octubre 12, 2010

Oda al Cobre - Pablo Neruda


El cobre ahí dormido. Son los cerros del Norte desolado. Desde arriba las cumbres del cobre, cicatrices hurañas, mantos verdes, cúpulas carcomidas por el ímpetu  abrasador del tiempo, cerca de nosotros la mina: la mina es sólo el hombre, no sale de la tierra el mineral,  sale del pecho humano, allí se toca el bosque muerto, las arterias del volcán detenido, se averigua la veta, se perfora y estalla la dinamita, la roca se derrama, se purifica: va naciendo el cobre. Antes nadie sabrá diferenciarlo de la piedra materna. Ahora es hombre, parte del hombre, pétalo pesado de su gloria. Ahora ya no es verde, es rojo, se ha convertido en sangre, en sangre dura, en corazón terrible.

Veo caer los montes, abrirse el territorio en iracundas cavidades pardas, el desierto, las casas  transitorias.  El mineral a fuego y golpe y mano se convirtió en lingotes militares, en batallones de mercaderías. Se fueron los navíos. A donde llegue el cobre, utensilio o alambre, nadie que lo toque verá las escarpadas soledades de Chile, o las pequeñas casas a la orilla; del desierto, o los picapedreros orgullosos, mi pueblo, los mineros que bajan a la mina. Yo sufro. Yo conozco. Sucede que de tanta dureza, de las excavaciones, herida y explosión, sudor y sangre, cuando el hombre, mi pueblo, Chile, dominó la materia, apartó de la piedra el mineral yacente, éste se fue a Chicago de paseo, el cobre se convirtió en cadenas, en maquinaria tétrica del crimen, después de tantas luchas para que mi patria lo pariera, después de su glorioso, virginal nacimiento, lo hicieron ayudante de la muerte, lo endurecieron y lo designaron asesino. Pregunto a la empinada cordillera, al desértico litoral sacudido por la espuma del desencadenado mar de Chile: ¿para eso el cobre nuestro dormía en el útero verde de la piedra? ¿Nació para la muerte? Al hombre mío, a mi hermano de la cumbre erizada, le pregunto: ¿para eso le diste nacimiento entre dolores? ¿Para que fuera ciclón amenazante tempestuosa desgracia? ¿Para que demoliera las vidas de los pobres, de otros pobres, de tu propia familia que tal vez no conoces y que está derramada en todo el mundo?

Es hora de dar el mineral  a los tractores, a la fecundidad de la tierra futura, a la paz del sonido, a la herramienta, a la máquina clara  y a la vida.  Es hora de dar la huraña mano abierta del cobre a todo ser humano. Por eso, cobre, serás nuestro, ¡no seguirán jugando  contigo a los dados los tahúres de la carnicería! De los cerros abruptos, de la altura verde, saldrá el cobre de Chile, la cosecha más dura de mi pueblo, la corola incendiada, irradiando la vida y no la muerte, propagando la espiga y no la sangre, dando a todos los pueblos nuestro amor desenterrado, nuestra montaña verde que al contacto de la vida y el viento se transforma en corazón sangrante, en piedra roja.

(A propósito del afortunado rescate de los 33 mineros)

1 comentario:

Anónimo dijo...

He buscado por mucho tiempo una traduccion en ingles de este poema, pero ni buena ni mala traduccion he encontrado. Este poema es uno de los mas duros y bello a la vez que deja clara la injusticia de como la riqueza de las naciones solo sirve para empobrecerlas mas por culpa de la avaricia de los mercaderes mundiales.