febrero 27, 2006

¿Quién diablos es Marcovich?

Por Juan Ensuncho Bárcena

Esta semana comienza el evento cinematográfico más importante de Colombia. La noche del viernes comenzará a rodar la cinta por su riel y una potente bombilla proyectará en la pantalla del Centro de Convenciones de Getsemaní la primera película del 46º. Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias.

En esta ocasión el ritual de las imágenes sonoras dará inicio con Juana tenía el pelo de Oro, película del director colombiano Pacho Bottía, que mantuvo en ascuas al país cinematográfico durante los nueve largos años que duró el proceso desde la escritura del guión hasta la pantalla. Pero no es de mi amigo Pacho de quien quiero hablarles hoy. Ya habrá tiempo de conversar con él en Cartagena sobre Juana, su segunda película.

Por el momento les ofrezco una entrevista que ha esperado también mucho tiempo para ver la luz. Se trata de un texto inédito que escribí cuando aún estaba en la facultad de periodismo en Cartagena y lo he querido compartir con ustedes, porque habla de uno de esos personajes que sólo Festicine Cartagena me ha permitido conocer. Se trata del director de una de las tres mejores películas latinoamericanas que he tenido el privilegio de ver. Ya les cuento.

El Personaje

Nació en el ’63 en Buenos Aires, con Kennedy a la cabeza como dice la canción de Fito Páez. En ese mismo año mataron al mencionado presidente y sucedieron muchas otras cosas que se pueden consultar en cualquier libro de historia reciente. ¿Quién es el personaje? ¿Difícil?

Pista 1. El tema “Del ‘63”, último corte de Euforia
[1] nos sirve para aproximarnos a la generación de artistas latinoamericanos a la que pertenece Marcovich. Cito un fragmento:

“…el mundo me hizo crecer entre zanahoria y carnes
El ’69 me encontró viendo a ese hombre en esa luna televisada…
Y vino el colegio y vino Vietnam, los yankees juraban amar el napalm
Llovía y me dormía en la noche cuando todo era calma…”

Pista 2. Hace parte de la generación que empezó a darse cuenta de cómo la televisión, con sus nuevos lenguajes, terminaría por influir al cine.

Pista 3. Hace algunos años era ingenuo hacerse la pregunta. Había un solo Marcovich en el panorama de los medios de comunicación latinos: Alejandro. Virtuoso guitarrista de la banda de rock mexicana CAIFANES, grupo que se desintegró después de grabar su álbum El nervio del volcán (94) que incluye canciones como Afuera y Aquí no es así.

Última pista. Se llama Carlos y es hermano de Alejandro. ¿Nada?, está bien, dejemos que él mismo nos cuente quién es. “Yo nací en Argentina y a los trece años me llevaron a vivir a México. Vivo ahí desde hace 23 años. Hice todos mis estudios en el DF: la secundaria, la “prepa” y la carrera de cine en la Universidad Autónoma de México, la UNAM”.

Para los que aún continúan despistados, Carlos Marcovich es uno de los más promisorios jóvenes directores de cine de Latinoamérica. Estudió en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la UNAM, donde participó en ejercicios cinematográficos en funciones de productor, guionista, fotógrafo, editor y actor. Ingresó a la industria como director de fotografía, destacando sus colaboraciones con los realizadores Jorge Fons (El callejón de los milagros, 1994), Alberto Cortés (Ciudad de ciegos, 1991), Carlos García Agraz (El espejo de dos lunas, 1990), José Luis García Agraz (Salón México, 1995), Dana Rotberg (Intimidad, 1989), Guita Schyffer (Sucesos distantes, 1994) y Roberto Sneider (Dos crímenes, 1994).

Ha dirigido además 11 videoclips, entre los que vale destacar Aquí no es así y Afuera de CAIFANES, uno de Emmanuel (filmado en India) y otro de un cantante mexicano llamado Benny, cuyo rodaje sirvió de germen para realizar su Ópera Prima, ¿Quién diablos es Juliette?, obra en que asumió los cargos de productor, director, editor, fotógrafo y argumentista.

La Película

¿Quién diablos es Juliette? fue el filme ganador del premio de la crítica especializada en el 38º Festicine Cartagena y es realmente difícil de clasificar. Tal y como nos dice el catálogo del mencionado certamen, “se trata de un trabajo que puede situarse entre una obre de ficción y un documental, una película muy juguetona, inteligentemente caótica, inconteniblemente traviesa. Rodada en Cuba, Estados Unidos y México, la película enseña una cinematografía inverosímil y una historia entretenida”.

Juliette es una joven de 16 años que vive en La Habana. Su padre, al que nunca ha visto, salió de Cuba cuando Juliette era una niña, y ahora vive en Nueva Jersey. Años después de la salida de su padre, su madre se suicidó y ella quedó en manos de su abuela, con quien tuvo una vida de prostitución callejera. Juliette está resentida con su padre. Fabiola, una hermosa modelo, llega a La Habana a filmar un video musical. Juliette consigue trabajo en el video por su parecido con Fabiola. Entonces sabemos que Fabiola también está preocupada por su padre, a quien no conoce. Juliette se va a México a probar suerte como modelo y Fabiola sigue su carrera en Nueva York. Marcovich, el director, arregla un encuentro entre Juliette y su padre, primero por teléfono y luego en persona.

La Entrevista

Ahora que ya sabemos mucho más del personaje y su película, que pudimos ver por vez primera el lunes 30 de marzo de 1998 a las 18:00 horas en el Auditorio Getsemaní, busquémosle por los pasillos del Centro de Convenciones…

No es difícil encontrarlo: es flaco, alto, cabello hasta los hombros. Viste un blazer turquí, vaqueros y zapatos deportivos. Mientras habla se mastica las puntas de sus cabellos. Sonríe, inspira confianza.

