abril 23, 2005

La solemnidad en Cartagena de Indias





(A propósito del Día del Idioma)

Por Juan Ensuncho Bárcena

Un día cualquiera tuve la necesidad de llamar a la Alcaldía Mayor. Mi intención era conocer los nombres de los tres alcaldes locales para enviarles una carta. Busqué en el directorio telefónico - entre los muchos números de la casa de gobierno distrital - el que me pareció más apropiado para marcar. Lo hice. Contestó una voz grave, masculina, fuerte:

- Oficina de solemnidades.

De inmediato le expresé mi solicitud, a lo que el funcionario me respondió:

- Señor esta es la oficina de cementerios.

La respuesta me dejó muy confundido. Confieso que he estado distraído varios días en la oficina, mirando largo, pensando en el tema. Algo no encaja. Según los académicos de la lengua, solemnidad es cualidad de solemne. Acto o ceremonia solemne. Festividad eclesiástica. Cada una de las formalidades de un acto solemne. Está incluida desde una procesión, una junta, una audiencia, una posesión, hasta –efectivamente- unas exequias. Pero para los gobiernos de la ciudad – no sé desde cuándo ni sé con qué pretexto – es una oficina en la que se atiende aquellos casos en los que la pobreza de una familia no le permite enterrar dignamente a su difunto. "Pobres de solemnidad" es el nombre del programa. Algo seguía sin encajar.

La expresión me condujo nuevamente al diccionario... ¡Qué terquedad!. Pobre de solemnidad: el que lo es de notoriedad. No podía menos que ocurrírseme una rápida conclusión. A los pobres en exceso sólo se les atiende cuando van para el cementerio. Mejor dicho: hay que morirse para existir. Cioranesco.

Pero allí no acaba todo, faltan los gusanos. Los mismos señores de la Real Academia Española me comentan que según el Derecho, Solemnidad es el conjunto de requisitos legales para la validez de los otorgamientos testamentarios y de otros instrumentos que la ley denomina públicos y solemnes. Ahora, el problema que se plantea es la tramitología – mi computadora no acepta la palabra, prefiere “traumatología” – para cumplir con los requisitos legales y poder finalmente recibir el cuerpo sin vida del pariente que seguramente será su único testamento. No deja de ser macabra la cosa.

Si esta fuera una sociedad seria el debate se habría dado hace rato. Porque considerar que lo único solemne es la muerte es casi lo mismo que aceptar que no hay nada sagrado, que nadie merece respeto, que la sabiduría es un concepto poco académico, o que el camino de la lucidez está abandonado – si es que alguna vez fue recorrido. No hay derecho, hay torcidos. Solemne disparate.

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