junio 24, 2005

Contra el fútbol



Lo voy a decir de una vez por todas: el acto más insensato que puede cometer un ser humano es ver televisión. Pero lo más estúpido que puede hacerse frente al televisor es eso tan masivo, tan vergonzante, tan idiota que es ver un partido de fútbol.

¿Se ha fijado en la cara que pone cuando está frente al vil electrodoméstico chupaneuronas? ¿Alguna vez le han tomado una foto cuando está celebrando una vaina de esas monosilábicas que parece un vocablo de la mismísima prehistoria? ¿Acaso no se ha dado cuenta de la extrema manipulación de la que es víctima y que lo hace comprar gaseosa, cerveza y mil productos chatarra más? Aparte, si usted es hombre, ¿no se ha percatado de que su mujer le pone los cachos cada vez que usted se va con sus amigotes – igual de embobados – al estadio, a la tienda de la esquina, al bar o al centro comercial? ¿Realmente cree que esa boludez colectiva – como la democracia – produce algún tipo de bienestar en su vida?

Si la respuesta es afirmativa a todas las anteriores, lamento informarle que es usted miembro del CCFF (Club de Cabrones Fanáticos del Fútbol). Y bueno, ser cabrón tiene sus ventajas, dirá usted: Hay alguien que le hace el favorcito a su mujer, mientras usted se entretiene viendo piernas, pechos, y torsos de hombre. Y esto se considera una de las características del “macho”. La vaina es realmente sospechosa…

Además, alguien que tome en serio los insulsos comentarios de los periodistas deportivos, las apreciaciones parvularias de los jugadores, la torpe retórica de los técnicos y el denigrante espectáculo de un “hincha” (¿hincha pelotas?) que demora dos días bajo el agua, bajo el inclemente sol, bajo la nieve, o a la intemperie, con el único objetivo de “comprar la boleta”, es porque en verdad que merece su castigo.

Porque no hay cosa que haga más bien a la mujer adúltera, a la ninfómana, a la infiel, que un partido de fútbol. Lo digo yo, que he sido favorecido en más de una ocasión por esos partidos a media mañana, a media tarde o a media noche, en los que el imbécil del marido ni siquiera se da cuenta que su mujer está por fuera, ni el tarado del jefe se fija que su personal está incompleto. Créanme, lo mejor es hacerlo en un baño a la hora del partido: todo el mundo se aguanta las ganas de ir porque “se puede perder una buena jugada”.

Póngase a pensar: ese hijo que no se parece a usted, esos ojos que nadie más en la familia tiene, ese tono de piel, esa “chispa adelantada”, debe ser producto de “un gol” que le ha metido su mujer por andar pendiente de 22 tipos que persiguen una esfera con el único objetivo de patearla, darle un golpe con la cabeza y embocarla en un rectángulo de madera llamado “arco”. El colmo de los colmos es que hay otro pendejo en la cancha que no sigue a la esfera sino a los otros 22, con el fin de sacarles unas tarjeticas de colores y calificarles sus acciones como “malas”, “graves” o “fuera de lugar”.

En verdad que la cosa me deprime de tal manera que no puedo entender que hayamos tardado millones de años en evolucionar para llegar a este “estadio” en el que provoca sentarse a llorar a moco tendido con la esperanza puesta en que alguna vez haya un líder en el mundo que lleve a cabo el sueño dorado de Borges. Y emprenda una cruzada mundial en contra del balón, que tenga como propósito pinchar todos y cada uno de los que existen, hasta que no quede sobre la faz de la tierra alguien interesado en seguir perpetuando semejante estupidez.

