abril 17, 2016

Mompox, Siempre Mompox


A Vero Mar
I

Mi primera vez fue gracias al Cine. Arribé a la Bella Villa justo al atardecer, cuando las cosas brillan más. Recorrer sus calles a esa hora prodigiosa fue una experiencia tan intensa que mi corazón parecía el de un adolescente en presencia de su Amada.

Comenzaba el mes de julio de 2003. Había llegado como realizador de la serie “Así Se Hace” financiada por la Comisión Nacional de Televisión para Telecaribe. Algunos meses atrás, el periodista barranquillero Donaldo Donado Viloria había ganado una convocatoria que lo comprometía a filmar 14 documentales sobre diversos oficios o productos del Caribe. Debido al poco tiempo con que contaba, Donado Viloria contactó al cineasta Iván Wild para proponerle realizar 3 documentales; pero Wild no podía y le recomendó hablar conmigo. Como siempre tengo tiempo, Donado me encargó los tres temas que no iba a poder dirigir: el Sombrero “Vueltiao” Zenú, la Filigrana Momposina y la Sal Marina de La Guajira. Tuvimos una reunión en su apartamento de Barranquilla con el equipo de producción: una bella y diligente productora, un experimentado camarógrafo y su hábil asistente. Aquella aventura documentalista me permitió conocer tres lugares fascinantes: San Andrés de Sotavento, Santa Cruz de Mompox y Manaure.

Luego del rodaje del primero de la trilogía, yo mismo quise ir a hacer las tareas de preproducción en la mítica y enigmática Mompox. Llegué al atardecer, como les contaba, razón por la cual el encantamiento por la Ciudad Valerosa aún permanece. Siempre que puedan, lleguen a la hora en la que todo cambia de color. Esa primera impresión será imborrable. Aquel rodaje fue exitoso y excitante. Duramos 4 noches en las que conversamos con historiadores, orfebres, poetas, músicos y docentes; toda gente notable que nos da la sensación de estar en una de las ciudades más cultas y nobles que hayamos conocido. Desde entonces la sensación perdura.


II

Volví en 2005 invitado por el Fondo Mixto de Cultura de Bolívar. Contactado por el poeta Iván Barboza y contratado por Mara Berrocal, la misión fue hacer un “Taller de Documental” para jóvenes de bachillerato en varios pueblos de la Isla. Por supuesto, les proyecté el documental sobre la Filigrana: “Mompox, La Ciudad del Oro”. Intuyo que algunos de esos jóvenes quedaron fascinados por la relación entre el mágico universo de las imágenes en movimiento y el emocionante valor de lo propio.

A comienzos de 2008 fui convocado por un grupo de entusiastas a integrar un equipo de trabajo con el fin de sacar adelante una idea maravillosa: un Festival de Cine en Mompox. Por supuesto dije que si, muy agradecido. Luego de varias reuniones en Cartagena, decidimos hacer una presentación formal en la ciudad del poeta Candelario Obeso, donde se habían rodado escenas de míticas películas y series: “Crónica de una muerte anunciada”, “Bolívar soy yo”, “Escalona”, “Momposina”, entre otras. La reunión fue en Semana Santa. No pude asistir porque me encontraba en mi pueblo natal, que curiosamente había surgido a partir del Hato Mayor de San Marcos del Carate, propiedad de Don Juan de Zabaleta, vecino de Mompox a finales del siglo XVII.

Aún recuerdo emocionado la llamada que me hizo mi admirada Lorena Puerta Vergara aquel Jueves Santo. Me contó que le habían propuesto ser la Directora del Festival y ella había aceptado, siempre y cuando yo fuera su Codirector. Me sentí halagado y le dije que si, sin pensarlo. Lorena había dedicado los últimos 20 años de su vida al Festival de Cine de Cartagena, donde había creado la sección de Cortometrajes, la Muestra Internacional de Video y el Cine en los Barrios. Suficientes méritos para dirigir un Festival como el de Mompox. Durante la primera visita a la ciudad como Codirector del Festicine, con Lorena al lado, organizamos una proyección de mi documental -gracias a la hermosa Mónica Botero-en su casa del Callejón de La Choperena. Asistieron algunos de los personajes del documental, varias personalidades y amigos de la Bella Villa. Hubo comentarios y aplausos.

