octubre 13, 2006

Manifiesto Integrador Tierra 2013


La Vida es una Fiesta a la que Tod@s estamos invitad@s. Un Carnaval en el que Tod@s somos Valios@s e Importantes. Basta de divisiones generadoras de guerras cuerpo contra cuerpo y espíritu contra espíritu. Tod@s somos Un solo Cuerpo y un solo Espíritu. Tod@s Somos Un@.

El Espíritu se desarrolla en el Tiempo. El Cuerpo se desarrolla en el Espacio. Ambos han sido divididos por la filosofía, la ciencia, la religión, la economía y la política con el objeto de convertir a los seres en esclavos. Para quitarnos el Poder. Los divisores usan “el Poder” como sustantivo masculino. Nosotr@s proponemos usarlo como Verbo: Yo Puedo, Tu Puedes, Él Puede, Ella Puede, Nosotros Podemos, Vosotros Podéis, Ellos Pueden, Ellas Pueden. Es decir, Todos Podemos.

Más allá de las divisiones del Tiempo en milenios, siglos, décadas, años, meses, semanas, días, horas, minutos y segundos está el Ahora. En el Ahora coexisten todos los tiempos. Más allá de las divisiones del Espacio en constelaciones, sistemas, planetas, continentes, países, regiones, provincias, departamentos, estados, ciudades, pueblos, barrios, calles, casas y habitaciones está el Aquí. En el Aquí coinciden todos los espacios. Sólo vivimos Aquí y Ahora. Esta es nuestra verdad.

Los divisores dicen que el mundo ha avanzado desde la exploración de la naturaleza a partir de un método. Nosotr@s creemos que el Universo no cabe en leyes ni en teorías. El Todo no se puede entender desde una sola de sus partes. Aceptemos de una vez por todas nuestro Gran Fracaso: entender, interpretar o prever lo que ocurre en el vasto Universo. No lo lograremos, jamás.

L@s Integradores proponemos que más acá de todas las diferencias filosóficas, científicas, religiosas, económicas y políticas, tod@s tenemos en común el Universo que habitamos. Por esto nos proponemos comprender de una vez y para siempre la Integración de Todos los Seres Vivos con el Planeta en el que viajamos a través del Tiempo y del Espacio. El Ahora es el centro del Tiempo. El Aquí es el centro del Espacio. Somos viajeros del Tiempo, a partir del Ahora. Somos viajeros del Espacio a partir del Aquí. El Tiempo es Arte, el Espacio es Unión.

Los divisores también hacen parte del Todo. Por ello les decimos a los filósofos que no estamos en contra del pensamiento racional, pero queremos que sus estructuras estén al alcance de l@s niñ@s. Les decimos a los científicos que no estamos en contra de la exploración del Universo ni de la tecnología - podemos usarla en beneficio de Tod@s – sólo que preferimos que se propongan el exterminio del hambre de la faz de la Tierra. Les decimos a los religiosos que no estamos en contra de sus creencias, dioses, santos y profetas, pero que preferimos creer en el Amor como factor de Unión. Les decimos a los economistas que no estamos en contra del mercado, lo que nos interesa es que esté al servicio de la Unidad. Por último, les decimos a los políticos que no estamos en contra de sus ideologías ni de sus posiciones, sin embargo proponemos que sean suspendidas de una vez por todas las fronteras entre los partidos, las naciones y entre Primer Mundo-Tercer Mundo, Norte-Sur y Centro-Periferia, pues las consideramos obsoletas.

Como se puede ver, valoramos la Inocencia, aspiramos a la Ingenuidad, afirmamos al Ser como capaz de Todo. Porque Todo Es Posible.

septiembre 01, 2006

Ella




El mismo día en que terminó mi infancia, Ella cumplió los 18.

Era un domingo 1 de septiembre y yo estaba jugando a “la cuarta” después de haber regresado de misa de seis y media. El juego consistía en tirar las monedas contra la pared y contar con cuartas de la mano hasta alcanzarlas. Las monedas eran grandes, de esas de a diez pesos que tenían el mapa de San Andrés por una de las caras. José, un muchacho que nos ayudaba en las labores de la casa, me iba ganando como cinco monedas. Yo hacía lo mío, pero no podía con sus grandes manos. De repente escuchamos un grito que venía de la calle.

Mi papá ingresó, con las manos en la cabeza, oliendo a alcohol, gritando desaforado: “Mataron a Juve, mataron a Juve”. Y no había otro Juve, era mi tío. Mi corazón saltó de pánico y las monedas que tenía en mi mano corrieron por el piso de la sala.

Yo había estado buscándolos a ellos, a mi papá y a mi tío, desde por la tarde en una bicicleta prestada a los vecinos. Mi mamá como que presentía algo porque no estaba tranquila después del almuerzo. Me pidió que los buscara. Hice el recorrido por algunas cantinas donde sabía que a mi papá le gustaba tomarse unas cervecitas los domingos. No los había encontrado. Entonces se me ocurrió buscarlos a las afueras del pueblo, por si acaso. Pero no alcancé a llegar al último bar. Me devolví, cansado. Entonces esa muerte tenía algo que ver conmigo. Me dolió mucho no seguir en mi búsqueda, pero ya no se podía hacer nada… durante muchos años cargué con esta culpa. Esa fecha quedó grabada en la memoria de la familia como una fecha sombría.

Ella no recuerda mucho lo que pasó ese día. Era un cumpleaños más y nunca le ha gustado mucho celebrarlo. Lo significativo es que ese domingo cumplía la mayoría de edad. Al fin dejaría de ser la niñita a las que todos mimaban y cuidaban y se convertiría en la mujer más importante y valiosa de cuantas haya conocido.

Recuerdo que hace un año, justo hoy hace un año, estaba en San Marcos. Encargué al párroco vecino que encomendara la eucaristía de la noche a la memoria de mi tío y a la de mi abuelo Leo, quien murió un 6 de septiembre. Algo me decía esa fecha, además de lo que conmemorábamos, pero aún no sabía qué. Sólo recuerdo la sensación que tuve de haber saldado una deuda con el Tiempo. Bastaron nueve días para que se empezara a resolver el enigma.

Ya he contado acá la manera prodigiosa en que por fin la encontré a Ella. Era la madrugada del 11 de septiembre, cuatro años depués del episodio de las Torres Gemelas. Era una cita que nos habíamos puesto desde el principio de los tiempos… y llegamos puntuales. Ahora les hablaré de lo que significa Ella para mí.

Ella es a quien estuve anhelando desde mis ensoñaciones cuando contemplaba las estrellas en San Marcos. Ella es a quien estaba buscando, perdido en el mundo de las sensaciones vacías. Ella es a quien estuve soñando, despierto, al atardecer. Ella es a quien estaba destinado por los Dioses. Ella es a quien estuve deseando desde mis primeras erecciones intrauterinas. Ella es lo que me hacía falta, desde siempre. Ella es lo que me hace levantar de la cama. Ella es lo que me hacía correr por los bosques, por las playas y sabanas. Ella es lo que me hace sonreír al caminar en la ciudad. Ella es la que me bendice las mañanas. Ella es la que me hace desear regresar a nuestro cuarto por las noches. Ellas es quien acaricia e interpreta mis sueños. Ella es la que me excita las ganas. Ella es la que me enciende la cama. Ella, mi Mujer, mi Amante, mi Juez, mi Cómplice, mi Amiga, mi Venus, mi Esposa.

Y es que si hay una MUJER valiosa, temeraria, desafiante, orgullosa de sí misma, hermosa, sensual, inteligente, atractiva, encantadora y poderosamente combatiente, es ELLA. Ella, quien me hizo entender que las fechas pueden adquirir nuevos significados…

¡Feliz Cumpleaños Amor!

agosto 18, 2006

Pequeños Milagros



Uno

San Pelayo 3 a.m. Alrededor de la banda una multitud de danzantes quema las velas. Las mujeres son las encargadas de portar la luz. No importa el incesante calor, la esperma lacerante que baja por el antebrazo ni la polvareda que se levanta. Importa bailar, dar vuelta tras vuelta alrededor de la banda. Hacer parte de este atávico ritual que hermana a las mujeres y los hombres en un incansable ir y venir del tiempo y de la carne.

Un fandango puede ser descrito como la continuación del rito ancestral de bailar alrededor del fuego. La diferencia es que aquí el sagrado elemento va en las manos, haciéndose agua entre los dedos de las mujeres; la llama saliendo de los instrumentos de viento, de los pulmones de los músicos que, apiñados, una sola candela son.

Los bailarines van y vienen, felices, pues no hay otra forma de bailar un fandango. Gente de todos los colores, todas las edades, todos los sexos, todas las condiciones, todas las costumbres y pueblos de la Tierra, unidas todas, formando un solo cuerpo, cuerpo que suda, que suda por los porros.

Unos pasos más acá de la rueda, una mujer observa, cansada. Ha venido de Montería a vender naranjas. Le ha ido bien. Antes de la medianoche ha desocupado su carga. Y no se ha ido. ¿Y por qué habría de hacerlo? La noche es joven y todos estamos envejeciendo. La trompeta revienta el aire con “Fandango Viejo”. Ella, incansable, prende otra vez las velas sin percatarse de su edad. En septiembre cumplirá los 80.





Dos

Es viernes por la mañana. Bajamos de Enciso, barrio popular de Medellín. Estoy bajo los efectos de la anestesia que mi hermana Nohoris me ha aplicado en un molar. Adriana y yo vamos, tomados de la mano, a bordo de un taxi. Llegamos al centro. Me gusta observar los centros de las ciudades, sus calles, sus afanes, sus prodigios. Nos aproximamos a la esquina. El conductor para. El semáforo está en rojo.

Por la ventanilla derecha asoma su cara y su mano un niño menor de diez años. Algo pálido y esperanzado pide una moneda. Por el parabrisas vemos pasar a un muchacho empujando una carretilla llena de bananos. El taxista lo llama. El muchacho posa la carretilla, toma un banano y lo trae. El taxista lo pasa al niño: “Coma un bananito”. El niño agradece, se retira. El taxista pide otro al muchacho, quien lo trae antes de que cambie el semáforo. El taxista le paga, el muchacho vuelve a la carretilla, guarda la plata, mira al cielo, se persigna. El taxista enciende la radio y comienza a cantar: “Yo quiero tener un millón de amigos y así más fuerte poder cantar…”

Aprieto la mano de Adriana y comienzo a cantar, en silencio.





Tres


Me gusta caminar. Para mí están hechas las calles de los pueblos y las ciudades. Igual en San Marcos que en Bogotá, porque es mentira eso que haya algo que los distancie. Aquí estoy yo, intacto, sin saber de mapas ni de límites.

Camino por el centro, despacio, con una sonrisa silenciosa. Me detengo en las palomas que pican el cemento. Observo las aves en su juego de alas, constante despliegue de alegría. Me siento en un café a leer y esperar el atardecer.

Camino por senderos empedrados en busca del amor. Ella me espera, siempre con una sonrisa, bendita. Ando sin prisa, viendo a la gente correr hacia ningún lado, los motores o las vacas rumiando su cansancio, los viejos con sus pasitos de paloma.

Camino lento, detallando las casas, los edificios, las iglesias, los niños y sus cachetes que se hinchan al reír. Miro las estatuas carcomidas por la cal de las aves. Reparo en las muchachas felices, embelesadas ante su propia sombra.

