abril 15, 2010

Palabras andantes -Por la memoria del fuego-


“La verosimilitud es esa parte misteriosa que esconde, en sí misma, una fábula encantada para ser auténtica”

Por Ciro Luis Otero Pedrozo

El alucinante acto de la comunicación representa la mayor prioridad para la humanidad desde los tiempos inmemoriales cuando el mundo apenas se concebía como un mero intento y los vetustos dioses todavía no emergían de la obscuridad del caos.

Por siempre la Palabra ha sido el centro gravitacional de la existencia de cada hombre, talento que constituye una herramienta tan poderosa que trasciende más allá de si misma y del simple objeto de expresión. La Palabra tiene la divina facultad de tejer la historia a través de un eterno entrecruzamiento de finísimos hilos que son a su vez otras historias, complementos de una especie de historia general. La Palabra, así sea dicho entonces, es el intrincado tejido de la historia por muchas historias; es la historia misma que cuenta su propia historia.

En todas las culturas la Palabra ha ocupado un lugar privilegiado por su mágica tarea de transmitir la memoria de los hombres y conservar vigente la historia de los pueblos, de allí que sea considerada un patrimonio invaluable, un legado cuantioso; la herencia más considerable que hallamos podido recibir de nuestros antepasados. La Palabra ha sido pieza clave para la construcción y desarrollo de la sociedad, quizás sea la máxima manifestación del pensamiento puro, latente resultado de un intenso diálogo entre la historia colectiva y la historia individual; es decir de la existencia misma. No cabe la menor duda de que la mística ceremonia del diálogo haya sido desde siempre parte fundamental para el debido organizamiento de las comunidades, tanto en lo político y lo social, como en lo cultural y lo religioso, así lo demuestra claramente la oralidad hasta nuestros días, la palabra es pues, el génesis mismo de toda manifestación y expresión humana; cada hombre es un dios que todo lo crea cuando habla.



Dentro del imaginario colectivo de la antigua Grecia, eran las Parcas las encargadas de tejer la vida tanto de los hombres como de los dioses: Clothos cardaba, Lachesis hilaba y Atrópos se encargaba de coser la existencia. Cada hilo era una vida; de manera que si alguno se rompía era el final de una historia, de una vida, de una existencia, de muchas historias, de muchas vidas, de muchas existencias, porque cada hilo estaba conectado entre sí con todos los hilos que conformaban ese infinito telar llamado destino. De aquí que los nobles oficios de hilar, tejer, coser, escribir y hasta la misma oralidad poseen un carácter existencial vital; contar la historia.

En la misma mitología griega, Orfeo desciende al Tártaro en búsqueda de su amada Eurídice, baja entonando cantos sublimes enseñados por las musas y recitando poemas acompañados con la lira que Apolo le regalara. En el anterior pasaje queda claro que la oralidad ha secundado al hombre tanto en los avatares más simples de la vida cotidiana, como en las grandes empresas heroicas pobladas de utópicos ideales y exaltaciones interiores más allá de la inmortalidad misma. Teseo logra salir del laberinto de Creta gracias al hilo dejado por Ariadna, una vez más el hilo es sinónimo de vida y qué es esa madeja de hilo sino la historia de los pueblos contada de una generación a otra para que nunca sea olvidada, para que perdure siempre en la ardiente memoria de los hombres.

En el acto de tejer, el tiempo parece detenerse así como en el de hablar, esto sin duda era lo que pensaba Penélope cuando tejía durante el día y destejía al caer la noche la férrea espera de su amado y errante Odiseo. En su desesperanza llena de obscuras sincertezas, Ulises contaba los pormenores de su escabrosa odisea donde quiera que atracaba; ese Héroe que narraba su historia, hoy es historia. -La historia de los hombres-. Tanto el acto de tejer como el de hablar es una eterna lucha contra el tiempo y en el tiempo, es la construcción misma del llamado destino, de algún modo el resultado de estas acciones inevitablemente tiene que ser una historia, una trama, un discurso, un tejido, un texto.



La palabra texto proviene del latín textus; significa tela, de tal manera que los tejedores no son otra cosa que los escritores del tiempo, esos que inscriben y escriben en la tela no sólo su propia historia sino también aquella correspondiente a todo su pueblo y que trasciende a toda la humanidad. Así mismo es la palabra, esa memoria viva que guarda la historia de los hombres, de cada hombre, de todo cuanto existe en este mundo, es la memoria un paraíso del cual no podremos ser desterrados jamás. Construir la historia es lo que han hecho todos los pueblos de oriente a occidente, de norte a sur, de pasado a presente, la misión del narrador es recrear la historia por medio de su propia historia, al final la historia de cada hombre, de todos los hombres, la historia de toda la humanidad.

