diciembre 19, 2011

Carta abierta a la Radio Nacional de Colombia

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Bogotá, diciembre 19 de 2011



Señores
RADIO TELEVISIÓN NACIONAL DE COLOMBIA - RTVC
RADIO NACIONAL DE COLOMBIA - RNC
OYENTES
Colombia

CC: MINISTERIO DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN Y LAS COMUNICACIONES – MINTIC, PROCURADURÍA GENERAL DE LA NACIÓN, DEFENSORÍA DEL PUEBLO



Cordial saludo.

El pasado 15 de diciembre me despedí de la audiencia del espacio El Atardecer (lunes a viernes, de 4 a 8 pm) por razones que, dadas las condiciones de carácter público estatal, de la Radio Nacional de Colombia, hago públicas en la presente carta de renuncia: Carta que me he visto moralmente obligado a redactar por respeto a la profesión, a los oyentes y, por supuesto, al gobierno – empeñado como está en la transparencia de sus procesos-.

El 16 de agosto del año en curso fui contratado en la modalidad de selección directa por la Subgerencia de Soporte Corporativo de RTVC, tal como se manifiesta en el Contrato de prestación de servicios número 247 de 2011, por mi “formación académica, experiencia profesional, condiciones personales, conocimiento del oficio, creatividad y habilidades requeridas” para el cargo de PRODUCTOR DE CONTENIDOS de las emisoras de la Subgerencia de Radio de la misma entidad. “La trayectoria del contratista está relacionada en el estudio previo, su experiencia y formación académica se soporta en la documentación adjunta a la hoja de vida entregada”, cito el documento.

De igual manera el citado contrato hace referencia al artículo 85 de la Ley 489 de 1988, al reglamento interno de RTVC (Resolución No. 172 de 2008) y a la Circular No. 003 de 2008 expedida por la Oficina Jurídica de la entidad en la que se considera la contratación de manera directa dada mi experiencia e idoneidad para ejercer el citado cargo. Es necesario aclarar que firmé el contrato de manera íntegra, sin estar incurso en ninguna de las causales de inhabilidad o incompatibilidad contempladas en la Constitución Política y en la Ley.

Con total determinación y disposición profesional comencé mis labores el mismo día de la firma del contrato, dada la inspiradora Misión corporativa de RTVC: “Prestar un servicio de radio y televisión pública eficiente y de alta calidad, con el fin de que los colombianos tengan una cita permanente con una programación entretenida de carácter educativo y cultural que fomente la participación democrática, la construcción de ciudadanía y la generación de identidad nacional”. Así mismo por la Visión de la entidad: “Crear, producir, realizar, transportar y emitir los mejores contenidos educativos, culturales de la Radio, la TV y ahora de la WEB pública, utilizando para ello, nuestra experiencia en programación y producción, nuestra memoria audiovisual y  las nuevas TIC”. Estaba claro para mí el énfasis Educativo, Cultural y Democrático, cosa que me llenaba de enorme satisfacción. Como soy un total convencido de que a través de la Educación y la Cultura se puede construir Democracia, Ciudadanía e Identidad, emprendí mis labores con el ánimo requerido para tal propósito.

En desarrollo de mi contrato fui asignado por la Subgerente de Radio, Catalina Ceballos Carriazo, como conductor del programa El Atardecer de Radio Nacional de Colombia. Para lo cual debía tener una inducción diaria con el fin de entrar al aire el 1 de septiembre. Por tal razón – sin que el contrato ni ninguna comunicación escrita lo pidiera – estuve asistiendo todos los días a la emisión del citado programa – que en ese entonces se emitía de 1 a 5 pm -. En esos primeros quince días tuve la fortuna de conseguir varias entrevistas memorables, vía telefónica. Una de ellas con el poeta y narrador Álvaro Mutis, a quien llamé el día de su cumpleaños para manifestarle la felicidad que nos produce su Vida y su Obra. Otra de las entrevistas de esos días iniciales fue con el escritor y cineasta mexicano Guillermo Arriaga, ganador de prestigiosos premios internacionales, nominado al Oscar. Por la acogida que tuvieron, en particular esas dos entrevistas, me dio la sensación de que había llegado al lugar indicado. A pesar de ello, comencé a percibir una extraña sensación – no se si de envidia o de temor - por parte de la que iba a ser mi compañera en El Atardecer-, la señora Luisa Piñeros. Sin embargo no presté mucha atención a la sensación y continué con mi trabajo. Con el correr de los días llegó el 1 de septiembre, a partir del cual me dediqué, oportuna y profesionalmente, a cumplir con mis obligaciones contractuales.

Hasta el pasado 15 de diciembre completé un total de 72 programas (288 horas al aire, 72 más de las que exige el contrato), en los cuales tuve el enorme placer de promover más de 300 eventos culturales a nivel nacional y sostener las únicas dos secciones fijas del programa: “Desde la fonoteca” y “Juan Ensuncho recomienda”. De igual manera propuse para entrevistar y/o llevar a la cabina a 150 invitados (ver listado adjunto), entre los cuales vale destacar a importantes músicos, escritores, cineastas y artistas de las más variadas disciplinas, que le brindaron a El Atardecer carácter y posicionamiento en cuanto a tratamiento de temas culturales de fondo. Invitados que en muchos casos, a pesar de su importancia y reconocimiento, debía contextualizar a mi compañera de programa, debido a su lamentable desconocimiento del Cine, la Literatura y de las Artes en general. Su conocimiento de la Cultura es más cercano a la Agricultura que a otra cosa. Algo vergonzoso que demostraba una y otra vez cuando entrevistábamos a algunos invitados. Es digna de antología la pregunta que le hizo al gran coreógrafo y bailarín de danza contemporánea Álvaro Restrepo, al respecto de si le enseñaba a bailar mapalé. O el saludo a Julio Iglesias “que nos atiende desde Punta Cana, México”. O la mención “al finao Buitraguito” ¡presente en cabina!; recientemente “las sentidas condolencias a Colacho Mendoza por la muerte de su nieta” (el maestro Colacho murió en 2003). Eso en cuanto a la desinformación que limita con la ignorancia. Sin tener en cuenta la proverbial desfachatez a la hora de expresarse. En una oportunidad hablando de la población carcelaria se refirió a ellos como “¡prófugos de la libertad!” Podría dar más ejemplos, pero no insisto más.

La peor forma de ejercer el poder, por mínimo que sea, es la tiranía. Y eso es lo que caracterizaba a mi compañera de trabajo como “cabeza del programa El Atardecer”, cargo que nunca me fue notificado por escrito, como es debido. Tiranía al elegir las horas del consejo de redacción, tiranía al escoger los temas de cada día, tiranía al decidir las fechas de planeación mensual de los temas del programa. Nunca tuvo espíritu ni interés democrático al conducir el programa. A lo mejor inspirada – y estimulada – en la propia Subgerente de Radio, quien mantiene unas pésimas relaciones laborales con casi todo el equipo, a fuerza de su tono de voz y maneras groseras de dirigirse a compañeros de trabajo. Lamentablemente tengo que confiarles que las citadas señoras actúan como si fueran las dueñas de una empresa que es patrimonio de todos los colombianos.

