junio 07, 2006

Tres Breves Relatos

Salvador

Por Juan Ensuncho Bárcena

En el pueblo de San Marcos del Carate, a orillas del caño que le da el nombre, vivió hasta hace pocos años un personaje particular.

Nunca nadie le conoció el apellido, nos bastaba decirle “Salvo, el limpiacalle” porque su oficio era recoger la escasa basura que había en los andenes del pueblo antes de la elección popular de alcaldes y de la llegada de Internet.

“Salvo” era un hombre alto, adusto, ensimismado. Siempre hablaba de un solo tema, que en realidad eran dos: “La Niña” y “La Pinta”. No se refería a las carabelas de don Cristóbal Colón, tocayo del peluquero y fotógrafo de la aldea, sino a sus más preciados bienes: un par de burras viejas, sencillas pero coquetas, que mantenía en su rancho de bahareque.

Nunca se le conoció mujer, pero “Limpiacalle” decía no necesitarla. Vivía en feliz concubinato con sus hembras siempre dispuestas y para nada celosas.


Las mujeres del aeropuerto

Por Juan Ensuncho Bárcena

Madrugas. Te preparan un buen desayuno. Nunca se sabe. Sales del hotel al terminal aéreo. El tráfico aprieta. Al llegar, el altavoz dice que hay mal tiempo. Tu vuelo ha sido cancelado. O no hiciste a tiempo la reserva. O, simplemente, te tocó llegar temprano. Tu avión saldrá al mediodía. No hay problema. Respira profundo. Cuenta hasta diez. Suéltate el nudo de la corbata. Observa a tu alrededor. Prende el radar. Examina esta especie estimulante que son las mujeres del aeropuerto.

Seguro empezarás por detallar a la que tiene más clase, delgada, muy elegante, de cabello corto, largo cuello, discreta en público, fiera en la intimidad. La ves pasar una y otra vez. Se da cuenta que la observas, camina hacia donde estás, se sienta adelante. Suspiras, la ves allí donde se apoya para sentarse. Cada cinco segundos revisa su celular, signo claro de seducción agazapada. Toma su bolso de mano, otro aparato de comunicación, habla por él. Te lanza una mirada de oportunidad perdida. Se levanta y emprende el vuelo. Este tipo de mujer suele ser histérica, casada, con hijos, no pierdas tu tiempo y tu dinero. Aunque no te iría mal siendo su amante, pero hay que gastarle muchas llamadas y mails antes de que te acepte una copa de vino.

Luego está la regular bien gracias. Buen frontal - asunto superior - buenas piernas y buenas posaderas. Quizá es su encanto interior, no tan discreto. Ocupa el lugar de la anterior. No se deja ver el cuello, es más común. No pensarías en hablarle a no ser que quieras una revolcada en motel antes de llegar a tu destino. Pero no. Tranquilo. Piensa con la otra cabeza. Puedes acabar arrepintiéndote. Es mejor que guardes silencio. Saca un libro y finge leer. A las mujeres de esta categoría se les espanta con un buen libro. Ni se te ocurra Juventud en éxtasis porque estás perdido. Antes de que alcances a ignorarla, ella, digna, se dirige a la librería.

Te levantas. Cambias de territorio. Quieres ir más allá. Exploras la selva. Sobrevuelo. Aterrizas en la chica de la aerolínea. Morena. Buen perfil. Boca generosa, piernas de maratón, antitemblores. La llevas a los baños. Le das lo que buscaba cuando – al bostezar – dejó su pie desnudo, fuera de su zapato.

Ahora sí, sonríe. Disfruta la vida. En casa te esperan tu mujer y tus hijos.


Plataforma (fragmento)

