mayo 18, 2010

En las cimas de un corazón roto



Reseña de la película española “Yo, también”

Por Juan Ensuncho Bárcena

Habíamos visto Pablo Pineda recibiendo su merecida “Concha de Plata” como Mejor Actor en el prestigioso Festival de San Sebastián.

Sabíamos que Lola Dueñas había ganado también “Concha de Plata” en Donostia y un premio Goya, como Mejor Actriz, al lado de Guille Milkyway, como autor de la Mejor Canción. Incluso habíamos visto a Lola junto a Antonio Naharro – coautor y codirector de la película – en el pasado Festival de Cine de Cartagena de Indias. Todo esto lo habíamos vivido con alegría, gracias a la participación de nuestro amigo Emilio González García como Co-productor de la cinta. Lo que no habíamos visto, increíblemente, era la película.

Pero el día llegó. Y lo que no sabíamos era que nos íbamos a encontrar con una comedia romántica. El género, tan presente en el cine norteamericano, es más bien escaso en otras latitudes. Sobre todo en producciones de bajo presupuesto.

No sé bien cuánto costó “Yo, también”, ni sé muy bien si es común en España ver cine de este género. Lo que si sé es que esta película transforma la mirada sobre el mundo. Nos da alas. Nos conecta con lo más profundo en nosotros. Eso, que aún nos es dado llamar “humano” a falta de otra palabra.

“Yo, también” es una demostración del más fino sentido del humor, potenciador de la risa como instrumento de curación; así mismo es una historia de amor que exalta a dos seres extraviados en su propia cotidianidad.

Después de la función, también conocimos a Pablo. Y nos contó que se pensó durante mucho tiempo si era conveniente hacer el papel de Daniel en “Yo, también”. Pero cuando vio el rigor y el tacto con los que los escritores y directores Álvaro Pastor y Antonio Naharro trataban el tema; y que contaban con la sensibilidad y el apoyo de Julio Medem como co-productor, ya no tuvo más dudas.

Y, de paso, nos regaló una de las películas más conmovedoras, divertidas, novedosas e irreverentes de los últimos años. Enhorabuena.


Para ver la película en Colombia: http://www.cinecolombia.com.co/movie.aspx?idpelicula=225
Web de la película: http://www.yotambienlapelicula.com/index.html

mayo 03, 2010

Por qué no me gusta el vallenato

Por Juan Ensuncho Bárcena



No sé si los lectores sepan con precisión de qué hablamos cuando hablamos de “Leyenda Vallenata”. La mayoría la confunde con el mito de “Francisco El Hombre”. Muy pocos colombianos saben el verdadero origen de semejante leyenda.

La leyenda vallenata que da origen al festival que a su vez contribuyó a la fundación del género musical, es la celebración de una masacre. Si, leen bien, de una masacre.

Según el Sistema Nacional de Información Cultural del Ministerio de Cultura de Colombia, que puede ser consultado por cualquier lector con acceso a internet y a google, la “Leyenda de la Virgen del Rosario”, “Leyenda Vallenata” o “Fiesta del Milagro”, está documentada por Sancho de Camargo, Escribano de Gobernación en la Provincia de Santa Marta, en 1582, quien confirma las declaraciones del gobernador Lope de Orozco en relación con el asalto de los indios Tupes e Itotos a dicha población.

Por su parte, el cronista Juan de Castellanos, en sus Elegías sobre Invasión de los Tupes a la Ciudad de Valle de Upar, en 1586, y el alférez José Nicolás de la Rosa en su libro Floresta de la Santa Iglesia Catedral de la Ciudad y Provincia de Santa Marta, hacen referencia a las manifestaciones de rebeldía de las tribus de la región.

Lo que poco se nos recuerda, sobre todo por estas fechas, es que la leyenda instaura por vía divina la supremacía de los españoles invasores sobre los nativos indígenas.

La leyenda vallenata nos narra el vergonzoso azote al que fue sometida por su “patrona” una hermosa indígena llamada Francisca. La grave ofensa llegó a oídos de su Cacique, quien organizó una revancha. El 27 de abril ocurrió el ataque, en el que hubo muerte, quema de viviendas y del Templo de Santo Domingo. Es allí donde “surge de entre el humo y las llamas la figura de la Virgen del Rosario, quien con su manto ataja las flechas incendiarias de los agresores evitando la destrucción del templo”. Es decir, la Virgen toma parte en la contienda, del lado de los colonizadores.

Los nativos huyen despavoridos en busca de refugio hasta llegar a la laguna de Sicarare, cuyas aguas envenenan con barbascos y preparan una emboscada a sus perseguidores. Con la ayuda de los africanos esclavizados llegan los soldados de la guardia española, bajo el mando del capitán Antonio Suárez de Flórez, al sitio de la celada. Sedientos y cansados se acercan a beber el agua de la laguna, la cual les causa una terrible intoxicación y muerte. “Una vez más aparece la imagen de la Virgen, quien con su báculo va tocando uno a uno a los envenenados produciéndose así un milagro”. Es decir, que la Virgen salva “milagrosamente” a los invasores. La contienda termina el 30 de abril con la masacre de los indígenas a manos de la guardia española.

Por eso pienso que en tierras del Cacique de Upar el heredero del sanguinario conquistador tenía que ser, naturalmente, un paramilitar. Y su canto, el vallenato.

Semejante infamia es lo que celebran en Valledupar por estos días.