En esta película yo hice todo, excepto el sonido y la música.

¿La música la compuso tu hermano Alejandro?

Las partes que son de música original, sí. Después hay canciones de Benny, del cubano Manolín, de un trío mexicano que se llama “Los Dandys”, de Memo Méndez y José María Vitier.

Tu película es difícilmente enmarcable, como es difícil predecir su desarrollo… ¿tenías un guión al realizarla?

No, tenía una idea que, por suerte, fui tirando a la basura. Porque la historia fue siendo siempre mejor y sorprendente. Y como dijo García Márquez cuando se la mostré en México: “ni tú mismo sabes lo que hiciste…” y o le dije: “claro que no! No tengo idea, pero ahí está!”.

¿Cómo se originó la historia?

La conocí (a Juliette) filmando el videoclip que se muestra ahí. La historia es real. La conocimos filmando un videoclip. Me pareció que se parecía mucho a mi protagonista mexicana (Fabiola). La invitamos a salir en el video y después me seguí relacionando con ella y empecé a oír su historia… me dije “esto hay que filmarlo”. Pasó un tiempo hasta que me decidí a empezar y… un año y medio para acabar.

¿Cómo fue el rodaje?

Fueron cinco viajes a Cuba, dos viajes a Michoacán, un viaje a Nueva York, otro a Los Ángeles. Tres filmaciones en el DF. Entonces íbamos, volvíamos. Editaba, pensaba.

¿Ibas editando?

Sí, iba pre-editando. Me iba dando cuenta de qué cosas funcionaban, dónde me faltaba un eslabón para completar una parte o un IN. Uff!!! Muy complicado, no quiero volver a hacerlo nunca más!

¿La realidad es tan compleja como en tu película?

¿Qué es real? ¿Qué es mentira?, la autoburla del cine: el sonidista se mete en el cuadro, Juliette no puede pronunciar la palabra “actuar”, la nieve artificial. La película está llena de historias.

… es muy irreverente, también…

Sí, muy irreverente. Porque creo que esa es una de las causas por las que el cine latinoamericano nos ataca tanto. La solemnidad, el cine como cultura… Está bien, yo no creo que nuestro cine deba ser como el show de los gringos, pero sí debe ser cultura entretenida, sí. Y creo que esta película consigue contar una historia fuertísima, actual, latina, de una manera divertida, espontánea, real.

Incluso muestra la situación de Cuba de una manera muy fresca…

Sí, porque tampoco es para tanto. Pues (la situación de Cuba) tiene sus pros y sus contras, igual que todos los países. Ahí está Juliette como un ejemplo. Y al que no le guste, pues que se busque otro.

(No deja quietas las puntas de su cabello, las agarra con fuerza entre los dedos. De perfil se parece a Saúl Hernández, líder vocalista de CAIFANES. Por cierto!...)

Carlos, saliéndonos del tema, ¿qué tal la experiencia con CAIFANES?

Difícil, porque estaba mi hermano ahí y trabajar con un hermano no es fácil, al igual que en la película. Bueno, en aquel momento ellos estaban en la cúspide de su carrera, ese disco fue el más vendido. Uno de esos videos estuvo nominado a los premios MTV: fue una época de aprendizaje.

¿Qué recuerdas del video de Afuera?

Uff!!! Eso fue una locura de video, una producción monstruosa!. Pero más complicado fue el otro (Aquí no es así), que hicimos con una sola toma, con el helicóptero al final. Eran épocas en las que yo estaba aprendiendo. Todos esos videos los hice como aprendizaje para llegar a hacer esta película. Fueron en el fondo mi curso privado de dirección y producción para poder hacer esta película con poquita gente y poco dinero.

¿Cuánto te costó hacer Juliette?

Mira, la película entera estaba filmada y lista para empezar a editar con ciento cincuenta mil dólares (U$150.000), que no es nada. Después ya hubo un montón de costos que hay que agregar de postproducción, música y más. La película vale setecientos mil dólares (U$700.000). Pero lo increíble es que estaba filmada con ciento cincuenta mil!.

¿Cómo conseguiste la plata?

La empecé a filmar con mi dinero, luego alguien puso dinero por aquí, otro por allá. Cada vez que aparecía dinero hacíamos un viaje y rodábamos un pedacito. Nadie me hubiera dado nunca dinero para hacer una película sin guión, sin actores, que no sé ni de qué se trata, ni sé en qué va a terminar…

Si te pidiera que resumieras la película, ¿qué dirías?

Mira yo ahora que la veo, me doy cuenta que la película es una historia de amor entre una muchacha que no tiene papá y que vive muy feliz con nada y un hombre que está buscando una hija que le enseñe cómo vivir muy feliz sin nada. Porque como dije, en la película ellas no buscan nada, es el director el que busca todo esto y el que quiere oír todo esto. Él quiere que le cuenten esta historia. Y es el director el que las usa a ellas como herramientas para contar una historia que quiere contar. Entonces, la historia está detrás de ellas, pues la historia de amor es, obviamente, entre el director y estas dos muchachas, entre el viejo y los niños, y los barcos y estos dos países fabulosos, pero tan caóticos y tan problemáticos.

¿Y el director por fin logró acostarse con las dos mujeres?

(Duda) Mmm, con ninguna de las dos (lo dice con picardía), con ninguna cubana tampoco, por una cuestión de principios. Estuve muy tentado a hacerlo varias veces, pero no, me aguanté. (risas)

¿Ya tienes otro proyecto en mente?

Uy, apenitas ahora estoy empezando a imaginar la posibilidad de otra película!