En cuanto al desarrollo de mi ex compañera como parte del equipo musical de la Radio Nacional de Colombia, es necesario advertirles a los grupos musicales o artistas independientes de Colombia que, lamentablemente sus trabajos nunca son escuchados ni valorados por tal señora. A menos que hayan ustedes firmado con alguna disquera (si es de Medellín, mejor), o tengan ustedes jefes de prensa, o puedan hacerle invitaciones personales a la susodicha. Yo mismo hice - en repetidas ocasiones - sugerencias espontáneas, desprevenidas, absolutamente independientes de algún interés de tipo económico – como lo fueron todas las sugerencias que hice – y fueron de inmediato rechazadas. Yo no estaría tan seguro de que sus decisiones musicales son absolutamente independientes de interés económico. ¿Será que la famosa payola también hace parte del proceder de la Radio Nacional de Colombia? Yo solo pregunto. Ahí les dejo esa inquietud a las autoridades respectivas. Además, porque al manejo del Top 20 – que se emite todos los sábados de 4 a 6 de la tarde - le hace falta una contundente auditoría. Prueba de ello son las quejas que constantemente hacen los artistas incluidos sobre el manejo del mismo. Ni qué decir de los artistas que nunca llegan al conteo. La mayoría de ellos independientes, que hacen música por el deseo de expresarse, desde los más diversos rincones de Colombia.

A propósito, me gustaría tocar un necesario tema: el carácter de la Radio es Nacional, pero sus directivos insisten en hablar de “regiones”, como si fuera una Radio Regional. No han entendido que la Misión de RTVC es la de generar Identidad Nacional. Aún no se han dado cuenta esos directivos - entre los que incluyo a Julián Bohórquez, Coordinador de Programación y Producción de la Radio Nacional de Colombia y a Juan Pablo Calvás, Jefe de Información de la misma – que hacer énfasis en lo “regional” contribuye al regionalismo que tanto daño ha hecho a los colombianos desde las guerras del siglo XIX. Eso sin tener en cuenta la aversión que le producían a mi ex compañera ciertos temas propuestos – aparte de los culturales – que tenían que ver con la costa caribe. Al parecer para la señora Piñeros el país comienza en la meseta cundiboyacense y termina en la costa pacífica. Porque, a nivel musical, sólo valora la llamada “carranga” y la música de marimba. El resto de sus invitados musicales, en ese período, fueron grupos o artistas bogotanos en su mayoría.

En cuanto a la comunicación enviada por correo electrónico e1 pasado sábado 17 por el señor Jefe Musical de Radio Nacional de Colombia, Jaime Andrés Monsalve, en la que se me da cuenta de las razones por las cuales no se me renovaría el contrato de prestación de servicios CMC-247-2011 - con vigencia hasta el 31 de diciembre del año en curso - , jamás fui notificado por escrito de las observaciones, solicitudes, sugerencias o llamados de atención a las que hacen referencia. Y, en cambio, fueron firmados por el mismo señor Monsalve los cuatro informes mensuales presentados, en los que doy cuenta de mis actividades laborales y contractuales. Además, nunca me fue notificado por escrito el cambio de supervisor de mi contrato, según el cual era el Jefe de Información.

Aparte, se le olvida al señor Jaime Andrés Monsalve citar el verdadero motivo de la decisión de no renovarme el contrato. Motivo que fue confirmado por la llamada intimidatoria hecha a este servidor el pasado sábado a las 2.19 pm por la señora Catalina Ceballos desde el teléfono 320.8493231 (que identificó como “de la Gerencia”): una opinión expresada a través de MI CUENTA PERSONAL en TWITTER. Hecho que viola mi inalienable derecho a la Libertad de Expresión, consagrado por la Constitución Política de Colombia y por la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Y todo esto lo afirmo sabiendo que la cláusula décimo tercera del contrato en cuestión, expresa que “no constituye vinculación laboral alguna con el contratista”, lo que quiere decir que no existe obligación contractual alguna por parte de RTVC de hacer renovación del mismo. Sin embargo, no estoy interesado en seguir vinculado un solo día más a una entidad en la que dejé de creer desde hace rato por las razones aquí manifiestas. Ahí dejo a las autoridades pertinentes los hechos. Y, por supuesto, a los lectores, mi explicación al por qué no los seguiré acompañando en El Atardecer.



Cordialmente,



Juan Carlos Ensuncho Bárcenas
CC 10.883.146 de San Marcos, Sucre
Correo electrónico: juanensuncho@yahoo.com
Twitter: @corronchochic

Listado de invitados sugeridos y/o contactados para el programa El Atardecer – Septiembre 1 a diciembre 15 de 2011 (con soportes impresos)

Septiembre

1. Alejandra Matiz (albacea de la obra de Leo Matiz), Otoniel, “el gran llanerazo”.
2. Daniel Maestre (indígena kankuamo)
5. Diego Lasso (librero colombiano residente en Costa Rica)
6. María Angélica Tovar (Festicine Villa de Leyva)
7. Humberto Pernett (músico), Nórida Rodríguez (actriz)
8. Zulema Slebi (Investigadora), Justo Almario (músico en cabina), Libia Gómez (cineasta)
9. Jack Rico (periodista de cine, residente en NY), Mario Mendoza (escritor)
12. Roberto Camargo (cantautor, desde Brasil),  Álvaro Restrepo (coreógrafo), Martín Murillo (promotor de lectura, “La Carreta Literaria”)
13. Luis Humberto Soriano (promotor de lectura, “Biblioburro”)
14. Osvaldo León (Licenciado en Ciencias Sociales)
15.  Álvaro Castaño Castillo (HJCK, no contestó) y Freddy Chamorro (escritor, no llamado)
16. Graciela Aldana (psicóloga)
19. María José Yances (socióloga), Daniel Bejarano (Festicine Ojo al Sancocho, no contestó)
20. John Mario Montoya (sacerdote, no contestó), Héctor Abad Faciolince (escritor)
21. Jaime Cortés (transportador), Giovanni Di Filippo (investigador)
22. Alejandra Quintero (sicóloga), Carlos César Arbeláez (cineasta), Natalia Bedoya (cantante y actriz)
23. Karina Bossa (bailarina), Faber Montesinos (folclorista), Edwin Madera (propietario de La Troja, no contestó), Miguel Iriarte (poeta y gestor cultural)
26. Pedro Blas y Gustavo Tatis (poetas, desde Cachoeira, Brasil).
27. Nohemí Lince (escritora), Adriana Echavarría (sicóloga)
28. Gloria Naranjo y Adriana Molano (ganadoras del Premio Nacional de Gastronomía), Salustiano Álvarez (botánico, no llamado) – Conversaciones con Andrés Cepeda
29.  Over Vides Chimá (pescador)
30. Natalia Cuenca (Directora Festival Quiero Cuento), Óscar Collazos (escritor)

Octubre

3. María Clara Cerón (funcionaria ASAB)
4. Rodrigo “Rocky” Valdés (ex campeón mundial de boxeo)
5. Rafael Darío Jiménez (Gabo restaurante)
6. Nicolás Román (documentalista residente en Francia), Manuel José Chávez (actor, en cabina)
7. (Todo el programa se hizo desde Villavicencio, Meta)
10. Henry Laguado (Festicine Bogotá)
11. Andrés Burgos (escritor y cineasta)
12. Heriberto Fiorillo (escritor y periodista)
13. Víctor Isaza (coleccionista de salsa, no contestó), Diego Galé (músico, no contestó)
14. Transmisión del Radioteatro desde la Biblioteca Virgilio Barco.
18. Aracely Morales (ex ministra de Cultura, no contestó), Danith Urango (poeta)
19. María Consuelo Rodríguez (ambientalista y ceramista)
20. Esperanza Martínez (abogada residente en Guadalajara, México)
21. Transmisión desde las ferias de arte: Odeón y La Otra con ocho invitados.
24. Marjorie Eljach (escritora residente en Madrid, España)
25. Julián Navarro (director del programa de Música de Uninorte), Flor Chasindekudo (indígena amazónica), Miguel Ángel Altamiranda (fabricante de Mongo Mongo, no contestó), Rodolfo Mejía Fontalvo (periodista cartagenero, no contestó), Leonor Espinosa (Chef)
26. John Galán Casanova (poeta) – Conversaciones con Jorge Velosa
27. Milly Quezada (la reina del merengue, desde República Dominicana)
28. Rosalía Montealegre (sicóloga), Ramón Illán Bacca (escritor)
31. David Rico (cuentero), Mery Yolanda Sánchez (poeta)

