agosto 18, 2006

Pequeños Milagros



Uno

San Pelayo 3 a.m. Alrededor de la banda una multitud de danzantes quema las velas. Las mujeres son las encargadas de portar la luz. No importa el incesante calor, la esperma lacerante que baja por el antebrazo ni la polvareda que se levanta. Importa bailar, dar vuelta tras vuelta alrededor de la banda. Hacer parte de este atávico ritual que hermana a las mujeres y los hombres en un incansable ir y venir del tiempo y de la carne.

Un fandango puede ser descrito como la continuación del rito ancestral de bailar alrededor del fuego. La diferencia es que aquí el sagrado elemento va en las manos, haciéndose agua entre los dedos de las mujeres; la llama saliendo de los instrumentos de viento, de los pulmones de los músicos que, apiñados, una sola candela son.

Los bailarines van y vienen, felices, pues no hay otra forma de bailar un fandango. Gente de todos los colores, todas las edades, todos los sexos, todas las condiciones, todas las costumbres y pueblos de la Tierra, unidas todas, formando un solo cuerpo, cuerpo que suda, que suda por los porros.

Unos pasos más acá de la rueda, una mujer observa, cansada. Ha venido de Montería a vender naranjas. Le ha ido bien. Antes de la medianoche ha desocupado su carga. Y no se ha ido. ¿Y por qué habría de hacerlo? La noche es joven y todos estamos envejeciendo. La trompeta revienta el aire con “Fandango Viejo”. Ella, incansable, prende otra vez las velas sin percatarse de su edad. En septiembre cumplirá los 80.





Dos

Es viernes por la mañana. Bajamos de Enciso, barrio popular de Medellín. Estoy bajo los efectos de la anestesia que mi hermana Nohoris me ha aplicado en un molar. Adriana y yo vamos, tomados de la mano, a bordo de un taxi. Llegamos al centro. Me gusta observar los centros de las ciudades, sus calles, sus afanes, sus prodigios. Nos aproximamos a la esquina. El conductor para. El semáforo está en rojo.

Por la ventanilla derecha asoma su cara y su mano un niño menor de diez años. Algo pálido y esperanzado pide una moneda. Por el parabrisas vemos pasar a un muchacho empujando una carretilla llena de bananos. El taxista lo llama. El muchacho posa la carretilla, toma un banano y lo trae. El taxista lo pasa al niño: “Coma un bananito”. El niño agradece, se retira. El taxista pide otro al muchacho, quien lo trae antes de que cambie el semáforo. El taxista le paga, el muchacho vuelve a la carretilla, guarda la plata, mira al cielo, se persigna. El taxista enciende la radio y comienza a cantar: “Yo quiero tener un millón de amigos y así más fuerte poder cantar…”

Aprieto la mano de Adriana y comienzo a cantar, en silencio.





Tres


Me gusta caminar. Para mí están hechas las calles de los pueblos y las ciudades. Igual en San Marcos que en Bogotá, porque es mentira eso que haya algo que los distancie. Aquí estoy yo, intacto, sin saber de mapas ni de límites.

Camino por el centro, despacio, con una sonrisa silenciosa. Me detengo en las palomas que pican el cemento. Observo las aves en su juego de alas, constante despliegue de alegría. Me siento en un café a leer y esperar el atardecer.

Camino por senderos empedrados en busca del amor. Ella me espera, siempre con una sonrisa, bendita. Ando sin prisa, viendo a la gente correr hacia ningún lado, los motores o las vacas rumiando su cansancio, los viejos con sus pasitos de paloma.

Camino lento, detallando las casas, los edificios, las iglesias, los niños y sus cachetes que se hinchan al reír. Miro las estatuas carcomidas por la cal de las aves. Reparo en las muchachas felices, embelesadas ante su propia sombra.

Vago por las calles, sin afán ni destino alguno. A la espera de ese instante de gracia en que el sol transluce las almas. Y las faldas.

agosto 11, 2006

Once de Agosto

Hoy es un día especial para mí por cuatro razones. La primera de ellas es que celebramos once meses de estar juntos, Adriana y yo. La segunda es que hoy comienzo un nuevo año maya: ayer fue mi cumpleaños 44 según las cuentas del Tzolkin. La tercera razón es que hoy comienza el Carnaval de Bogotá. Por último, les presento el nuevo formato de mi blog.

1.

El tiempo avanza a pasos de gigante. Hace ya once meses de esa deliciosa noche en la que nos vimos por primera vez. Desde entonces hemos compartido risas, orgasmos, miedos, malos ratos, esperanzas, sueños, atardeceres, lunas llenas, viajes, intentos de huida, cansancios, amaneceres… y todo lo demás que se puede vivir en pareja. Por ella he recuperado la fe en las palabras, por ella he afirmado mi esencia rebelde, por ella he puesto las manos en el fuego, por ella me he reconciliado con la poesía… han sido once meses de compromiso, de lealtad, de emociones fuertes y de maravillosa intimidad.

2.

Entre los pueblos tradicionales del mundo entero, ninguno ha tenido la sabiduría para observar los astros y medir el tiempo como los Mayas. Este pueblo americano nos ha legado una variedad de calendarios que aún hoy sirven para sembrar, seguir el ritmo de la luna y cosechar. Una versión reciente del Calendario Sagrado o Tzolkin ha llegado a nuestros días en forma de juego: “Encantamiento del Sueño”. Según este calendario, que consulto todos los días antes de vestirme para escoger el color apropiado de la ropa, estuve cumpliendo años el día de ayer, porque mi identidad en el juego es “Semilla Eléctrica Amarilla”. Cada año del Tzolkin equivale a 260 días, divididos en cinco períodos de 52 días llamados Castillos y estos a su vez subdivididos en períodos de 13 días llamados Ondas Encantadas. Así las cosas, yo estuve celebrando mi aniversario 44 el día de ayer. Aún recibo regalos y felicitaciones.

3.

Por estos días también estamos celebrando el haber llegado hace un año a Bogotá. El mismo viernes 5 de agosto, a las 10.30 p.m., en vuelos distintos, procedentes de ciudades distintas. Quizá nos cruzamos al momento de salir del aeropuerto, quizá. Pero no nos vimos. El destino nos tendría guardada la sorpresa hasta Septiembre en Cartagena. Pero lo que sí recordamos es que llegamos el fin de semana del Carnaval de Bogotá, hace un año. Y por eso cuando la ciudad se pone de fiesta, nosotros con ella, porque nos ha acogido, porque ha sido la extensión de nuestro hogar, porque celebrar el carnaval es celebrar la Vida. Por eso este fin de semana es especial para nosotros, también.

4.

Estoy estrenando blog, con nuevo estilo, con nuevas secciones, espero lo disfruten y comenten. Ahora será más estilo diario. Bienvenid@s.