¿Cuándo acabaste “Juliette”?

En septiembre del año pasado, pero llevo una ruta de festivales… ganamos el premio a la Mejor Película Latina de Sundance, ganamos en Suiza, ganamos una Mención en Toulose, ganamos un Premio en La Habana, en Guadalajara… he estado de festival en festival y todavía le quedan a la película festivales durante todo el año. Hay dos copias en inglés que van viajando, aparte de esta en español. Yo ya estoy dejando de ir con ella, me voy ahora al estreno en las salas de Nueva York. Además se estrena en Holanda, Alemania, España, en Francia ya se ha vendido.

¿Vas a estar viajando todo el año con la película?

Me temo que sí, pero espero que cada vez menos y que pueda ya empezar a pensar en la otra
[2].



Para quienes aún no han podido ver ¿Quién diablos es Juliette? y han sido capaces de aguantarse hasta aquí, miren a ver cómo hacen para apreciar este filme que, sin duda seguirá dando mucho de qué hablar en sus viajes por el mundo, y a su director le proveerá muchos buenos comentarios y éxitos.

Bueno, también les tengo la ficha técnica de la película, como premio de consolación.

¿Quién diablos es Juliette?

Realización, Guión, Fotografía y Edición: Carlos Marcovich
Música: Alejandro Marcovich
Intérpretes: Yuliet Ortega, Fabiola Quiroz, Víctor Ortega,
Jorge Quiroz, Michele Ortega, Salma Hayek, Francisco Clemente, José Bruil
Productora: El Error de Diciembre, Alameda Films, imcine
Distribuidora: imcine
Duración: 91 min.
México, 35 mm, B/N Color, 1995-96

PREMIOS: Premio José Rovirosa, Concurso de Cine Documental, 1998; Le regard d’Or y Premio del Jurado Ecuménico, Festival de Friburgo, Suiza, 1998; Premio a la Mejor Película, otorgado por la Federación Internacional de Prensa Cinematográfica, Festival Cinematográfico de la Habana, 1997; Mejor Película Latinoamericana, Festival de Sundance, Utah, Estados Unidos, 1998; Premio de la Crítica Nacional y de la Organización Católica Cinematográfica, Festival de Cine de Guadalajara, 1998; y, Premio Ariel en las categorías de ópera prima y edición, 1998.


[1] Álbum de Fito Páez, producido por él mismo y publicado por Warner Latin en 1996.
[2] Se espera hace años un trabajo de Marcovich sobre el cantautor mexicano Juan Gabriel.

febrero 20, 2006

"La Danza es una metáfora del Amor": A. Restrepo


Por Juan Ensuncho Bárcena

Es difícil escribir sobre los amigos. Sobre todo si esos amigos resultan entrañables y valiosos para una inmensa minoría, para citar el lema de la extinta HJCK. A pesar de ello, creo que hay ciertos quereres – no deberes – que no se pueden pasar por alto. Retos a los que es bueno enfrentarse, so pena de salir mal librado.

El Personaje

Álvaro Restrepo nació en Medellín en 1957. Pasó parte importante de su infancia entre Cartagena y Bogotá. Estudió Filosofía y Letras y Teatro antes de dedicarse a la Danza. En 1981 recibió una beca del gobierno colombiano para estudiar en Nueva York con Jennifer Muller, Martha Graham, Merce Cunningham y Cho Kyoo-Hyun, entre otros. En esa ciudad trabajó con los coreógrafos Remy Charlip, Cho Kyoo-Hyun y Tammar Rogoff. En 1986 fundó su propia compañía, Athanor Danza y estrena en el “Teatro La Mama” de la ciudad de Nueva York, su primera creación Desde la Huerta de los Mudos, homenaje a Federico García Lorca en el cincuentenario de su asesinato.

A partir de ese momento se inicia su carrera internacional como coreógrafo e intérprete de sus propias creaciones. Entre sus obras más destacadas cabe mencionar: Rebis (1987), Sol Níger (1989), Yo, Arbor Gonzalo (1991), Raveliana (1992), La enfermedad del ángel (1993), Ordalía (1994), El país de los ciegos (1996), Pequeño Réquiem (2000), La Noche de la hormiga – Tetralogía (2001). Su obra se caracteriza por una preocupación constante por la atmósfera ritual y el carácter sagrado del hecho escénico.

En 1992 fue nombrado subdirector del Instituto Colombiano de Cultura y en 1993 director de la Academia Superior de Artes de Bogotá (ASAB), en la que creó la primera escuela de danza contemporánea a nivel superior. Desde 1995 vive y trabaja en Cartagena de Indias, donde fundó en 1997 EL COLEGIO DEL CUERPO, con la bailarina, coreógrafa y pedagoga Marie France Delieuvin. En el año 2004 fue nombrado Director Artístico del Festival Laokoon del Teatro Kampnagel de la ciudad de Hamburgo (Alemania) para las ediciones 2005 y 2006 del evento.

Ha recibido, entre otros, los siguientes premios y distinciones: Gran Premio Pegasus Mobil Oil: Hamburgo (1992), Medalla al Mérito Cultural, Colcultura (1993), Medalla Festival Internacional de Cali (2002), Postulación para el premio Educación para la Paz de la UNESCO, por parte del Ministerio de Educación Nacional en representación de Colombia por su proyecto pedagógico de EL COLEGIO DEL CUERPO (2003), I Edición Premio Nacional a Organizaciones Culturales de Excelencia otorgado por el Ministerio de Cultura a EL COLEGIO DEL CUERPO (2003).