Noviembre

1. Gonzalo Arenas (periodista chileno de la DW), Argemiro Bermúdez (economista)
2. Kolectivo K (músicos, en cabina), Jorge Navas (cineasta)
3. Eliécer Torres (indígena arhuaco), Francisco Fadul (médico)
4. Sugerido: Julio Iglesias (desde Punta Cana, República Dominicana)
8. Ángel Lochkartt (artista plástico), Surama Ortiz (religiosa), Óscar Palacio (religioso)
9. Jao Gómez (fotógrafo), Roosevelt Cuadros (artista plástico)
10. Adriana Vidal España (Reina de la Ganadería), Gabriel Pardo (director de Patrimonio)
11. Nilda Meléndez (Reina del Cabildo de Getsemaní), Gustavo Tatis (poeta), Édgar Garcés (fotógrafo), Pedro Blas Julio (poeta), Jorge Escandón (chef), Fidel Leottau (gestor cultural)
15. Transmisión desde Paipa (Boyacá) con cuatro invitados en vivo.
16. Luis Ospina (cineasta), Mariano Candela (musicólogo)
17. Ricardo Gabrielli (cineasta, en cabina), Adriana Lucía (cantante), Jorge Vizcaíno (gestor cultural)
18. Ricardo Coral Dorado (cineasta, en cabina), Alain Crepin (director de orquesta), Aldair Quintero (músico), Lourdes Gavilá (música), Sara Marulanda (música)
21. Toto Vega (actor), Pilar Quintana (escritora), Ciro Otero (escritor).
22. Miguel Iriarte (poeta y gestor cultural), Araceli Epiayú (indígena wayúu).
23. Camilo Botero Jaramillo (cineasta), Lena Reza (poeta), Jaime Rojas (Biólogo), Samuel Garzón (escritor), Amaury Lora (alcalde menor de San Bernardo islote)
24. Gustavo Campo (periodista), Carolina Cuervo (actriz y escritora), Antonio Morales (escritor y periodista)
25. Claudio Narea (músico de Los Prisioneros), Piyo (músico de Compañía Ilimitada, en cabina), Alfonso André (músico de Caifanes), Julio Correal (manager y productor), Juan Álvarez (escritor, desde México)
28. Lácides Moreno (escritor)
29. Jorge Franco (escritor, no contestó), María Clemencia Pérez (funcionaria cultural)
30. Jacobo Vélez (músico de La Mojarra Eléctrica, en cabina). Conversaciones con Choc Quib Town

Diciembre

1. Ana Cristina Navarro (jefe de comunicaciones EPM), Silvana Ruiz (publicista)
2. (Todo el programa se hizo desde Arauca, Arauca)
5. Víctor Gaviria (cineasta), Dankir Ortiz (poeta)
6. José Alejandro González (cineasta, en cabina), Cristo Hoyos (artista plástico)
7. Jesús Abuabara (músico y gestor cultural), Luis Madariaga (gestor cultural)
9. Juancho Torres (músico)
12. Claudia Bermúdez (documentalista), Cristian del Real (músico)
13. Héctor Abad Faciolince (escritor)
14. Nicolás Suescún (escritor), Andrés Pineda (cineasta)
15. Natalia Rosales (chef), Carmelo Álvarez (escritor)

diciembre 16, 2011

Puntos de vista



Desde el punto de vista del sur, el verano del norte es invierno. 

Desde el punto de vista de una lombriz, un plato de espaguetis es una orgía. 

Donde los hindúes ven una vaca sagrada, otros ven una gran hamburguesa. 

Desde el punto de vista de Hipócrates, Galeno, Maimónides y Paracelso, existía una enfermedad llamada indigestión, pero no existía una enfermedad llamada hambre. 

Desde el punto de vista de sus vecinos del pueblo de Cardona, el Toto Zaugg, que andaba con la misma ropa en verano y en invierno, era un hombre admirable: -El Toto nunca tiene frío -decían. Él no decía nada. Frío tenía, pero no tenía abrigo. 

Desde el punto de vista del búho, del murciélago, del bohemio y del ladrón, el crepúsculo es la hora del desayuno. La lluvia es una maldición para el turista y una buena noticia para el campesino.

Desde el punto de vista del nativo, el pintoresco es el turista. 

Desde el punto de vista de los indios de las islas del mar Caribe, Cristóbal Colon, con su sombrero de plumas y su capa de terciopelo rojo, era un papagayo de dimensiones jamás vistas. 

Desde el punto de vista del oriente del mundo, el día del occidente es noche. En la India, quienes llevan luto visten de blanco. En la Europa antigua, el negro, color de la tierra fecunda, era el color de la vida, y el blanco, color de los huesos, era el color de la muerte. 

Según los viejos sabios de la región colombiana del Chocó, Adán y Eva eran negros y negros eran sus hijos Caín y Abel. Cuando Caín mato a su hermano de un garrotazo, tronaron las iras de Dios. Ante las furias del señor, el asesino palideció de culpa y miedo, y tanto palideció que blanco quedó hasta el fin de sus días. Los blancos somos, todos, hijos de Caín.

¿Si Eva hubiera escrito el Génesis?. ¿Cómo sería la primera noche de amor del género humano? Eva hubiera empezado por aclarar que ella no nació de ninguna costilla, ni conoció a ninguna serpiente, ni ofreció manzanas a nadie, y que Dios nunca le dijo que parirás con dolor y tu marido te dominará. Que todas esas son puras mentiras que Adán contó a la prensa. 

Si las Santas Apóstolas hubieran escrito los Evangelios, ¿Cómo sería la primera noche de la era cristiana? San José, contarían las Apostalas, estaba de mal humor. El era el único que tenía cara larga en aquel pesebre donde el niño Jesús, recién nacido, resplandecía en su cuna de paja. Todos sonreían: la Virgen María, los angelitos, los pastores, las ovejas, el buey, el asno, los magos venidos del Oriente y la estrella que los había conducido hasta Belén de Judea. Todos sonreían, menos uno. San José, sombrío, murmuró: -Yo quería una nena

Por Eduardo Galeano 

¡Felices Fiestas de Navidad y Bendiciones en el 2012!

noviembre 20, 2011

Las voces de la Banda Sinfónica Juvenil de Colombia



Por medio de una convocatoria pública en la que participaron 344 candidatos de todo el país, fueron seleccionados 100 jóvenes – entre 14 y 18 años - para hacer parte de la Banda Sinfónica Juvenil de Colombia. 

Luego de una semana de conformación, integración y preparación que tuvo lugar en Paipa (Boyacá) los integrantes de la Banda Sinfónica Juvenil de Colombia ofrecieron su primer concierto esta mañana en el Auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional de Colombia, con motivo del evento “Celebra la Música”. 