Por Michel Houellebecq

El objetivo de las empresas de turismo es hacer feliz a la gente, previo pago de cierta tarifa durante cierto período de tiempo. Una tarea que puede resultar fácil o sencillamente imposible, según el temperamento de la gente, las prestaciones propuestas y otros factores. Valérie se quitó el pantalón y la blusa. Yo me tumbé en la cama gemela. Los órganos sexuales son una fuente de placer permanente y disponible. El dios que nos hace desgraciados, que nos ha creado transitorios, vanos y crueles, también ha previsto esta débil forma de compensación. Si no hubiera un poco de sexo de vez en cuando, ¿en qué consistiría la vida? Una lucha inútil contra las articulaciones que se anquilosan o la formación de caries. Y todo, además, completamente falto de interés: el endurecimiento de las fibras de colágeno, el crecimiento de las cavidades microbianas en las encías. Valérie separó las piernas encima de mi boca. Llevaba un tanga muy fino de encaje malva. Aparté la tela y me humedecí los dedos para acariciarle los labios. Ella me abrió el pantalón y me cogió el sexo en la palma de la mano. Empezó a acariciarme los testículos con suavidad, sin prisa. Yo doblé una almohada para tener la boca a la altura de su coño. En ese momento vi a una empleada que barría la arena de la terraza. Las cortinas estaban descorridas, y el ventanal abierto de par en par. Cuando nuestras miradas se cruzaron, la chica resopló de risa. Valérie se enderezó e hizo un gesto para que se acercara. Ella se quedó donde estaba, dudosa, apoyada en la escoba. Valérie se levantó, dio unos pasos hacia ella y le tendió las manos. En cuanto entró: la chica empezó a desabrocharse la bata: no llevaba nada debajo, salvo unas bragas de algodón blanco; tendría unos veinte años, tenía la piel muy morena, casi negra, los pechos pequeños y firmes, las nalgas muy respingonas. Valérie cerró las cortinas, y yo también me levanté. La chica se llamaba Margarita. Valérie le cogió la mano y la puso en mi sexo. Ella estalló en carcajadas otra vez, pero empezó a masturbarme. Valérie se quitó rápidamente el sujetador y las bragas, se tumbó en la cama y empezó a acariciarse. Margarita tuvo un último instante de vacilación, pero luego se quitó las bragas a su vez y se arrodilló entre los muslos de Valérie. Primero le miró el coño, acariciándola con la mano; luego acercó la boca y empezó a lamerla. Valérie puso una mano en la cabeza de Margarita para guiarla, sin dejar de masturbarme con la otra mano. Sentí que iba a correrme, y me alejé para buscar un preservativo en el neceser. Estaba tan excitado que me costó trabajo encontrarlo y luego ponérmelo, se me nublaba la vista. El culo de la negrita ondulaba mientras ella iba y venía sobre el pubis de Valérie. La penetré de una sola vez, tenía el coño abierto como un fruto. Ella gimió débilmente y tendió las nalgas hacia mí. Empecé a moverme dentro de ella, un poco al tuntún, la cabeza me daba vueltas, todo mi cuerpo se estremecía de placer. Caía la noche, y ya no se veía gran cosa en la habitación. Oí los jadeos de Valérie subir de tono, como si vinieran de muy lejos, de otro mundo. Apreté el culo de Margarita con las manos, la penetré cada vez con más fuerza, ya no intentaba contenerme. Cuando Valérie gritó, yo me corrí. Durante uno o dos segundos tuve la impresión de que me vaciaba de peso, que flotaba en el aire. Luego volvió la sensación de gravedad y me sentí agotado de repente. Me dejé caer en la cama, entre los brazos de ambas.

9 comentarios:

LaMovidaLiteraria dijo...

Buenos relatos.Gracias por responder a las preguntas sobre el FCE.

Anónimo dijo...

Gracias por enviarme el link, aunque me parece un poco despectiva esta fantasia, aeroportuaria, debe ser porque siempre llegó tarde al counter de Iberia. y no tengo tiempo de seducir pasajeros furtivos ( mala suerte creo)
un beso canario
Ana.

anapao dijo...

me gustó el relato de "Salvador" me transportó hasta la sabana, por toda ella podemos encontrar muchos "Salvos", que mantienen con orgullo su harem...
gracias por la invitación...
un abrazo anapao ;)

Héctor González dijo...

JuanCarlos, Excelente repertorio literario. Felicitaciones. Seguimos en contacto. Exitos

Rafael Dussán dijo...

Mama mia! que relatos Juan! El segundo lleno de imagenes como para llenarlo de dibujos.Acabo de hacer una pequena exposicion de
dibujos eroticos en Paris...y preparo la ilustracion de varios textos que me han propuesto..de todo esto me encantara hablar contigo cuando llegue a Bogota. Abrazo...aqui la llegada del verano enloquece a las
mujeres..se siente su humedad en la calle....y varias
modelos con quienes trabajo me tienen loco...se me
nubla la mirada a mi tambien...y con Valentina mi
companera se vive aquello en primer lugar. Rafa

Benjamín Herazo Acuña dijo...

Apreciado Juancho.

Leí los tres breves relatos. BIEN. Te felicito.

Benjamín Herazo Acuña

tomás. dijo...

bien, bacanos, el lenguaje justo, qué lástima que en los aeropuertos no haya, ni hallas, burras.

Anónimo dijo...

Muy Bien viejo Juancho, pero no me sorprende nada, conozco tu talento de antemano...y esa capacidad de fantasear con aeromozas y burras al mismo tiempo, casi que una orgia de mujerones lanzando gritos de placer y rebuznos.

Edgar Garcés dijo...

Juancho por aca te tengo un par de amigas con cola, cuando aparezcas te las presento. un abrazo