El Festival de Cine Independiente de Mompox duró solo dos años. ¿La razón? No logramos hacer un equipo sólido que tuviera los mismos intereses. Mientras a unos nos movía la ilusión de llevar Cine de Excelencia a una Ciudad que tenía 25 años sin ver películas en pantalla grande, otros iban por el capital político (y económico) que eso les significaba a corto y mediano plazo. El fracaso organizacional que tuvimos, nos impidió continuar con el Festival en 2010, razón por la cual dejé de ir a Mompox durante 3 años.


III

Volví en octubre de 2012, para formalizar mi renuncia a aquella lamentable organización. Casualmente ocurría por esos días el primer Festival de Jazz. Asistí con expectativa al evento. Inclusive tuve el gran privilegio de rodar al maestro Justo Almario, a su discípulo Jorge Otero y al poeta Jossé Sarabia, en una escena callejera y espontánea que aún se puede ver en mi canal de YouTube. Sin embargo, también me di cuenta de los errores de un festival con mucho dinero y prensa, pero poco criterio. Demasiada improvisación pero sin tema inicial ni partitura.

En esos días me topé con el funcionario que fungía como Gobernador de Bolívar. Le mencioné mi intención de volver a hacer el Festival de Cine. Me pidió que fuera a su oficina en Cartagena a la semana siguiente. Fui, como lo acordamos, pero jamás me dio la cara. Después de un mes y medio sacándome el cuerpo, en el que le entregué formalmente un proyecto a través de su sirviente en el área de Cultura, me mandó a decir que no tenía presupuesto. El tema lo traté con amplitud en el blog del Festicine. Ya es cosa del pasado. Ahora el Festival de Jazz se prepara para su quinta versión. Pero sigue sin Director, sin página web, sin programación oficial, es decir, sin el mínimo criterio. Esperemos que el nuevo funcionario encargado de la Gobernación tenga la lucidez de nombrarle al menos un Director idóneo, conocedor de ese género musical; alguien capaz de diferenciar entre Miles Davis y un silvestre.

Desde aquel año no he dejado de ir a Mompox, al menos una vez al año, por puro y físico Amor. He ido por todas las rutas posibles (menos por aire) y estado en casi todas sus estaciones (menos en Semana Santa). Estuve en noviembre de 2013, en noviembre de 2014 y hace poco tuve la fortuna de compartir escenario con dos poetas momposinos en un Recital de Luna Llena. ¿Quieren saber que sentí esa noche? Que sigo enamorado de esa mística ciudad. De sus felices amaneceres, su rico queso de capa, sus joyas, sus exquisitos manjares (¡probé el ajiaco momposino!), sus claustros que invitan al pensamiento sensible, sus imponentes iglesias, sus majestuosos atardeceres, sus noches de divino placer. Mompox, para mi, es una Elegante Dama que mejora con el paso de los años. Y mejora a pesar de las intervenciones de los funcionarios del Ministerio de Cultura (¡llevaron ladrillos del altiplano a una ciudad de alfareros insignes!) y de los de la Alcaldía y del Concejo Municipal, que carecen de entendimiento sobre el valor de tan bella Ciudad, única en el Mundo. Ojalá me demostraran que estoy equivocado.

Todo esto para decirte, Amada Mompox, que cada vez que beso tus pies me siento más Digno, más Privilegiado. Y que, aunque no siempre estoy en tu regazo, te llevo conmigo a todas partes. Bendita Seas, Por Siempre, Amada. Amén.

Por Ensuncho De La Bárcena
@HombreHicotea