diciembre 07, 2016

Ser pillo paga

Rafael Uribe Noguera. Imagen tomada de internet.

Lo primero que debo advertir es que no tengo ninguna relación con el senador hampón que estuvo ocho años en la Presidencia de esta republiqueta de traquetos. Estas dos nuevas palabras debería proponerlas ese prófugo de La Justicia junto a su microtráfico cuando presente candidatura a la Academia. Bueno, pero no quiero desviarme del motivo de esta columna.

Movido por el deseo de ver a algunos excompañeros de aula, hace poco asistí a un encuentro de egresados de una universidad. Pudo ser cualquiera. El vulgar espíritu de lucro las anima a todas, por igual. El asunto es que estuve allí, en primera fila. Ni yo mismo me lo creía.

La cita era a las 5 y el evento comenzó una hora después. La encargada dio la bienvenida sin presentarse, dio un improvisado discurso en el que no hizo falta el autobombo ni el humor fácil. Luego presentó a un señor que develó el motivo de la reunión: hacer propaganda a la recientemente creada “oficina de egresados” de una universidad fundada hace más de 60 años. Habló de encuestas, dio cifras… cero ideas. En ese lenguaje técnico y burocrático que inspira bostezos y ganas de ir al baño. Me contuve. Luego habló otra señora sobre lo mismo, nada, pero con una expresión más andina y aburguesada.

Como el evento era de egresados de Comunicación Social, me acordé de la noticia que tenía a las masas pegadas al televisor (para bien de los dueños de los canales): el secuestro, la tortura, la violación y monstruoso asesinato de una niña indígena a manos de un arquitecto constructor perteneciente a una prestante familia bogotana. El monstruo tiene un nombre que lo delata: Rafael Uribe Noguera. Casi como el famoso general de la guerra de los mil días, pero adobado con la dupla fatal que puso al país en manos del paramilitarismo.

Ayer llovió indignación. Todo el mundo manifestó su repudio. No sin razón. Se habló hasta de cadena perpetua y pena de muerte para los violadores de niños. El debate está planteado. Pero lo que nadie se atrevió a decir es que el arquitecto asesino, Uribe Noguera, es producto de su educación y reflejo de su entorno. Estudió en el Gimnasio Moderno, como los expresidentes Alfonso López Michelsen y Ernesto Samper Pizano; y luego en la Universidad Javeriana, como los expresidentes Misael Pastrana Borrero y Ernesto Samper Pizano, el paramilitar Salvatore Mancuso y su cómplice Jorge Noguera, exdirector del DAS de su innombrable pariente. Solo nos hace falta saber de qué Club Social es, o era, miembro Uribe Noguera. Y vuelvo a mis colegas periodistas: alguien tiene que atreverse a decir que somos gobernados por delincuentes. Y de la peor calaña. El periodismo en Colombia está derrotado y produce vergüenza porque es demasiado obediente a sus patrones.

Concluyo por el título. El sistema educativo en Colombia no se encarga de hacer a la gente libre y feliz. Al contrario, sólo los forma para ser esclavos infelices de un sistema económico y político que privilegia a los delincuentes. Para la muestra una vecina que logró ser beneficiaria del programa “Ser pilo paga” de la Presidencia falsificando unos documentos y haciéndose pasar por pobre, cuando todo el mundo sabe que es hija de una excongresista hacendada y de un prestamista financiador de campañas politiqueras. Lo que más me duele es que eso pasó en el colegio donde cursé mi bachillerato.

Al paso que vamos, Rafael Uribe Noguera pagará una multimillonaria defensa que logrará la libertad para él. Se irá a vivir a otro país, a seguir delinquiendo, y de allí vendrá a ser muy probablemente Ministro de Educación cuando Daniel Samper Ospina, también del Gimnasio Moderno, sea Presidente de la republiqueta. Qué asco de paisito.

Por Ensuncho De La Bárcena y Álvarez Isaza
@HombreHicotea