La escena

La conversación transcurre en la oficina de la dirección de EL COLEGIO DEL CUERPO en una casa colonial del barrio de Getsemaní, en Cartagena de Indias. La casa, a pesar de estar hermosamente restaurada, es estrecha para los deseos de vuelo de este grupo de artistas congregados en torno a la Danza.

El maestro Restrepo viste de camiseta y pantalón negros, lleva a cuestas una mochila arhuaca, está sentado frente a su computador portátil, luce unas gafas para mejorar la visión. De cuerpo bien formado, de movimientos seguros, pero delicados, sus palabras están cargadas de sabiduría y ternura. Un par de entradas en la frente dan cuenta del paso de los años, algo con lo que el maestro no pelea, pues sabe que “cada edad tiene su ritmo, tiene su danza”.

La entrevista

A continuación el lector se sumergirá en una entrevista realizada con motivo de la filmación del documental “El Otro es el Reflejo”, en septiembre de 2004. En él, la conversación fluida entre periodista y personaje, a menudo recuerda el diálogo entre discípulo y maestro.

Comencemos con una pregunta bastante obvia, ¿qué es para usted El Colegio del Cuerpo?

Para mi se ha constituido, nada mas ni nada menos, que en mi proyecto de vida realmente. Porque lo que comenzó siendo el deseo de hacer una contribución al desarrollo de la danza contemporánea en Colombia, a la pedagogía, a la creación de un movimiento y una dinámica de profesionalización para la danza en nuestro país, se ha ido convirtiendo cada vez más en algo que yo no dudaría en calificar como mi obra de arte más importante. Porque yo siento que en cada uno de estos muchachos, sobretodo los muchachos del grupo piloto - que son ya la cosecha de estos años - esté encarnado el sueño de lo que quisimos hacer desde un inicio, aunque nunca nos imaginamos el impacto tan profundo que esto iba a tener en sus vidas y nosotros aspiramos que en la educación en Colombia también. Porque aquí estamos haciendo un proyecto que pretende revolucionar de alguna manera esta problemática tan complicada que es el tema de las vocaciones, de la obligación primera y última de la educación. Esta es ayudar al ser a descubrir esa misión para la que vino a este mundo, que descubra esa pasión y que descubra ese placer por la disciplina y que se sumerja gozosamente en esa aventura del conocimiento y del descubrimiento, del reto cotidiano del conocimiento.

¿Qué es el cuerpo?

Qué es el cuerpo... Antes me gustaba repetir la famosa frase de William Blake que me enseñó Raúl Gómez Jattin: “El cuerpo es la parte visible del alma”. Cada vez creo más en esta visión, pero al mismo tiempo pienso que el cuerpo sí es, efectivamente, esa expresión visible de nuestros sentimientos, de nuestras ideas, de nuestro intelecto. Alguna vez escribí también en alguno de los artículos que “Tan espiritual es mi sangre como física es mi tristeza” y yo creo que es esa escisión a la que nos han sometido la educación, la religión, la que nos ha hecho percibir el cuerpo como algo transitorio, perecedero, deleznable, reprimible, castigable. Yo creo que el cuerpo es nada más ni nada menos que nuestro hábitat en esta vida. Somos nuestro cuerpo y es nada mas ni nada menos que la única real pertenencia que tenemos, porque además le pertenecemos a él, somos una unidad indisoluble.

Esa identidad es algo que la educación tradicional no nos permite percibir, porque por un lado nos educan el alma, por otro lado la cabeza, el intelecto y por otro nos dan educación física. Y no se dan cuenta que a través de la educación del cuerpo podemos educar el alma. A través del cuerpo también podemos experimentar nuestra mente, podemos aprender geometría, podemos aprender física, podemos aprender biología podemos aprender ética, podemos aprender tantas cosas a través de esa experiencia cotidiana de nuestro cuerpo. Y creo que el cuerpo se ha dejado en manos de los educadores físicos, la educación del cuerpo como si fueras una máquina, como si esa dimensión física no estuviera ligada a todas lo demás.

¿Esa escisión entre cuerpo y espíritu no existe para usted?

Yo lo veo como un continuo. Por eso veo que también cuando morimos continuamos y simplemente nos transformamos. Por eso yo, cuando pienso en la muerte del cuerpo, en el fin del cuerpo, pienso no en el fin como final, sino como finalidad.

¿Cuál es la finalidad del cuerpo?, ¿cuál es esa condición de río que es nuestro cuerpo? Nuestro cuerpo es como un río en donde simplemente de allí pasamos a otro estado. Entonces yo no veo posible separarlo, no veo posible separar la dimensión física - orgánica - de la dimensión espiritual. Yo creo que las enfermedades son del alma, son tan del alma como lo son del cuerpo. Creo que muchas veces los médicos tratan las enfermedades como si fueran mecánicos, como si uno llevara el carro al mecánico: “me duele aquí, cámbieme este repuesto, póngale un poco de aceite aquí, apriétele esta tuerca”. Resulta que es ese complejo precisamente de relaciones psicológicas, emocionales, espirituales, políticas, sociales, cósmicas, de todo orden… son las que nos determinan. Y creo que el tema de la educación del cuerpo es mucho más complejo de lo que hemos pensado.

¿La danza es el lenguaje natural del cuerpo?

La danza es uno de los lenguajes, es un lenguaje más de los muchos que el cuerpo puede hablar. Yo creo que es un lenguaje privilegiado de conocimiento.

