octubre 28, 2005

Capital

Paraíso habitado por fantasmas
nubes de quimeras llevadas por el viento
una lluvia tenaz detiene el tiempo
en tus entrañas

Naciste del vértigo, del oro, de la sangre
has crecido entre el frío de las montañas
el ruido de los motores te calcina

En el desierto has edificado tu reino

Sólo te salvan el canto de los pájaros
el olor de los eucaliptos
y los besos de una mujer sin nombre.


A mi Nana

octubre 11, 2005

El Escritor y La Ciudad

Por Juan Ensuncho Bárcena

He dado el salto. Ahora estoy en “la gran ciudad” de Colombia. Vivo en el Distrito Capital. Soy el ciudadano número ocho millones uno de Bogotá.

Me harté de trabajar sólo para ganarme un sueldo. Ya no tenía motivaciones en Cartagena. La ciudad eréndira y la región de la infancia me han dado cosas maravillosas, pero era hora de partir. Según Ramón Illán Bacca, en el Caribe Colombiano el total de librerías no llega a veinte. Lo que hace pensar que los doce millones de habitantes que tiene la Costa no son muy lectores que digamos. Así que no es lugar para un escritor, a menos que quieras seguir siendo empleado de por vida y publicar uno que otro librito cada cinco años. Pero no es mi caso: me quiero romper el cuero con las palabras y con las imágenes, así que he decidido venirme a la única ciudad del país en la que se puede vivir de eso sin recurrir al terrible “trabajo de oficina”.

Llego con mi pequeño libro de conjuros bajo el brazo y con una maleta “cargada de sueños”, como dice mi mujer. Estoy dispuesto a dar la lucha. Y sé que no será fácil, pero de grandes retos salen grandes victorias. Y por lo pronto no tengo nada más en el mundo sino memoria, palabras e imaginación. Y no tengo a nadie más sino a Ella., mi bella Nana: la mujer de mis mañanas, de mis tardes, de mis noches. Mi mujer sin nombre.

Esa misma mujer que Cartagena me permitiera encontrar en Quiebra Canto, el sitio más bello de la ciudad. La misma con la que bailé “Chan Chan” por vez primera para no dejar de bailarla jamás. Ella, mi Nana. Que es capaz de abandonarlo todo por estar conmigo. Por Ella, con Ella y para Ella daré lo mejor de mí. Para responder como se merece a este desafío inmenso que es nuestra Historia de Amor, que está por encima de todas las convenciones, las máscaras y las segundas intenciones. Porque lo nuestro es lo que hemos estado esperando toda la vida. Porque su cara la vi muchas veces en sueños y porque su nombre me fue revelado un día, muchos años antes de que nos encontráramos.

Hoy, cuando celebramos un mes exacto del encuentro, empezamos nuestra vida juntos. Ya no más búsquedas, ni más patetismo lírico. Hoy es el primer día de nuestras vidas. Atrás quedaron los que fuimos. Atrás quedaron las cenizas de nuestro ser. Hoy, como el ave fénix, renacemos, juntos.

Lo que hemos estado haciendo desde que regresamos a la ciudad es buscar nuestro sitio, nuestro espacio, nuestro “nido de amor”. Hemos visto muchos lugares, de diversos precios, de múltiples condiciones, de variado estrato. Hasta que dimos con una habitación de bella vista sobre los cerros, quince metros cuadrados, baño compartido con una española, en el apartamento de una actriz de teatro muy querida que nos ha caído muy bien y nosotros a ella. Allí hemos decidido comenzar. Esta tarde nos cambiamos.

Mi Nana ha cerrado su ciclo de mujer triste, de hembra a la caza. Yo por mi parte he clausurado mi celibato, mi ridículo estado de hombre solo. Estamos listos para enfrentarnos a esta ciudad implacable, capital de un país descuadernado, en un mundo en el que todo gira alrededor de un eje podrido, el dinero. Estamos preparados para recibir la embestida de tanta gente que no está – ni estará – de acuerdo con nuestra unión. Pero poco nos importa. Ahora nos tenemos.

Y eso hará que la larga vida que nos toca, valga la pena de ser vivida.