Vago por las calles, sin afán ni destino alguno. A la espera de ese instante de gracia en que el sol transluce las almas. Y las faldas.

agosto 11, 2006

Once de Agosto

Hoy es un día especial para mí por cuatro razones. La primera de ellas es que celebramos once meses de estar juntos, Adriana y yo. La segunda es que hoy comienzo un nuevo año maya: ayer fue mi cumpleaños 44 según las cuentas del Tzolkin. La tercera razón es que hoy comienza el Carnaval de Bogotá. Por último, les presento el nuevo formato de mi blog.

1.

El tiempo avanza a pasos de gigante. Hace ya once meses de esa deliciosa noche en la que nos vimos por primera vez. Desde entonces hemos compartido risas, orgasmos, miedos, malos ratos, esperanzas, sueños, atardeceres, lunas llenas, viajes, intentos de huida, cansancios, amaneceres… y todo lo demás que se puede vivir en pareja. Por ella he recuperado la fe en las palabras, por ella he afirmado mi esencia rebelde, por ella he puesto las manos en el fuego, por ella me he reconciliado con la poesía… han sido once meses de compromiso, de lealtad, de emociones fuertes y de maravillosa intimidad.

2.

Entre los pueblos tradicionales del mundo entero, ninguno ha tenido la sabiduría para observar los astros y medir el tiempo como los Mayas. Este pueblo americano nos ha legado una variedad de calendarios que aún hoy sirven para sembrar, seguir el ritmo de la luna y cosechar. Una versión reciente del Calendario Sagrado o Tzolkin ha llegado a nuestros días en forma de juego: “Encantamiento del Sueño”. Según este calendario, que consulto todos los días antes de vestirme para escoger el color apropiado de la ropa, estuve cumpliendo años el día de ayer, porque mi identidad en el juego es “Semilla Eléctrica Amarilla”. Cada año del Tzolkin equivale a 260 días, divididos en cinco períodos de 52 días llamados Castillos y estos a su vez subdivididos en períodos de 13 días llamados Ondas Encantadas. Así las cosas, yo estuve celebrando mi aniversario 44 el día de ayer. Aún recibo regalos y felicitaciones.

3.

Por estos días también estamos celebrando el haber llegado hace un año a Bogotá. El mismo viernes 5 de agosto, a las 10.30 p.m., en vuelos distintos, procedentes de ciudades distintas. Quizá nos cruzamos al momento de salir del aeropuerto, quizá. Pero no nos vimos. El destino nos tendría guardada la sorpresa hasta Septiembre en Cartagena. Pero lo que sí recordamos es que llegamos el fin de semana del Carnaval de Bogotá, hace un año. Y por eso cuando la ciudad se pone de fiesta, nosotros con ella, porque nos ha acogido, porque ha sido la extensión de nuestro hogar, porque celebrar el carnaval es celebrar la Vida. Por eso este fin de semana es especial para nosotros, también.

4.

Estoy estrenando blog, con nuevo estilo, con nuevas secciones, espero lo disfruten y comenten. Ahora será más estilo diario. Bienvenid@s.

junio 20, 2006

Recordando a Cioran



Hoy se conmemoran once años del viaje definitivo de Emil Cioran hacia la sombra. Sea un motivo para recordar al “pensador del antidogmatismo”, al maestro desencantado, al humorista perverso, al gran conversador, al angustiado, al pesimista, al cínico, al insomne consumado. Comparto con ustedes una entrevista que tuve el placer de traducir hace unos años para la revista literaria El Malpensante. Espero la disfruten, divulguen y, por supuesto, comenten.

“No soy un nihilista: la nada es aún un programa”: Cioran

Una leyenda tenaz dice que Cioran vivió al margen del mundo, sin relación con él. Si rechazaba las entrevistas en Francia, concedió sin embargo muchas, únicamente en el extranjero. Hace tres años, Gallimard publicó más de trescientas páginas de entrevistas del “gran ermitaño” con periodistas o escritores americanos, españoles o alemanes. Entonces, no es que Cioran rechazara hablar de su obra, sino que, por razones bastante contradictorias, reservaba esta eventualidad a publicaciones extranjeras. Casi cada mes, descubrimos así nuevas entrevistas.

Realizada en París en 1983, pero en alemán, por Hans-Jurgen Heinrichs, la entrevista de la cual presentamos estos extractos por temas, es sin duda una de aquellas en la que Cioran va más lejos en el análisis de su obra y de sus posiciones de fondo. Uno encontrará no solamente precisiones sobre su vínculo contradictorio con el francés y sus orígenes, sino también declaraciones sin ambigüedad sobre su rechazo a las etiquetas que han podido atribuirle. Contra el nihilismo y el pesimismo, de los cuales denuncia el carácter de “categorías escolares”, Cioran se afirma aquí antes que nada como el pensador por excelencia del antidogmatismo. Al leer esta larga entrevista la imagen que resulta del autor de los Silogismos de la amargura no es la de ese trovador de la nulidad y del suicidio que celebran a lo largo de clichés sus falsos admiradores y los diccionarios, sino la de un hombre que solamente ha procurado estar, tanto en su vida como en su obra, cada vez más cerca de sus sensaciones primarias, evolucionar lo más cerca de sí. Es decir: ante todo un escéptico, casi un pragmático, rechazando todas las ideas a priori, como lo indica cuando evoca, en términos duros pero justos, su rechazo final de una gran parte de la obra de Nietzsche, en provecho de un pensamiento inmediato de la vida, con sus contradicciones y, lógicamente, su placer de vivir: el autorretrato verídico de un hombre cuya única preocupación, idea fija, habrá sido intentar convertirse en un hombre libre. Nada más que eso, sino todo eso.

París. “Cuando llegué a París, de inmediato comprendí que el interés de esta ciudad, era la posibilidad que ella me ofrecía de vivir al lado de gente propiamente ociosa. Yo mismo soy un ejemplo de ocioso: nunca trabajé en mi vida, nunca tuve un oficio, salvo una vez, durante un año en Rumania, cuando enseñé Filosofía en Brasov. Fue insoportable. Y esa fue igualmente la razón por la cual vine a París. En su propio país, uno debe hacer algo, pero no necesariamente cuando uno vive en el extranjero. Yo he tenido la dicha de vivir más de cuarenta años de mi vida en la ociosidad y – ¿cómo le digo? – sin Estado. Lo que hay de interesante en París es, yo creo, que uno puede, que uno debe vivir como un extranjero radical, de modo que uno no pertenece a una nación, sino solamente a una ciudad. Yo me siento en cierta manera parisino, pero no francés – sobre todo no francés.

(...) Hay dos libros que, para mí, representan, expresan a París. De entrada ese libro de Rilke, Los Cuadernos de Malte Laurids Brigge, y luego el primer libro de Henry Miller, Trópico de Cáncer, que muestra otro París diferente al de Rilke, inclusive contrario, el París de los burdeles, de las prostitutas y de los proxenetas, el París del fango. Y es también ese París que yo conocí: (...) el París de los hombres solos y de las prostitutas.

A decir verdad, ya había vivido la misma cosa en Rumania: la vida del burdel era muy intensa en los Balcanes. Y era también el caso de París, al menos antes de la guerra (...). Cuando llegué aquí, había tenido largas conversaciones con muchas de esas damas. Al principio de la guerra, yo vivía en un hotel no muy lejos del bulevar Saint-Michel y trabé amistad con una prostituta, una vieja dama de cabellos blancos. Llegamos a ser muy buenos amigos; quiero decir: ella era demasiado vieja para mí. Pero era una increíble comediante, con un talento para la tragedia. Yo me la encontraba casi cada noche hacia las dos o tres de la mañana, pues yo regresaba siempre muy tarde a mi hotel. Eso fue al principio de la guerra, en 1940 – o mejor dicho, fue antes de la guerra, ya que durante la guerra uno no podía salir después de la medianoche. Nosotros paseábamos juntos y ella me contaba su vida, toda su vida – y la forma en la que ella hablaba de todo eso, las palabras que utilizaba: ¡yo estaba fascinado! (...) Las experiencias que he tenido en mi vida con este tipo de personas me han enseñado más que los encuentros con intelectuales.”

La lengua francesa. “Mantengo una relación muy compleja con la lengua francesa. Cuando comencé a escribir en francés, me dije que esa no era una lengua para mí. Me sentía como en una camisa de fuerza. Pero ahora, desde hace algunos años, desde que la lengua francesa zozobra, me siento en cierto modo atado a la suerte de esta lengua desfalleciente. Los franceses no son, yo diría, indiferentes a la decadencia de su lengua, pero ellos la aceptan – yo no. Mientras más boicoteado es el francés por el mundo, más me siento cerca de él. La razón es quizá también que todo lo que se pierde, se desmorona y se oculta, ejerce sobre mí un gran poder de atracción. Este aislamiento del francés me fascina. El contacto con el francés fue para mí, al principio, infinitamente duro. (...) En Rumania, todo el mundo hablaba francés y otras lenguas, pero, en cambio, yo venía de Transilvania donde uno no habla más que alemán o húngaro. He tomado muy en serio este cambio de lengua y todo lo que he escrito en francés, lo he reescrito varias veces, por ejemplo, el Breviario de Podredumbre, lo retomé cuatro veces. Para mí, era verdaderamente un reto la idea de que debía escribir como un Francés, competir con los Franceses en el manejo de su propia lengua – idea que puede ser un poco loca (...) De temperamento, debería haber escrito más bien en español, en húngaro o en ruso. Porque el rigor del francés es incompatible con mi temperamento. Pero esto es precisamente lo que también me gusta de él...”




Las mujeres. “Tengo un punto en común con Sartre. Sartre dijo, poco antes de su muerte, que él se había entendido siempre mucho mejor con las mujeres que con los hombres. Este es también, mi caso: yo prefiero las mujeres a los hombres. ¿Sabe usted por qué? Porque la mujer es más desequilibrada que el hombre. Ella es un ser infinitamente más mórbido y enfermo que el hombre. Ella resiente más las cosas, que un hombre no puede siquiera, sentir. He observado que las mujeres estaban en general más cerca de mi manera de escribir que los hombres. Quedé muy impresionado cuando leí que Sartre había dicho que él prefería la conversación de las mujeres a la de los hombres.

Cuando me preguntaron un día, cómo había podido vivir sin ejercer un “oficio”, respondí: “porque era un proxeneta”. Es una ocurrencia, pero hay algo de verdadero detrás de esta afirmación. Para mí “proxeneta” es un concepto muy universal. Quiero decir que, cuando un escritor vive con una mujer que provee la vida de todos dos, entonces, este escritor es un proxeneta. La mayoría de los escritores respetables que conozco en París han vivido como parásitos de sus mujeres. En este sentido, aunque nunca me he casado, he sido también, un proxeneta...”

Rumania, el lazo con los orígenes. “Me he desligado de mis orígenes. A pesar de ello, permanezco profundamente atraído por los Bogomilos, esos Maniqueos de los Balcanes, y por su idea de que el nacimiento es una catástrofe. Así que era casi fatal que regresara de manera inconsciente a mis orígenes. La idea de que no es Dios, sino Satán, un pequeño Satán, Satanael, quien ha creado el mundo, es una idea que siempre me atrajo. Es la razón por la que escribí un libro, El aciago demiurgo, que ha sido un poco inspirado en la teoría bogomila. Encuentro notable el hecho de que haya regresado, en París, después de tantos años, a mi patria fundamental, a ese mundo espiritual del Danubio, a los Cárpatos. La idea de una mística de lo prenatal pertenece a ese mundo: el Oriente. Aunque yo quise liberarme de mis orígenes, mis esfuerzos no tuvieron éxito realmente. Todas esas ideas, el Maniqueísmo y también la Gnosis, o al menos una Gnosis un poco degenerada, me vienen en parte de los Balcanes. Uno nunca se libera de su origen, de su comienzo. Yo he escrito mucho contra mi país natal. Por ejemplo: afirmé que ser rumano era irrisorio, pero debo reconocer al mismo tiempo que soy muy fatalista en la vida. El fatalismo es la religión natural en Rumania, todo el mundo es fatalista en la vida cotidiana y al respecto de todo. Así pues: uno no se libera jamás de uno mismo...”