Por aquí me llegó el otro día un artículo de un maestro, ex maestro en la escuela de Marta Graham, que bailó muchos años con ella y su compañía. Me lo encontré de casualidad en Nueva York hace dos meses en la calle. Tiene ochenta años pero iba en la bicicleta con una silueta extraordinaria, con su casco, yo lo vi en un semáforo y dije “mierda, Stewart Hodes”, entonces lo abordé y estuvimos hablando, me preguntó qué estaba haciendo y le conté el berenjenal en el que andaba metido. Y se conmovió mucho, porque lo poco que le pude contar en ese momento sobre el impacto, las dimensiones, la relaciones entre lo social y lo artístico, entre el rol del artista y la sociedad. Y él me ha mandado este artículo que todavía no he terminado de leer: “Danza y esencia, reflexiones sobre la educación y la ética”. Tratando de explicar qué puede la danza aportarle a la educación. Y yo creo que en un país como el nuestro, donde todos bailamos…

(menos el presidente…)

Menos el presidente, claro… un país donde el baile hace parte de la vida cotidiana, donde viejos, jóvenes, hombres, mujeres, flacos, gordos, todo el mundo baila. Porque realmente, es parte de nuestra vida, aquí todo el mundo baila bien. Paradójicamente, o tal vez por eso mismo, la danza como profesión no se ha desarrollado al punto que debiera haberse desarrollado. Uno diría, “hombre, con ese talento que todo el mundo tiene esto era para que fuera una potencia mundial en danza”. Precisamente porque la danza no es una cosa del otro mundo sino que todo mundo la practica, pues no se ha desarrollado un movimiento tan sólido como en otras partes. Yo creo que por ejemplo, los alemanes a quienes les cuesta tanto trabajo bailar y coordinar un pie al lado del otro, han desarrollado un movimiento de danza tan impresionante porque se han tenido que entregar con cuerpo y alma para despertar su cuerpo, para revelarlo, para descubrirlo, para darle esa dimensión. Entonces es muy curioso, no tenemos un movimiento muy sólido en el país, porque aquí todo el mundo baila, entonces no hay que trabajar para eso. Es algo muy extraño, y aún más en la costa.

Por eso, cuando estábamos comenzando aquí la gente nos desanimaba, nos decían que no lo íbamos a lograr porque acá la gente es muy floja, le gusta solamente la rumba, la champeta, el vallenato... Cuando (en estos años) hemos sido testigos de la pasión, la entrega y el fervor con que éstos jóvenes han asumido cotidianamente su oficio, se da uno cuenta que esos son estereotipos y clichés.

Pero hablaba yo que la danza le aporta una cantidad de cosas a la educación tradicional. La danza en esta dimensión espiritual, no solamente la reproducción de unas formas folclóricas, sino también la danza investigativa, la danza experimental, la danza como concepto, como filosofía. Por ejemplo, a los hombres los vuelve mas sensibles, no afeminados - también ese es otro prejuicio que aquí hemos destruido completamente -, nos hemos dado cuenta que tenemos mas hombres que mujeres en el proyecto, esta es una de las pocas compañías del mundo en donde hay mas hombres que mujeres. La danza vuelve a los hombres más sensibles, más delicados, más respetuosos, menos violentos, y yo creo que si algo necesitamos en este país son seres más delicados, menos violentos, más respetuosos. Y a las mujeres también les da una gran seguridad, les exige una gran presencia, disponibilidad física, destreza y arrojo. Aquí empezamos con las niñas hasta desde como dan la mano, porque ahí se empieza a mostrar todo, las niñas por lo general dan la mano como si fuera una especie de trapito mojado, entonces, no, aquí hay que dar la mano como una persona.

Aquí por lo menos, en este artículo (señala un grupo de hojas en la mesa) Stewart hace un paralelo interesante entre la danza y el deporte. Claro que tampoco se trata de hacer una oposición danza vs. deporte. Yo creo que el deporte es tan válido como al danza pero todo depende de cómo se enseñe. Pero tal vez de la manera tradicional como se enseña. “el deporte ofrece ejercicio, desafío, sociabilidad, recreación, carrera, terapia, autodescubrimiento y autotrascendencia. La danza sirve a estos fines y también florece en el vasto universo del arte.” Además de todo eso, aporta eso. Dice el maestro Hodes: “En los deportes, la competencia es primaria y abierta, en la danza es secundaria y sublimada. No es el fin primario, la competencia. En los deportes tienden a separar a las personas por géneros, la danza tiende a reunirlos. La danza estimula la mezcla de edades y de capacidades físicas, es mas fácil de extender a los minusválidos, a las persona mayores y a los enfermos. Los deportes tienden a recompensar y a maximizar el logro, la danza a recompensar y maximizar la participación. Y por último, muchos deportes son un metáfora de la guerra, la danza, una metáfora del amor.” Esto es algo muy pertinente y muy lúcido además, entonces cuando le preguntan a uno, “¿por qué un proyecto de danza?”, bueno, pues... hay muchas razones.

Sé que está escribiendo un perfil de cada bailarín de EL COLEGIO y ha titulado el documento “Diamantes Humanos”, defíname ese concepto…

Surge de algo que alguna vez dijo Marie France (la codirectora) porque los diamantes vienen de las minas. Y decía: “estos chicos, estos jóvenes colombianos nuestros, pueden ser o minas de diamantes u otro tipo de minas”, si no les damos la oportunidad, efectivamente se convierten en otro tipo de minas... Es algo que ya se ha vuelto como un leit motiv o un estribillo, un eslogan casi del Colegio del Cuerpo. Nosotros creemos que en este país no se trata tanto de repartir la riqueza material sino sobretodo de repartir las oportunidades.

