febrero 22, 2005

Mi Vida con Ellas




Empezaré por rendir un tributo a mi primera mujer: Nohorys Sofía. Delgada, 31 años, casada, madre de tres hijos, dulce, buen sentido del humor, de piernas torneadas, senos blancos y mirada ensoñadora. Este amor nunca lo he perdido. Fue el primero y el más grande que he tenido.

Luego amé a Juanita, una señora mayor que me besaba y me consentía. Ella tenía un ejército de nietos que hacían destrozos en mi casa. Me sentaba en un banquito a cuidar el árbol de guayaba agria que había en el centro del patio, porque no permitía que nadie arrancara un fruto antes de que se madurara. Vestía de flores, pasaba sus tardes apacibles sentada en una mecedora, acariciando las cuentas de un rosario.

A medida que aprendí a hablar, que podía gatear y caminar, seguía conquistando corazones. No había mujer en la cuadra que no me abrazara, me cargara, me regalara besos. Incluso algunas hasta les gustaba cambiarme de pañal. Era amado especialmente por Erika del Carmen, niña de ojos grandes, cejas pobladas, sonrisa franca y cabello lacio, hasta la cintura. Ella se mantenía todo el tiempo conmigo. Y yo amaba tanto estar en sus brazos que lloraba para estar con Erika. Pero ella entró al kinder y me cambió por los cuadernos. Entonces llegó Rosa. Negra, gorda, olor a tabaco, tetas descomunales y un alma que no le cabía en su gran cuerpo. Me cantaba canciones de otros tiempos. Y me hacía cosquillas. Pasaba todo el día jugando, corriendo de un lado al otro. En la infinita irresponsabilidad de los dos años.

Una mañana de febrero nació Nohorys María, una bebecita de rasgos finos que me sorprendieron de repente. Fue amor a primera vista, a pesar de que me quitaba un lugar de privilegio en la casa. Nohorys era la adoración del barrio, de cabellos relucientes, del mismo color del sol.

Éramos todos felices, pero todo cambió de un momento a otro. Recuerdo que fue en Navidad, con la llegada de la luz al pueblo, cuando crecimos todos: mamá, papá, hermanas, hermanos, primos, tías, tíos, amigos de la calle. Murieron los abuelos, nos fuimos de la casa, abandonamos el patio donde conocimos la alegría, el callejón donde alimentábamos palomas, la primera piscina que nos construyó el abuelo. El tiempo pasó y fuimos expulsados del paraíso.

En el bachillerato llegaron las primeras novias. Entre el acné, el álgebra, los bailes en la casa y las esquelas, me enamoré de muchas. Una tarde de brisa besé a todas las del curso. De ahí en adelante no he hecho sino amar a las mujeres. Las he amado tanto que por muchas razones me mantuvieron vivo. Me ayudaron de mil y una maneras a soportar mi adolescencia, mis crisis existenciales, mis días tristes, mis noches de lluvia. Por eso he querido desde siempre encontrar a la que me haga regresar al paraíso. Topármela en una esquina, en una oficina, en un viaje, a la mujer que hará añicos mi aburrido celibato. Pero como no llega, me consuelo pensando: Mejor no amar-gar, ni ser amar-gado.

Ya no me interesa tener una esposa. Ahora que he vivido entre mis amigas las putas durante un mes, sueño con amar, sin permisos, ni títulos de propiedad. Sin compromisos, siquiera. Ser simplemente amante sin pedir nada a cambio. Ser amante es saberse polvo enamorado, sentir que el erotismo supera todas las obligaciones. Una relación así tiene un fin en sí misma: no necesita desarrollarse... se vive en un eterno presente. Los amantes nunca terminan, porque nunca comienzan. No esperan nada, sólo dan. No quieren tener hijos, se saben únicos: no se quieren repetir. No se buscan, se encuentran. Como dos briznas de hierba en el aire.

2 comentarios:

Blair dijo...

la considero una excelente y espectacular "historia" si así se pudiese llamar; simplemente me gusta mucha y te corrijo, el hombre, por mas que viva y le de vueltas a la vida, necesita de una mujer que lo ame y lo llene, una mujer que se le note en los ojos el alma y el espiritu transparentes y llenos de luz.
no la busques, ella llega cuando tu menos te lo imagines.
Blair Stella Sanchez

Anónimo dijo...

la vida y las ilusiones......... eso es vivir, estar lleno de locuras tratando de convencernos que todo es algo pasajero...... solo hay q esperar q dios no s tiene una vida......... vacano, escribes muy vacano