febrero 11, 2009

Lo demás vale mondá


A la Vampi

Por Juan Ensuncho Bárcena

Llegué al Teatro a las nueve en punto. Me puse la máscara de la muerte y busqué la fila para entrar. Tropecé y casi me caigo. Alguien se rió.

Esa tarde de viernes había tomado un taxi desde Cartagena para ir a ver a Antonio Morales en un espectáculo llamado “La Prohibida”. Como soy un experto en nada pensé que era un performance de Toño, quien tiene acostumbrados a sus amigos a sus impecables y divertidas representaciones escénicas.

Al ingresar al Amira de la Rosa pude ver a algunos personajes del carnaval en las escaleras, en el foyer, en el auditorio. Una escena bastante bizarra. A cambio de un performance a lo Morales, me topé con que “La Prohibida” era una travesti española famosa por su música. Salió al escenario luciendo traje verde, rubia peluca enorme y buenas piernas.

La entrevista fue divertida, el personaje resultó ser inteligente, con algunos chispazos bacanos. Lo que no pude soportar fue su espectáculo: me pareció triste y decadente. Aparte, desafinado. El hecho de que sea travesti por sí solo no es meritorio en el mundo de la música: tiene que saber cantar, al menos. Pero bueno, la cuestión es que me salí, aburrido. Tenía algo de hambre y fui a la cafetería por algo de comer. Allí me encontré con algunos amigos y amigas del mundo intelectual barranquillero, a quienes no veía hace algún tiempo. Ante la pregunta de “¿qué te habías hecho?” respondía cada vez algo diferente, como acostumbro. Me gusta despistar, simplemente.

En esas andaba cuando te vi y te saludé. Salías de la platea y te di abrazo y beso, como me gusta hacerlo. Me presentaste a tu amiga, a quien saludé de beso, también. Me preguntaste si quería llevar mi equipaje a tu casa y estuve de acuerdo. Del parqueadero de tu edificio nos fuimos a comer algo y luego al “rancho currambero” donde asistimos a una noche ecléctica, popular, hilarante. Salimos a buscar a tu hija adolescente, que había terminado la rumba también. Llegamos a tu apartamento luego de dejar a tu amiga en el suyo y le dijiste a tu hija que me quedaría con ustedes. Ella asintió y se fue a su cuarto. Nos tomamos el último trago de la noche en la sala, conversando de cine y actuación. Planeamos ir a la piscina al a mañana siguiente, en vez de ir al Teatro porque se nos antojó flojo el evento. Nos deseamos buenas noches al borde del amanecer.

Me desperté como a las 11 y fui a la cocina por un poco de agua. Tu empleada me ofreció desayuno y yo acepté. Le pregunté por ti y me dijo que ya habías desayunado. Saliste de tu cuarto, en pijama de seda, con el pelo mojado. Te sentaste a acompañarme, hablamos de la rumba anterior y practicamos nuestro deporte favorito: la ironía.

Fuimos por tu amiga, pasamos por el súper y volvimos a almorzar. Sacaste tus bolsas de disfraces y nos dejaste buscar la pinta adecuada para esa tarde. Tú luciste una peluca azul - de diva francesa - un sombrero de ala corta y una bufanda de plumas de colores; tu amiga escogió una peluca fucsia de plumas y una bufanda negra de plumas; yo simplemente escogí una peluca afro y gafas oscuras, claro.

Esa radiante tarde asistimos al recital del poeta William Ospina, con posterior entrevista del poeta Miguel Iriarte. Una conversación de poeta a poeta, bien llevada, sensata, sensible, con momentos muy lúcidos e inspiradores. Luego vendría algo menos divertido para mí: una charla con un señor italiano de quien no sabía nada, respondiéndole a otro señor acartonado, sobre el papel del juego en la sociedad. Habías salido a ver a tu hija, tu amiga quedó encantada con el señor italiano, yo jugué a huir.

En un evento de esta categoría son muy enriquecedores los intermedios entre un espectáculo y otro. Te encuentras con gente afín, preocupada de los mismos temas, gente sensible, inteligente, gente bella. Y en Barranquilla, ingrediente adicional: gente fresca, cool, encantadora. Aprovecho acá para decir que lo que hace a este Carnaval de las Artes realmente único es esa combinación justa entre disfraz, risa, cultura popular y reflexión. Además que no es un evento cerrado ni excluyente, al contrario: abierto a todo aquel que se disfrace o se ponga una máscara. Ese simple hecho convoca, conmueve, es digno de admiración.

