noviembre 17, 2007

Vivir con una sexóloga*


La cosa comenzó mal. Nos conocimos en un bar de salsa de Cartagena, a las tres y treinta y tres minutos de la mañana, un domingo once de septiembre. Le susurré que buscaba a una mujer sin nombre, sin pasado ni futuro. A ella no le disgustó mi desparpajo, pero intentó neutralizarme con un “tengo un vuelo a las seis”. Sin embargo, le propuse que se quedara conmigo, ella – más osada – aceptó la propuesta. En el taxi, camino al hotel, nos dimos el primer beso. Al llegar, no había luz eléctrica, nos tocó alumbrarnos con velas.

La que pudo haber sido la noche más caliente de nuestras vidas fue la más aburrida para ella. Una botella de ron entre pecho y espalda, sumada al cansancio natural producto del baile, hicieron mella en mi aguante. Me quedé dormido mientras mi lengua jugueteaba con su mojada anatomía. Y hasta ronqué.

Cuando despuntaba el alba, ella entró al baño, tomó una ducha, se vistió de nuevo. Cuando se disponía a salir de la habitación le conmovió el verme tan vulnerable y babeando que regresó a darme un beso. Me desperté. Le pregunté “¿a dónde crees que vas?”. Y retomé mi labor. Duramos todo el día encerrados, consintiéndonos. Entonces pude hacer justicia. Ese domingo no desayunamos ni almorzamos, sólo nos comimos. Por la noche fuimos al centro a caminar, a comer ceviche, tomarnos un vino y pasear en bicicleta. De regreso al hotel, bate en mano, volvimos al diamante.

Sólo hasta el día siguiente supimos nuestros verdaderos nombres. Hablamos de nuestra historia, de nuestros oficios, de nuestros sueños. En fin, estábamos enamorados. O encoñados, nunca se sabe. Por la tarde regresamos en el mismo vuelo a Bogotá, con cara de recién casados que detectaron las auxiliares de vuelo. Durante el vuelo hablamos sobre las posibilidades que teníamos al llegar a Bogotá. Tanto ella como yo teníamos parejas. Pero más tardó el avión en aterrizar que nosotros en escoger quedarnos juntos.

Dos semanas después ya estábamos viviendo juntos. Sabíamos de nuestras fantasías eróticas, de nuestras noches más calientes y de lo que nos encantaría repetir a ambos. Todo iba a la perfección, hasta que la cosa tomó un rumbo inesperado: me empezó a llamar “esposo”. Y cada vez que hablábamos sobre nuestras aventuras eróticas, su cara adquiría una expresión no muy grata. Terminamos por suprimir el tema de nuestra conversación.



La cosa se tornó muy conservadora. Lo que comenzó siendo “one night stand” se estaba convirtiendo en “one wife forever”. Y allí comenzaron los problemas. Ya no era mi deliciosa compañera, mi divertida cómplice, mi pequeña traviesa, sino mi “esposa”, mi “dueña”. Se confirmaba entonces mi teoría al respecto. El problema de la consonante: La mayoría de las mujeres quieren convertir a un hombre “de caza” en uno “de casa”. Y cuando eso ocurre, los escasos atributos o facultades sexuales que pueda tener el macho, quedan reducidos ante la domesticación de la hembra. ¿Por qué ocurrirá eso? Propongo una respuesta: La naturaleza ha hecho lo suyo. Ha juntado a los portadores de las células sexuales para que continúe la marcha de la especie más insolente y brutal de cuantas existen sobre la tierra.

Pero si ese no era nuestro propósito, ¿cómo es que terminó pasando? Si ella ya tiene dos hijos de su anterior relación, ¿por qué insistir en su papel de madre? Yo, la verdad sea dicha – como la mayoría de los hombres – no me veo a mi mismo como papá. Prefiero que me llame “papito” o “papacito, una que otra ciega. Entonces comenzó a sentir que no la deseaba. Y comenzó a manifestarlo: apareció la sexóloga.

Ella había hecho estudios de maestría en Sexualidad en la ciudad más erótica de España: Barcelona. Y, a pesar de no haber sacado el título, se había dedicado al tema por varios años mientras vivía en Cali. Mucho había aprendido sobre orgasmos fingidos, parafilias y disfunciones. La cosa empeoró. Ya no había satisfacción por parte de ella, ni dedicación por mi cuenta. Porque sentía que estaba manipulando la situación y el papel de víctima no le sentaba bien.