Y si a su mujer le gusta el fútbol, no esté tan tranquilo: en realidad lo que ella hace es apreciar las piernas, los pechos y la humanidad de los jugadores. Poco le importa si gana su equipo o el otro: le da igual cuál equipo meta un gol, siempre y cuando el goleador se quite la camiseta. Porque las mujeres son tan bellas, tan discretas y tan inteligentes que se han dado cuenta que es mejor quemar calorías que hacer deporte.

junio 17, 2005

El Escritor Desnudo

Avril X haciendo rutas argentinas


Escribir es la mejor forma de desnudarse. No hay sensación tan placentera, tan libre, tan divertida, como la que se tiene cuando se van dejando caer las palabras, una a una, como accesorios, como prendas de vestir en un striptease… hasta dejarte sin nada más que piel sobre tus órganos.

La desnudez es un asunto milenario, animal, mitológico. Intuyo que los humanos comenzamos a vestirnos demasiado tarde en la noche de los tiempos. Pobres de esos primeros que dieron el salto a la ropa. Ya sé que a todos nos toca vestirnos por razones climáticas, higiénicas o por vergüenza, pero ¿quién no prefiere la desnudez a esas extrañas fibras de algodón que cubren el cuerpo?

Por ello he decidido entrar en un club de nudistas. Y si no existe ninguno en la ciudad, fundar el primero. Mi primera incursión, la ritual, la de iniciación, será este fin de semana en una playa del Parque Tayrona, en las estribaciones de la (Madre) Sierra Nevada de Santa Marta. Como antes fue mi iniciación a las yerbas sagradas. Así que mientras usted esté devorando el periódico del domingo, matando la pereza, pasando el guayabo o soportando esa cosa tan infame que son las visitas y ”paseos” domingueros con perro incluido, yo estaré paseando mis escrotos al viento.

Pero bueno, no crea que ha sido fácil tomar esta decisión, antes tuve que convencerme que no tenía nada de perverso, ni de aberrado, ni era un delito querer mostrar mis escasos atributos al sol. Además tuve a bien encontrar cómplices.

Primero fueron un par de chicas divinas que hacen nudismo urbano en Barcelona. Ellas son Avril X y Nupy. La primera, argentina, la segunda, catalana. Y ambas son tan adorables, tan libres, tan espontáneas y hermosas que me dieron el coraje para querer hacerlo yo mismo también. Lo del nudismo de ambas empezó desde hace dos años, cuando Paula Brindisi (ahora Avril X) llegó a Barcelona luego del descalabro económico de su país. Ella, modelo, actriz y performista se encontró consigo misma en las calles de una ciudad siempre dispuesta a la libertad y al goce. Y se le encendió el bombillo. Ahora tiene una página web llamada URBANUDISMO
en la cual publica las avanzadas nudistas en Barcelona, Buenos Aires, Cataratas del Iguazú, Rutas argentinas, etc.

Antes de Avril X, la chispa se le había encendido a Spencer Tunick, famoso fotógrafo neoyorkino que se la pasa viajando por el mundo con el único objetivo de desnudar multitudes. Spencer ha logrado desnudar a cientos de miles de personas (sin desnudarse él) de los siete continentes, tal como lo muestra el magnífico documental “Naked World” de Arlene Donelly
.

A lo mejor a Avril X le sucedió igual que a Nupy, quien me contó que su “primera vez” había sido en la foto que Spencer Tunick tomó frente al Instituto de Cultura de Barcelona. Seguro que Avril estuvo allí también y luego quiso hacer lo suyo, buscó gente y empezó esa gran manifestación de la libertad que es URBANUDISMO, a la cual me uno como performista a partir de hoy mismo. Ahora que el director de la revista SOHO me ha jugado una broma pesada, haciéndome creer en la posibilidad de ir a Barcelona para escribir una crónica sobre el nudismo de estas chicas. Ahora que todo parecía indicar que el caso estaba cerrado. Ahora, de las cenizas, se levanta el ave fénix...

Y propongo a Cartagena de Indias como escenario para el próximo acontecimiento nudista global. Por varias razones: por el erotismo natural de la ciudad, porque aquí todavía hay mucha gente moji-gata, porque estamos en un país en el que un cuerpo desnudo en público casi siempre es un cadáver y, claro, por el insoportable calor de siempre... ¿Te le medirías?