junio 15, 2008

Día del Padre


Hoy dedico estas líneas a mi padre, el viejo Rami.

De él he recibido cariño, apoyo, caricias, consejos y besos; pero también regaños, palabras fuertes y gestos de desaprobación. Ahora que lo pienso, eso es un padre: alguien que quiere de su hijo lo mejor, aún a pesar de sí mismo.

Y en eso mi viejo ha sido enfático: desde que cursaba mis estudios primarios siempre supo que yo podía dar más. Y me lo exigió, siempre. Aún no he llegado a ningún lugar como para sentirme realizado y plenamente feliz (sospecho que ese lugar no existe), pero sé muy bien que él, aunque no me lo diga, se siente orgulloso de este hijo errabundo, conflictivo y loco que le dio la Vida.

Y yo, por supuesto, me siento orgulloso del Padre que tengo. De su tenacidad para sacar una familia de 7 miembros adelante. De su empeño, con la complicidad de mi madre, por darnos educación universitaria a sus cinco hijos. De su alta concepción de la ética individual, que nos ha permitido mantenernos distantes de la relajación de costumbres que, en términos de corrupción, se ha impuesto en nuestro pueblo y en nuestro país.

El viejo Rami ha sido sin duda un faro que ha guiado a toda la familia en medio de las borrascas que a menudo nos plantea la Vida.

Gracias Papi.

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