del pueblo podrán decir alegres: “Feliz Año Nuevo”.


Publicado el martes 4 de enero de 2011, en El Heraldo de Barranquilla: http://www.elheraldo.co/region/cuando-las-aguas-bajan

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