julio 18, 2010

“El suero es el ingrediente imprescindible en mis comidas”: Carlos Piña


Por Juan Ensuncho Bárcena - Cartagena de Indias, mayo 14 de 2004

Cada noche trae algo nuevo. Algo de misterio. Algo oculto. Algo de magia en sus entrañas perforadas de luz. En eso estaba pensando cuando ingresé al Teatro para degustar el concierto de la Orquesta Sinfónica de Colombia.

Llegué justo a tiempo. Recién había comenzado la función. Apenas tuve tiempo de mirar el programa, corrí el pesado cortinaje vino tinto e ingresé a la Sala. Busqué a tientas un buen lugar en platea, me acomodé y listo. "Íntima", poema sinfónico de Adolfo Mejía me sumergió en la luz crepuscular de la ciudad, en sus viejos candiles, en sus tiempos de aceite en botijuela. Un bello homenaje de la Orquesta al maestro de la música cartagenera del siglo XX, en su Teatro.

Él acaba de entrar con un amigo de la ciudad. Siempre tiene amigos donde quiera va. Atraviesan el lobby. Corren el pesado manto rojo. Ven a los músicos ponerse de pie, en retirada. Deciden devolverse a la cafetería. Conversan desprevenidos.

Después de la obra del maestro Mejía, hubo un descanso para la reubicación de los músicos quienes se disponían a interpretar al "cura rojo", Antonio Vivaldi. El Concierto en Si Bemol Mayor No. 16 para Oboe, Violín, Cuerdas y Cembalo fue simplemente sublime; con la desbordante alegría y placidez que produce el maestro del barroco veneciano. Le siguió el Concierto en Sol Menor No. 33 para Violín, Oboe, Pequeña Orquesta y Cembalo, con la destacada participación de Jorge Andrés Pinzón Mejía en el Oboe y Federico Andrés Hood Pérez en el Violín. En especial me pareció muy bien logrado el Larghetto, exquisito, lleno de esa atmósfera un poco triste, reflexiva y solitaria del violín extendido.

Al terminar la primera parte del programa, ese algo me hizo levantar de la silla. Tomé rumbo al Lobby, con intenciones de fumar. No había salido aún de la sala cuando me tropecé con alguien. De inmediato detallé en su delgada fisonomía, en su expresión sorprendida, en su cabello al ras, en su sonrisa franca. Carlos Piña Díaz, en persona.

Después de un abrazo de paisano, amigo y admirador de su obra, se me ocurrió preguntar: "¿Maestro, y qué hace por acá?". Se quedó pensativo, como quien recibe una pregunta indiscreta. Entonces, corregí: "Mejor dicho, ¿qué hago yo por acá? Este es su espacio natural". Soltó una carcajada y me explicó el motivo de su presencia en la ciudad. Ha venido a Cartagena como Invitado Especial en el gran Homenaje Nacional al maestro Lucho Bermúdez, de quien arregló hace años un muy buen disco que Colombia recuerda en la voz de Juan Carlos Coronel.

Él es Carlos. El niño bueno de Marusa. El gran amigo. El compadre que aún sigue abrazando a sus ahijados. El buen padre. El heredero de una tradición importante de músicos: Los Piña a la música colombiana son lo que los Bach a la alemana.


Días de Festival

Desde hace un par de años he venido dándole vueltas a la idea. El casete ha viajado conmigo a todas partes, ha soportado mi constante ir y venir entre San Marcos, Barranquilla y Cartagena. Se trata de una entrevista que le hice al maestro en la sala de mi casa, después del almuerzo. Entre vasos de Whisky, anécdotas y sobre todo música, atinó a responder un cuestionario extraído -en parte- de Gatopardo.

Por aquellos días, en San Marcos, celebrábamos en su honor el IV Festival del Porro Cantao. Él lucía radiante, feliz, satisfecho de que su amado pueblo estuviera reconociendo y exaltando su labor de intérprete y arreglista consumado. Respondió franco, auténtico, espontáneo, como lo merecía el cuestionario.

¿Cómo se imagina la vida después de la muerte?

No soy tan profundo para pensar después de la muerte. Quisiera imaginármela, pero no lo consigo.

¿Qué olor lo devuelve a la infancia?

La guayaba.

¿Cuál es el último libro que no fue capaz de terminar?

Cien años de soledad, porque se me perdió.

¿Qué hora prefiere para el amor?

El amanecer.

¿Cuál es el cambio de look más radical de su vida?