Yo creo que de eso se trata El Colegio del Cuerpo. De repente les hemos ofrecido a jóvenes que provienen de los sectores populares de Cartagena, tradicionalmente desheredados, marginados, una sociedad tan fracturada, tan racista, tan clasista…, de repente, a esos jóvenes que demostraron ser tan interesantes cuando comenzaron y al mismo tiempo que demostraron su interés. Porque lo interesante de estos jóvenes es que nosotros no los seleccionamos por su talento y sus capacidades físicas únicamente, sino sobretodo por su compromiso, su entrega y su interés. De hecho muchos de ellos no tienen condiciones “ideales” para la danza, sino que han logrado todo a punta de trabajo.

La primera vez que García Márquez vino a hablar con ellos se los dijo claramente. Una niña le dijo, “¿por qué viniste a vernos, que te interesó de nosotros?” y Gabo les dijo: “me interesa la fusión entre la pasión y el talento, porque hay gente que tiene talento y otros que tienen voluntad, pero cuando las dos se juntan, nada ni nadie lo puede detener a uno en este mundo”. Yo creo que precisamente “Vivir para Contarla” es un manual de cómo asumir esa vocación revelada en contra de todos los pronósticos y todas las presiones. Entonces yo creo que el trabajo de un maestro, de una escuela o de un proyecto educativo tiene que ser precisamente eso: un trabajo de escultura, de ir revelando, cada día más ese diamante que aparentemente es un pedazo de carbón. Y de donde va poco a poco saliendo las vetas, las aristas de unos seres que pueden ser realmente unos líderes y unos puntos de referencia muy importantes para los demás.

¿Qué le han enseñado sus bailarines?

Yo creo que me nutro enormemente, con Marie France hablamos de eso constantemente, cómo estos muchachos nos han enseñando, nos han replanteado una cantidad de conceptos, de cosas que creíamos ya muy estructuradas dentro de nosotros y nos han revolucionado nuestras metodologías, nuestras convicciones, nuestras concepciones de muchas cosas. Yo siempre he dicho que cuando yo me vine para Cartagena sabía que venia a un terreno abonado, sabía que iba a encontrar talento, pero no pensé que iba a encontrar tanto… realmente nuestras expectativas se han desbordado con creces. Marie France Delieuvin, que trabaja en Francia, con jóvenes del mundo entero, que vienen de países en muchos casos ricos, que han tenido todas las oportunidades, que se han educado desde la infancia, que han comido bien en todo sentido, me dice que la rapidez, de lo que hemos logrado aquí,-no solo la rapidez sino la profundidad del trabajo que aquí se ha hecho, no se compara con lo que se hace en los otros países.

Hace poco, Nelson Fernández quien trabaja en Londres con el British Council, y que vio nuestro trabajo en Londres, dijo: “ya quisieran muchas escuelas en Inglaterra tener el nivel técnico e interpretativo que tienen estos jóvenes de Cartagena". Si eso se percibe en movimientos de danza tan sólidos como los británicos y europeos…, yo creo que hemos aprendido muchísimo, sobretodo... son tantas cosas... no sabría decirte lo que más he aprendido de ellos. Yo creo que simplemente es el arte como necesidad, para mi también el descubrimiento de la danza fue una resurrección; creo que para ellos también, el encontrar este lenguaje y el encontrar esta salida, encontrar esta profesión, este oficio, para muchos fue una tabla de salvación, para su situación familiar o social, yo no digo que económica porque todavía no están produciendo, esperemos que ojalá lleguen a producir y a lograr un estabilidad económica con su trabajo, como maestros, bailarines, interpretes, coreógrafos, técnicos, en fin tantas posibilidades.

Creo que ha sido una salida, muchos de ellos lo manifiestan abiertamente, lo que ha sido encontrar esta otra noción de riqueza y que a mi también me ha ayudado a entender que realmente necesitamos de muy poco para ser felices y que la gran mayoría de las cosas que necesitamos para ser felices ya nacemos con ellas, las tenemos en nuestro interior.

¿Cuéntenos por qué la danza fue una tabla de salvación para usted?

Porque como te decía desde que empecé mi proceso formativo, hacía cosas que no me gustaban. Nunca tuve a nadie, a excepción de mi tía abuela Maruja de León de Luna, aquí en Cartagena, quien fue tal vez la que me abrió los ojos hacia el arte, hacia la espiritualidad, hacia esa relación entre la trascendencia y el arte. Creo que para la gran mayoría de las personas, y para mí, el proceso educativo fue muy castrante, no me gustaba lo que hacía ni lo que era, no era feliz; hasta los 24 años, creo que viví muy en contravía con la vida y picando mucho, con una gran inestabilidad, una gran inconstancia. Hoy en día lo veo como una virtud, porque digo “la inconstancia fue mi método” y pude pasar por la literatura, por el teatro, por la música, por el trabajo con los niños de la calle con el padre Nicoló, por tantas cosas que en el momento que encontré la danza como que todo se juntó.

Entonces cuando yo encuentro mi cuerpo, cuando encuentro la danza, cuando encuentro que tengo un talento que nadie me había revelado, que había vivido toda mi vida arrastrando mi cuerpo y transportando mi cabeza sobre mi cuerpo de un lado a otro… nunca me imaginé que ese personaje torpe, gordito, maleta para los deportes, bruto para los estudios, indisciplinado, rebelde, inconforme, fuera a terminar ganándose la vida con su cuerpo. Entonces, cuando yo descubro esto, renazco, es una resurrección. Ahora, la dinámica de la parte pedagógica se encuentra con todo esto en el Colegio del Cuerpo.

¿Cómo es el trabajo con Marie France Delieuvin?