Las contradicciones. “Siempre he vivido en contradicciones y nunca he sufrido. Si hubiera sido un ser sistemático, hubiera debido mentir para encontrar una solución. Ahora bien, no solamente acepté ese carácter insoluble de las cosas, sino que yo mismo encontré, debo decir, cierta voluptuosidad, la voluptuosidad de lo insoluble. Nunca he buscado nivelar, reunir o, como dicen los franceses, conciliar lo irreconciliable. Tomé siempre las contradicciones como ellas venían, tanto en mi vida privada como en la teórica. Nunca tuve metas, nunca pretendí encontrar ningún resultado. Creo que no puede haber, tanto en general como para sí, ni resultado ni meta. No es que todo sea sinsentido – la palabra me molesta un poco -, sino que todo es innecesario. (...)

Normalmente, si hubiera sido enteramente consecuente conmigo mismo, no habría podido hacer nada en absoluto. Haciendo a pesar de todo algo, me contradije, he vivido en la contradicción. Pero, toda vida, creo yo, está en el fondo condenada a la contradicción.

Deseo contar algo un poco idiota: cuando usted se encuentra en un cementerio – es un hecho banal -, y usted ve que un amigo, con quien ha reído hace dos o tres días, ha desaparecido sin rastro, ¿cómo puede uno aún después de aquello edificar un sistema? Para mí, ¡es inconcebible! Uno de mis conocidos, a quien quise mucho, un judío polaco, hombre muy simpático e interesante, con quien me reía mucho de todo – era además más nihilista que yo – el hecho de estar ante su tumba, para mí era, ¿cómo decir...? Esto es banal, todo el mundo ha experimentado esta sensación... Pero cuando se traduce aquella experiencia en Filosofía - ¿cuál es la conclusión? La conclusión es esta: el mismo nihilismo es un dogma. Todo es ridículo, sin sustancia, pura ficción. He ahí por lo que no soy un nihilista, porque la nada es aún un programa. En la base, todo es sin importancia. Nada existe más que en la superficie, todo es posible, todo es drama.

Claro que existe el amor – soy a menudo cuestionado: ¿Cuándo todo ha sido adivinado, perforado con la mirada, cómo puede uno aún enamorarse de quien sea? No obstante, eso llega (...). Es lo mismo que hay de verdadero y de interesante en la vida. Deseo terminar esta reflexión con un toque optimista: la vida es realmente interesante y atractiva, porque, por debajo de todo, no tiene sentido. Y, a este respecto, yo doy siempre este ejemplo: uno puede dudar absolutamente de todo, afirmarse como un nihilista, y sin embargo caer enamorado como el más grande de los idiotas. Esta imposibilidad teórica de la pasión, que la vida real no cesa de burlar, hace que la vida tenga cierto encanto, indiscutible, irresistible. Uno sufre, uno se ríe de sus sufrimientos, uno hace lo que quiere, pero esta contradicción fundamental es quizá finalmente lo que hace que la vida valga aún la pena de ser vivida...”




El cinismo. “Nunca he escrito como autor; créame, yo no busco la gloria, no me tomo por un autor y no soporto esa parte de los otros. Jamás he tenido ninguna prudencia y simplemente he dicho lo que me pasaba por la mente. De cierta manera, he buscado desenmascarar la existencia, y es por ello que me consideran como un cínico. Pero si soy un cínico en mi expresión, no lo soy en general para todo en la vida. A pesar de ello, reconozco el valor del cinismo, como un punto de vista taxonómico. Siempre he dicho que uno debe escribir lo que en el momento uno vive como una verdad, inclusive lo que uno no debería decir, por muy doloroso, frívolo o insolente que pueda ser. Cuando escribo algo o cuando reflexiono, no impongo ningún límite a la expresión de sentimiento de la verdad. Yo nunca, nunca pensé en las consecuencias. Y ninguna persona se ha suicidado jamás a causa mía. Al contrario, conozco mucha gente que dice: gracias a usted, no cometí suicidio. Y quienes sufren de depresión, cuando me leen, comprenden que pueden hundirse aún más en ella. Para hablar como Kierkegaard, la depresión es una etapa sobre el camino de la vida. No tengo pues la impresión de que haya hecho una carrera “negativa”. Además, todo es en definitiva igual, ¿no es cierto?...”

El pesimismo. “Han dicho de mí que soy un pesimista – esto ¡no es cierto! Esas categorías escolares son grotescas. Yo sé exactamente lo que es el pesimismo. Pero, como usted acaba de decir: hay una diferencia fundamental entre el pesimismo como sistema y la experiencia cotidiana del pesimismo, que nace simplemente de la experiencia cotidiana de ser un ser vivo. Uno no puede ser pesimista en la vida, en cuanto uno vive: eso no tiene ningún sentido. Uno es como los otros y hablo aquí de las cosas vividas. Yo intento hacer la apología del escepticismo y también la del pesimismo, pero – eso no es importante. Lo que es importante, es lo que uno vive, lo que uno experimenta, y como uno lo siente.”

Nietzsche. “Nietzsche ejerció una influencia muy grande sobre mí en la juventud. Pero, hoy, me siento muy lejos de él. ¿Por qué? Porque él construyó su teoría. Nietzsche tiene un ideal, una idea de los hombres, de su valor, en función de lo cual escribió, dio forma, elaboró toda su obra. Así, la impresión que me ha venido progresivamente es que todo aquello era un poco falso. Como profeta o analista – es lo mismo, porque cuando se quiere analista, sigue siendo un profeta – Nietzsche quiere “aportar” algo de absoluto, crear algo, jugar un papel en la cultura, etc. Es lo que hace que yo no pueda hoy leer sus cartas, pues, en sus cartas aparece como lo contrario de lo que es en sus escritos. En sus cartas, uno ve a Nietzsche tal como era verdaderamente: un pobre tipo. Y todos esos héroes, esos héroes del pensamiento, que jugaban un papel en sus libros, esta gran ilusión me parece entonces falsa. Aunque él sea, sin ninguna duda, genial, Nietzsche no es, de cierta manera, verídico. Para mí el verdadero Nietzsche se encuentra en sus cartas, es en ellas donde es verdaderamente él mismo. Por ello me he apartado de una gran parte de su obra. Nietzsche está dotado él mismo de una Weltanschauung, de una concepción del mundo. Él no se liberó de sus ideas y proyectos, permaneció dependiente, esclavo de sus ideas. Para mí, él no llegó a ser un hombre libre, por lo menos en sus libros. (...) Puede que yo exagere un poco; pero tengo la impresión de que hay verdad en lo que expreso. Nietzsche fue el héroe de mi juventud; pero no lo es ahora: aunque genialmente mordaz y cínico, lo encuentro en lo sucesivo demasiado juvenil para mí, demasiado cándido...”




Los alemanes. “Nietzsche no expresó su experiencia de la vida, nunca tuvo más que una idea en mente: superar, superar, superar – que en el fondo es muy alemán. Quizá este sea precisamente el error fundamental de los alemanes y también del pensamiento alemán: hay que superar, hay que construir, hay que edificar. De allí que la historia alemana es un naufragio sin igual, una catástrofe, pues los alemanes han querido construir su historia. A los alemanes les hace falta sabiduría; tienen algo de genio, pero ninguna sabiduría. No viven ni la historia ni la vida misma: quieren siempre aún construir, erigir. Y, en la Filosofía, eso no se puede hacer más que por el intermedio de un sistema. Que todo debe ser homogéneo es, yo diría, un pecado idiota, una tara. Los alemanes son demasiado sistemáticos, han experimentado y construido una historia sistemática y han pagado las consecuencias de eso. Los alemanes siempre han estado fuera de la vida. (...) Hay algo de irreal en todo el destino alemán. Son también, por consecuencia, un pueblo trágico, porque los alemanes han llegado a ser muy serios y nunca han logrado reírse de sí mismos: no hay ironía alemana. Los alemanes han escrito sobre la ironía, pero nunca la han experimentado o practicado en ellos mismos – no hacen más que hablar y pensar de manera abstracta en ella. Esto es el origen del naufragio alemán. Porque, al fin de cuentas, cuando uno piensa que la nación alemana era la más genial de Europa, o en todo caso la más dotada, es un gran fracaso que una nación de este orden pudiera caer tan bajo, un fracaso casi sin igual; y eso, no solamente durante la Segunda Guerra Mundial, sino también durante la Primera. La historia, el espíritu alemanes han ido de cierta manera más allá, porque ambos han sido pensados de manera demasiado sistemática, sin sabiduría...”

La ventaja de la inseguridad. “Distribuyendo toda su fortuna, Wittgenstein se salvó espiritualmente. Usted sabe, yo me encontraba mucho mejor desde un punto de vista espiritual, vivía de manera más intensa, cuando tenía solamente una pequeña maleta y no vestía todo el año más que dos trajes, aún uno solo. Ahora – no soy rico, pago pequeños impuestos, gasto muy poco, pero vivo bastante bien, puedo comer lo que quiera, puedo viajar, etc. – en resumen, mi vida ha llegado a ser de cierta forma más segura. Ello ha proyectado grandes sombras sobre mí – sombras espirituales. Antes, vivía un París del día a día. Pero yo era más fresco espiritualmente, más joven también, sin duda alguna: era otro hombre. No sabía nunca de qué estaba hecho el mañana. Yo viví veinticinco años en hoteles y fui siempre como un animal, como una bestia salvaje (...). La seguridad representa un peligro increíble sobre el plano espiritual, así como una salud perfecta es una catástrofe para el espíritu. (...) También, un intelectual, o diremos, un escritor, debe conservar el sentimiento de no tener suelo sobre el cual apoyarse. Si, al contrario, comienza a instalarse, a - ¿cómo le diría? – Establecerse, está perdido. Entonces, uno hace una obra, o uno se convierte – yo no lo soy – en gran escritor: en “alguien”. Pero todo aquello es deplorable. (...) La inseguridad es una necesidad absoluta: un escritor, cuya vida se convierte en algo seguro, es un escritor perdido.”

España. “He experimentado, debo decir, un profundo amor por España, el único país literalmente poseído por la obsesión de la decadencia. Y es, muy temprano, después de la Conquista, después de la gran época, al final de las conquistas. Después de aquello, vinieron dos, tres siglos dominados por la idea de la decadencia, que es devenido el concepto central de la historiografía española. Esta es la razón por la cual tengo una gran afición por España, el por qué España ejerce sobre mí tal fuerza de atracción. Antes de la guerra, yo quería irme con el fin de asistir a los cursos de Ortega y Gasset, y, quizá establecerme. Había hecho una demanda para obtener una beca española y esperaba una respuesta. Luego la guerra civil estalló y mi vida tomo otro curso. Quizá, sin la guerra, me habría convertido en un español y habría vivido el resto de mi vida en España. Lo que me llama mucho la atención es que un pueblo tan extraordinario como los españoles sientan a este punto la conciencia de su decadencia. (...) Los pueblos que no han dejado escapar su destino siempre me han atraído prodigiosamente. Es el caso, también de los alemanes. Los alemanes no han tenido la historia que habrían podido merecer. Con un Bach, un Hegel, un Kant o aún un Holderlin, Alemania debió haber tenido otra historia. Pero ella ha errado su historia. Alemania no ha conseguido convertirse en lo que debía ser. Esta dimensión patética de la historia me gusta. Inglaterra jamás me interesó como destino – no tiene ningún destino, tal como, en el fondo, Francia. Pero Alemania ha sido su destino: como un genio que nunca se realizó...”