A propósito de todo lo dicho, llegó el momento para una conversación muy concurrida, la del profesor inglés Gerald Martin con el escritor Enrique Dávila. Del primero sabía que es el “biógrafo tolerado” de Gabriel García Márquez, a quien había visto de paso y sin mucho interés en una entrevista reciente, en un evento similar, pero torpemente excluyente y algo soso. Del señor Dávila no había leído nada, pero me pareció un hombre inteligente, sagaz, elegante y directo. Las anécdotas sobre el Premio Nobel colombiano no podían faltar, fueron como un aderezo magnífico para la charla entre estos dos buenos conversadores. La entrevista estuvo salpicada de fino humor inglés y fino humor Caribe.

Una vez terminada la conversa, nos dedicamos a tomar fotos. Había que aprovechar la presencia de los personajes del carnaval, presentes en el foyer, en las escaleras y los pasillos. También apreciamos las obras de Gonzalo Fuenmayor, Mario Zabaleta y Mauro Evangelista. Bien seleccionadas para la ocasión.

Acto seguido, un fascinante espectáculo musical, protagonizado por el cantautor camerunés residente en París, Blick Bassy. Acompañado por su paisano Hervé Lebongo y por el bajista barranquillero Eduard Molinares, brindaron un recital nostálgico y conmovedor. La entrevista inicial del crítico musical Ángel Perea fue impecable, especialmente cuando reconoció que África es actual potencia musical del mundo.

Después del evento público, fuimos a cenar a una bella casona del Viejo Prado, propiedad de una de las compañías auspiciantes. La entrada de cerdo frito envuelto en hojas de plátano, le dio un detalle exquisito a la mesa, muy bien decorada con motivos de carnaval. Entre ellos una cabeza de jaguar que me quedó al pelo para una foto memorable. La cena estuvo algo acartonada, me sentía como en un “quinceañero”. Por fortuna el licor hizo lo suyo y alguien propuso ir de remate a “La Troja”, tradicional y popular sitio de salsa de todos los calibres. A tu amiga no le gustó demasiado el plan y prefirió irse a una disco gay donde se presentaría “La Prohibida”, a quien tenía ganas de ver “como hombre”.

Llegamos a La Troja en compañía de un combo de actores y luchadores. La cosa no podía estar más divertida y variopinta. Allí nos topamos con el poeta William Ospina y un señor muy conocido de gafas enormes, entrados en licores. A esa hora todos estábamos ebrios así que nadie se fija en nadie. Mejor dicho: todo se goza. Hasta las cosas que podrían repugnarte a la mañana siguiente, acá las ves y te importan un carajo. Ese es el estado de la felicidad. De la bacanería, que llaman. Además el lugar, adornado por guirnaldas de papel publicitario de una cerveza popular, la música, los bailarines y sentados… todo resplandece.

De ahí nos echaron a las cuatro de la mañana después de que todo el mundo quiso hacerse fotos contigo y muchos lo consiguieran. Incluso tú misma pediste a un fotógrafo de polaroid que nos hiciera una. Quedó una imagen que resume el frenesí de estos días. Foto inolvidable y mítica. De La Troja nos fuimos para el Parque de los Músicos. Hasta me olvidé de mi aversión por el vallenato, imagínate. Total, a última hora nadie es exigente.

Nos fuimos a dormir como a las 5 del amanecer. Me quedé solo en tu sala, con ganas de ver salir el sol tras la Sierra Nevada, desde tu balcón, pero me ganó el sueño. Amanecí dormido con la cerveza caliente puesta sobre la mesa. Corrí al cuarto de huéspedes para que nadie se diera cuenta. Me acosté y de inmediato comencé a soñar… Desperté al mediodía, listo para el último día.

Almorzamos arroz chino porque tu empleada no va los domingos. Llegó nuestra amiga, en compañía de un amigo. Nos arreglamos y emprendimos el viaje hasta el Teatro. Nuestra cita era a las 3pm con el maestro Jairo Aníbal Niño, pero llegamos tarde, ya casi al final de su lectura de cuentos, donde, por cierto, parecía tener todo en contra: su compañero de escenario, los organizadores, la policía militar. Niño fue irrespetado varias veces en distintos tonos, qué vergüenza.

A las cuatro nos fuimos a ver al humorista argentino Daniel Rabinovich (integrante de la célebre banda Les Luthiers) entrevistado por Daniel Samper Pizano. Aunque nos tocó esperar una hora, valió la pena. Semejante demostración de habilidad verbal y sentido del humor, rara vez se aprecia en estas tierras. Al final saliste a buscar a tu hija, la trajiste al Teatro, para que poco a poco se nutra de la savia milenaria de las Artes y la habladera. Juntas se hicieron más fotos y entraron al siguiente espectáculo, pero no se quedaron mucho tiempo. Fui por mis cosas a tu auto y nos despedimos. Me quedé muy triste.

