enero 09, 2018

MEMORIA DE CARACAS

Caracas, enero de 1958. Foto: Leo Matiz.

Zipirifiiiiii, escuchaba a lo lejos, cabalgando desnudo sobre el aire, no tenía idea de que fuese la cafetera. ¿Acaso preparé café o es un tren en camino avisándome?.

Como nadando sobre el aire y de pecho, mis pies se veían tiesos y no había movilización. Trataba de mirar hacia atrás pero, el cuello tenso y una cadena gruesa alrededor de él, me impedía voltear hacia mí.

Alfileres de colores comenzaron a lloviznar. Se clavaban en mi nuca, parecían aguijones de avispas. Detrás de los lóbulos de mis orejas y entre las fosas nasales, sentía pinchazos terribles que me hacían gemir. Zipirifiiiiii. Hasta temblaban las paredes. Los alfileres comenzaron a resbalar desde mi cuerpo e iban cayendo como a un pozo sin fondo. Lo observé con ojos bien cansados.

De momento, mis pies se torcían de un lado al otro; sentía que los huesos se resquebrajaban. Zipirifiiiiii.

Mis glúteos se inflaban y parece mentira pero no podía respirar. Todo mi cuerpo se golpeaba contra una pared y Zipirifiiiiii.

Aquel sonido aterrador hacía sangrar mis oídos. Yo no veía luz, me sentía cansado, abrumado, extremadamente agotado.

¡Ay!, otro pinchazo sobre mi párpado izquierdo y el abrumador sonido.  Zipirifiiiiii.

Ni soñar es fácil fuera de casa.


Por Iván Garrido Montiel