Heidegger. “Heidegger creyó demasiado en las palabras. (...) Las dificultades, él no las resolvió sino simplemente las superó con la ayuda de la creación de palabras. Yo considero eso como altamente deshonesto. Yo no discuto que Heidegger haya sido un genio, pero lo considero también como un estafador. En lugar de resolver las preguntas, él se contentó escribiendo, creando palabras, desplazando los problemas, respondiendo - ¿cómo le diría? – con una producción de vocabulario. (...) Para mí, Heidegger fue realmente demasiado ingenuo, aunque al mismo tiempo astuto como un campesino. (...) Fue un hombre, me atrevería a decir, inconscientemente villano...”

Los aforismos y la novela. “Todo lo que he escrito es un resultado – los aforismos no los escribo primero como aforismos:... escribo una página... luego tiro todo y comienzo de nuevo. Para escribir una novela, hay que elegir los detalles. Yo, en cambio, no me intereso por los detalles, voy de inmediato a la conclusión. Si escribiera una pieza de teatro, la comenzaría por el quinto acto, porque desde el comienzo de cualquier cosa, entreveo ya el final. Con tal concepción de las cosas, uno no puede ni escribir un libro, ni practicar las bellas letras, ni, en general, ningún género literario. Es por lo cual no soy un escritor, yo soy un... no sé... un hombre de fragmento...”




Publicada originalmente esta traducción en El Malpensante

Tomada de Magazine Littéraire No 373. Febrero 1999
Entrevista: HANS-JURGEN HEINRICHS
Presentación: FABRICE ZIMMER
Traducción: JUAN ENSUNCHO BÁRCENA
Colaboración: ENRIQUE SEDO
Corrección: CAMILLE CROS

junio 07, 2006

Tres Breves Relatos

Salvador

Por Juan Ensuncho Bárcena

En el pueblo de San Marcos del Carate, a orillas del caño que le da el nombre, vivió hasta hace pocos años un personaje particular.

Nunca nadie le conoció el apellido, nos bastaba decirle “Salvo, el limpiacalle” porque su oficio era recoger la escasa basura que había en los andenes del pueblo antes de la elección popular de alcaldes y de la llegada de Internet.

“Salvo” era un hombre alto, adusto, ensimismado. Siempre hablaba de un solo tema, que en realidad eran dos: “La Niña” y “La Pinta”. No se refería a las carabelas de don Cristóbal Colón, tocayo del peluquero y fotógrafo de la aldea, sino a sus más preciados bienes: un par de burras viejas, sencillas pero coquetas, que mantenía en su rancho de bahareque.

Nunca se le conoció mujer, pero “Limpiacalle” decía no necesitarla. Vivía en feliz concubinato con sus hembras siempre dispuestas y para nada celosas.


Las mujeres del aeropuerto

Por Juan Ensuncho Bárcena

Madrugas. Te preparan un buen desayuno. Nunca se sabe. Sales del hotel al terminal aéreo. El tráfico aprieta. Al llegar, el altavoz dice que hay mal tiempo. Tu vuelo ha sido cancelado. O no hiciste a tiempo la reserva. O, simplemente, te tocó llegar temprano. Tu avión saldrá al mediodía. No hay problema. Respira profundo. Cuenta hasta diez. Suéltate el nudo de la corbata. Observa a tu alrededor. Prende el radar. Examina esta especie estimulante que son las mujeres del aeropuerto.

Seguro empezarás por detallar a la que tiene más clase, delgada, muy elegante, de cabello corto, largo cuello, discreta en público, fiera en la intimidad. La ves pasar una y otra vez. Se da cuenta que la observas, camina hacia donde estás, se sienta adelante. Suspiras, la ves allí donde se apoya para sentarse. Cada cinco segundos revisa su celular, signo claro de seducción agazapada. Toma su bolso de mano, otro aparato de comunicación, habla por él. Te lanza una mirada de oportunidad perdida. Se levanta y emprende el vuelo. Este tipo de mujer suele ser histérica, casada, con hijos, no pierdas tu tiempo y tu dinero. Aunque no te iría mal siendo su amante, pero hay que gastarle muchas llamadas y mails antes de que te acepte una copa de vino.

Luego está la regular bien gracias. Buen frontal - asunto superior - buenas piernas y buenas posaderas. Quizá es su encanto interior, no tan discreto. Ocupa el lugar de la anterior. No se deja ver el cuello, es más común. No pensarías en hablarle a no ser que quieras una revolcada en motel antes de llegar a tu destino. Pero no. Tranquilo. Piensa con la otra cabeza. Puedes acabar arrepintiéndote. Es mejor que guardes silencio. Saca un libro y finge leer. A las mujeres de esta categoría se les espanta con un buen libro. Ni se te ocurra Juventud en éxtasis porque estás perdido. Antes de que alcances a ignorarla, ella, digna, se dirige a la librería.

Te levantas. Cambias de territorio. Quieres ir más allá. Exploras la selva. Sobrevuelo. Aterrizas en la chica de la aerolínea. Morena. Buen perfil. Boca generosa, piernas de maratón, antitemblores. La llevas a los baños. Le das lo que buscaba cuando – al bostezar – dejó su pie desnudo, fuera de su zapato.

Ahora sí, sonríe. Disfruta la vida. En casa te esperan tu mujer y tus hijos.


Plataforma (fragmento)

Por Michel Houellebecq

El objetivo de las empresas de turismo es hacer feliz a la gente, previo pago de cierta tarifa durante cierto período de tiempo. Una tarea que puede resultar fácil o sencillamente imposible, según el temperamento de la gente, las prestaciones propuestas y otros factores. Valérie se quitó el pantalón y la blusa. Yo me tumbé en la cama gemela. Los órganos sexuales son una fuente de placer permanente y disponible. El dios que nos hace desgraciados, que nos ha creado transitorios, vanos y crueles, también ha previsto esta débil forma de compensación. Si no hubiera un poco de sexo de vez en cuando, ¿en qué consistiría la vida? Una lucha inútil contra las articulaciones que se anquilosan o la formación de caries. Y todo, además, completamente falto de interés: el endurecimiento de las fibras de colágeno, el crecimiento de las cavidades microbianas en las encías. Valérie separó las piernas encima de mi boca. Llevaba un tanga muy fino de encaje malva. Aparté la tela y me humedecí los dedos para acariciarle los labios. Ella me abrió el pantalón y me cogió el sexo en la palma de la mano. Empezó a acariciarme los testículos con suavidad, sin prisa. Yo doblé una almohada para tener la boca a la altura de su coño. En ese momento vi a una empleada que barría la arena de la terraza. Las cortinas estaban descorridas, y el ventanal abierto de par en par. Cuando nuestras miradas se cruzaron, la chica resopló de risa. Valérie se enderezó e hizo un gesto para que se acercara. Ella se quedó donde estaba, dudosa, apoyada en la escoba. Valérie se levantó, dio unos pasos hacia ella y le tendió las manos. En cuanto entró: la chica empezó a desabrocharse la bata: no llevaba nada debajo, salvo unas bragas de algodón blanco; tendría unos veinte años, tenía la piel muy morena, casi negra, los pechos pequeños y firmes, las nalgas muy respingonas. Valérie cerró las cortinas, y yo también me levanté. La chica se llamaba Margarita. Valérie le cogió la mano y la puso en mi sexo. Ella estalló en carcajadas otra vez, pero empezó a masturbarme. Valérie se quitó rápidamente el sujetador y las bragas, se tumbó en la cama y empezó a acariciarse. Margarita tuvo un último instante de vacilación, pero luego se quitó las bragas a su vez y se arrodilló entre los muslos de Valérie. Primero le miró el coño, acariciándola con la mano; luego acercó la boca y empezó a lamerla. Valérie puso una mano en la cabeza de Margarita para guiarla, sin dejar de masturbarme con la otra mano. Sentí que iba a correrme, y me alejé para buscar un preservativo en el neceser. Estaba tan excitado que me costó trabajo encontrarlo y luego ponérmelo, se me nublaba la vista. El culo de la negrita ondulaba mientras ella iba y venía sobre el pubis de Valérie. La penetré de una sola vez, tenía el coño abierto como un fruto. Ella gimió débilmente y tendió las nalgas hacia mí. Empecé a moverme dentro de ella, un poco al tuntún, la cabeza me daba vueltas, todo mi cuerpo se estremecía de placer. Caía la noche, y ya no se veía gran cosa en la habitación. Oí los jadeos de Valérie subir de tono, como si vinieran de muy lejos, de otro mundo. Apreté el culo de Margarita con las manos, la penetré cada vez con más fuerza, ya no intentaba contenerme. Cuando Valérie gritó, yo me corrí. Durante uno o dos segundos tuve la impresión de que me vaciaba de peso, que flotaba en el aire. Luego volvió la sensación de gravedad y me sentí agotado de repente. Me dejé caer en la cama, entre los brazos de ambas.

mayo 12, 2006

¿A qué suena Bogotá?

Por Juan Ensuncho Bárcena

Según esa rama de la literatura fantástica que es la ciencia, los seres humanos percibimos sonidos que están en un umbral determinado de vibración, es decir, existe una frecuencia sonora fuera de la cual nada suena para nosotros.

El sonido de las esferas, que tanto trasnochó a los físicos y filósofos durante siglos, aquel que hacen los cuerpos errantes del universo – incluida la Tierra – es imperceptible para nuestro precario sistema auditivo. La longitud de onda que producen semejantes movimientos es tan enorme que resulta nulo para nosotros. De igual manera, el sonido de los pétalos de una flor al abrirse no lo podemos captar por su agudeza infinitesimal.

Con una ciudad – en este caso, Bogotá – pasa lo mismo: Hay sonidos tan graves y otros tan agudos que simplemente no captamos. El tema que me ocupa en el presente texto es el de los sonidos de la urbe en la que no todo es ruido, se los aseguro. A continuación les contaré a qué me suena Bogotá.

Vivo en el piso diez de un edificio del centro de la ciudad. Mi día comienza con una serenata de pájaros que poco a poco va trayendo la luz hacia nosotros. Fascinados, juntos, esperanzados, en las ramas de los árboles, cinco o seis pisos más abajo, ellos dan inicio a la jornada. Luego, el despertador, confirma lo anunciado: está amaneciendo. Me levanto de la cama, abro y cierro la puerta con cuidado para no despertar a mi esposa, enciendo la luz del baño, abro otra puerta, levanto la tapa del inodoro y escucho el sonido cantarín de un líquido en movimiento estrellándose con otro estático. Bajo la cisterna y comienza el día.

