julio 03, 2016

Esto no es Valledupar. Es San Pelayo.



El cartel no prometía. Como suele suceder para estas fechas, mucho acordeón en el escenario y poco bombardino. Absurdo, siendo esta la casa del Festival Nacional del Porro.

Uno de los dos afiches de la noche promovía el “Concierto internacional de Alborada” y tenía al cantante dominicano Sergio Vargas como artista principal, además de un cantante de champeta y tres vallenateros. El otro afiche, más escondido, anunciaba un “Gran concierto de bandas” con la Súper Banda Original de Manguelito, la Banda 20 de diciembre de Cotorra, la Banda San José de Toluviejo y la Banda Aires de La Madera.

Mi familia y yo llegamos, con la camiseta puesta, a las 10 pm procedentes de San Marcos, La Perla del San Jorge. A esa hora sólo pudimos disfrutar una parte de la presentación de la Banda Conmoción de Santiago de Chile, que hizo una muestra de su trabajo musical y coreográfico cercano a la cumbia andina y otros aires del sur. El público les obsequió merecidos aplausos.


Según supimos después, la Banda Aires de La Madera, homenajeada este año, ya había intervenido en el Gran Escenario “María Varilla”, mucho más que una simple tarima. En ese momento me encontré con Rafael Ramos, director del “Mercado Cultural del Caribe” que se realiza en Cartagena a finales de noviembre. Rafa iba de salida porque no le interesaba lo que iba a suceder de ahí en adelante. Le insinué que se quedara porque también iba a haber Porro. Por fortuna no me hizo caso.

Se subió el primer vallenatero. Muy aburrido. Luego el champetero con juegos pirotécnicos y baile. Muy entretenido. Después el show central: el cantante dominicano Sergio Vargas. Uno de los grandes del merengue que marcó una época y un estilo. Tuvimos el Honor de bailar sus canciones, corearlas y recordar aquellas épocas de adolescencia y fervor. Incluso hubo tiempo para un par de fotos, antes de irse al aeropuerto, adonde van todos los artistas.


Después se subió otro vallenatero. Mayor que el anterior. Igual de aburrido para mí. Comencé a sentirme estafado. ¿Dónde estaban las otras tres bandas que anunciaron?. Si hubiera querido escuchar eso, ¡Dios me libre!, habría ido a Valledupar. No a San Pelayo. Entonces recordé aquellas palabras que suelen usar. “Esto es lo que le gusta a la gente”. Y les repito: esto le gusta a la gente porque es lo que le ponen todo el día en las emisoras de quinta que suenan en todo el caribe y también en el Sinú. Estética horrenda impuesta por una organización radial que hace parte de lo que llamo “El imperio CharCo”.

Según los programadores de esas emisoras, el caribe es una extensión sonora del cesar y la guajira. En su programación jamás se escucha, ni por error, un bullerengue afro, un fandango sinuano, una gaita montemariana, un porro sabanero, un pajarito, una tambora momposina, una chalupa, un sexteto palenquero, un chandé ribereño. Para ellos todo es caja, guacharaca y acordeón. En tiempos de paz, los dueños de esa organización deberían asumir su responsabilidad en los niveles de baja autoestima, violencia y machismo que hay en el Caribe. Y comenzar por educarles el oído a sus programadores. Para que no sigan considerando que el pueblo solo merece lo peor.


Volviendo a San Pelayo, con ganas de Porro, mi familia y yo nos dirigimos al Parque Principal para ver el comienzo de la Alborada. Allí nos topamos de frente con eso que nos habían estado escondiendo toda la noche. Yo no pude contener las lágrimas. ¡Cuánta emoción escuchar “Soy pelayero” en ese momento!. Me dirigí al frente de la Iglesia, me puse de rodillas y mirando al Cielo agradecí al Altísimo, al Rey de Reyes, por permitirme el inmenso Privilegio de estar allí.

Las lágrimas no dejaban de correr por mi cara. Pasaron varias bandas venidas de varios rincones del país. Alrededor muchos jóvenes disfrutando, bailando, guapirreando. El Porro es una tristeza honda que se baila con alegría y elegancia. Y que se grita en silencio. Y ocurre el encuentro con los amigos. Los viejos, los nuevos. El abrazo con La Familia. La gratitud infinita con nuestro Padre por habernos inculcado este Amor por el barro del que estamos hechos. Cuando terminaron de pasar las bandas quisimos volver al Gran Escenario.


Pero era casi imposible. La carretera había sido tomada por miles de miles de almas unidas por la Gracia de la Música. Todos íbamos hacia el mismo lado. No avanzaban los autos. Le pedí permiso a mis hermanas, a mi cuñado, a mi sobrina y su amiga para bajarme e ir caminando. Bajé la mochila, con la cámara, puesto el sombrero zenú, saqué mis gafas oscuras y una camisa para ponérmela encima de la camiseta y mitigar el frío del amanecer.

Así llegué al llamado “Complejo Cultural”. Ya despuntaba el día. Varios músicos de banda se devolvían al pueblo, decepcionados. Ante mi sorpresa uno de ellos me dijo: "Ya esto no es Festival del Porro sino vallenato". Mientras tanto, el último vallenatero seguía en escena, como si nada pasara. Pretendía que La Gran Banda – espontánea formación característica de La Alborada – le sirviera de acompañante. ¿Qué tal? ¡Una tradición musical milenaria y sublime a punto de ser rebajada de esa manera!. Algo en mí no pudo soportar la indignidad. “¡Bájese ya! ¡El Porro se respeta!”, le grité por uno de los micrófonos. Entonces se me vino encima uno de sus fanáticos, a insultarme y meterme miedo. “¡El Porro se respeta!”, insistí. Y vino el mismísimo cantante, endemoniado, a decirme “Cachaco”. Le dije: “No te engañes. Soy de San Marcos y ¡El Porro se respeta!”. Entonces, micrófono en mano, trató de manipular a su público. Y cometió la total falta de elegancia de decir que San Pelayo le debía un homenaje porque ha grabado dos o tres temas. ¿Qué tal el personaje tan pretencioso? Y dice ser un “caballero”. Si es así, que sepa que El Porro es El Rey. Y El Rey se respeta.


‪“Quisiera saber si a la tarima Francisco El Hombre, en pleno festival vallenato, sube una Banda de Porros”, comentó alguien. “Nunca he ido, pero creo que no”, respondí. Va siendo hora de que nos sintamos Dignos de ser quienes somos. No tenemos que envidiarle Música ni Identidad a nadie. Esto no es Valledupar. Es San Pelayo. Y lo nuestro es El Porro.

Un grupo de policías se me vino encima, con intenciones de hacerme bajar del Escenario. “¿Me van a bajar a mí?”, les pregunté. “¡Quién tiene que bajarse es él”, les dije. Al tiempo sucedía un lamentable incidente de agresión a una periodista, por parte del exalcalde de San Pelayo, actual Secretario de Salud de Córdoba. Eso no tiene presentación ni justificación. Debería pedirle disculpas a la agredida y luego renunciar. 

Al final, con la ayuda de la Policía, los ánimos se calmaron. El último vallenatero de la noche se bajó. Y La Gran Banda pudo, entonces, hacer posible La Felicidad del Mundo. #ElPorroSeRespeta #VivaElPorro


Por Ensuncho De La Bárcena
@HombreHicotea