Con Marie France ha sido una aventura ya de diez años compartida, de intercambio y de dialogo entre dos países, entre dos artistas, entre dos personalidades. Pero sobretodo ha sido muy interesante a nivel humano, porque yo creo que Marie France ha sido una persona que nos ha aportado mucho a ese nivel, no solamente desde el punto de vista artístico, por su gran calidad humana, su rigor, su exigencia, su visión, su elegancia, su discreción. Creo que les ha aportado mucho a los muchachos, a mí, al proyecto en general. La presencia de Marie France ha sido mucho menor de lo que deseáramos, ahora con la firma del convenio que formalizamos hace unos meses[1] pues le va permitir estar 50 % de su tiempo en Colombia y 50% en Francia, lo cual para nosotros es muy interesante porque es otro componente de puente internacional de intercambio para el proyecto.

¿Usted siente que los bailarines son los hijos que no ha tenido?

Más que eso. No son hijos, porque los hijos son cosa seria, son todo el día, toda la noche, toda la vida y eso es muy complicado. Ellos son unos espíritus para mí, a quienes adoro, a quienes admiro profundamente, a quienes respeto muchísimo. Hay un concepto griego que habla del Eros pedagógico, que tiene que ver con ese amor que tiene que sentir el maestro por su alumno y el alumno por su maestro, un amor que no tiene que ver nada con lo carnal ni con el deseo, sino con esa afinidad, esa compenetración, ese deseo de emulación, de identificación profunda entre el maestro y el alumno. Cuando me decías ¿qué has aprendido de ellos? yo creo que ese es el intercambio más maravilloso entre los viejos y los nuevos, es precisamente ese intercambio de energías… lo que yo te aporto en sabiduría, en experiencia, en horas de vuelo, tú me lo devuelves en belleza, en deseos, en sueños, en esperanza, en vida. Por eso ese intercambio es tan importante entre las generaciones.

Lo que me interesa muchísimo del concepto del Colegio del Cuerpo es que se ha recuperado aquí un poco, por esa imposibilidad de trabajar con demasiados muchachos sino de tener este trabajo día a día, el concepto de la relación del maestro, del taller, de la bottega renacentista en el sentido de unas personas que asisten diariamente al taller de un maestro o de unos maestros y reciben todo: formación humana, artística, intelectual, todo. En ese sentido esa ha sido la formación que hemos querido ofrecer. Hay muchas personas que pasan de una escuela a la otra, tienen miles de profesores, bueno, es otra forma, yo no digo que sea la única, pero yo creo que esa relación del maestro-alumno continuada, este acompañamiento a largo plazo, es algo que se ha perdido en la educación.

Así como el médico de familia, por ejemplo, ha desaparecido, uno va a esas cosas prepagadas, a que lo atienda un mecánico, le paga al mecánico que nunca en su vida ha visto, que no lo conoce a uno, que no sabe de nada de su vida, que no sabe si es feliz o infeliz, que no sabe nada de su historia, de la memoria de su cuerpo y de su ser, y resulta que ese mecánico lo tiene que curar a uno rápidamente y entre menos tiempo mejor porque uno es una ficha, un número…

Si usted pudiera definir su obra, ¿cómo lo haría?

Pues yo creo que el Colegio del Cuerpo es de alguna manera un atanor, porque el atanor es ese ámbito, ese recipiente, ese horno donde los alquimistas introducían sus experimentos y sus sueños se transformar la materia en oro, que entre otras cosas no era sino un búsqueda de la inmortalidad, de la perfección, de la trascendencia, del convertir el espíritu en oro. Era un oro mucho más simbólico que un oro físico.

Yo creo que eso ha sido el Colegio del Cuerpo, por eso veo una continuidad absolutamente orgánica, entre el atanor y el collegium. El colegio, como esa comunidad de personas revestida.... por esa misma dignidad, un centro de producción de pensamiento, un horno, donde se están transformando estos seres humanos en diamantes humanos.

[1] Hace referencia al convenio firmado con el Centro Nacional de Danza Contemporánea (CNDC de Angers, Francia) para garantizar la presencia de Marie France Delieuvin en los próximos tres años, la mitad de su tiempo en Colombia, para la puesta en marcha del nivel superior, etapa de profesionalización que se inicia ahora para los bailarines del Grupo Piloto Experimental de El Colegio del Cuerpo.

Ps. Lea una lúcida y conmovedora carta de Álvaro Restrepo a Marie France Delieuvin, publicada en la más reciente edición de la Revista Número: http://www.revistanumero.com/47/carta.htm Visite el portal de El Colegio del Cuerpo: http://www.elcolegiodelcuerpo.org/

febrero 13, 2006

"El presente es lo único que poseo"


Por Juan Ensuncho Bárcena

En julio de 1969 uno de mis maestros, el poeta James Douglas Morrison, confesó en una entrevista hecha por Jerry Hopkins para Rolling Stone que hubiera podido ser periodista. “Creo que las entrevistas son la nueva forma del arte. Creo que la autoentrevista es la esencia de la creatividad. Hacerte preguntas a ti mismo y tratar de encontrar respuestas. Lo que hace un escritor es contestar una serie de preguntas que no han sido pronunciadas”.

Completamente de acuerdo con esta visión desde antes de conocerla y contagiado por la lectura de los reportajes que solía publicar Gonzalo Arango - padre y profeta del Nadaísmo - me lancé hace un poco más de siete años a realizarme una autoentrevista. Eran mis épocas de soltero estudiante universitario y me hallaba entre el hedonismo puro, lo políticamente incorrecto y la incomodidad social.

Con la certeza de que muy pocas respuestas han cambiado, he decidido compartirla con ustedes, improbables lectores. Con ella inauguro una serie de entrevistas que publicaré en este escondido y repudiado espacio de la Web, con motivo del mes del periodista en Colombia. Pero antes de exponer a mis víctimas, comienzo por exponerme yo mismo.

El personaje
Antes que “personaje”, este es un joven común y silvestre que un día salió de su cuarto de infancia para conocer el mundo y alegrarse con él.