Entro de nuevo al cuarto, la despierto, la invito al baño. Escucho nuestros labios cuando se unen, agradecidos por el nuevo día, seguidos de las cobijas que protestan al ser retiradas del encantador contacto con su cuerpo. Entramos al espacio sagrado del baño, luego de correr la puerta. Este es quizá el momento más íntimo y pleno de la vida en pareja. Abro la ducha, primero en un tono frío, agudo, la cierro un poco y sale su voz grave de agua caliente. Conversamos, planeamos el día, tomamos decisiones, jugamos… Al regresar al cuarto escuchamos las primeras evidencias de que estamos en la selva de cemento. Los rugidos de un animal enorme se hacen sentir. Las aceleraciones y frenadas de un bus articulado del sistema masivo Transmilenio y las bocinas de los carros que espantan a las palomas, nos recuerdan dónde vivimos.

A medida que avanza el día se combinan los sonidos íntimos de la habitación, la infaltable pregunta “¿Qué me pongo?” y el spray del desodorante, con los pitos de policías que generan desespero callejero, gritos de llamado, advertencias o socorro, mezclados con el canto de uno que otro desubicado pajarito.

Me dirijo a la cocina. Abro la puerta de la nevera, saco las arepas, tomo el encendedor con mi mano derecha, con la izquierda giro la llave del gas y vivo el milagro del fuego, génesis de todo hogar. Me quedo contemplando la llama, siempre hipnótica. Elijo la cacerola a usar, la acaricio por dentro con un poco de mantequilla, observo el calentamiento gradual… suenan una a una las cáscaras de cuatro huevos que, al romperse, se convierten en un alba de soles revueltos. Abro el grifo del lavaplatos, escucho el agua llenar una ollita que pongo en otro fogón hasta que hierve copiosamente.

Mientras está cocinándose el desayuno, voy a la sala y enciendo la radio. Sintonizo una emisora no comercial, una de la buena radio universitaria que es la única que vale el goce en esta ciudad. Escucho las puertas del escaparate golpeando en uno y otro sentido. Ella enciende la tele para distraerse con el sonido y mirar la hora. Y los bobos de la caja boba creen que alguien los ve! Nuestro desayuno suena a concierto de la mañana. Es decir, a música clásica o barroca, bien temperada. Una vez concluido, ella recoge los platos y se encarga de lavarlos. En casa hay una regla universal: “Quien cocina no lava”. Luego vamos al baño, a lavarnos los dientes, otro de los sonidos más caseros que hay. Por fin estamos listos. Tomamos las chaquetas, las bufandas y el paraguas. Salimos del apartamento, pedimos el ascensor y escuchamos cómo viene venciendo la gravedad, piso tras piso. Abordamos. Salimos y oímos los “Buenos días” del portero, siempre sonriente. Abre la puerta y nos desea felicidad.

Nos topamos con la ciudad de frente. Suelas gastadas contra el pavimento, otros paseantes, estudiantes, am@s de casa, oficinistas y uno que otro mendigo. El rugido del dinosaurio se hace más cercano, pasamos por su territorio, unas máquinas trabajan su camino, los obreros en lo suyo, “creando el mundo”. Pero todo el ruido posible no logra ocultar el maravilloso canto de un ave lugareña, que durante muchos años ha sido mi referente sonoro de Bogotá. No sé cómo se llama, nunca lo he visto, pero siempre escucho su dulce y fragmentado canto. Varias cuadras después entramos al callejón del embudo, una de las calles más pintorescas de la ciudad. Estrecha, empedrada - a menudo me recuerda los caminos para subir a los pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta – esta conduce al emblemático Chorro de Quevedo, sitio de fundación de la Villa de Santa Fe. A esta hora la calle suena a tacones y a saludos cordiales, simplemente. Al mediodía, cuando estemos de vuelta, sus bares comenzarán a sonar músicas ochenteras, con sus caifanes, sus guns and roses, sus robis dracos, sus calamaros.

En La Candelaria siempre hay un bar que suena a Calamaro. Uno lo escucha en el fondo, porque a esta hora el sonido de la lluvia bajo el paraguas es gratificante. Es una sinfonía acuática que nos hace sumergir en otro tiempo, en otro nivel de percepción… las gotas que se estrellan con las piedras, las corrientes de agua que corren hechizadas, el agua fluyendo por los techos de las chicherías se funde con la voz de los vendedores de paraguas y “sombrillas”.

A la hora del almuerzo, la ciudad suena a noticias, a platos, a cubiertos y uno que otro sobrevuelo de aviones. Luego, la sagrada siesta de la tarde, que suena a besos, caricias y goce puro.

Pasa la tarde con su trasteo metálico de pulguero – si es sábado -. La noche nos sorprende con su piano de lluvia en las ventanas. Suena algún teléfono móvil o el fijo para concretar una salida. Si no lo decidimos, nos quedamos entre las cobijas, viendo algo del buen cine que pasa la televisión cultural o disfrutando de uno de los mejores sonidos que ofrece esta ciudad: el crepitar de unos leños secos, ardiendo en la chimenea. A esta hora, disfrutamos de la buena música, se tocan un par de copas, conversando. Afuera se escuchan los gritos de borrachos trasnochados, flautistas intemporales que nunca se sabe si se resisten a dejar ir la noche o pretenden hacer el nuevo día haciendo vibrar su aliento con el helado silencio de la madrugada.

Al final de la noche, la ciudad sólo suena a alarmas que impiden o denuncian robos, a sirenas de película policíaca y a cantos de perro abandonado.

abril 06, 2006

"El bullerengue es lo mejor de mi vida": Etelvina Maldonado

Portada de su disco "Canto y Repique de Tambor"


Doña Etelvina es una señora bajita, negra, de apariencia frágil. Parece que se fuera a quebrar en cualquier momento, mientras está callada o hablando. Pero cuando toma un micrófono en la mano y canta, pareciera que se fuera a quebrar el mundo a su alrededor. Tiene una voz fuerte, colorida y conmovedora. Su nivel de interpretación la hace una de las cantadoras insignes de nuestro país.

Doña Etelvina es una de las más importantes intérpretes de bullerengue, ritmo originario del Caribe Colombiano. Ella hace parte de una tradición consolidada en la isla de Barú, al occidente de Cartagena de Indias. Aprendió estos ritmos tradicionales por medio de su mamá en la población de Santa Ana, pero especialmente de Santos Valencia, jefa de un grupo de bullerengue en Arboletes (Antioquia), quien definió su camino como cantadora.

Tuve la inmensa fortuna de conversar con ella hace un par de años en Cartagena. De esa conversación he extraído el siguiente texto, con motivo del lanzamiento de su tercer trabajo discográfico, el primero como solista.

Mi nombre es Etelvina Maldonado de la Hoz, soy cantante y compositora de bullerengue. Nací en Santa Ana, Bolívar, el 26 de Abril de 1935. Santa Ana es un pueblo con el mar enfrente, ya que queda en la isla de Barú. De mi infancia lo que más recuerdo son los baños en la playa y el respeto por los mayores, porque antes se respetaba mucho. En ese entonces, en mi pueblo, las casas eran de madera - de palito que llaman -, el techo era de palma.

Comencé a cantar desde muy pelaita, pero cantaba boleros, rancheras y tango. Cuando fui creciendo vi que a mis padres y a mi familia le gustaba era el bullerengue, entonces fui abandonando el bolero, la ranchera y los tangos y me metí de lleno en lo mío. Recuerdo que mi mamá se iba para el bullerengue y nosotros nos quedábamos en la casa, entonces, cuando sabíamos que estaban allá le hacíamos huecos a las casitas, nos salíamos y nos íbamos pa donde estaba ella cantando bullerengue. Mi mamá se llamaba Pacha de la Hoz Cardale y era cantadora. Así que comencé a ponerle amor al bullerengue desde muy temprano, en mi propio pueblo.

El bullerengue ha sido uno de los ritmos más celebrados y cultivados por la etnia afrocaribe. Está asociado a sus experiencias de cimarronaje, a la de defensa de sus identidades, a la expresión de su capacidad musical y a su vinculación a las festividades de la región. El bullerengue hace parte de los bailes cantados, en los que también están la tambora, el chandé, el berroche, la tuna tambora, el congo, el pajarito. El conjunto rítmico del bullerengue está conformado por el bullerengue sentado, la chalupa y el fandango.

Es una música, canto y danza que pertenece al género de bailes cantados o fandangos de lengua acompañado por tambores: macho, hembra y llamador con estructura del canto responsorial, es decir, una voz que canta y un coro que responde y un baile de parejas que se alternan. Tiene sus raíces en los lamentos de fecundidad africanos que llegaron al país con la infamia de la esclavitud. Algunos investigadores sostienen que “el bullerengue colombiano empezó cuando fue vetada la participación de embarazadas, viudas y mujeres de vida alegre en las fiestas estivales de San Juan y San Pedro. Ellas decidieron reunirse clandestinamente, en los patios de vecinos, y con tambor y palmas, bailaban e improvisaban versos”.


Viví en Santa Ana hasta los 15 años, edad en la que mi vida comenzó a cambiar. Nos vinimos a vivir en Cartagena porque mi mamá trabajaba acá, en casa de familia o haciendo el día. Cuando estaba sin trabajo se ponía a vender platanito por las calles. Ella nunca me puso a caminar detrás de ella: siempre me dejaba en la casa. Llegamos a vivir a Chambacú, cuando no era nada, un caserío apenas. Cuando desalojaron a la gente ya no vivía allí sino en Olaya. Pero si vivían unos hermanos míos, a quienes desalojaron.


Acá llegué hecha toda una señorita, hasta que me salí con mi primer compañero: Manuel Chaverra. Nos conocimos, nos enamoramos y nos escapamos para Quibdó, exactamente al barrio La Alameda. Ya yo tenía idea del bullerengue, sin embargo no hice música allí. Como no teníamos por qué perder el tiempo tuvimos cinco hijos. Se nos murieron dos y nos quedaron tres: Miguel, Manuel y Cenelia. Dos viven en Arboletes, Antioquia, el otro vive acá en Cartagena. En Quibdó vivimos once años, hasta que mi compañero cometió “la locura” con una muchacha y yo me devolví pa mi tierra otra vez.

Acá estuve dos años, después me fui un año a Necoclí (Antioquia), donde me conocí con Humberto Salgado Peña, con quien tuvimos cinco hijos más. Como es natural, tenemos muchos nietos, pero cada cual vive en su casa. Yo vivo solita con mi compañero, pasamos el día acompañados, pero en la noche estamos solos. Pero mejor les sigo con el cuento. De Necoclí nos fuimos para Arboletes. Allí me volví a pegar a la música, porque me encontré con una señora llamada Santos Valencia, que en paz descanse. Ella tenía su grupo de bullerengue y me dejó entrar. Con ella fue que comencé a viajar.

La primera persona que sacó al grupo de Santos Valencia fue Totó La Momposina, quien nos llevó a Barranquilla, a las playas de Salgar, a Montería y al Festival del Porro de San Pelayo. Cuando Totó se alejó de nosotros, llegó un señor de Medellín (se me escapa el nombre) y nos llevó cinco veces a esa ciudad. Hicimos presentaciones en universidades, teatros y en la Plaza más grande de Medellín. Cuando estábamos en Arboletes, siempre veníamos al Festival de Puerto Escondido, nunca nos perdimos un año. Con Santos Valencia no hicimos grabaciones porque andábamos sin productor, no teníamos quién nos abriera, quién nos diera a conocer… estábamos en nuestra parranda porque nos gustaba, pero no sabíamos nada de discos. En Arboletes viví 35 años, hasta que murió Santos Valencia y nos derrotamos como grupo. Allá quedaron algunas compañeras, pero yo me vine otra vez para Cartagena.




