septiembre 10, 2009

Palabras de Clausura Festicine Panamá 2009


El martes pasado, en pleno vuelo, escribí un poema:

Sobrevuelo el Darién
Nubes blancas de marfil
Sobre el verde monte de raíz
Infinito el horizonte
Sin fronteras

Desde el aire
Es de poco valor
La política que divide

Vamos en pos
De un cine que hermane

Es hora de que el Tiempo
Sea Arte

-Septiembre 1 de 2009-

Estos cinco días que han pasado desde entonces han sido una comprobación continua y constante de aquellas palabras. Nunca pensé que me iba a sentir tan reflejado en los rostros, miradas y gestos de todos ustedes, pero fue así. Y nos es gratuito: tenemos un origen común, más allá de las fronteras.

Razón tuvieron los patriarcas que consolidaron la Independencia de Panamá, pues no es difícil imaginar el estado de abandono al que Bogotá tenía condenada a “la provincia” de Panamá. Lamentablemente los encumbrados gobernantes de esa época nunca vieron el enorme valor estratégico que tenía esa “provincia de tierra caliente” como seguro la llamaron en su momento.

Hoy por hoy yo me atrevería a decir que es la ciudad más estratégica de América y la segunda ciudad global del continente, junto a Nueva York. Aquí he visto fugazmente que convive el mundo del sur con el del norte, el oriente con el occidente. No es difícil encontrar las mezquitas musulmanas, ni las pagodas budistas, ni las sinagogas judías, todas con numerosos fieles. Rascacielos inmensos de inmigrantes chinos y japoneses, situados al lado de edificios de inmigrantes españoles, colombianos o argentinos. Por citar tan solo unos pocos.

Panamá es lugar de encuentro, es cruce de caminos del mundo globalizado. Por eso creo que este Festival está destinado a ser el más importante de América, por su ubicación estratégica, por la infraestructura hotelera y aeroportuaria. Y, además, porque en Ciudad de Panamá se pueden practicar diversas formas del turismo: ecológico, de aventuras, de playa, de compras y de casino.

Todo esto ha surgido de la visión de una mujer entrañable y maravillosa, que, a pesar de su origen cubano, se siente la más panameña de todas las mujeres. Hablo de la ilustre guionista y cineasta Gloria Pedroso Garriga, a quien agradezco enormemente la invitación al Festival y para quien solicito un fuerte aplauso

A “la profe”, como le decimos cariñosamente, le debo el estreno de mi pasaporte, pues jamás había salido de mi país. Ahora, que he cruzado por primera vez la frontera. Ahora que las hojas de mi pasaporte han perdido su virginidad, puedo comprobar lo que intuía: que las banderas, los himnos y los escudos, están hechos para separar lo inseparable: somos el mismo pueblo de un lado y de otro. Todos venimos de la misma Matria, somos todos hijos de la Madre Tierra. Tarde o temprano las fronteras pasarán a hacer parte de la historia.

Antes, el Festival Interoceánico de Cine de Panamá habrá nacido de las entrañas del presente Festival Internacional de Cine y Video Documental “Imagen y Sonido Latino en Panamá”. Ya le tenemos el lema: “El camino entre dos mundos”, creado por el actor Toto Vega, presente esta semana en el Festival, junto a su esposa, la actriz Nórida Rodríguez. Gracias a Toto y Nórida por haber aceptado la invitación.

A los cineastas que enviaron sus trabajos, mis respetos. El privilegiado oficio de Jurado tiene ese sabor amargo de escoger sólo unos cuantos ganadores. Si por nosotros hubiera sido, los premiados habrían sido todos, porque cada película tiene su propio mérito; pero las reglas del juego no lo permitían. Sin embargo, les envío nuestra voz de aliento a quienes no ganaron esta vez para que sigan con su trabajo; y a los ganadores, nuestros abrazos y felicitaciones.

Gracias a la ilustre psicóloga y asesora de guiones Adriana Echavarría, Nana del Alma Mía, por su bella compañía que todo lo ilumina. Y por haber realizado una destacadísima labor como miembro del Jurado.

Ha sido un enorme placer haber estado entre todos ustedes esta semana. Y será hasta una próxima oportunidad. Acá estaremos siempre que lo requieran.

Viva el Cine. Viva Panamá.