El que tengo ahora. (A ras)

¿Qué invento casero lo sigue deslumbrando?

La cuchara e’ palo.

¿En dónde le gustaría estar sentado?

A la orilla de la playa, en Cartagena.

¿Cómo supo que había llegado la mujer de su vida?

Después de tratarla un tiempo.

¿En qué amuleto sigue creyendo firmemente?

No tengo ninguno, pero me gusta usar el reloj en la mano derecha.

¿Cuál es el único ritual imprescindible en su vida?

Amanecer y llamar a mis hermanas para preguntarles ¿cómo amanecieron?

¿En dónde queda el paraíso?

El Viajano, 43 kilómetros pa’ entro. En San Marcos.

¿Ama a Dios sobre todas las cosas?

Sí, tengo mi Dios al que amo, por el cual pienso que hay algo poderoso en el mundo.

¿Cree en algo que nunca ha visto?

En estos momentos, creo que no. Soy como Santo Tomás: si no veo, no creo.

¿De qué se sigue arrepintiendo?

De no haber iniciado estudios en armonía. A veces me quedo corto.

¿Cuál es el insulto que más le ha dolido en su vida?

Una vez que, recién muerto mi padre, me lo mentaron de mala forma.

¿Cuál es el ingrediente imprescindible en sus comidas?

El suero.

¿Cómo le gustaría morir?

De una forma instantánea. De repente.

¿Qué miedo de la infancia conserva?

El miedo a ciertos animales, como la culebra o el sapo.

¿Cuál es el motivo de su último desvelo?

¡Caramba! Eso es muy íntimo. (Risas) Me lo reservo.

¿Cuál fue el último objeto inservible que compró?

Un radiecito a un señor que pide limosna.

Un epitafio para su tumba

No lo he pensado, pero sí: "Aquí yace alguien que fue un verdadero amigo".

¿En qué invertiría los restos de su cuenta de ahorros?

¿Los restos? (Risas) En un juego de parqués.

¿Cuál es el aparato que aún no ha aprendido a manejar?

Hay muchos. Siempre he querido aprender a manejar una tractomula.

¿Cuál es el aparato que quiere que inventen?

Una cápsula que lo aísle a uno de la rotación de la tierra, manteniéndolo en un lugar tranquilo, para no tener que hacer viajes en avión.

¿Qué ventajas tendría ser del sexo opuesto?

El que le pongan la silla a uno pa’ que se siente. (Risas)

¿Cuál es el régimen político ideal?

El socialismo democrático.

¿Qué hazaña deportiva lo ha conmovido?

Cuando Cochise se hizo Campeón del Mundo y cuando batió el récord de la hora.

¿La hazaña artística que más lo ha conmovido?

Haber compartido escenario con Justo Almario en Los Ángeles, y luego una grabación en Colombia.

¿Cuál es el músico que más admira?

Colombianos: Justo Almario y Francisco Zumaqué. Extranjeros, saxofonistas: Paquito de Rivera.

¿Cuál es el compositor que más admira?

José Barros.

¿Qué piensa de Alejandro Rodríguez?

Fue un compositor más que todo costumbrista, vivió en este pueblo, a cada cual le conocía su historia y sobre ello componía.

¿Cuál es el recuerdo más grato que tiene de su padre?

La vez que me dijo que ya estaba listo para iniciar mis estudios en saxofón, porque yo estudiaba clarinete. También cuando me tocó el primer baile, en Sahagún, me puse la primera chaqueta, la corbata... yo creo que tenía unos 13 años.

¿Y el recuerdo más duro de él?

El día que murió me tocó en los brazos, en la orilla de la ciénaga. Estaba jugando con mis compañeros de barrio, él llegó con Elvira y Fanny. Sentí que iba mal, me acerqué a él y se abrazó a mí. Cayó en mis brazos. Murió de un infarto.

Defina en una sola palabra a los siguientes personajes:

Alfonso Piña: Talento.

Berta Piña: Astucia.

Juan Piña: Buen Cantante.

Jorge Piña: Buen Músico y Amigo.

Elvira Piña: Talento, también.

¿Qué sintió cuando el público lo aclamó la noche de clausura?

Yo no lo esperaba, la verdad es que me sentí nervioso, pero a la vez con fuerza para expresar lo que sentía en ese momento. Sigo agradeciendo a mis paisanos que por mí hacen todo esto y que tengo la oportunidad de vivirlo. En vida hermano, en vida.

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