Como enviado especial de El Atardecer de Radio Nacional de Colombia, conversé con algunos de ellos en Paipa.



“La música la llevo en la sangre”: Aldair Angarita Quintero

Tiene 17 años y llegó con su clarinete desde Pailitas (Cesar). “Me enteré de la convocatoria por medio del profesor actual de la Banda Sinfónica “Acordes de Paz” de mi pueblo, me animé a participar y comencé a estudiar”. Angarita Quintero comenzó en la música a los 6 años, gracias al maestro José Alejandro Páez Ávila, quien llegó a Pailitas a formar una banda. “Lo conocí por medio de la emisora del pueblo cuando hizo la convocatoria a los niños que querían ingresar a la banda municipal. Les dije a mis papás que me llevaran y desde ahí comencé en la música.” Comenzó interpretando la percusión menor (maracas, panderetas, triángulos), oficio en el que pasó dos años, hasta que llegó una dotación del Ministerio de Cultura para la banda escuela y conoció a su instrumento actual. Fue a mor a primera vista. “Lo vi. Me gustó mucho. Me animé. Y le dije al profesor que yo quería aprender a tocar el clarinete. Tenía 8 años entonces”.

Al principio interpretaba porros, fandangos, puyas, mapalés, cumbias y vallenatos… hasta hace dos años, cuando llegó un nuevo profesor a Pailitas. Él traía la visión del músico académico y quería enseñarles obras del repertorio internacional: “Fue un cambio muy duro, porque es otro punto de vista”. El profesor quería formar una banda sinfónica y allá tenían la banda tradicional. Les preguntó quiénes se montaban en el barco con él. “Yo fui uno de los que levantó la mano, porque quería explorar ese otro tipo de música.” Ese no ha sido el único privilegio del que goza Aldair, sus padres lo apoyan de manera total. “Les digo que tengo que ir a la banda de tal a hora a tal hora y me dicen ‘vaya mijo que la música es un arte y es muy valioso’. Ellos son comerciantes, ambos de Pailitas y comprenden la importancia de la labor de su hijo. Incluso lo apoyaron cuando este les comentó que quería inscribirse en la carrera de Música en la Universidad Industrial de Santander. Lamentablemente el día de su examen coincidía con la llegada al campus en Paipa, por lo que decidió mejor hacer parte de la Banda Sinfónica Juvenil de Colombia. “Decidí mejor venir aquí, porque pienso que se me van a abrir más oportunidades. Esa es la idea”



“Fue mi primera vez en un avión”: Sara Paulina Marulanda

Llegó desde Jardín (Antioquia) con su clarinete bajo y sus 17 años. Cuando sonríe se le dibujan hoyitos en sus mejillas. “Llevo diez años en la música, comencé en la técnica vocal con todo lo que empiezan los niños. Llevo siete años tocando el clarinete, 3 el soprano y 4 en el bajo”. Se enteró de la convocatoria para la Banda Sinfónica Juvenil de Colombia gracias al director de la banda de Jardín, César Guerra, descargó las partituras, hizo el video, lo envió y pasó.

La banda juvenil de Jardín la integran 38 músicos. Y según Sara es el más lindo del suroeste antioqueño: “Es un municipio muy lindo, tiene muchos sitios turísticos, lo visita mucho la gente, es muy acogedor”. Nunca había viajado en avión, pero no le dio miedo. “Iba con mi compañero de clarinete al lado y fue chévere, bacano”. No conocía Bogotá, pero Paipa si: “Había venido en el 2006 a un concurso nacional de bandas en el que nos fue muy bien, hizo mucho frío pero conocí mucha gente.” De la Banda Sinfónica Juvenil de Colombia espera adquirir más conocimientos, “aprender cosas nuevas y conocer más amigos. Los maestros son muy queridos, lo entienden a uno y le llevan el ritmo”.



“Es una experiencia muy bacana”: Santiago Muñoz Cano

Al lado de Sara Paulina, en el mismo avión, llegó Santiago con sus gafas de marco negro. Él viene de Copacabana (Antioquia), tiene 15 años y también interpreta el clarinete bajo. El director de la banda de Copacabana le contó que estaban haciendo las audiciones para una banda nacional, Santiago le dijo que quería, el profesor le dio la obra para estudiar, le consiguió una camarógrafa para que le hiciera el video, aplicó y pasó. “Llevo 6 años en la música, desde iniciación musical, comencé con el platillo. Después comencé a estudiar clarinete soprano con mi profesor Fidel, a quien le debo todo lo que sé. Me fui metiendo en la banda, estudiando, hasta ahora que toco tres instrumentos: clarinete bajo, clarinete soprano y flauta traversa. En cuanto a Paipa, dijo: “La experiencia de haber vivido esto fue lo mejor. No me gustaría que se acabara. Que si vuelven a hacer otro concierto, nos vuelvan a llamar a los mismos, porque es una experiencia muy bacana, uno conoce gente de todas partes y además darse cuenta de que tantos jóvenes tienen tanto talento es muy bacano.”



“Mi sueño es estudiar en Europa”: María Fernanda Prado

Es rubia de ojos verdes, nació en Paipa (Boyacá) hace 15 años, interpreta el saxofón tenor. Juega de local. “Es algo muy importante para mi, porque este encuentro hace más reconocido a Paipa, cuna del Concurso Nacional de Bandas”. Está en la música desde los diez años cuando hizo parte de una banda intercolegial de 300 músicos patrocinada por el departamento de Boyacá, ese mismo año comenzó en la banda infantil de su municipio, a los 12 ingresó a la banda juvenil y desde entonces está en esa banda. De la Banda Sinfónica juvenil espera mejorar su nivel, “conocer gente, socializarme más y vivir una buena experiencia”. Su sueño es ingresar al conservatorio a estudiar Música “y luego ir a Europa, a seguirme preparando.”



“El concierto estuvo muy bonito, espero que lo hayan disfrutado”: Víctor Hugo Becerra

Viene de Apía (Risaralda) tiene 14 años e interpreta el clarinete soprano. Está orgulloso de sí mismo: “Ha sido confortable saber que con mi talento y mi actitud puedo llegar a hacer grandes cosas”. Desde los 5 años interpreta el clarinete, gracias a su maestro Carlos Fernando López. Ya había estado en Bogotá y en Paipa, “pero es un honor hacerlo con la Banda Sinfónica Juvenil de Colombia”. 

noviembre 05, 2011

Hacer el Amor, no la guerra

He compilado algunas fotografías, pinturas y esculturas emblemáticas sobre parejas besándose. Espero las disfruten.


Auguste Rodin

René Magritte

Gustav Klimt

Anónima

Henri Cartier-Bresson

Auguste Rodin

Auguste Rodin

Rich Lam

@corronchochic

@corronchochic

octubre 17, 2011

La Poesía es un paraíso en ruinas: Jairo Serna Rosales




El Poeta


Jairo Serna Rosales es conocido como productor de cine. Lo que no sospechábamos era que guardara - de manera silenciosa - a un poeta de tan honda inspiración, de esos que uno agradece descubrir por su mundo personal, su visión, por sus revelaciones.

Quizá Serna no nos había dejado disfrutar de sus versos, por eso que dice su amigo Enrique Serrano: “el poeta es de naturaleza vergonzante”; queriéndonos decir con esto que el poeta siempre anda oculto entre todos, temiendo que alguien se de cuenta de su desnudez existencial, de su despojamiento, de su profunda manera de sentir el mundo.