Etelvina hizo su aprendizaje, se hizo a camino entre las labores de subsistencia (era lavadora y planchadora de ropa) y el escaso tiempo sobrante para conocer la música que la atraía. Además debió enfrentar los prejuicios machistas de su comunidad. Afrontando siempre los cercos de la pobreza, Maldonado ha compuesto una obra en la que sobresale la sencillez y la espontaneidad de la interpretación.

Entre 2001 y 2002 hizo parte del grupo KASABE, un proyecto musical nacido en Cartagena para difundir la música tradicional costeña entre ellos ritmos como gaitas, chalupa, puya y otros géneros, con la base de un grupo de tamboreros, clarinete, saxofones y gaitas. Con este grupo hizo conciertos en Cartagena y Bogotá. En 2003 creó su propio grupo de música. Ha hecho parte del proyecto “Alé Kumá”, con quien grabó CANTAORAS, un trabajo discográfico que recoge el testimonio musical de mujeres del Caribe y el Pacífico.

Cuando regresé a Cartagena me encontré con Miguel Salgado, un joven pariente de mi esposo, quien me dio unas luces importantes sobre mi oficio de cantadora. Entonces le fui poniendo más cuidado al bullerengue y a Miguel se le ocurrió un proyecto que se convertiría en mi primer disco: KASABE. Esta grabación la hicimos acá en Cartagena hace como ocho años, yo intervine con dos canciones: “Juanita la remendona” y “Macaco”. En KASABE hay gaitas, bullerengues y un son que canta Estela y una señora que vive en Torices. Además están Stanley, Luchito, Migue, Orlandito y Arbolito, mis queridos muchachos.

Mi segunda grabación fue con el grupo Alé Kumá, en un disco que se conoció en todo el país llamado CANTAORAS. Ese asunto fue así: Ellos vinieron a Cartagena buscando a una persona que cantara bullerengues, Stanley les habló de mí, nos conocimos, nos acoplamos, yo les grabé un casette que se llevaron para Bogotá. Vieron que sí podían hacer la grabación y me vinieron a buscar. La grabación la hicimos en Bogotá con el difunto Batata. Fue una experiencia muy bonita, porque como yo todavía podía tomar ron, estaba inspirada. Tenía la garganta contenta, usted sabe, cuando uno se toma un trago tiene como más fuerza, más ánimo.

Ahora no tomo, me lo prohibieron, pero ahora de pronto le pido a la doctora que me autorice a ver si me tomo uno. Me gusta el ron, pero el ron añejo. Esos otros traguitos que hay por ahí no me gustan. Si me voy a tomar cinco tragos o una panchita de un anisado, mejor me tomo tres copas de añejo y ya, estoy contenta. Yo con dos tragos que me tomo ya, no necesito emborracharme. No es sino cuestión de darle ánimo a la garganta.


Es innegable la calidad artística y humana de esta señora de 71 años, abuela de muchos nietos, quien se precia de querer y darse a querer de sus compañeros de trabajo, siempre dispuestos a hacerla feliz. A continuación nos habla del difunto Paulino Salgado - más conocido como Batata -, de las CANTAORAS y músicos del proyecto Alé Kumá, así como de sus canciones incluidas en ese disco.

Con Batata nos conocíamos de muchos años, porque él era de Palenque y yo iba mucho allá. Además él es primo hermano del marido mío. Así que siempre estábamos tratando, era muy buena persona Batata. Los músicos de Alé Kumá son de Bogotá, pero no tengo queja de ellos: tratarme más bonito no han podido, nunca me han llevado a dormir a hotel cuando tenemos grabaciones, sino siempre en su casa. Con Benigna, Gloria y Martina (las otras cantaoras) nos queremos mucho, me mostraron mucho amor, mucho cariño, me siento muy contenta con ellas en ese disco. Mis canciones en CANTAORAS son: “¿Por qué me pegas”, “Si se quema el monte”, “Camisola” y otra que grabé – sin ser mía - fue “Negro mirar”.

“¿Por qué me pegas?” la compuse al ver a una señora que le estaba pegando a su hijo y yo me concentré en el modo del hijo hablarle a su mamá: con aquel dolor, con ese sentimiento… yo me fui grabando ese llanto, me lo fui grabando en la mente mía y lo fui componiendo en canción. De ahí saqué “¿Por qué me pegas?”. Yo conozco a la señora, era mi vecina, muy tratable, se llama Esther, de Arboletes. Ella no lo sabe, porque cuando yo la terminé de componer ya ella se había ido para Medellín, y cuando regresó yo estaba acá en Cartagena. De pronto ahora ha oído el CD porque yo le mandé el CD a mis pelaos. Esa canción la compuse hace rato, va a tener 21 años.

“Si se quema el monte” la compuse cuando se estaba quemando una paja en Arboletes, llegó un compañero y le dije: “Ñércole!, vea compañero que se va a quemá el monte”. Entonces él me dijo: “Nombe! Eso ahorita le sale otra vez, déjalo que llueva, vuelve y retoña”. De ahí me agarré. “Si se quema el monte” es una canción alegre, esperanzadora: No importa que se queme el monte, que el vuelve a retoñar. La compuse hace como 40 años. La había cantado en varias ocasiones, pero vuelvo y le digo, no le ponían aquel amor a la cosa, porque como ajá la estábamos cantando por ahí… pero ahora con el disco le puse amor a mi música.

“La camisola” la saqué de aquí de La Popa. Eso fue que una muchacha iba pasando y entonces una señora viejita le cogió la camisola y como eran amigas, le dijo jugando: “bueno, aquí es que me las va a pagá, va con su camisola arrastrá, con su pollerín afuera”. Entonces de ahí saqué la canción.



¿A qué le atribuye su inspiración?

Mis canciones son de inspiración divina. Yo misma cuando me concentro a cantar una canción, yo misma me siento… por ejemplo con “¿por qué me pegas?” yo lloro… cada vez que la canto, lloro. Pero cuando la grabé no lloré porque estaba bebiendo ron… esa es la cura. “¿Por qué me pegas?” traté de hacerla tal como el niño le lloraba a la mamá, por eso tiene esa tristeza. El niño le reprochaba a la madre: “¿Por qué me pegas mami si yo a ti no te he hecho nada? Si los otros pelaos me están molestando, yo no tengo la culpa”. Le pegaba con ese fuete tan duro... Yo traté de componerle la letra pa buscarle su acoteje. Es que cuando les van a convenir las músicas a uno, Dios le pone el entendimiento como debe ser.


Háblenos de algún suceso de su vida de artista que la haya marcado.

De muchos recuerdos que tengo en mi memoria, yo recuerdo muy especialmente la experiencia del Festival de las Artes en Cartagena. Me gustó mucho, porque me sentí muy querida. Yo no tengo queja de la organización en ninguna presentación. Mis compañeros siempre me las hacen disfrutar para que me quede un buen recuerdo. Pero en el Teatro Heredia me sentí especialmente feliz porque todo el mundo me dio alegría, además el escenario es muy bonito. He cantado varias veces más allí, pero esa primera vez fue muy especial.


¿Qué piensa de Petrona Martínez?

Petrona es mi gran amiga. Pero estoy resentía de ella, porque yo la llamo y ella no me llama. Eso me duele y me parece a mí que me le estoy metiendo en el corazón para que ella me quiera. Cantamos juntas una vez. Ella me invitó al Teatro y ahora que está ella con Rafael Ramos, hicimos juntas una presentación. Yo siempre he tenido la precaución de saberme sobrellevar las personas. No sé si ellas se sientan bien conmigo, pero yo sí me siento bien, porque yo trato de comprender a las personas en su canto y en su manera de ser.


¿Qué es el bullerengue para usted?

El bullerengue es una emoción grande para mí. Es lo mejor de mi vida. Yo espero que la juventud lo oiga y lo disfrute. Yo siempre que hago mis presentaciones les digo a los jóvenes que amen la música propia. Cuando yo vine al mundo, cuando yo abrí los ojos conocí fue el sexteto, el bullerengue y la música de viento. Eso le digo a los jóvenes: que no deben dejar perder nuestra música, porque esa es la propia música de nosotros los negros. Es la música de todo el que la aprecia, porque el que no la aprecia vive engañado y cuando trate de apreciarla ya no sirve. Mi música es esta y les he dicho a mis hijos que el día que me muera, que Dios me recoja, que no me guarden luto… que me lleven al cementerio con bullerengue, con sexteto, con gaitas… si hay música de viento, como sea… y que dentro del ataúd, al costado mío, me metan una “panchita” de ron Medellín destapada (risas)… para llevármela en el recorrido.


¿Ha cambiado mucho el bullerengue con los años?

Cuando yo abrí los ojos el bullerengue era cantado apenas por mujeres, los tambores si los tocaban los hombres. El baile lo hacía una pareja: Hombre-Mujer. El uniforme no era blanco como hoy, sino de flores, cuando se usaba la tela de flores. Había de distintas clases: yoryét, tamina, otomana, la resina, la seda fría, sal y pimienta, el gró… esas telas eran de flores… toda de arriba a bajo, lo único que se le ponía en el rizado del pecho era una cinta, blanca si la blusa era roja. Así mismo era la falda. Yo tengo mis faldas de colores fuertes, como los de antes. Con una flor en la cabeza, cualquiera…


¿Cartagena ha sido el lugar apropiado para desarrollar su carrera?

Si Cartagena tuviera en su corazón el bullerengue, sonara por todos los barrios. Pero aquí no suena el bullerengue en ninguna parte de los barrios de la ciudad. Yo no he ido a ningún barrio en Cartagena donde me digan: “oí un tambor y era bullerengue”… me dicen “oí un tambor y era danza…oí un tambor y era gaita”… pero bullerengue no me dices. Entonces el amor al bullerengue se siente es en Santa Ana, se siente en Palenque, en Puerto Escondido… en esas partes así, porque ahí sale uno y el día que le da la gana se sienta en la puerta y formaliza su parranda de bullerengue, en cambio aquí no lo he visto. Aquí nunca he visto en la puerta de un barrio tocando un bullerengue.


¿Va muy seguido a su pueblo?

Tengo como tres años que no voy a Santa Ana. Porque el respeto de antes ya no se da, la juventud de hoy no respeta. Además, mi pueblo ha cambiado mucho porque era de pajita. Ahora no tiene nada de palma: todo es de material.




Ficha Técnica de "Canto y Repique de Tambor":
Músicos: Tambor Alegre: Orlando Oliveros, Tambor Alegre: Víctor Medrano (El docto), Gaita Hembra: Stanley Montero, Bombo: Luis Ramos, Guache: Stanley Montero, Coros: Cecilia Silva, Vania Gelabert y Luis Gonzalez (Luchito).
Músicos Invitados: Yovanis Pérez Chamorro, Braulio Arnold Salgado.
Arreglos Musicales: Luis Gonzalez (Luchito), Orlando Oliveros, Stanley Montero.
Ingeniero de grabación: Rafael Puentes
Estudio de grabación: Eigibi
Ingeniero de mezcla: Álvaro Gallardo
Masterización: Mauricio Gonzalez Varón
Fotografía: Nicolás Herrera Cortes
Diseño: Gaspar Guerra
Productor general: Rafael Ramos Caraballo
Producción: Corporación Cultural Cabildo
Licencia: MTM Discos

marzo 27, 2006

"Betín es una falla de origen": Tomás Betín

Por Juan Ensuncho Bárcena
Fotos de Edgar Garcés

Si yo hubiera sido Julio Cortázar, habría escrito más de una vez este libro. Si yo hubiera sido Charlie Parker, habría tocado el saxo siempre “pasado mañana“. No encuentro mejor testimonio de la pasión por la música y la amistad en el siglo que pasó. Si yo hubiera sido libro, habría sido sin duda El Perseguidor.