La Voz Desconocida resulta siendo parte viva de la historia, una especie de legado intimo que nos ha transmitido sin reservas nuestro entrañable amigo Juan Ensuncho Bárcena. La Voz Desconocida tiene como gran aliada la urgente necesidad de comunicarnos, un afanoso deseo de escuchar al otro y ser a su vez escuchado, lejos de la penosa impersonalidad en la que nos han sumido medios masivos como la televisión, la radio y el cine, sin desmeritar sus enormes alcances y proyecciones sociales claro está. Es evidente que a la par de la utilización de los medios electrónicos como el Internet y las telecomunicaciones, la humanidad continúa al margen de los tiempos vertiginosos su búsqueda incansable por entablar una comunicación directa y por lo tanto inmediata con el otro.

En aras de la absorbente modernidad el milenario oficio de contar se ha convertido en una de las manifestaciones artísticas más discutidas, tanto que incluso puede llegar a ser la más negada pero paradójicamente la más ejecutada, esto es consecuente ya que la palabra no puede desligarse de ningún acontecimiento de la vida cotidiana de los hombres. De La Voz Desconocida se podrá decir todo, incluso aquello que no está permitido, pero todo cuanto se diga será verdad haciendo honor a la mentira, pues es imprescindiblemente humana y en esto se refleja un arraigado acento tanto homogéneo como desigual, tanto complejo como simple, piadosa y desgarradora al mismo tiempo. La Voz Desconocida tiene la maravillosa facultad de conjugar al mismo tiempo tanto la realidad como la fantasía con la sola utilización de la palabra, “La Danza Es Una Metáfora Del Amor”-magnifica entrevista agenciada a Álvaro Restrepo- y “Contra El Vallenato”-insulso articulo de opinión-.

Siempre habrá tiempo para hablar y escuchar, para mentir y decir la verdad, para recordar y sobre todo para nunca olvidar. La Voz Desconocida aguanta todo incluso el papel, aunque seria mejor decir del blog al papel, a menudo se expresa con excesos pero también con moderación, frecuentemente nos asalta con movimientos interiores de los cuales no somos dueños y que ni siquiera nos halagan por conveniencia. A esta voz nadie podrá negarle su irreductible facultad de emocionar, mucho menos la calidad y la originalidad de semejante emoción, “Empañando Vidrio por Sabina” y “Martinis Para Un Día Seco”, “Vivir Con Una Sexóloga” y “ El Escritor En La Ciudad”.



Hoy en día existe un esnobismo de las emociones, de las sensaciones, de los sentimientos y hasta de los pensamientos, se les considera nobles y exaltantes al mismo tiempo, pero nos aprietan las entrañas y nos avergüenzan por ser a veces tan superficiales. Sin embargo La primera virtud de la Voz Desconocida es la des ser veraz y aunque no parezca por su indulgente apariencia, su autor lo es hasta la desesperación; su cálido mensaje es autentico, como cada cual es esclavo de lo que dice. La Voz Desconocida soporta las adulaciones que la acogen y también los reproches que la abruman, no hay duda de que quien habla pone todo lo esencial de sí mismo, de allí que sea misteriosa y a la vez develada para quien la escucha, en todo ser humano la verdadera vida y su parte más interesante, se desenvuelve bajo el techo del secreto como bajo el techo de la noche; la mística de la palabra.

Con el presente libro Juan demuestra claramente el irrefrenable deseo de enfrentar nuevos desafíos y escapar de alguna manera posible de la caótica modernidad, la misma que antes de proporcionar lucidez, lo que ha hecho es causar confusión. Desde su insulsa y trasnochada rebeldía en Cartagena de Indias, Blancas y Negras, ha venido cultivando un medio artístico propicio para el crecimiento individual y a la vez colectivo; un intimo imaginario de creación compartida. Constituye por lo menos en el metafórico pueblo de San Marcos del Carate un medio enriquecedor y ha servido como una guía directa para la consecución de valores y la preservación de éstos mismos, ha formado cierto grado de conciencia con relación a los procesos sociales y culturales por supuesto.

Producir algo distinto que la mera curiosidad de quien escucha, es lo que pretende esta propuesta, incentivar las ganas de continuar por un camino claro y sin obstáculos, difícil quizás pero sin espinas. La mayor pretensión tal vez sea recuperar no lo que se ha perdido, sino lo que de momento se ha olvidado, es una de las tantas formas de reiterarle a cada hombre que todavía se puede soñar, que la realidad no es más que otra forma, otro punto de vista de la maravillosa fantasía. La Voz Desconocida es una urgente búsqueda de significados, la necesidad de hacer realidad la idea de ofrecer diversidad de caminos, la guía del sendero que nos conduzca hacia la cima del propio arte, por la memoria del fuego tras las andanzas de la Palabra.

“Saberla compartir era su vocación”
Silvio Rodríguez, Unicornio Azul.

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