Debo decir acá que agradezco el descubrimiento al prodigioso azar. Una tarde de martes en la que caminaba cabizbajo y melancólico por el histórico sector de La Candelaria en Bogotá me lo topé, raudo y feliz, yendo hacia una cita. Me pidió que lo acompañara: iba a mostrarle su libro a otro poeta, ahora camuflado de decano de universidad. Acepté la invitación, pidiéndole que me dejara leer su ópera prima literaria. Me comentó entonces que el libro había sido escrito entre los 19 y los 27 años, producto de una ruptura amorosa que cambió el rumbo de su destino, por ello el título: “Se fue”.

Camino a la cita me contó que el libro lo había enviado – cuando vivía en Barcelona - a la agente literaria Carmen Balcells, quien le respondió que había pasado los tres filtros que su agencia establece para el proceso de examen y selección de autores nuevos, dictaminando lo siguiente: “La impresión que se desprende de dicho examen es que se trata de un poemario con indicios de cierta calidad. De todos modos, dado que la poesía es un género de difícil publicación, preferimos declinar su amable ofrecimiento. No obstante, tendríamos mucho interés en que nos permitiera considerar alguna obra de narrativa, a ser posible inédita”.

Recibir esta carta del 15 de abril de 1996 coincidió con dos decisiones en la vida de Jairo. La primera, el desvío en su carrera de escritor (a partir de entonces Serna Rosales escondió al poeta) y su viaje de regreso a Colombia. A partir de entonces se dedicó al cine, arte que le ha ofrecido satisfacciones e incertidumbres como todo buen arte le ofrece a su artista.

Pero es del Jairo poeta que quiero hablarles ahora. De este poemario titulado “Se fue” que tuve el privilegio de leer por vez primera en compañía de su autor por las coloniales callejuelas de La Candelaria, esa tarde de martes 12 de septiembre y que he vuelto a releer varias veces a partir de entonces.

El Libro


“Se fue” es una obra en tres movimientos: “Bogotá”, “Astrid” y “Mientras vuelve”. El primero de ellos, cuyo nombre es el de la ciudad en la cual el autor vive desde los 11 años, comienza con un epígrafe de Álvaro de Campos (heterónimo de Fernando Pessoa): “Otra vez vuelvo a verte – Lisboa y Tajo y todo -, transeúnte inútil de ti y de mi, extranjero aquí como en todas partes”. De inmediato el poeta se sitúa – y nos sitúa - en una condición de no pertenencia, nos enfrenta a la atmósfera de ningún lugar, al vacío. Su primer poema justamente aborda esta condición, una especie de ars poetica:

Mi oficio es mirar al vacío
rendirme ante personas
que parecen claras,
que no se embriagan
con el sueño, que habitan
en el pequeño y callado
jardín de lo seguro.

La voz poética está claramente identificada, es una voz insegura, plagada de preguntas, sin pretensión de encontrar respuestas, pues prefiere lo incierto a lo seguro.

En casa olían igual
las rosas y el agua
la carne y la alcoba.
Ahora no puedo retornar.

El poeta se ha lanzado a la calle, “a buscar el olor de las esquinas”. Parece decirnos que todo viaje comienza al salir de casa. Y es un acto constante, repetitivo, una invitación a dejar el infierno de lo conocido por el paraíso que se nos abre ante lo desconocido. En ello radica la búsqueda del poeta, pero también su pérdida.

Mi oficio es mirar al vacío
dejar que el iris de mi alma
se derrame.

De allí en adelante Jairo nos enseñará su Bogotá personal. Una ciudad signada por las múltiples pérdidas: la de la infancia (“la nueva casa se robará / las ventanas de mi cuarto / nada podré hacer para evitarlo”), la de la inocencia (“no hay ilusiones esta tarde / como la de jugar fútbol / contra el colegio de enfrente”), la de la tranquilidad (“¿qué queda y qué desaparece / cuando algo nace?”), una ciudad que es como una nueva casa construida por seres desconocidos:

Pronto veremos
otra gran obra
donde no vivirán
sus constructores
- estos hombres
de piel áspera, sin habla.
Los que esquivamos
cuando son transeúntes.
los que esta noche
se meterán una cerveza
hasta el alma -.

Ciudad que, a pesar de todo, es también mapa para el encuentro amoroso, con “Flavia”:

Aunque no conozcas
las cosas de mi mundo,
elogio nuestro encuentro.
Al fin y al cabo somos
habitantes del infierno.

La Bogotá de Serna es una ciudad de infinitos rostros, “al igual que esta época”. El poeta se siente un aventurero en la urbe, como lo enuncia en “Amigo Fausto”:

Sabes distinguir
lo permanente y lo fugaz.
Manejas un ajedrez de avispas
y se te nota algo de ternura.
Aunque te odien y te envidien
tus travesuras me hacen sentir
el poder de los extremos.

Para el autor, Bogotá es la ciudad de los poetas. Poetas que huyen como “Juan Arturo” quien

Aplazó la fama
para después de la muerte

Después de ahogar las palabras
se fue para la selva

Poetas marginales como Raúl Gómez Jattin, con quien el autor conversa:

habitas una orilla indescifrable
rompes el viento
rompes edificios.
Los conviertes en nubes
y esperas. Esperas que otro lea
el alma de la lluvia

Poetas jóvenes que se desploman mientras

la elegante muchedumbre
comenta el libro de un pájaro
que incendia rosas
Habla de su último suspiro.

Ciudad de poetas inéditos como Fernando quien se emociona

cuando inmortaliza
con su voz de trueno
palabras de alguien
que ya no existe.

Fernando, quien nos recuerda a su homónimo Pessoa cuando Jairo nos dice que no sufre

porque su obra
no le importe a nadie.

Aparece entonces el “Loco Agudelo” quien

Siempre tiene tiempo.
Para él la vida
sigue siendo un juego

no se asombra
por no haberle trabajado a nadie
repara su viejo taxi
pasea por la historia
acaricia el cielo.

La ciudad capital que le da oportunidades a todo el que llega, es la misma ciudad del joven sicario, quien sale de su casa en los tugurios:

a descubrir quién es su padre
a envidiar oficios que la suerte
no colocó en su camino

Con este verso triple Serna nos pone ante al problema de la violencia juvenil: el sicario siempre está al acecho de la esperanza, porque

sabe que nadie camina dos veces
por la misma calle

El joven asesino recorre la misma urbe del loco a quien el poeta ve en el pasado, pero siente cerca:

El esquizoide se estrelló
contra su cuerpo.
Sin embargo
los dos se buscaron
en lo más alto
de sus tempestades

El loco repta por las mismas calles del indigente, con quien también se identifica el poeta:

Camina hasta emborracharse
hasta olvidar
que el futuro existe.
No sabe que lo observo
Ni que es mi espejo.

Serna nos enseña el centro de la ciudad, le canta a su ambiente impreciso, a su soledad. Un centro en el que

no hay palomas en la Plaza
Ni agua. Ni nadie que me observe.

Nombra sus personajes, nos dibuja su rostro en los otros para al final confesarnos con desencanto:

Ahora entiendo mejor
que no soy el centro de la noche.

En la misma plaza del centro

una señora canosa grita al vacío

Esa señora, teme el poeta, es él mismo, transfigurado:

En los movimientos de su boca
alcanzo a leer el resto de mis años:
morir en el silencio del poema.

En el rostro de la anciana descubre el poeta que el gesto encierra una espera. La infructuosa espera del amor que se fue. La desesperanza surge cuando uno se ha cansado de esperar.