Me entretuve viendo a los “Reyes del cuadrilátero”, un grupo de luchadores y boxeadores, hablando del valor y el miedo. Conducidos magistralmente por Alberto Salcedo Ramos, Ultiminio “Sugar” Ramos, El Santo, Blue Demon, Gabriel Rodríguez, Orlando Jiménez y Jorge Dávila, hicieron gala de su capacidad narrativa y reflexiva. Especialmente el “champion” Ultiminio, quien dijo que no es que haya matado a dos tipos en el ring, sino que él siempre salía a “arrancá cabeza”.

Con la última sonrisa y un estado de incomodidad producto de lo alargada que terminó siendo la jornada, salimos a esperar el siguiente show: Cabas por Cabas. Eduardo y Andrés, padre e hijo, hablando el uno del otro. Entrevistados brevemente por Andrés Felipe Solano, un man más bien insípido para la ocasión. El esperado espectáculo de los Cabas dividió al auditorio por el estado de ebriedad en el que se presentó el hijo. Para unos, signo de irrespeto, para otros de libertad. En fin, la especie humana que nunca está de acuerdo. Lo cierto es que hizo versiones estrictamente íntimas de sus éxitos y logró mal que bien interpretar algunas canciones con su padre. Asunto clausurado. Nuestra amiga se fue a casa.

A las 11 de la noche, con dos horas de retraso comenzó el acto de clausura: “Manual sonoro de la música cubana”, presentación de Lázaro Valdés, Changuito y Mundito González, conducidos por Juan Carlos Garay, orquestados por Hugo Molinares. De lo cual sólo me animé a ver el inicio, pero me aburrió el acartonamiento (que confunden con seriedad) del entrevistador. Preferí ir a comer algo y en la cafetería me topé con una chica que te había dicho un piropo bello la noche anterior. Me puse a conversar con ella y se me pasó el tiempo. Al final sólo llegué cuando Fiorillo estaba terminando sus sentidas palabras. Ovasión cerrada. ¡Chapeau!

La cena de clausura sería en La Cueva, donde una calle cerrada, con guirnaldas de colores representaba una verbena típica del carnaval. Escena maravillosa con la brisa loca sacándole música al viento. La cena exquisita, a cargo de los hermanos Salgado Escaf (Picho y el Gordo) y de Martha Daza. La Gran Orquesta del Carnaval afilando sus porros, cumbias, merecumbés y otros ritmos. La Gran Familia de La Cueva, toda bailando dichosa. En el cielo, la luna llena, celebrando su triunfo.

Aunque me hacías falta, Vampi, al final de la noche una bella rubia se sentó a la mesa en la que estaba. La saqué a bailar y fue la dicha. Una exquisita pareja monteriana, bella, elegante y muy divertida, fue mi compañía esa noche inolvidable que acabó como a las 6 de la tarde del lunes.

A lo mejor ha sido el fin de semana más excitante de todos los que he vivido en Barranquilla. Y sin sexo. Increíble en mí.

7 comentarios:

Zuska dijo...

Excelente! Buen resumen de lo vivido los 4 días..........

Anton Quejov dijo...

¿Excelente? Al comienzo pensé que estaba malo, pero por difícil que pareciera, fue empeorando. Qué conjunto de sandeces y vaguedades. ¿O qué quiere decir "la entrevista fue divertida con algunos chispazos bacanos?". Tampoco me dice nada de una conversación que haya sido "bien llevada, sensata, sensible, con momentos muy lúcidos e inspiradores". Qué falta de gracia, por favor.
Y la última frase sí es la tapa del cretinismo.

Anton Quejov dijo...

Ah, esta vaina tiene moderación de comentarios. Este vanidoso sólo debe poner las que alaban las bobadas que escribe. Me voy de este bar.

Anónimo dijo...

ji ji ji ..juan voy a poner mi granito de arena...aqui va
"no es nada relacionado a lo que escribiste, pues es un poco aburridon. Me causa curiosidad tu foto en la cual estas usando una mascara de tigre? si es un tigre?..Bueno pues siempre me han causado curiosidad los hombres y los tigres ji ji tuve un amigo que lleno su oficina de figuras de tigres, fotos de tigres, todo lo relacionado con ese dichoso animal. Es la figura del tigre relacionado a la inseguridad sexual de algunos hombres???
Explica si puedes. Gracias bello te vez bien con cabello corto..pero aun me sigue gustando tu foto con la camisa blanca.

Juan Ensuncho Bárcena dijo...

Gracias, Zuska, gracias Anton, gracias Anónima. En cuanto a tu comentario, preciosa, eso tendrías que preguntarlo a un experto. Por mi parte, para mi el JAGUAR representa EL PODER en LA SELVA húmeda del trópico. La caza nocturna. El chamán. Besos.

Apelaez dijo...

Esa caracterización del jaguar es de los indigenas amazónicos, no precisamente un invento suyo.

Apelaez dijo...

Y me perdonará, pero esa máscara es de un tigre. Los jaguares no tienen rayas, tienen puntos o anillos.