Y el tema es tan delicado que no se puede obtener solución por la vía del diálogo. Porque se pueden herir susceptibilidades. Hemos optado, mejor, por pagar los canales eróticos del cable, por hablar de nuestras fantasías comunes y por escribir una guía erótica de Colombia. Después de dos años juntos, yo diría que nuestra vida sexual está tomando un giro muy interesante. Me siento como una especie de Howard Stern a punto de lograr su cometido.

Sin pensar mucho en que vivo con una sexóloga porque entro en pánico, así como Juan Felipe Orozco no puede devanarse los sesos porque va a dirigir a Nicole Kidman en su próxima película. Simplemente hay que saber decir: “Luz, Cámara y Acción”.

*Texto rechazado por la revista SOHO por considerarlo "de largo aliento". ¿Qué tal?

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Hombre, buen texto, y debajo de esto: buenísimo tema, pues sobre loque yo llamaría la relación entre el amor y la sexología,q ue a veces será lineal, a veces será necesariamente problemática, no ? Yo creo que todas las muejeres del mundo SON sexólogas. que triunfe lo lineal es que triunfe el quite que se le hace a lo problemático, y en un sentido, si se quiere,lacaniano: el amor y la sexualidad es lo único que produce estabilidad del ser, a pesar del fondo de angustia sobre el cual se desarrolla la existencia misma y la relación de objeto, según el psicoanálisis. ese fondo de angustia es un resago de heidegger sin duda, y en todo caso el psicoanálisis de lacan --el más gozón, y a la vez el más dado a la abstracción--siempre será, desde este punto de vista, una existencialización de lo freudiano.

Rodrigo Araújo Montero

Anónimo dijo...

Bello texto.

Anónimo dijo...

No puedo creer que para la revista soho un texto así sea de " largo aliento "; quiero decir: está muy bueno, pero no es demasiado largo. ¿ dónde tendrán el sentido de la funcionalidad ellos ? Está bien que lo tengan enlas tetas de las que sabemos, pero no me parece un argumento, no ? Con unpoco más de picantico e incorrección, a lo mejor en el malpensante hacen algo con eso, no ?. en el breviario......../ a propósito dela diatriba brutal que les envié a algunos de ustedes, sobre ese desagradable tema, que me imagino recibió( el texto titulado cartagena contigo ), se trata de un ajuste de cuentas simbólico; no es para escandalizar a nadie... un divertimento de entrecasa............jjeje. esa guevonadita he debido escribirla hace dos años, pero bueno: ahora me siento más entrenado para divertirme....

Rodrigo Araújo Montero

Beatrix dijo...

Como te conté una vez mi marido esta suscrito a esa revista, así que leí el articulo que bajo ese titulo publicaron: bastante malo y aburrido al extremo, mil veces me quedo con el tuyo, al que creo lo unico que necesitaba era unos detalles de edicion..

Juan Ensuncho Bárcena dijo...

Ok, Beatriz, gracias. Me gustaría que me contaras que "detalles de edición" le hacen falta al texto. Por favor. Un abrazo.

Calixto Avila dijo...

Muy buen texto en mi humilde opinión, Juanca, ya no me sorprende leerte, siga quitándole el candor a las hojas en blanco.

Saludos.

Calixto Avila dijo...

Buen texto Juanca, divertido e inteligente. Siga quitándole el candor a las hojas en blanco, que nosotros lo seguiremos leyendo. Yo escribiría el mío. Viviendo con una contadora...que es la profesión de mi esposa.

Saludos

pecosilla dijo...

buen texto, sobre todo el como linea a linea te hace sentir desde la pasion del principio hasta la rutina cruel del final.
me gusta como describiste esa parte de mujer-hombre relacion sexo ...un saludo.

Anónimo dijo...

ESTIMADO JUANCHO HACE UN RATO NO SE MUCHO DE ESTED Y LA VERDAD COMO CARAJOS VENDO UN POEMARIO SIN TU FIRMA, DE VIEJOS AMIGOS.

YAIR EL ANORGASMICO

Juan Ensuncho Bárcena dijo...

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