Con este sabor amargo en la boca nos adentramos en la segunda parte del libro en la que el poeta nos va a confesar el motivo de su angustia, al tiempo que nos revela su objeto amoroso: “Astrid”, es el nombre de la mujer que lo ha dejado y de este fragmento.

Comienza nuevamente el poeta con un epígrafe. Esta vez el turno es para León De Greiff: “¡Amor, deliciosa mentira / áspero amor, retorna, ven!”. Con ello Serna nos anuncia el tono del poemario, manifiesta una contradicción esencial, evidencia la lucha interna: está desencantado de amor, pero se sienta a esperar el regreso de la amada.

El “Poema un poco clásico” da inicio al movimiento. Este díptico nos ubica en la intimidad de la alcoba. La vida en pareja. Los diversos descubrimientos. El poeta, se pregunta ante la mudez de su musa:

¿Por qué no lloras,
no ríes, no cantas?
¿Es un invento que somos
la misma melodía?

A pesar de lo extraño de las preguntas iniciales, la atmósfera del poema es de cercanía. Sin embargo, un verso presagia el naufragio:

Y siempre inútil esta batalla
sin rival determinado.

En la segunda parte del poema, el acento se pone en el anuncio de la pérdida, los amantes parecen condenados al olvido:

Resignados aceptamos
que nunca hemos vencido.
Nuestro tacto es ciego.
La noche lenta calla.

Si el primer movimiento, “Bogotá”, es la escenografía, el contexto en el que ocurre la poesía, el segundo movimiento, “Astrid”, es la lucha misma, el inhóspito y peligroso territorio en el que el poeta se pelea a muerte con las palabras para lograr el poema. A menudo resultan versos inolvidables, contundentes, definitivos, incontrovertibles, como en “Se fue la adolescencia”, que contiene una declaración de principios:

Abro los ojos
frente a tu risa y a tu sueño.
Entro tenso en la vigilia.
Me asusta el plan de los adultos:
sobrevivir con la cabeza abajo.

Cuando despiertes
dame la mano para no caernos,
recuérdame que las hojas
son las bocas del viento,
que reírse hasta de sí
es una buena manera
de esperar a la muerte.

El poeta sabe que la risa no le bastará para enfrentar a la muerte. Que debe armarse de algo más sólido que las palabras, porque se sabe inerme ante el olvido. Así nos lo dice en “Volver a verte”.

Sigo tu cuerpo
Por una calle que ya recorrimos.
Veo de nuevo tu pequeña espalda.
Las palabras se clavan en mi estómago.
Después de un rato la calle no existe,
Tu espalda no existe,
Lo que llamamos “lo nuestro” no existe.

El amor, otrora nave de sueños e inalcanzable nube, se ha hecho agua:

El azar colocó nuestros gestos
en una nube.
Era posible contemplarse
recónditos hechizos.

Al igual que todas las nubes,
la nuestra se hizo lluvia,
tiempo, trueno.
Caímos al abismo
De las cosas de la tierra.

Ahora sólo hay lugar para evocar el tiempo en que las palabras sobraban:

Ahora que soy un marginal oficinista
te recuerdo sacando fuego de mis labios.
recuerdo la constante sorpresa de tus ojos.

Eras el único ser que me enseñaba
el idioma de las cosas mudas.

En “Carta camino a Barcelona”, tras la pérdida del objeto amoroso, el poeta se resigna a la derrota:

Contemplo la luna de siempre.
Pero estoy demasiado donde estés.

Se marchan las voces de la radio.
La luna también se aleja.
Va camino a Barcelona.
Cierro los párpados,
palpo tus veinte cartas,
recupero la vida ancha,
me hago amigo de la muerte.

En “Las ventanas de mi cárcel”, primero escrito en Barcelona, aparece la negación de la realidad – dolorosa – por la posibilidad de reinventarse en otros a través de la literatura:

Me satisface caminar
por calles íntimas;
ser los personajes de este libro:
recordar la primera
y la última vez que te vi;
estar frente a un espejo roto
y dialogar con el amigo
que llevo dentro.

Luego del desdoblamiento, el objeto amoroso se enclava en el mundo y reaparece en “Declive”:

Aunque se fue tu cuerpo,
te encontraré en un pájaro anciano,
en un poco de tierra
levantada por el viento,
en un gato terco y desprevenido
como la infancia.

Cuando el poeta acepta la pérdida de la amada, inventa su propio paraíso en ruinas, de la mano de Juan José Arreola, en tono abiertamente franco:

Cuando cerré el libro comprendí que el poeta
escribe en corto sus batallas para quedar limpio,
que nuestro paraíso en ruinas es un invento mío.


“Mientras vuelve” es el título del tercer movimiento en el que advertimos que el poeta, como todo artista verdadero, se ha valido de su dolor para crear un mundo. Así es como da inicio al último fragmento del libro con un epígrafe del poeta Jorge Luis Borges: “Sólo me queda el goce de estar triste, / esa vana costumbre que me inclina / al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina”.

Un tono críptico abre el poemario, Serna invoca lo hipnótico para expresar el mundo más allá del dolor. En “Sueño I” nuevamente aparecen la vejez y su consabida soledad:

Mientras la nave se hunde,
otro dado sentencia:
“El mar es el que elige,
no el hombre”

Sin embargo, en medio del naufragio aparece la salvación del poeta, tal como lo manifiesta en “Sueño II”:

Un niño quiere agarrar
lo que hay más allá de la ventana.

Sus padres dicen inseguros:
“Lo de afuera es intocable.
¿Por qué no oyes el granizo?”

Aparecen unas máquinas.
Demuestran que Todo está cercado
y que es imposible abrir ventanas.

El niño salta, corre,
siente que él es el granizo.

El ruido me levanta
y el mundo sigue siendo ajeno.
Menos mal el sudor de la infancia
me persigue.

Superado el dolor, al menos poéticamente, Serna se adentra ahora en el territorio del mito: su infancia en Cúcuta, a la que encuentra distante, pero al acecho, como lo plantea en “Regreso a Cúcuta”:

Perdí el hábito de escuchar
los árboles y el viento
a la hora de la siesta
de elevar cometa en Cristorrey
- el balcón de Cúcuta –
de ver gente y carros
desde el balcón de mi casa,
de robar mangos
en las casas del barrio.

Ya no evoco a mi padre tierno,
bravo, serio y sudoroso.
A mi madre consentidora,
cantante y llorona.

Ya no hablo los domingos
con los ojos idos y azules
de la Nona Carmen.

No leo a Cote, Gaitán Durán,
Méndez y Bonells.
Ni sueño despierto junto a ti.

A pesar de estas ruinas
regreso al olor de Cúcuta
cuando me saludas
como si no conocieras mi pasado.

Ha vuelto el poeta a su origen, gracias a la exploración que surgió una vez estuvo solo. Esa aventura enorme que es conocerse a sí mismo. Sin embargo, Serna sabe que ha llegado “Otro fin”. Y descubre un rayo de luz al final de la oscuridad.

Ha llegado otro fin,
pero el Universo
sigue dando tumbos.
Sentirlo
es mi única pertenencia.

Al final del camino, a lo Borges, Serna descubre que todo le ha servido al poeta para tramar su Literatura, ha dado el giro al Cine. La Palabra se ha hecho Imagen:

Pronto salió de casa.
En la puerta
prometió recordar
el fantasma de su cuarto.
En la primera esquina
tropezó con mentes afiladas.
En un funicular
supo que lo más común
es el declive.