Pero como no soy ni Cortázar, ni Parker, ni Perseguidor, me conformo con ser este saco de huesos, hablarles de Tomás Betín y de “Susana forma de darme su amor”, su primer disco como solista.


El Personaje

Tomás Betín hace parte de la generación que creció oyendo Hombres G, Los Prisioneros, Soda Stereo, Charly García y los demás grupos que conformaron lo que se conoció a mediados de los ochenta como el “rock en español”. Esta corriente de renovación musical, proveniente del sur del continente surgió poco después del retorno a la democracia en Argentina, como respuesta a la guerra de esa nación contra Inglaterra por la posesión del archipiélago de Las Malvinas. Guerra que parecía ser la de David contra Goliat, pero finalmente triunfó un Goliat orgullosamente poderoso ante un David poderosamente orgulloso. En plena guerra, las juventudes argentinas inmersas en la guerra fría y en los inicios de la homogenización del mundo alrededor de Mac Donalds y MTV, sintieron la necesidad de expresarse en su propia lengua, aunque con instrumentos prestados a los vencedores. De allí nació el “rock en español”, fenómeno mediático y fonográfico que abrazó a todo el continente.

A Colombia llegaron estos aires de cambio en el gobierno de Virgilio Barco, viejo presidente al que recordamos porque casi no le entendíamos los discursos aún cuando hacía un gran esfuerzo para hablar claro. El país acababa de sufrir los atroces crímenes del Palacio de Justicia, el terremoto de Armero y la visita del Papa Juan Pablo II. Se hablaba de responsables, había mutuas acusaciones y nadábamos en un río de incertidumbre. Pero como los ríos revueltos desembocan en mares no propiamente translúcidos, unos señores - desclasados pero con fortuna - aprovecharon el escenario para hacerse socios de otros señores - desfalcados pero con clase -. Como consecuencia los primeros tuvieron acceso a los clubes sociales, compraron a las reinas de belleza y poco a poco se apoderaron del país. Más tarde aquellos benevolentes fueron denunciados por estos ingratos como “narcotraficantes”. El negocio había sido en vano. Entonces los primeros le declararon la guerra a los segundos y estalló la época conocida como “narcoterrorismo”. Bombas vienen, bombas van, muertos por aquí, muertos por allá. Pero los adolescentes de entonces, cansados del ruido, cogíamos el walkman y nos echábamos a andar por las calles entusiasmados con una nueva música: el rock en español. “En la calle, algo bueno va a pasar, ven sal a la calle, sal a caminar”, era la invitación que nos hacían Juancho y Piyo de Compañía Ilimitada para que dejáramos el pánico y nos tomáramos la ciudad, cualquiera que fuera.

“Siempre oí desde niño Charly García, Soda Stereo, los Beatles, los Stones, bossa nova, Joe Arroyo y Alejo Durán. No soy un gran cantante o un gran músico, soy un compositor que canta y toca sus canciones”, ha dicho Betín.

En Cartagena de Indias, Negras y Mestizas, un jovencito regordete, indisciplinado pero inteligente, llenaba sus cuadernos del colegio con canciones. Tomaba clases de guitarra y teclados motivado por su bondadosa madre, con el descrédito de su impenetrable padre; la razón, de este último: el temible ruido de sus clases se extendía por la tradicional isla de Manga, desde la casa con patio poblado de mangos todo el año.

“Compongo canciones desde los doce años quizá, aunque más en serio desde los dieciséis cuando tuve mi primera banda de rock en el colegio. Nunca duré mucho en las clases ni de guitarra, ni de bajo ni de piano, y de ahí mi feliz atrevimiento de hacer discos y demás. No obstante a este empirismo rampante, sé que debo aprender mucho, más y mejor.”, nos dice Tomás con su honesta modestia.

Al finalizar el colegio, viajó a Bogotá, la capital del país, a cumplir su sueño de artista, pero la ciudad no le sentó bien a su temperamento. Decidió entonces regresar a su ciudad natal a empezar estudios de periodismo.

“Estudié periodismo porque era una buena manera, o alternativa, de ganarme la vida escribiendo, que es lo que más me gusta además de hacer canciones, y a pesar de lo que digan, representan para mí actividades que no distan entre sí”, ha dicho, hermanando el periodismo con la música.

Precisamente en su época universitaria reanudó su interés por la música a través del contagio del virus, es decir, a través de grupos varios que tenían nombres impronunciables como “Inodoro de manzana”.

“En 1998, con cuatro amigos estudiantes de literatura, filosofía y periodismo formamos “Bar”, una banda cartagenera que duró más de siete años y con la cual sacamos nuestro primer disco independiente, “¡Oh Gloria!” del cual hice los bajos, la voz y compuse nueve de los diez temas que lo conforman, entre los que estaba “Viernes 13”, un tema a raíz del asesinato de Jaime Garzón, con cuyo videoclip nos hicimos medianamente reconocidos en el circuito rockero del país.”

De esa época de BAR, son muchas las anécdotas que guarda, especialmente una ocasión en la que descubrió con sus compañeros que el sentido último de la existencia era tomarse un sancocho de gallina, durante la resaca. El hallazgo lo hicieron al interior de un cajero automático, mientras esperaban la gloriosa venida del turno para tocar en un encuentro rockero.

“Con BAR tuve la posibilidad de pasarme un gran y buen tiempo ensayando, conviviendo, aprendiendo, tocando, viajando, emborrachándome, cargando parlantes e instrumentos y recibiendo la expectativa de la gente, sus apoyos y rechazos, siempre maravillosos y contundentes.”

Fueron siete años de buenos tiempos, complicidad, hermandad y uno que otro problema típico de cualquier banda de rock. Por ejemplo, con el vocalista de esa época a quien se le subió el estrellato a la cabeza antes de sonar siquiera en la vecina población de Turbaco. Por supuesto, salió de la banda. Pero no fue el único, cuatro años después de su salida, la banda se desintegró. Cosa que a Tomás le planteó un reto.

“Dos meses después de haber terminado de grabar los diez tracks, se terminó BAR, el grupo con el que supuse íbamos a sacarlo –y que hubiera sido nuestro segundo álbum-, entonces tenía tres opciones: guardarlo en un cajón, sacarlo con el nombre de un grupo que ya no existía o sacarlo con mi nombre. Y me sonó rarísimo, altanero y avasallante, pero ahí está. A finales del año pasado publiqué “Su sana forma de darme su amor”, mi primera producción como solista, luego de la separación de BAR. Este es un disco de diez temas diversos y de los que puedo decir que hice con mucha libertad y frescura.”

Lo que más sorprende de Tomás es que, después de tantos años de ser su amigo aún no me atrevo a catalogarlo, a ponerle ninguna etiqueta, prefiero que lo haga él mismo.

”Me puedo autocatalogar como un cantautor rockero, caribe, cartagenero, colombiano, que trata de hacer música sin pensar en los mercados, en los géneros, en las susceptibilidades, es decir, trato de ser honesto conmigo mismo porque me parece que es la mejor forma de respetar al público. Trabajo obsesivamente en las letras y trato de no ser facilista con la música.

“Haré música toda mi vida, de una u otra forma, porque es lo que hago y es lo que soy. Mejoraré en el futuro y me reiré de mí después, para no llorar y para no fastidiarme, o al menos lo pensaré en el saludable intento.


El Disco

Después de escuchar muchas veces, una y otra vez, durante varios meses, puedo decir que “Susana forma de darme su amor” es un disco que tiene la fuerza, el carisma, la ternura, el dolor, la ruptura y la coherencia para llegar a ser símbolo de comienzos de siglo en nuestro país, incluso en nuestro continente; referencia para conocer una nueva generación de artistas que no traga entero, a pesar de los “reality shows”, la globalización, el Tratado de Libre Comercio, la reelección presidencial y otras falacias.

“No están concebidos los temas con una intención a priori de ser protestas sociales ni propuestas comerciales. Simplemente son el resultado natural de una “sana” libertad de creación que me permite desaburrirme de mí mismo y de los motivantes esquemas. Son canciones del alma, hechas con más calma, que no son bobas, ni están al servicio del “mal del mundo”. Son músicas y letras sobre diversos temas: el amor, el humor, la injusticia y los injustos, el dolor, la locura, la sensualidad y la muerte.”

Betín tiene claro cuál es su mensaje. Qué es lo que dice y quiere decirle al mundo, a pesar de que muchos prefieran el ruido.

All you need is love, dijeron los Beatles, y es cierto. La palabra “amor”, tan sólo en su condición de palabra, es muy poderosa a través de todas sus variables y aplicaciones, por eso le puse así al segundo track y al disco, y decidí que ese segundo era el primero que había que mostrarle a la gente. La robada teoría del “mal del mundo” es lo contrario a la del “love is all you need”, y su praxis es el hábito de todas las cosas que se hacen sin alma, que se hacen sólo con el impulso premeditado de ganar dinero a cualquier costo, de adquirir poder, fama, vanidad y otros pecados postcapitales, y va desde hacer música hasta fabricar plásticos en una empresa, desde vender gafas en la playa hasta escribir guiones para televisión. “

En apariencia humorista, cómico, liviano, las palabras de Tomás nos conectan con eso de utopía que aún persiste en los jóvenes de un continente con ganas de crecer, de cumplir con su destino. Heredero de las conquistas de la generación que le precede, Betín es contundente al hablar de la sociedad de consumo, eso que tantos y tontos proclaman como la única verdad posible.

“En el caso del arte su alcance es nefasto, porque tienes la posibilidad de influir directo a la cabeza y al corazón de mucha gente, y si le haces el juego a eso, terminas siendo un perpetuador de los artificios de nuestro tiempo, acabas por publicitar el consumo, la banalidad, la indolencia, la belleza inútil y las modas pasajeras. Y es posible, en cierta medida, que resulten peores conductores de nuestra sociedad estos comportamientos que el terrorismo o la delincuencia, y quizá hasta los originen en el enfrentamiento con las dramáticas carencias de mucha gente en el planeta. Así que hacer estas canciones provistas de amor me pareció bien.”

Las diez canciones del álbum son distintas las unas de las otras. No hay dos que se parezcan, sin embargo, en todas hay unidad de criterio, de corazón.

“El primer tema, Shakespeare, pasó de ser una broma sobre los clichés de las canciones de amor a convertirse en una de ellas. Su sana forma de darme su amor es un tema sensual, de mucho juego, jugo y sabor. Tu querer en el viento es un tema que nos gusta tocar –a la banda- y que está en otro ámbito de expresión con respecto a los demás. Interior noche es una bonita historia con la ventaja de la simpleza interpretativa. Caja menor es la historia real y del día a día de los niños de la calle, y lo único que me acuerdo del niño que la inspiró es que cargaba un muñeco de Batman por toda la Avenida San Martín. Let’s play fue un intento de burlarnos de nosotros mismos, de BAR, como banda supuestamente contestataria y otras cosas más, cuando se empezaban a llenar los conciertos de niñas de buena familia. No me jodas es la canción más puesta en perspectiva contra el sistema de gobierno del mundo civilizado, el cual carece de toda sensibilidad. Canción irreal es posiblemente un atisbo de lo que opinen los muertos de la guerra en Colombia y de nuestros reyes. Dr. Oga intercede por la legalización de las drogas como camino hacia las libertades y hacia el fin de una de las violencias más en boga. Y Libia, hecha en vivo con un primitivo pianito rhodes, es un regalo para Libia, quien es un regalo para mí.”