Alguna vez se le ocurrió nacer en San Marcos del Carate, pequeño pueblo de ciénaga y río, lo que para él constituye el recuerdo más hermoso de su vida. Nadie había tenido noticias de su existencia hasta que un día se le ocurrió la segunda idea genial – después de nacer – y fundó en Cartagena el “Desechismo”.

A partir de entonces se volvió un personaje entre los jóvenes artistas e intelectuales de la ciudad, de quien no se puede prescindir para la admiración y el odio. Es terco como una garrapata y ha impuesto a sí mismo, a golpes de escepticismo y burla, una angustia de vivir y de pensar que, con el fracaso y los años, ha devenido una manera de ser de unos cuantos jóvenes que se identifican como la “Generación XXX”.

Al romper con el futuro y con los convencionalismos del pasado, comprobó que el mundo no es de nadie, ni siquiera de los locos... pues la vida está en otra parte. Pero, ¿qué cosa es Juan Ensuncho Bárcena? ¿Un loco? Claro que no, él tiene una cordura sagrada que no le permite ver televisión ni desconectarse de Internet. No es de los que sueña con cambiar el mundo, ni con imprimir otro ritmo a la historia, porque bien sabe que la historia es un recurso de los viejos para incluirse en ella y que el tiempo es una farsa que la humanidad se ha inventado para sentir que se mueve hacia algún lado.

“Para entender esta verdad tan pequeña e inofensiva para los grandes monopolios – que son quienes creen hacer girar el mundo – no se requiere de ningún don especial, sólo ser capaz de vivir con pasión el momento presente, con la absoluta certeza de que es lo único que se posee.”

Del efímero experimento posmoderno que fue el Desechismo (duró sólo tres años) no quedó nada: ni esplendorosos renacimientos de la cultura, ni luchas sociales, ni grandes paradigmas del conocimiento. Únicamente sobrevivió una (de) generación en marcha viviendo con plenitud el contratiempo.

“La única prueba de existencia del movimiento es un video llamado ‘Tontumental Desechista’ en el que los provincianos imitadores del Surrealismo (Hochiminh Álvarez, Ciro Otero ‘Azul’, Yair Klane y yo) leemos el manifiesto desechista. El documental ganó el segundo puesto de un concurso nacional de video universitario, tras el cual los integrantes nos peleamos por la plata y destruimos el movimiento.”

Este joven no tiene ninguna aventura espiritual, sólo el gran peso de haber nacido en la esquina de dos siglos y la inmensa irresponsabilidad de quien se siente reclamado para las ‘grandes causas’ y decide apartar todo porque cree mucho más en el sereno poder del mar y en el discreto encanto de la luna. Con ello, Ensuncho sabe que el olvido ganará la batalla, pues le daría asco quedar en la historia.

Autor de cuatro libros de poemas; conforme con todo, menos consigo mismo; gozador hasta el paroxismo; enamorado de la idea de la muerte; amigo de nadie; desapegado de lo que considera suyo, este es en síntesis Juan Ensuncho Bárcena.

Un joven cualquiera que se encuentra en cualquier esquina de cualquier ciudad del mundo. Un muchacho que aprendió que vivir es el oficio más bello del mundo y que para ello hay que saber morir a cada día. Tal como lo pide otro de sus maestros, el rumano E.M. Cioran: “hay que tener una cierta estética del fin”.

El reportaje
Defínase
Sólo sé que nada fui, nada soy, nada seré. Nada más que tú.

¿Cuál es su recuerdo más feliz?
Haber vivido.

¿Cuál es su recuerdo más desgraciado?
Cuando me dijeron que la Tierra no es una bolita de cristal.

¿Qué soñaba ser hace veinte años?
Viejo.

Si mañana estallara la guerra nuclear, ¿qué haría hoy?
Nada distinto a lo que haré mañana.

¿A qué se dedicará después de los sesenta años?
No voy a llegar vivo a los sesenta, así que me dedicaré a criar nietos.

¿Con quién no le gustaría encontrarse en el cielo?
Con ningún jugador de fútbol, presidente, periodista o cantante vallenato.

Si usted fuera un caballo, ¿qué pensaría de los hombres?
Que son unos pobres impotentes.

¿Cuál es su mayor cualidad?
Perder el tiempo.

¿Y su peor defecto?
Ser humano.

¿Qué significa para usted el amor?
“Bioquímicamente parecido al efecto que causa comer una barra de chocolate”.

¿Cuál es su razón de vivir?
No gracias... prefiero vivir.

¿Llegaría al extremo de cometer por amor un crimen pasional?
Sólo el de tener hijos.

¿Qué valor tiene para usted la soledad?
Depende de cuántos canales de televisión tenga en el hotel.

¿A qué personaje del mundo le habría gustado conocer?
A este pobre muchacho que veo en el espejo.

¿Lucharía en una guerra contra el “consumismo” para defender la cultura?
Por supuesto. Después de los sesenta años.

¿Qué libro llevaría a una prisión?
Los cincuenta años de Playboy.

¿Cuál es la frase que más admira?
“El mundo es maravilloso y vale la pena luchar por él”, Hemmingway citado por el veterano investigador de Seven al final de la película.

¿Cree en la inteligencia de las reinas de belleza?
Por supuesto que no. Pero si estuviera en la cama con ellas...

Si usted fuera al infierno y el diablo le concediera una gracia, ¿qué le pediría?
Borrar de la historia el siglo veinte, incluyéndome a mí.

¿Algo más?
Sí. Mi única intención como escritor es dar voz a una generación que no sabe quién es, ni le interesa.

Cartagena de Indias, Septiembre de 1998