Ahora es pasajero de un avión.
La novia pecosa de la infancia,
las calles y la casa
son una escena que se funde.
Cierra los párpados.
Sus brazos lo señalan:
siempre
en el mismo punto.

Datos Biográficos

Jairo Serna Rosales nació en Cúcuta (Colombia) el 7 de enero de 1968. Jugó fútbol en Millonarios e hizo parte de la Selección Colombia en las categorías infantil y juvenil. Estudió Comunicación Social-Periodismo en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá y Audiovisuales, Publicidad y Guión de Cine y Televisión en la Universidad Autónoma de Barcelona (España).

Fue periodista en su país y en Europa. Autor de los libros: “Se fue – Treinta poemas sobre el desamor” y “Cartas y poemas a mujeres lejanas”. En varias universidades ha realizado el taller “Cómo hacer una película con las uñas, el cerebro y el corazón”.

Filmografía


Guionista, director asistente y productor en América del documental “Ciénaga Grande” (1996-1997), filme coproducido por Colombia, Francia, Bélgica y España. Adquirido por Discovery Channel, Canal 5 de Francia y otros canales de televisión del mundo.

Productor General, ejecutivo y creativo de los largometrajes “Diástole y Sístole, los Movimientos del Corazón” (2000) y “Colombianos: un acto de fe” (2004). Codirige y produce los largometrajes de docuficción “Cien por minuto” y “Parchesoft”.

“Diástole y Sístole” es el rodaje de más bajo presupuesto en la historia del cine (U$5.000) y una de las cintas colombianas de mayor éxito en los últimos años: seis meses en las salas de cine, varios premios (Mejor actor, mejor actriz y premio del público a mejor película en el Festival de Cine de Cartagena) y exhibición en México, Venezuela y varios festivales del mundo (Cannes, Toronto, Chicago, Miami, Mar del Plata, Lima, Calcuta, entre otros).

“Diástole y Sístole” y “Colombianos: un acto de fe” son distribuidas por Venevision Internacional en DirecTV, SKY, Univision y en DVD y VHS en 2000 tiendas de Blockbuster de todo Estados Unidos. Son las primeras películas colombianas en alcanzar tal penetración en el mercado norteamericano.

Suyos son los proyectos: “Tokyo Music”, “La puerta de los sueños”, “Julio Muelas: el indígena que llegó al Real Madrid” “¿Para qué enemigos?”, “Camilo, puntos de vista” y “Nos vemos en Burundi”.

octubre 09, 2011

Un hombre de caza



Estaba en la universidad, un poco aburrido, sentado en una de las mesas de la cafetería. Bajo la sombra de unos árboles inmensos y antiguos. Leía algo de poesía, con mi walkman puesto. En ese entonces La Tadeo quedaba en el viejo Claustro de la Merced, en pleno centro de Cartagena de Indias.

Era a finales de los 90, tenía el pelo largo, jeans y botas rotas.  Era polen disponible para cualquier abejita reina. Ese día no me había puesto interior, en clara actitud de caza. En esas estaba, distraído en mi lectura, cuando la vi.

Estaba sentada, sola, tomando un jugo con pitillo. Jugó con su lengua alrededor de la punta, me miró y siguió sorbiendo. Era una mulata, caderas anchas, baile al andar. La había visto en una discoteca de la Calle del Arsenal. Me había gustado su culo, recuerdo.

Me miró, yo le piqué el ojo. Cerré el libro de poesía (un robado ejemplar de Baudelaire). No me quitaba la vista de encima, pero había algo de ingenuidad. Algo de chica llegada de provincia que me seducía por esa época. Yo tenía 23, ella a lo sumo 18. Me levanté de la mesa, fui caminando. En mi casette sonaba “Riders on the storm” de “The Doors”. Fui caminando hacia ella. No me quitaba la mirada, sorprendida.

Llegué a su mesa, la tomé de la mano. Ella se levantó. La tomé del brazo. Cruzamos el patio de la universidad, salimos del claustro sin decirnos nada. Pasamos por el frente del Teatro Heredia, caminamos por la Calle Don Sancho. Tomamos rumbo a la Calle de La Soledad. “The Doors” seguía sonando. “L.A. Woman”. En la esquina de los jugos, al frente de la universidad, otra chica quiso saludarme pero seguí de largo.

Íbamos agarrados de la mano, riéndonos. Nerviosos, pero riéndonos. Llegamos a un pequeño hotel de la Calle Segunda de Badillo. Subimos las escaleras hasta el segundo piso. La encargada nos abrió la puerta, me dijo cuánto era la tarifa. Entramos a la habitación.

Me quitó el walkman y comenzó a besarme. Me desnudó por completo, de pie. Me tiró en la cama, de espaldas. Se dedicó con pericia a mi instrumento, como Miles Davis con su trompeta. Hasta sacarme toda la música.

Seguía vestida. Me levanté. La desnudé. La puse en cuatro, mirándole el culo. Y entré como quien entra en el mar, bañándome en su enorme playa de mulata. Le di palmadas, muchas palmadas, tantas que parecían palmeras ondeándose al viento.

Cantaba con gemidos parecidos a los del bolero. La tomé por el cabello y me hundí. Gemía, ardiendo en sudores. Le di la vuelta. Puse sus piernas hacia el cielo. Las abrí en un ángulo de 90 grados, como la temperatura de su adentro. Me clavé en ella como dándome un chapuzón en mitad del verano. Una y otra vez.

Al final, luego de sus cantos y de mis gritos de toro, fuimos a la ducha. La bañé toda en jabones de lujuria. Ella me tomó en sus manos, como quien usa bolas chinas. Se relajó. Usé un poco de jabón para engrasarla. Y entré por dónde no lo esperaba. Soltó un dolorido grito de placer. Me dijo su nombre, en medio de sollozos. Se volteó y, por primera vez, me besó en la boca.

Nos sacamos el jabón, fuimos a la cama, fumamos, cantamos, lo hicimos tres veces más. Hasta que el calor del mediodía se tomó la ciudad. El sudor nos estaba matando. El bullicio de las oficinistas que salen a almorzar invadió la habitación. Tomamos otra ducha, nos vestimos, pagué. Salimos del hotel y, en la puerta, besé su mano diciendo mi nombre. Ella tomó su camino y yo el mío.

Nos vimos un par de veces más en la universidad. Luego se mudó al hotel donde yo vivía. Nos seguimos consintiendo, sin “The Doors”. Hasta que se graduó y se fue a vivir a una isla del caribe.

Hace poco la vi. Su cuerpo creció, también ella. Seguía con aquella misma mirada. Hablamos, me contó de su vida en la isla, yo le conté de mi vida en la montaña. Pero no hubo ningún tipo de atracción. El tiempo había hecho trizas el deseo.

septiembre 25, 2011

“Mi mayor orgullo es que mis hijos son personas decentes”: Muñoz Molina





Supe de él gracias a mi amiga Marjorie Eljach Amador, quien me recomendó leer “Sefarad”, algo que le agradeceré siempre, pues me presentó a un autor para mí sin igual en la lengua castellana de nuestros días.

Antonio Muñoz Molina no sólo es un maestro de la narración, sino además un tipo sencillo, accesible, con excelente sentido del humor, sin dejar de ser un gran pensador y un tierno padre de familia. Sus reflexiones en torno a la memoria, al origen de su literatura y al pueblo imaginario de Mágina, están siempre presentes en sus libros. Les comparto una entrevista que le hice a principios de 2007 con motivo del lanzamiento de su novela, “El viento de la Luna”. Con ella estrené un cuestionario inspirado en el célebre “Cuestionario Proust”.