Al preguntarle sobre alguna técnica compositiva, o sobre la planeación de su segundo disco, Betín saca a relucir su espíritu divergente.

“Me gustó hacer las canciones sin pensar en un género musical, sólo en música. Aunque me no me disgusta pensar que provienen del rock n’ roll, también soy consciente y disfruto siendo consciente del Caribe y el folclor colombiano. No me arrepiento de poder ser un atrevido hilarante que ahí les pone unas canciones, menos esquizofrénicas que yo, desde mi alma hasta las suyas, y bolsillos también, tan independientes como el disco, porque lo que necesitamos es amor, sano y de qué forma.”


La Entrevista

Después de mucho darle vueltas al asunto, entrevistarlo un par de veces con grabadora en mano, hablar, hablar y hablar mucha carreta sobre el disco, sobre la música, sobre el cielo, el infierno y el purgatorio, es decir, luego de hablar mucha mierda como decimos en la costa, se me ocurrió que la mejor forma de obtener respuestas de un amigo es a través del Chat.

Lo cité entonces un domingo a las 11 de la mañana, con el temor de que alguno de los dos incumpliera por el respectivo guayabo, pero, increíblemente estábamos sobrios y listos para el encuentro cibernauta, puntuales.

Listo, viejo, gracias por aceptar esta entrevista vía-Chat... ¿qué te Tomás?

Lo que sea que no se apellide Betín.

¿Te tomás algo en serio? digo, ¿qué te produce seriedad?

Las entrevistas.

¿Qué te provoca risa?

El espejo.

¿En qué estado estás ahora?

En uno de los desunidos de Suramérica.

¿Desunidos o desnudos?

Desayunados.

¿Arrancamos con la política? o terminamos acá?

No sé.

Digo, hay una constante preocupación política en tus letras, es en serio, en broma, hace parte de tu estilo, es un gancho para llegar a más gente o ¿todas las anteriores?

Ninguna de las posteriores, yo no sé si es políticamente correcto, pero es real, está en la realidad, yo no me lo tomo como un tema, como que voy a hablar de “las coyunturas del ánimo de los cocodrilos en Chinú”… no, hablo de las cosas porque me parece que tengo, quiero y puedo hacerlo.

¿Betín es de origen italiano? francés? español? o incierto?

Betín es una falla de origen.

¿Y dónde está la falla?

En los demás, por supuesto...

Hablemos de los orígenes... ¿cuál era tu puesto en el bus del colegio?

Uno que estuviera vacío.

Empezaste con lo de la música en el colegio… ¿quién fue el o la culpable?

Mi abuela, que me cantaba de todo en la hamaca del patio de mi casa, y mi papá también. Mi mamá me compraba instrumentos de juguete, y luego oigo al Joe y Menudo, y hay una cosa indescriptible en la sensación que ese sonido te produce y creo que automáticamente yo quería producir esa sensación en los demás, y sabía que podía hacerlo, como todo buen neurótico. Empecé en el colegio con una banda de amigos, muy mala, sin hacer mis canciones, sólo algo del heavy metal o hard rock del momento. Nos llamábamos "Eduardito y los pelo rucho".

... ¿y quién era eduardito? ¿Y los demás?

En realidad yo conocía bien a Freddy Succar, un amigo del colegio a quien le gustaban los Gun's and Roses, que no me mataban, pero quería tocar ya en una banda, supongo que tenía como 14 o 15 años… entonces él tocaría la guitarra y yo el bajo. Necesitábamos un guitarrista talentoso de verdad y un baterista, y el guitarro era Eduardito Bossa, un gran talento, y el batero no me acuerdo, pero eran dos integrantes de otra banda que se llamaba "Pacman, el putrefacto" y sólo ensayaban con nosotros de vez en cuando para los toques del colegio y esas cosas, igual creo que esa banda duró como un año, creo.

Tu abuela, tu papá, tu mamá, Joe Arroyo y Menudo son tus más tempranas influencias... ¿qué queda de ellos en tu música?

Lo gay de Menudo siempre estará en mí, irrevocablemente, el Joe tiene esa magia del sabor y lo místico al mismo tiempo, como el bossa nova. De mi abuela, mi papá y mi mamá quedan el arrepentimiento por haberme llevado hacia la música.

¿El músico nace o se hace?

El músico es un impase.

¿Cuándo te convenciste de que eras un músico?

Cuando estudié periodismo. Claro, no un músico, en el buen sentido de la palabra, si no en el malo, claro...

Precisamente es mi siguiente pregunta: ¿por qué decidiste estudiar periodismo? ¿La necesidad de mentirse...?

De mentirle a los demás, es que yo primero estudié dizque publicidad en Bogotá y fue un fracaso, pasaba borracho, loco y solo, así que me regresé con una gran sensación de fracaso a mi casa luego de un semestre. Eso me hizo encerrarme a leer y a putear, y no encajaba, es decir, nunca encajé pero ahora era más nítido el desencaje, luego necesitaba que me dejaran de joder, que era un vago, que no sé qué, como si no lo supiera, y bueno, periodismo, podía vivir escribiendo cosas, y mantenido en mi casa, mientras me embriagaba y hacía canciones, así que por qué no, igual en la universidad conocí buenos amigos, cosas que te ayudan a beber, como tú, ángel, etc.

Ahora, después de dos discos en tu haber, ¿cómo te ves a ti mismo: como músico, como rockero, como cantautor, como un humorista o como un tipo inteligente que hace música...?

Me veo como un cantautor inteligente que hace música, a veces rock y eso me da risa.


¿Es para ti importante el fracaso? ¿Qué piensas del éxito?

El éxito es un almacén, yo creo en la mejor manera de vivir según uno mismo y las circunstancias.

¿... y el fracaso? ¿Qué es?

Es un caso en frac.

¿Qué leías en las épocas de encerramiento?

Libros de superación personal, siempre he leído eso y para eso, de todo un poco.

¿Algún autor al que regreses siempre? ¿Alguno que persigas por instinto? ¿Alguno que no te deja tranquilo después de leerlo?

Tengo épocas creo, a veces Camus, a veces Benedetti, Capote, cosas muy conocidas. Supongo que siempre estoy leyendo cosas que los que leo me impulsan a leer, Whitman es un gran placer, hojas de hierba...

¿Cuál es el escritor más cómico?

Yo creo que Bukowski, por viejo, dolido, infranqueable.

¿El más irónico? ¿El más pesado? ¿El más idiota?

A mí me parece que, en orden: Dostoievski, Borges y yo.

¿En qué sentido te parece pesado Borges?

Porque es muy inteligente, y muy tierno al mismo tiempo, y eso es difícil para mí.

Has escrito un par de novelas, cuentos, poemas... ¿qué ha pasado con tu Literatura?

Que no me gusta tanto como antes, es decir, que lo que leo ahora que escribí antes me causa algo parecido entre el horror y el humor, y no me pasa eso con las canciones que hice al mismo tiempo. Uno tiene cosas que expresar y puede hacerlo por donde pretenda, pero yo prefiero no pretenderlo.

¿Y tus crónicas? ¿Abandonaste el periodismo? Algunos de los autores que lees se movían entre la literatura y el periodismo... ¿lo descartas para ti?

Puedo hacerlo con canciones, igual que la literatura, aunque parezca una respuesta de lugar común, pero es así. No soy un buen periodista, no soy un buen investigador, soy descuidado, pero tengo una intuición poderosa y sé cómo llenar los ambientes de las cosas que quiero decir en las canciones, y no así en la escritura sin música, yo necesito complementar las vainas, no sé cómo explicar eso pero, no sé, soy un periodista musical y un escritor musical, no me molestes más con eso que no estoy de humor.

¿Te molesta o cansa hablar de ti?

No, es una pose, tú lo sabes.

¿De qué posas? ¿De niño bueno? eso te resulta con las chicas, ¿cierto...?

Y sobre todo, con los chicos, y los grandes, ¿ves?, también poso de gay, pero es más por el charm, por la elegancia, yo poso de loco y estoy en un pozo porque lo estoy medio y todo pos oh!, qué problema, en pos de tu salud, o salió la o…

En el mundo de la música de hoy, ¿posar de gay ayuda?

Sí, los gay tienen gran poder adquisitivo y son muy sensibles.


¿Y las chicas? ¿Cómo te va con ellas en los recitales?

Más o menos, tengo novia, y no me esfuerzo mucho por levantar nada. Antes tampoco lo hacía, soy muy orgulloso y espero que aniquilen, y además soy muy inseguro y siempre tengo tufo, así que es incomprensible ese terreno del cortejo para mí, pero a veces me va bien.

Ahora escucho "Libia" ese poema-musical-experimental... ¿has encontrado en ella lo que nunca encontraste?

Sí, ella me hace ser un mejor tipo, incluso mejor que yo.

¿Hacia dónde vas ahora como creador, cuál es tu próximo paso?

Seguir haciendo música. Ojalá que este disco me de para hacerlo. (Nos encontramos dos mil pesos tirados en la calle). Eso es una buena señal. Yo nunca voy a ser un músico que va a llenar estadios ni ese tipo de cosas.

Lo tuyo es más de recital. Para un grupo pequeño. ¿Te ves más como un autor de culto que como un autor de masas?

Sí. Mientras la mentalidad de los medios no cambie, sí. Me veo más cercano a artistas como Pedro Guerra, Spinetta… con Charly y Fito pasa una cosa y es que ellos son conocidos hace mucho tiempo. Por ejemplo, Pedro Guerra no llena estadios, pero cada vez que saca un disco tiene éxito: gente que lo compra, que lo sigue, él se mueve en un circuito de conciertos en España y Latinoamérica. Mientras el mundo y los tiempos no den un viraje hacia lo que fueron los sesentas, por ejemplo, donde les importaban otro tipo de cosas en el arte, en la música y en las ideas sobre la sociedad, mi música será así. Lo que yo espero es poder seguir haciendo música.

¿Con quién te gustaría hacer canciones o estar en un escenario?

Con Charly, pero sería muy fácil que me sembrara una silla en la cabeza. Con muchísima gente, pero me da vergüenza porque mi nivel musical no está a su altura… pero con Spinetta, Calamaro, Sabina, Pedro Guerra, Fito, incluso en Colombia con Vives, Cepeda y con mis amigos: contigo, con Rodrigo, Nino, Norbey.

¿Lo tuyo es una música pa los amigos?

Sí, finalmente uno hace música para los amigos. Una vaina que le escuché a García Márquez que uno hace cosas para que los amigos lo quieran más, y allí hay una serie de complicidades, referencias que están ahí, que son pa los amigos y pa la gente cercana.

Tu nuevo disco suena con la simplicidad, encanto y complicidad de los setentas... ¿has escuchado mucha música de esos años?

Ey, creo que me quedan 5 minutos, es imposible lograr una buena entrevista conmigo, somos amigos y yo nunca soy yo, ni tú tampoco, pero bueno, sigamos intentándolo. Sí, oigo cosas viejas, me gustan los sesentas y los setentas, mucho, y antes de eso el blues y el jazz, y algunas cosas más atrás de nuestra tierra… (La música no da para las entrevistas por Internet).

¿Algo más para comentar? ¿Para aclarar o para oscurecer?

Que te coma el perro, y espero tomar venganza de esto algún día cuando ya no me dé vergüenza ni el periodismo ni mi amistad contigo.

Y yo que quise ser Cortázar…

Visite la página de Betín: http://www.tomasbetin.com