¿Cuál es el defecto propio que aprecia más?

Eso es difícil que uno sea lo bastante lúcido como para decirlo, ¿no?... Quizá la dificultad de aceptar la tontería.

¿Cuál es el defecto que más aprecia en otros?

La pérdida del control, por algunos motivos.

¿Cuál es su estado mental más extraño?

La conformidad.

¿Dónde y cómo le gustaría haber nacido?


Yo creo que nacer es una cosa bastante secundaria, ¿no?... hasta cierto punto… en realidad no es tan secundaria, como sabemos. Creo que he tenido mucha suerte habiendo nacido en Úbeda – sobre todo en el tiempo en el que nací -. Hubiera nacido una generación antes y hubiera tenido muy mala suerte.

¿Por qué razón o por quién daría la vida?

Por las personas que me son queridas. Hay cosas que me importan mucho, pero no sé si daría la vida. Es muy fácil hablar… no sé si daría la vida por las libertades civiles, por ejemplo.

Si pudiera matar a un personaje de ficción ¿a cuál escogería?

No sé, los personajes de ficción casi todos tienen algo bueno, a diferencia de los personajes de la realidad… Esta pregunta me recuerda a un científico que decía que Jehová era uno de los personajes más desagradables de la ficción.

¿Cuál es su extravagancia más estúpida?



Comprarme mucho más discos de los que puedo escuchar.

¿En qué ocasiones dice la verdad?


Pues procuro decirla con bastante frecuencia. Y si no puedo decirla, prefiero callarme por no ponerme en situación de tener que mentir.

¿Qué persona viva le inspira más ternura?


Mi mujer.

¿A qué persona viva desprecia?

Desprecio a muchas personas vivas. Desprecio a la gente que usa la violencia o el fanatismo. A todos los que usan la violencia pretextando razones ideológicas, a los que abusan de los débiles… hay un montón de gente que me cae fatal.

¿Qué palabras o frases jamás usa?


La palabra “voluptuoso” no me gusta. Frases como “como si de no se cuánto se tratara...” me da mucha manía, no me gusta.

¿Cuál es su idea de la infelicidad perfecta?

Es tener que participar en un acto oficial.

¿Cuál ha sido su mayor valentía?


Haber sido capaz de hacer frente a situaciones íntimamente dolorosas.

¿Cuál es su mayor orgullo?


Que mis hijos son personas decentes.

¿Cuál es la virtud más subvalorada por la sociedad?



Realmente la bondad está muy subvalorada, ¿no? Y creo que es una virtud extraordinaria.

¿Qué es lo que más le gusta de tu apariencia?


¿De mi apariencia? Pues cuando mi mujer me asesora bien y tengo un aspecto mucho más moderno y más cool del que por mi propia naturaleza tendría.

¿Cuáles son los nombres que menos le gustan?


Hay tantos… Vanesa, por ejemplo. No se lo habría puesto nunca a una hija mía.

¿Qué talento desearía arrojar a la basura?



El talento para ponerme en situaciones absurdas de las que luego no sé cómo salir. El talento para decir “sí” cuando hubiera podido decir “no”.

¿Qué es lo que más le gusta de la vida?

El amor de las personas que quiero.

¿Cuándo y dónde ha sido más infeliz?


En 1979 en el campamento militar de Araca, cerca de San Sebastián, en mi período de instrucción militar.

Si pudiera, ¿qué mantendría de su familia en el tiempo?

El sentido de la ternura y el sentido de hacer las cosas lo mejor que se puedan.

¿Cuál ha sido su mayor fracaso?



No es un fracaso exactamente, pero que noto como una carencia… el no saber música.

¿Cuál es su posesión menos valiosa?


Acabas pillándome… Muchos libros que no sé por qué los tengo. Esos libros que se te quedan adheridos, que parece que no te puedes desprender de ellos nunca, que ni los vas a leer ni nada, pero que sobreviven a las mudanzas y a todo.

¿Cuál es la manifestación más clara de la riqueza?


La arrogancia y la consecuente incapacidad para ver el mundo más allá de sus narices.

¿Dónde desearía morir?

Como dice Lorca: “decentemente, en mi cama”.

¿Cuál es su pasatiempo más estúpido?


Cuando no tengo nada que leer, ponerme a leer yo qué sé, un prospecto de una medicina o una revista del corazón. La otra noche en Buenos Aires me vi leyendo una revista que era de entrevista con gente de esta famosa de la que yo no sé nada, además. Esto ya es lo último. ¿no? Saber algo de gente de la cual lo único que sabes es que son muy famosos. Me vi en un café leyendo una entrevista con un señor que se acababa de comprar un perro. Y esa era la noticia. Me pregunté: ¿Por qué estoy leyendo esto?

¿Cuál es la cualidad que más desprecia en una mujer?

No creo que haya cualidades despreciables en las mujeres.

¿Cuál es la cualidad que más desprecia en un hombre?

La brutalidad. La tendencia a ser bruto.

¿Cuál es el héroe de ficción más deplorable?


Hombre, Jehová.

¿Cuáles son sus villanos favoritos de la vida real?


Los fanáticos y los que están convencidos de que pueden salvar al mundo destruyendo a la gente.

¿Qué es Úbeda?

Es una ciudad capital de una comarca en la provincia de Jaén en Andalucía… que a veces se parece a una ciudad que yo me inventé que se llama Mágina.

¿Qué es Mágina?

Es una ciudad que se parece vagamente a Úbeda, pero que es más bonita, más recogida, está más limpia y en la que se pueden encontrar a personas imaginarias.

¿Qué piensa del Premio Nobel?


Como todos los premios. La gente piensa que los premios se los dan a los escritores. Y son los escritores los que le dan el premio a los premios. Hay veces que el Nobel es bueno cuando se lo dan a un buen escritor. Y es una tontería cuando se lo dan a un escritor que no es bueno. No hay más. Como todos los premios.





Reseña biobibliográfica


Antonio Muñoz Molina nació en Úbeda (España) en 1956. Cursó estudios de periodismo en Madrid y se licenció en Historia del arte en la Universidad de Granada. Es autor del ensayo Córdoba de los Omeyas (Planeta, 1991) y ha reunido sus artículos en los volúmenes El Robinson urbano (1984; Seix Barral, 1993 y 2003), Diario del Nautilus (1985), La huerta del Edén (1996), Las apariencias (1996), Pura alegría (1996) y La vida por delante (2002). Su labor como articulista ha sido reconocida con los premios González Ruano de Periodismo y Mariano de Cavia, ambos en 2003. Su obra narrativa comprende: Beatus Ille (Seix Barral, 1986 y 1999), que obtuvo el Premio Ícaro, El invierno en Lisboa (Seix Barral, 1987 y 1999), que recibió el Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Literatura, ambos en 1988, Beltenebros (Seix Barral, 1989 y 1999), El jinete polaco (1991; Seix Barral, 2002), que ganó el Premio Planeta en 1991 y nuevamente el Premio Nacional de Literatura en 1992, Los misterios de Madrid (Seix Barral, 1992 y 1999), El dueño del secreto (1994), Nada del otro mundo (1994), Ardor guerrero (1995), Plenilunio (1997), Carlota Fainberg (2000), Sefarad (2001), En ausencia de Blanca (2001), Ventanas de Manhattan (Seix Barral, 2004), El viento de la luna (2006), Días de diario (2007) y La noche de los tiempos (2009). Es miembro de la Real Academia Española.